Puerto Rico, las Antillas, nuestra América toda (I)
Fecha: 2005 07 05
Grupo: Ejército Popular Boricua - Macheteros (EPB)
País: Puerto Rico
Categoria : Comunicado
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Puerto Rico, las Antillas, Nuestra América toda

Filiberto Ojeda Ríos*

A don José Ferrer Canales,
Con el mayor de los agradecimientos
y aún mayor admiración y afecto.

Los puertorriqueños somos antillanos. Somos caribeños. Somos latinoamericanos. Somos hijos de Nuestra América. Los puertorriqueños compartimos con numerosas naciones del Caribe y de Sur América una historia común. En nuestra tradición histórica de lucha y de integración latinoamericana tiene relevancia nuestra generosa solidaridad hacia los hermanos caribeños y latinoamericanos que la han reclamado de nosotros. Eso no es de extrañar. La raíz de esa solidaridad está en la entretejida historia de quienes, en el continente americano, nos forjamos como nación partiendo de los mismos orígenes culturales, de la integración étnica, del lenguaje común; hemos compartido sufrimientos y pobreza como pueblos sometidos por los explotadores colonialistas o imperialistas tanto de Europa como del norte rapaz y expansionista. Los efectos del colonialismo español que afectó a todas las naciones de Nuestra América se multiplican para los puertorriqueños debido a las agresiones que nuestro pueblo ha sufrido a manos, no solo de la metrópoli española, sino peor aún, de los colonialistas imperialistas norteamericanos.

El entrelazamiento de esa historia, que como todo proceso dialéctico parte de esa inexorable ley físico-filosófica también aplic able a todo el quehacer social y político, la ley de causa y efecto, es particularmente evidente en lo que ha sido la formación y luchas de todos los pueblos de Nuestra América y del mundo, comenzando por los insurgentes indígenas como Agüeybaná el Bravo, Guaicaipuro, Caonabo, Hatuey, Túpac Amaru, y otros, tan numerosos que no es posible detallar, y continuando con Simón Bolívar, Antonio Valero, Antonio José de Sucre, Bernardo O’Higgins, José de San Martín, Miguel Hidalgo, Francisco Morazán, José Martí, Ramón Emeterio Betances, Gregorio Luperón, Juan Pablo Duarte, Augusto César Sandino, Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer, José Carlos Mariátegui, Fidel Castro, Camilo Torres Restrepo y Hugo Rafael Chávez, para mencionar sólo algunos, de quienes han sido, en su particular momento histórico, representantes de una interminable cadena histórica de luchas generadas por los pueblos. Todos han reflejado un intenso espíritu humanitario y una dedicación inalterable en aras de lograr justicia para todos por igual.

