Documento Nº 1
Fecha: 1967 01 01
Grupo: Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros
País: Uruguay
Categoria : Comunicado
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DOCUMENTO No. 1

Tenencia de documentos

Una regla general que siempre deberá tenerse en cuenta, es la de conservar las casas limpias de papeles y documentos.

Todo documento que no sea necesario o haya cumplido su función, deberá ser quemado.

Otra regla general sería la de no llevar nunca encima papeles comprometedores.

En caso de tener que guardar papeles o documentos, se tendrán en un lugar bien disimulado y todos juntos en un bolso o portafolios, de modo que puedan evacuarse rápidamente.

Incluso, tienen que estar en un sitio que pueda ser indicado a alguien para que los evacue en caso de nuestra imposibilidad de hacerlo.

De tener que llevar encima estos papeles, que sea el tiempo más breve posible.

Cuando los compañeros viajen en vehículos, (principalmente en motos y bicicletas), deben prever que en caso de accidente, al quedar inconscientes o heridos , alguien puede revisar los bolsos o la ropa en busca de documentos de identidad, y encontrar los papeles comprometedores.

Nota: Este tipo de documento, de vigencia prácticamente permanente -de ser posible- en lugar de destruirlo devuélvaselo a quien se lo entregó para que pueda seguir cumpliendo su función en forma controlada.

De no ser posible o muy dificultoso, entonces destrúyalo.

(del documento sobre el problema de "Seguridad" - Circular Nro.5 3/6/68)



Introducción

El presente trabajo corresponde a la tercera impresión del "Documento Nro.1" elaborado y distribuido por primera vez en junio de 1967 a nivel de toda la militancia a fin de que sirviera como base de discusión de grandes líneas que se hacía necesario acordar, de ciertas pautas generales y diversos temas que se consideraron fundamentales y que, a la postre de tal discusión, pudiésemos marchar en forma más unida y coherente.

La elaboración teórica no comenzó y menos aún, no terminó con la discusión de este documento, por el contrario, la elaboración teórica continúa y continuará, ha de ser una tarea permanente, de preocupación constante, y ha de trasuntarse en las "Circulares", en los manifiestos, en la propaganda, en las discusiones, en el trabajo en los organismos o compañeros especialmente dedicados a ello, en fin en todos los casos, oportunidades y aspectos de nuestra vida militante.

El Movimiento se enriquece teóricamente con el aumento del nivel de sus militantes, por el crecimiento, por la afluencia de nuevos compañeros y con ellos, nuevos aportes, nuevas perspectivas.

Lo que hasta ahora hemos logrado es poco, quizás siempre sea poco, deberá ser mejorado, completado y constatado diariamente y aún, revisado si es necesario.

Obedece a esta disciplina de trabajo el "Suplemento de Enero de 1968". que aumenta el contenido inicial de este Documento.

De conducirnos con este estilo de trabajo, de someternos a tal disciplina, estaremos contribuyendo a elevar el nivel y la calidad de todos nosotros y de nuestro acervo teórico, en definitiva estaremos dando un paso adelante.

Uruguay, mayo de 1969

Continentalidad

Es un derecho y un deber que las organizaciones revolucionarias colaboren con sus máximas posibilidades en la construcción y elaboración de la estrategia continental.
Las tareas nacionales e internacionales se complementan. Es necesario coordinarlas y conectarlas. No deben perjudicarse mutuamente.
La represión y la contrarrevolución se continentalizan. La revolución no debe detenerse en las fronteras nacionales.
América Latina, y por lo tanto nuestro país, forman parte del sistema imperialista mundial. Su liberación, entonces, depende de la derrota a escala continental del imperialismo.
La derrota a escala continental del imperialismo implica su derrota definitiva.
Por ello el imperialismo se apresta a librar una guerra a muerte por su supervivencia en nuestro continente.
Es por lo tanto dable esperar una dura y prolongada lucha.
Mientras no se modifique esta situación, es imposible pensar en la liberación en términos nacionales, independientemente del resto de América Latina.
La posibilidad de intervención del imperialismo en cualquier país, directa o indirectamente, es por el momento indiscutible.
Obligar al imperialismo a intervenir directamente si bien puede significar un inconveniente militar transitorio, puede significar un avance político y una ventaja militar a largo plazo.
Hay que hundir al imperialismo en una guerra de desgaste en América Latina. Transformar cada palmo en un terreno de lucha, en una zona que les sea hostil, "crear varios Vietnam en América".
Es correcto orquestar una estrategia continental que racionalice la aplicación de fuerzas y recursos en donde mejores rendimientos puedan proporcionar.
Dicha estrategia no debe ir en desmedro, dentro de lo posible, de las luchas y el trabajo que hay que realizar en cada país.
El desarrollo exitoso de la lucha, en cualquier país, ayuda al desarrollo de la lucha en los demás.
Suscribimos en todos sus términos el último documento de Guevara.
El hecho de contar con dos poderosos vecinos "gorilas", no imposibilita el desarrollo de la lucha en nuestro país. (Cuba está a 90 millas del imperio; Bolivia también limita con Argentina y Brasil).
La mejor forma de anular o disminuir las consecuencias negativas de la intervención imperialista es obligar a las fuerzas intervencionistas a cubrir muchos frentes.
Por ser la revolución continental, la estrategia será continental.
Estamos dispuestos a hacer los máximos esfuerzos por insertar nuestra estrategia nacional en el marco de una estrategia continental común.
La situación interna de los EEUU, su situación económica y financiera, la carga que significa su papel de gendarme mundial, permiten afirmar que no podrá correr en auxilio de los gobiernos cipayos de América con préstamos o ayudas que permitan superar realmente la crisis económica, impulsar el desarrollo u obtener nuevos márgenes para la maniobra. Por el contrario, todo concurre a demostrar que se apresta a expoliar, -aún más- al continente a través de inversiones y préstamos leoninos que, lejos de mejorar la situación de nuestros países, la empeoran aún mas.
La actual política de la URSS, de conceder ayuda económica a los gobiernos reaccionarios de América, no solamente es una forma inconducente de pretender sustituir la hegemonía económica de los EEUU, sino una manera de apuntalar a regímenes deteriorados por sus respectivas crisis económicas.
Transformar América Latina en un campo de lucha y de desgaste en lugar de una cómoda retaguardia proveedora, contribuirá a agudizar la crisis interna de los EEUU y, posiblemente a precipitar en su frente interno la lucha decisiva.


Estrategia

Los caminos por los que deben o presuponemos que van a transcurrir los hechos constituyen la estrategia.

Como es una elaboración previa a los hechos, debemos estar prestos a modificarla y a corregirla. Sirve como hipótesis, se va construyendo en la práctica, se rectifica o ratifica con ella. Debe ser revisada constantemente.
La estrategia guía nuestra acción en todos los terrenos.
Las concepciones estratégicas no surgen de laboratorios, sino de la práctica.
Del estudio de las experiencias históricas, podemos obtener ideas o concepciones fundamentales que llevaron a la victoria, principios generales que si bien no nos enseñan a triunfar, por lo menos nos evitarán fracasos.
La estrategia está determinada:

Por la situación histórica concreta.
Por la situación económica, social y política (en nuestro caso nacional y continental).
Por las características geográfica-demográficas de la(s) organización(es) revolucionaria(s).
No se debe confundir estrategia con vaticinio o profecía. La estrategia puede y debe dar solamente líneas generales válidas para el momento en que se enuncia.
Ello se debe a que una estrategia se elabora a partir de hechos reales básicos, y la realidad cambia independientemente de nuestra voluntad.



Factores o Hechos Reales Básicos que Condicionan la Estrategia Nacional


Crisis económica
* estancamiento productivo
* deuda externa

* presión del imperialismo económico y dependencia

* crisis financiera

* devaluación-inflación

Crisis social
* desocupación
* aumento del costo de vida

* descenso del salario real (pérdida del poder adquisitivo)

* descenso del standard de vida del 8% de la población que vive de ingresos fijos

* subempleo

* crisis de la previsión social

* miseria de vastos sectores de la población

* agudización de las tensiones sociales y radicalización espontánea de algunos sectores

Crisis política
* incapacidad por parte de las clases dominantes para dar una solución a la crisis.
* incapacidad de los partidos políticos de la oligarquía para gobernar el país y solucionar sus problemas

* división, crisis internas y corrupción en ascenso de los partidos políticos de la oligarquía

La crisis se agudiza día a día. Es nuestro mejor aliado.
Habrá penuria económica y descontento popular en ascenso.
Alto grado de sindicalización de los trabajadores.
No todos los gremios tienen un alto grado de combatividad -sea por composición, sea por sus dirigentes-, pero el solo hecho de que casi todos los servicios fundamentales del Estado están organizados sindicalmente, es altamente positivo además de excepcional en América Latina.
Debilidad y atomización de las fuerzas de izquierda.
Existe democracia representativa, régimen "legal", y gobierno electo.
El ocultamiento de la explotación, la violencia y la dictadura de clases detrás de formas legales constitucionales, etc., táctica que a la oligarquía le ha rendido y ha operado casi un siglo en nuestro país, es uno de los factores que más contribuye a impedir la toma de conciencia revolucionaria a grandes sectores del pueblo. En los últimos tiempos le cuesta cada vez más a la oligarquía mantener ese disfraz ante la presión del pueblo y por la necesidad que tiene de descargar sobre ésta, como única salida, las consecuencias de la crisis. Este círculo vicioso originará mayores presiones populares ante mayor miseria que la oligarquía se apresta a distribuir, mayor represión para ello y, por lo tanto, mayores riesgos para la legalidad vigente.
El triunfo de la reforma constitucional y el de Gestido, crearon en el pueblo una expectativa esperanzada que congeló el descontento y la conciencia revolucionaria de amplios sectores. El descongelamiento se va produciendo en forma paulatina y es previsible que esta situación no dure mucho.
Una minoría -600 familias- controla la mayor parte de los recursos económicos del país, tierra, industria, finanzas, comercio exterior. Esa minoría está representada en el Gobierno por los partidos tradicionales que lo detentan más que mayoritariamente y es una estrecha aliada del imperialismo.
Una infraestructura incapaz de sostener una superestructura montada en épocas de auge y bonanza. Superestructura falsa que hoy se viene al suelo.
Una superestructura que impide y frena el desarrollo de las fuerzas productivas.
No existen en el país lugares geográficos inexpugnables o con características que posibiliten la instalación de un foco guerrillero rural que perdure.
Existe una ciudad de 300 kilómetros cuadrados de edificación que concentra más del 70% de los capitales, las comunicaciones y transportes y más de la mitad de la poblacióndel país. La población del país es un 64% urbana, de la cual un 65% vive en Montevideo y zonas cercanas.
Uruguay se encuentra ubicado entre dos países gigantes controlados por dictaduras gorilas.
Nuestro país es un natural refugio para militantes y combatientes revolucionarios de los países cercanos. Este hecho provocará la intervención cada vez más decarada de los gorilas vecinos y del imperialismo, como asimismo presiones cada vez mayores a los efectos de que se adopte la posición favorable a la internacionalización de la represión.
Es de prever que la solidaridad internacional revolucionaria jugará un papel importante en nuestro país. El desarrollo de las luchas revolucionarias en los demás países de América y la intervención cada vez mayor del imperialismo será un factor de esclarecimiento y formación de conciencia.
El ejército tiene muy poca injerencia en asuntos políticos. Es burocrático y de tradición civilista, con corrientes internas mayoritarias de orden legalista.
El aparato represivo es relativamente débil (con relación al resto de América Latina) ya que ejército, marina y aviación suman 12 mil hombres, de los cuales seis mil tienen asiento en Montevideo. Su organización es para la guerra clásica. El reclutamiento se efectúa entre desocupados rurales fundamentalmente. No existe servicio militar obligatorio, lo que significa que no existen reservas movilizables. Depende para su aprovisionamiento en materia de armamento y aprovisionamiento, en forma total, del exterior. La policía -22 mil hombres- cuenta con tres cuerpos militarizados que en total reúnen 1300 hombres.



Conclusiones generales


En nuestro país hay condiciones objetivas para la acción revolucionaria.
En nuestro país no hay condiciones subjetivas (conciencia, organización, dirección)
Las condiciones subjetivas se crean luchando.
Descartamos la posibilidad de tránsito pacífico hacia el poder en nuestro país (pensamos en términos de años y no de siglos)
La única vía para la revolución socialista será la lucha armada. No hay casi posibilidades de radicalización de la lucha de clases que no desemboque en la violencia. Las verdaderas soluciones para nuestro país implican un enfrentamiento directo y violento con la oligarquía y sus órganos de represión. La lucha armada no sólo es posible en el Uruguay, sino imprescindible: única forma de hacer la revolución.
La lucha armada será la principal forma de lucha de nuestro pueblo, y a ella deberán supeditarse las demás.
La lucha armada no será solamente instrumento para el asalto al poder burgués, sino que, como el resto de América Latina, será el mejor instrumento para crear condiciones revolucionarias.
El hecho de la existencia de un gobierno surgido de elección popular es un inconveniente para justificar a escala de las grandes masas la necesidad de la lucha armada, pero ni esta situación es permanente porque el Uruguay ha estado varias veces en los últimos años al borde del Golpe de Estado Militar, ni siempre un gobierno electo goza de autoridad. Para nosotros es más bien un problema de prestigio del gobierno, independientemente de sus formas. Lo fundamental es crear conciencia en la población a través de la lucha armada y otras formas de lucha, crear conciencia de que sin revolución no habrá cambio.
Es necesario crear una organización político-militar revolucionaria. Ella se construirá en la lucha.
La actual situación es dólo un intervalo del enfretamiento definitivo. La nueva Constitución y el nuevo Gobierno no significan ningún cambio de fondo. La actual legalidad se irá agotando a medida que la represión se vaya efectuando sobre los sectores golpeados por la crisis.
En Uruguay también -al decir de Debray- "el acento principal debe ponerse en el desarrollo de la guerra de guerrillas y no en el fortalecimiento de los Partidos existentes o en la creación de nuevos partidos. El trabajo insurreccional es hoy, el trabajo político número uno".
En el Uruguay "lo decisivo para el futuro es la apertura de focos militares y no políticos. Se va de un foco militar al movimiento político".
Entendemos que es necesario para las organizaciones revolucionarias rebasar el marco de los manifiestos, de las declaraciones, de los enunciados teóricos referentes a la revolución, etc. comprendiendo que son fundamentales las acciones revolucionarias, las que precipitan las condiciones revolucionarias.
La tarea fundamental de hoy es la construcción de un aparato armado.
El pueblo realmente disconforme con las injusticias del régimen y que desea un cambio, optará mucho más fácilmente por el camino directo que encarna la organización armada y por su acción revolucionaria que, por el improbable y remoto camino que se ofrece por medio de proclamas, manifiestos o acción parlamentaria.
Es necesario fortificar los sindicatos, radicalizar sus luchas y conectarlas con el movimiento revolucionario.
La lucha armada será, en el Uruguay, predominantemente urbana. La lucha en el medio rural cumplirá tareas auxiliares. Por lo tanto es necesario crear las bases para desarrollar la guerra en los dos terrenos.
Podríamos definir la línea militar de nuestra lucha como una estrategia de guerra prolongada, de lucha predominantemente urbana, en la que la guerrilla rural jugará un papel auxiliar. Guerra prolongada será, porque no existen condiciones, hoy, para la insurrección victoriosa, porque el Estado no ha sido deteriorado por ninguna derrota militar y porque el movimiento de masas no está preparado militarmente para el asalto al poder. Debemos pues empezar una lucha que será prolongada, y no esperar prolongadamente una guerra que será corta.
Es imposible prever si una coyuntura revolucionaria se puede dar en la cresta de un conflicto sindical, de una protesta popular, por un golpe de estado reaccionario, por una intervención extranjera, por una guerra mundial, por invasión a Cuba, por iniciativa de un grupo armado, etc. Entendemos por coyuntura revolucionaria el "momento" en el cual se pasa a formas superiores lucha, en el cual se rompe el equilibrio dictadura-oligarquía-presión popular, del que nos habla Guevara cuando dice: "este momento es importante. En los procesos sociales la diferencia entre la violencia y la no violencia no puede medirse por la cantidad de tiros intercambiados; responde a situaciones concretas y fluctuantes. Y hay que saber el instante en que las fuerzas populares, conscientes de su debilidad relativa pero, al mismo tiempo, de su fuerza estratégica, deben obligar al enemigo a que dé los pasos necesarios para que la situación no retroceda. Hay que violentar el equilibrio dictadura-oligarquía-presión popular. La dictadura trata constantemente de ejercerse sin el uso aparatoso de la fuerza; obligarla a presentarse sin disfraz, es decir, en su aspecto verdadero de dictadura violenta de las clases reaccionaras contribuirá a su desenmascaramiento lo que profundizará la lucha hasta los extremos de los cuales ya no se pueda regresar. De cómo cumplen su función las fuerzas del pueblo abocadas a la tarea de obligar a definiciones a las dictaduras, retroceder o desencadenar la lucha, depende del comienzo firme de una acción armada de largo alcance". -CHE
No podemos decir en qué momento exacto va a empezar la lucha armada en el Uruguay, porque es inútil hacer pronósticos estratégicos para una situación que no depende de nosotros.
Fases de la lucha: (Llegamos al esquema sólo por razones de claridad en la exposición; estas fases deben ser encaradas sólo como signos generales del desarrollo, con criterio dialéctico, dinámico).

La tarea principal es desarrollar el aparato armado, crear la infraestructura de apoyo, capacitar y probar su organización de combate, desarrollar los servicios fundamentales. Implica acciones de pertrechamiento, ejercitación, propaganda (destinada a ganar apoyo de la población, fundamentalmente de sus contingentes más combativos), acompañamiento, apoyo y radicalización de la lucha de clases (con los mismos objetivos, y para la creación de condiciones subjetivas). Al procesar hechos que violentan la legalidad burguesa se genera conciencia, se organiza el aparato, se consolidan y desarrollan las condiciones que posibilitan la creación del movimiento político que debe rodear al aparato armado y que es su brazo semilegal.
La realización de la fase anterior significa que la represión se generalice y el aparato pase al enfrentamiento directo de los organismos de la represión de la oligarquía, profundizando sus consignas y en defensa de los intereses del pueblo y, con su apoyo, el aparato armado actuará en defensiva estratégica, pero en constante ofensiva táctica. Hará una guerra de desgaste.
La tercera etapa significa la inversión de la relación de fuerzas y el pasaje de la ofensiva estratégica al asalto definitivo de poder.
Repetimos que no creemos que las luchas se van a dar exactamente dentro de esos carriles, que establecemos sólo por razones de claridad de exposición.





La Lucha Urbana


La necesidad y viabilidad de la guerrilla urbana en nuestro país deviene del análisis concreto de la situación, de las experiencias internacionales y de nuestra propia experiencia.
Nuestra propia experiencia demuestra que hemos pasado la etapa del exterminio antes de nacer. Nos hemos organizado sin medios, sin ayuda, sin experiencia, hemos aprendido de los fracasos y de los éxitos pero sobre todos las cosas, podemos mantenernos, durar en el tiempo con capacidad operativa: aspecto principal de la guerra revolucionaria. Nuestra organización ha superado en las circunstancias más difíciles la etapa en que la mayoría de la organizaciones revolucionarias son destruídas. La etapa en que aún no han logrado arraigarse profundamente en las masas. Abundan ejemplos en el sufrido escenario de América Latina que muestran cómo muchas organizaciones similares han caído bajo la dureza de la represión al alto costo de muchos mártires y de mayores dificultades para comenzar otra vez.
Nuestra experiencia empero, es limitada: explica cómo se puede organizar un movimiento armado, no explica cómo se gana el apoyo del pueblo, de las grandes masas; explica sí, cómo se gana el apoyo de los sectores más combativos y esclarecidos.
No podemos reducir las condiciones objetivas para la revolución a meras condiciones geográficas. Uruguay carece de condiciones geográficas para la guerrilla rural, pero no por eso la revolución debe esperar. A este respecto dice Douglas Bravo: "sin embargo no podemos por ello sustentar la teoría de que en aquellos países donde la población campesina no es mayoritaria la guerra de guerrillas no jugará un papel importante".
No pretendemos discutir cuál debe ser el factor en la relación guerrilla rural-guerrilla urbana, en cada uno de los países americanos, lo que sí nos proponemos demostrar es que la lucha armada en el Uruguay es posible y que existen condiciones para profundizarla. Partimos de la base de que la lucha armada no podrá atarse en el Uruguay a concepciones estratégicas clásicas.
Es posible encontrar refugio en la cuidad, y hasta verdaderas zonas de refugio en lugares de escasa vigilancia policial.
Será difícil transformar a la guerrilla urbana en un ejército regular, pero no imposible. Hay que tener en cuenta la continentalidad del proceso y que esta transformación es sólo dable en la etapa final.
Si bien en la ciudad no se puede operar con unidades numerosas, se puede concentrar a partir de unidades pequeñas, el número de combatientes que se desee en un punto dado, siempre que se observen las leyes generales de carácter táctico que a nuestro juicio rigen la lucha urbana.
La ciudad ofrece condiciones buenas para las comunicaciones y los enlaces, sirviéndose adecuadamente de los medios públicos a esos efectos.
Las fuerzas enemigas concentran el mayor peso de su ejército y policía -como es lógico- en la ciudad. Pero su poder se asemeja al de un gigantesco cerco inmovilizado por la defensa estática. Casi un 50% de los efectivos enemigos están paralizados en la custodia y defensa de objetivos fijos.
La ciudad ofrece una solución al problema logístico, menos compleja que en el campo. no son necesarias redes de abastecimiento; todas las vituallas están al alcance de la guerrilla.
El combatiente "trabaja de día y pelea de noche". Hace vida normal. Este hecho característico de los países de alta densidad de población rural, en los que la población campesina colabora y participa en la lucha, es de vital importancia.
El combatiente no se trasplanta de una zona que le es hostil, sino que está habituado al medio y, en la gran mayoría de los casos puede abastecerse.
Vivir en locales, significa aferrarse al terreno no más que un campamento guerrillero si se establece una cuidadosa vigilancia de dentro y de fuera, que alerte movimientos sospechosos.
La adaptación al terreno es la etapa más deficil de la guerrilla, y en la ciudad tiene sus leyes específicas: es la etapa de aprendizaje de las reglas de seguridad, de los accidentes de los primeros choques, de las primeras negligencias. La clandestinidad no es tan heroica como parece y está llena de pequeñas responsabilidades y tareas que parecen insignificantes y tediosas. En la ciudad todo pasa más rápido y (pero) los errores se pagan caros.


La Lucha Rural


Nuestro campo no sirve para instalar un foco guerrillero permanente, puede servir perfectamente para refugio, reclutamiento y operaciones militares de dispersión y hostigamiento.
Una regular población vacuna y lanar y en todo el territorio (150 ovejas y 50 vacunos por kilómetro cuadrado), resuelve un arduo problema logístico para grupos operantes que, en otros lugares se ha resuelto solamente, con complicidad de la población y un vasto aparato de aprovisionamiento.
Un bajo índice de población en las zonas de latifundio (2/3 partes del país) que da un promedio de 0,6 habitantes por kilómetro cuadrado, con una casa cada 142 kilómetros cuadrados permite desplazamientos de contingentes sin ser localizados.
Si bien no existen suficientes cadenas montañosas, hay en el país zonas de montes agrestes que permiten refugios precarios y que, combinadas con formas artificiales de defensa, pueden ser muy útiles para la lucha rural.
En el campo es donde se refleja el bajo nivel represivo, un contingente militar -valor 200 hombres cada 10 mil kilómetros cuadrados- y una comisaría -valor 30 hombres cada mil kilómetros cuadrados-. El litoral marítimo está vigilado por 600 hombres de la prefectura, de los cuales 400 están en Montevideo.
Las tremendas condiciones de vida de los asalariados rurales, algunos organizados en sindicatos, han creado un sector espontáneamente rebelde que puede resultar muy útil en la lucha rural.


Las Tareas en el Frente de Masas



Por ahora, el movimiento sindical es la principal forma de organización de las masas uruguayas.

La CNT es el más alto grado de organización lograda por el movimiento obrero, en su historia.
Adquiere mayor importancia si se tiene en cuenta que en su seno participan, además de organizaciones de obreros, industriales de la actividad privada, organizaciones sindicales de la clase media (empleados públicos y privados, estudiantes, maestros, obreros de dependencias estatales), incorporados a la lucha en virtud de la crisis que los pauperiza.
Los principales objetivos de la lucha de la CNT han sido las reivindicaciones salariales, pero se han inscripto en su programa de reivindicaciones de orden político, soluciones de fondo a los problemas del país, que han motivado algunas movilizaciones importantes.
El Estado ha enfrentado repetidas veces el movimiento obrero con violencia y no ha logrado quebrarlo organizativamente (en los últimos tiempos).
El programa actual de la CNT llevado adelante, implica un enfrentamiento directo con el régimen que no tiene otra salida que la violencia.
Se asiste a una radicalización espontánea cada vez mayor de las luchas a raíz de la situación económica que genera la crisis.
La CNT cuenta en su seno con trabajadores (obreros y empleados) de los sectores claves del Estado burgués. Los resortes claves del Estado están representados pues en la CNT a través de sus trabajadores. Ya hemos asistido a duros enfrentamientos entre estos y el Estado por motivos salariales que han provocado la paralización de resortes vitales para el país, y por ello han desatado las mayores represiones.
Los sindicatos, aún con sus limitaciones actuales, han comprometido y pueden comprometer a la mayoría de la población trabajadora en una lucha frontal contra el gobierno que muchas veces ha sido resuelta por éste apelando a las FF.AA.. De existir una organización revolucionaria con posibilidades de llevar adelante a etapas superiores la lucha de clases, podemos tener una lucha en mejores condiciones, con gran parte de la población a favor y los resortes del Estado deteriorados.
Cuando se afirma que el movimiento obrero está controlado actualmente por tendencias "reformistas", se hace obligatorio, a nuestro juicio, efectuar las siguientes precisiones:

Se asiste últimamente a la adjudicación fácil e indiscriminada de dicho término a todas o casi todas las direcciones sindicales, cosa que consideramos equivocada y negativa, y que hace necesaria la mayor precisión al respecto.
Los objetivos de la lucha de los trabajadores son casi siempre circunstanciales y pueden ser satisfechos por las clases dominantes. La organización de los trabajadores está adecuada a sus fines transitorios y predominantemente economistas. A veces es posible organizar o movilizar un sindicato a instancias de reivindicaciones económicas, exclusivamente. El sindicato se fortalece a través de las luchas por reivindicaciones económicas y sociales.
El contenido predominantemente economicista de la lucha de los trabajadores, no hace otra cosa que reflejar el mundo circundante. La clase trabajadora, por sí sola es incapaz de ir más allá de esa lucha; para que lo haga es necesario sumarle, adjuntarle otros elementos que la enriquezcan. Esto último es responsabilidad de las organizaciones revolucionarias.
Los métodos de lucha de los trabajadores, son predominantemente pacíficos, la violencia, cuando aparece, es espontánea, irracional y no constituye un método. Las etapas de la lucha de la clase trabajadora que se avecinan están desde ya marcadas por la violencia de la clase dominante. Que será replicada por formas espontáneas de violencia por parte de los trabajadores. La tarea de los revolucionarios es apoyar esa violencia espontánea, constituirse en su apoyo y su guía y cuando no hubiera violencia espontánea en un conflicto de clases, producirla. La violencia como método de apoyo a las clases trabajadoras, constituye una herramienta táctica de las organizaciones revolucionarias.
Los sindicatos pueden, aún por reivindicaciones económicas, y lo han hecho, llevar la lucha hasta extremos en que se desate sobre ellos la violencia directa de las clases dominantes. Es responsabilidad de los revolucionarios preparar al pueblo y a la clase trabajadora para poder desarrollar su lucha aún en esos extremos y crear las condiciones para oponer a la violencia reaccionaria, la violencia revolucionaria.
Las tendencias "reformistas" a que nos referimos no actúan de acuerdo a estos principios. No realizan el trabajo en el seno del movimiento obrero con perspectivas insurreccional revolucionaria, sino por el contrario:

Lo utilizan para campañas electorales como si no fuera más importante que cuatro, cinco o diez bancas parlamentarias.
Lo mantienen sin movilización durante meses.
Fomentan el espontaneísmo económico que fragmenta la lucha en combates aislados.
Impiden y traban la unidad real, -por la base- del movimiento obrero.
Paralizan de hecho la aplicación de planes de lucha conjuntos, por objetivos comunes.
Por no preparar las condiciones necesarias (al trabajar sin perspectivas revolucionarias), llevan a veces a la clase trabajadora a callejones sin salida, a derrotas sin lucha, altamente desmoralizadoras.
Dichas tendencias responden fundamentalmente al PC y asientan su control sobre una sólida y eficaz burocracia. Esa burocracia no será desalojada en base a declaraciones y manifiestos radicales en su contra. No será desalojada a fuerza de teoría sino, anteponiendo a su inacción la acción revolucionaria de los sindicatos más aguerridos obligándola como sucedió muchas veces, a definirse en apoyo a esa acción o quedar por el camino. Anteponiendo el trabajo metódico y sin lugar a dudas eficaz de sus agentes y su aparato, el trabajo más eficaz de los revolucionarios.
No se debe transformar la lucha contra esas tendencias en un fin en sí, olvidando quienes son nuestros enemigos fundamentales. Y en ese sentido, transcribimos lo que dice Debray: "... si la lucha armada de masas contra el imperialismo es capaz de crear a largo plazo, ella sola, una vanguardia apta para llevar a los pueblos al socialismo, no se puede hoy día definirse con relación al reformismo o a tal o cual organización política existente sino con relación al imperialismo, fundamentalmente. Regular el paso de su acción sobre la base de la inacción de los reformistas es no solamente perder el tiempo, es paralizar lo decisivo en nombre de lo secundario. Más aún, el mejor medio de acabar con las vacilaciones es pasar a un ataque frontal al imperialismo y sus capataces allí donde las condiciones están dadas. De esta forma el problema se invierte. Corresponderá a los que concilien, definirse con relación a los revolucionarios y no a la inversa. Son ellos los que deberán definirse en la realidad y con relación a un hecho consumado. O entran en la lucha contra el imperialismo y eso es lo mejor para todos, o se resisten y será lo peor para ellos. La historia se encargará de dejarlos a la orilla del camino. Una emboscada lograda, un torturador abatido, un lote de armas recuperado, son las mejores respuestas a las veleidades reformistas que pueden surgir en tal o cual país de América. Después de la Revolución Cubana, después de la invasión a Santo Domingo, existe en América un estado de emergencia. Los marines disparan sobre todo lo que se mueve sin distinción de Partidos. Razones de emergencia y razones de principio imponen el frente armado revolucionario. Donde quiera que el combate ha seguido una línea ascendente, donde quiera que las fuerzas populares se han puesto a tono con la emergencia, han entrado en el campo magnético de la unidad. En las demás partes se diseminan y se debilitan. Todo ocurre en la organización práctica de la lucha armada para contribuir a la unidad sobre la base de los principios del marxismo leninismo".
Además de los objetivos ya enunciados, serán objetivos del trabajo en el movimiento obrero y en el frente de masas en general:

Llevar al pueblo a posiciones revolucionarias radicalizando sus luchas. Crear condiciones revolucionarias. Fortificar las organizaciones sindicales.
Proporcionar cobertura, información, medios y hombres para la guerrilla.
Hacer la propaganda de la guerrilla y su acción a fin de crear un ámbito favorable lo más amplio posible.
Conectar u coordinar a la guerrilla con todos los sectores del pueblo y sus luchas.


La Organización Revolucionaria


La organización debe ser político-militar. Debe poner el acento en el aspecto militar de su desarrollo.
La organización deberá ser armada porque la lucha armada es el único camino posible para lograr la liberación nacional y derrotar a los enemigos del pueblo. Deberá ser armada para garantizar la lucha de las masas y posibilitar el triunfo.
Es imposible el desarrollo de una organización revolucionaria que sea puramente militar, que no se conecte a través de todos los mecanismos posibles con el pueblo, que no lo movilice, que no actúe en su interés, en su defensa, estrechamente ligada a él.
Solamente las necesidades de carácter técnico de un aparato militar, hacen necesario que deba contar con un amplio apoyo que constituye su infraestructura, el "agua territorial" en que se pueda mover con entera confianza, donde se encuentran los cuadros de reemplazo, el refugio, la solución de las necesidades materiales, etc.
A la inversa, es imposible el desarrollo de una organización puramente política; necesidades elementales obligan a un movimiento revolucionario que sea consecuente, a resolver problemas técnicos-militares que le permiten acompañar y llevar la lucha de clases a niveles superiores. De otra manera sus planes, su militancia quedan en el vacío. No concebimos cómo un movimiento revolucionario puede plantearse la toma del poder sin contar con encarar la preparación militar necesaria para ello y quedar con la conciencia tranquila. Nos parece aventurero, inconsecuente e irresponsable llevar al pueblo y a la militancia a un callejón sin salida, a derrotas sin luchas.
No existe, ni puede existir pues, ninguna diferencia esencial dentro de una misma organización entre los aspectos políticos y militares; en lo esencial es muy difícil establecer dónde termina lo estrictamente militar y dónde comienza lo estrictamente político. No se puede oponer ambas cosas, pues en la práctica están íntimamente relacionadas, pertenecen a un todo inseparable.
Las diferencias deben ser sólo las derivadas de la necesidad de especialización, de división del trabajo, de economía de fuerzas, de seguridad interna.
Cada militante deberá tener una concepción mental que no le permita olvidar las necesidades técnico-militares de su organización, aún cuando su militancia personal sea puramente política, y a la inversa.
En resumen: no se puede oponer lo político a lo militar. No se puede oponer línea política a estrategia militar. No se puede concebir un cuadro político que no sea a la vez un cuadro militar.
Hoy, en América Latina, lo que define el carácter revolucionario de una organización es su relación con la lucha armada.
Creemos necesario contar con un Partido Revolucionario profundamente arraigado en las masas, para hacer la Revolución Socialista; ese Partido hoy no existe como tal, si bien puede existir embionariamente o potencialmente. Creemos que es tarea de la organización revolucionaria contribuir a crearlo.
Sin embargo no podemos vaticinar en qué etapa del proceso se logrará el Partido Revolucionario. Ni siquiera sei será antes o después de la toma del poder. Tampoco podemos vaticinar a través de qué caminos se acumularán las fuerzas, los medios y las voluntades necesarios para crearlo. La construcción del Partido Revolucionario es un producto de la lucha de clases y no se pueden adoptar recetas sobre el mismo.
Es indudable que si contamos con un partido fuerte y numeroso, será infinitamente más fácil la tarea. Pero creemos que el grado de desarrollo del Partido Revolucionario no puede ser condición principal para iniciar la lucha armada.
No podemos hacer de la construcción del Partido un fetiche, y con el pretexto de construir el Partido, pretender que la lucha de clases y la lucha antiimperialista se detenga, hasta que nosotros tengamos el suficientemente pulido y numeroso Partido. Las experiencias históricas confirman este planteo en el sentido de que la violencia sistemática puede ser iniciada sin la construcción a priori del Partido y este se conforma en el transcurso de la lucha.
La inexistencia del Partido revolucionario no supone la inexistencia de la organización revolucionaria. Muy por el contrario: la creación del Partido Revolucionario pasará por el desarrollo de los embriones de la organización revolucionaria.
Debemos combatir la mezquindad en boga del Partido, que lo identifica con una sede, con reuniones, periódicos y posiciones sobre todo lo que lo rodea, con el conformismo de esperar pacientemente que los otros "Partidos" se disuelvan ante las andanadas verbales y pasen a sumarse a el con sus bases y el pueblo.
Esto es lo que se ha hecho durante 60 años en el Uruguay y, el resultado está a la vista.
El mayor compromiso de los revolucionarios debe ser con el pueblo y lo objetivo es que el pueblo en su mayoría aún sigue siendo blanco y colorado. Hay que reconocer que hay revolucionarios auténticos en todos los sectores de izquierda y muchos más que no están organizados. Tomar todos estos elementos o grupos, donde estén y unirlos, es una tarea para cuando los sectarismos queden atrás. Mientras esto no suceda, la Revolución no puede esperar. A cada revolucionario, a cada grupo revolucionario, sólo le cabe un deber:


Preparase para hacer la revolución "con o sin Partido".


Suplemento

Enero de 1968

Posteriormente a la enunciación de los anteriores principios elaborados en junio de 1967, sucedieron algunos hechos importantes, anotándolos por consiguiente a continuación:

El deterioro del prestigio del gobierno y la agudización de la crisis -hechos enunciados en el documento precedente- se dieron vertiginosamente. A un año de su inauguración, el Gobierno ha defraudado la esperanza popular que acompaño su instalación y se puede decir que el estado general es de inorgánica protesta y rechazo ante la carestía y el deterioro del nivel de vida.
El cambio del Presidente Gestido por el Presidente Pacheco, le quitó al Gobierno la influencia directa de las FFAA que tenía el primero. Pacheco se vio obligado a espectaculares medidas represivas, disolución de partidos de izquierda y clausura de órganos de prensa para calmar a los gorilas que creyeron que el cambio de Presidente era su oportunidad.
La frustrada ofensiva política llevada a cabo por los sectores gorilas del ejército en esta oportunidad, que culminó con la Asamblea del Centro Militar donde fueron ampliamente derrotados, permitió calibrar su fuerza y extraer dos conclusiones importantes, por lo menos para nosotros:

Que la división entre un sector legalista y progresista, y un sector golpista en las FFAA ha adquirido caracteres nítidos y públicos.
Que dado el panorama en el mando de las unidades no cabe esperar un golpe militar inmediato, sino medidas dictatoriales tomadas por el gobierno legal, como hasta ahora. La división en el seno de las FFAA y el cultivo de las contradicciones entre sus miembros debe ser un factor estratégico a tener en cuenta en nuestra acción contra las fuerzas represivas.
Las medidas económicas tomadas por el equipo superderechista que se ha instalado en la Casa de Gobierno permiten vaticinar que en el proceso de crecientes dificultades económicas para sectores asalariados y de clase media, sin aumento de producción ni cambio de estructuras, conocerá etapas aún más agudas que las que hemos vivido. En el futuro, habrá coyunturas de descontento popular aún mayores que las que se han dado hasta el presente.
El decreto que disolvió varios grupos políticos de izquierda, confiscó sus bienes y clausuró "Epoca" y El Sol", no ha creado por el momento el cambio cualitativo que era de esperar. En lugar de aceptar este pasaje a la clandestinidad como un paso lógico de toda organización que proclama la lucha armada para liquidar al régimen, las direcciones de algunos grupos se han dado a luchar por un estatuto anterior, lo que hace imposible una lucha común de todos los grupos para pasar a una etapa superior de la lucha. (Lo dijimos en 1967: "lo verdaderamente aventurero es proclamar la lucha armada sin montar una organización capaz de afrontarla".)
La línea del PC ha dado un sensible vuelco a la derecha, reflejado en su posición en la Conferencia de la OLAS y sobre todo, en sus claudicaciones en el campo sindical frente a los atentados antiobreros del Gobierno que ha llevado a la CNT, al nivel más bajo de lucha de los últimos tiempos. Frente a la amenaza que significa el decreto contra Organizaciones de Izquierda, no cabe sino esperar más claudicaciones en el futuro.
Los acontecimientos sucedidos en los últimos meses, que ha tenido como protagonista al MLN lo han puesto en el tapete de la publicidad nuevamente, pero en condiciones más favorables que en situaciones anteriores dado el nivel combativo demostrado y la situación general del país. Se puede decir que se ha logrado a través de estos hechos que toda la población del país conozca ahora el Movimiento, hacer saber que vive aún, y perdura en sus propósitos, y frente a sectores radicalizados se ha ganado cierto respeto y prestigio. Tampoco hay que despreciar el temor que empezamos a inspirar en la reacción y en las fuerzas represivas.
El Movimiento ya ha realizado contactos internacionales que le permiten asegurar que su lucha dentro del país forma parte de una estrategia continental de acuerdo a sus aspiraciones formuladas en el Capítulo 1 del documento anterior.


Conclusiones


Constituimos en este momento un grupo armado conocido amplia y públicamente como tal, que podríamos decir, atraviesa una etapa intermedia entre el grupo conspirativo y la guerrilla en acción. Sin haberse lanzado en abierta lucha contra las fuerzas represivas ha procesado acciones que han concitado la prosecución de éstas. Estas acciones no siempre se pueden clasificar como de "propaganda armada" para las masas. Como decíamos, sobre todo en las últimas acciones, este panorama se ha comenzado a modificar.
Por las condiciones del país, por la situación del Continente, por la expectativa creada a nuestro alrededor de pasar a una etapa posterior de lucha, que en nuestro caso es la instalación del foco armado operante, al menor plazo posible.
Lanzar un foco armado que pueda inscribirse en la estrategia de "crear muchos Vietnam" significa un foco de tal importancia como para absorber toda la capacidad represiva de las FFAA vecinas y al imperialismo. Que no pase lo que en otros focos armados que no logran este objetivo y mantienen intacta la capacidad represiva de estas fuerzas no solo para represiones tipo Santo Domingo, sino para pensar en acciones de mayor envergadura, como puede ser una invasión a Cuba.
Debemos prepararnos pues, para una guerra en gran escala, no para el atentado o el petardo. Esto significa una actividad silenciosa y paciente para crear los elementos materiales necesarios para sostener una lucha de gran envergadura con pertrechamiento suficiente como para soportarla largo tiempo.
Prepararnos para la guerra de guerrillas prolongada, significa crear muchas bases para la lucha armada urbana y crear zonas para la lucha rural. Significa crear un respaldo mínimo de población para un contingente que lancemos en la ciudad o en el campo. Significa muchos talleres que estén en condiciones de preparar armas y explosivos, no ya para la lucha de una semana suino para meses de actividad incesante, significa poner a punto un complejo sistema de comunicaciones radiales, escritas y personales, implica tener montado un servicio de propaganda y captación, pertrechamiento. Preparación de combatientes. Construir fachadas y coberturas para nuestras bases, etc. Hay todavía mucho trabajo perseverante y silencioso, para hacer que el foco armado en el Uruguay sea posible.
Desde luego que además del trabajo silencioso tendremos el otro, crear una base popular significa que habrá que procesar acciones que conciten la simpatía popular; pertrecharse significa que habrá que salir a veces a la luz pública en acciones. Además salir a la luz pública no dependerá solamente de nosotros: un golpe de Estado, un ataque al MLN -para no poner más que dos hipótesis- nos puede obligar a actuar antes de lo previsto. Pero en cualquier caso, siempre es la eficiencia de nuestro trabajo de hoy, lo que decidirá si mañana podremos salir golpeando con éxito o no.


Movimiento de Liberación Nacional - TUPAMAROS


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