La dedicación de cada uno de estos representantes del verdadero género humano, bien haya sido debido a una espiritual intuición emanada de la más profunda sensibilidad, por un intelecto privilegiado que sin premeditación o guiado por intereses personales los ha conducido por caminos revolucionarios, ha hecho historia precisamente por haber sabido comprender las necesidades de los pueblos en cada período histórico. Ellos han representado las luchas y ansias de una humanidad que, en su marcha hacia la construcción de un mundo donde no existan las inequidades e injusticias, y unas relaciones y sistemas socioeconómicos y políticos orientados en la dirección de forjar ese mundo, ha aportado y logrado cambios, que aunque puedan identificarse como pequeñas batallas –que nunca lo son– siempre están encaminados en esa dirección revolucionaria. Igualmente, por la naturaleza de lo que ellos han representado en sus respectivos períodos históricos, todos han sido parte del inevitable proceso generado por la humanidad conducente a superar sistemas de explotación del hombre por el hombre, que han sido impuestos a través de los siglos por las siniestras fuerzas del egoísmo; de ese mundo de “propietarios” que ha generado brutales sistemas económicos fundamentados en la propiedad privada sobre los medios de producción, pasando de unos a otros según las fuerzas reivindicativas revolucionarias fueran liquidando unos, y siempre estableciendo un sistema superior y más justo partiendo de los remanentes de los sistemas derrotados. Así se fueron sucediendo, unos tras otros, los sistemas feudales sobre la esclavitud, y capitalista sobre los feudales.
Carlos Marx y Federico Engels, genios investigadores de todo lo relacionado con la dialéctica de los sistemas económicos que a su vez generan relaciones sociales al servicio de cada sistema; científicos que investigaron las raíces del sistema capitalista y sus contradicciones antagónicas irreconciliables y de cuyo seno se generan, además de sus elementos de desintegración, las nuevas fórmulas socioeconómicas que habrán de sustituirlo; estos dos genios, filósofos, economistas, ideólogos revolucionarios que hicieron las formulaciones claramente definidas como socialistas colocan, en manos de la clase productora que ha sido despojada por el capitalismo de los medios de producción, todo el desarrollo de nuevas normas económicas y de relaciones sociales orientadas hacia la creación de sistemas de igualdad social. Son ésos los sistemas sustitutivos de aquéllos que, como en el caso del capitalismo, llegan a su tope evolutivo de desarrollo y se convierten en retranca para el progreso de la humanidad generando desde sus propias relaciones las contradicciones y condiciones para la instauración de un sistema superior, que es el socialismo. Marx y Engels señalaron, igualmente, cómo los históricamente explotados, se convierten en herederos de los nuevos postulados y formulaciones orientadas hacia garantizar los fundamentales derechos humanos de todos los pueblos, comenzando por el derecho a la salud, a la alimentación, a la educación, a la vivienda decorosa, al trabajo, en fin, a todos aquellos elementos que les dan verdadero contenido humano a los derechos de los pueblos.

En Nuestra América, desde tiempos inmemoriales, ha existido una estrecha vinculación solidaria entre las fuerzas de avanzada involucradas en luchas de resistencia y emancipadoras en el continente desde antes y después de haberse creado las naciones latinoamericanas, al igual que durante todos los períodos históricamente definidos desde la invasión y conquista comenzada a finales del siglo XV por los europeos. Esas luchas han formado parte de ese proceso milenario de superación humana; de la constante búsqueda por los explotados y los desposeídos para lograr conquistas reivindicativas de esos derechos e impulsadas en aras de mejorar la calidad de vida y hacerla extensiva a todos y cada uno de los seres humanos. Han sido luchas sociales que muy bien podrían ser identificadas como “ socialistas”, aunque nunca se les coloque la etiqueta como tal.

Nos aventuramos a afirmar que la historia de la humanidad toda ha sido determinada por los esfuerzos de los sectores explotados y desposeídos para superar la criminalidad inherente a quienes han pretendido apropiarse del fruto de su trabajo convirtiéndolo en fuente de enriquecimiento para beneficio propio. Así el sistema esclavista de explotación, por su naturaleza antihumana y criminal, engendra sus propias bases autodestructivas que dan al traste con su modo de producción y crea las condiciones para la instauración del sistema feudal. Éste, a su vez, al atravesar por las luchas de los productores artesanales para mejorar su condición y contra las imposiciones y normativas impuestas por las monarquías feudales, va originando las bases de un capitalismo cuyas normas de explotación, con el transcurrir de los siglos y con los constantes adelantos tecnológicos, se hacen mucho más sofisticadas y a su vez más contradictorias. El capitalismo no destruye la explotación y mucho menos la injusticia. En el sistema capitalista la propiedad privada sobre los medios de producción se lleva a cabo con mucha mayor rigurosidad; se amplían las fuentes de explotación a nivel mundial y se generan contradicciones irreconciliablemente antagónicas en las relaciones de producción y sociales, profundizando la desigualdad y miseria en la población y en la humanidad.

Bolívar y el Socialismo
Podemos aseverar que el proceso revolucionario llevado a cabo por Simón Bolívar desde principios del siglo XIX, entra, por su naturaleza de libertad e independencia; por sus proyecciones de igualdad; por sus conceptos de la importancia dada a la educación para todos los componentes del pueblo; por su interés de garantizar alimentación para todos; por sus proyecciones unificadoras y de libertad para todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe: como una parte integral de esos procesos ascendentes y orientados hacia la conquista de justicia social para la humanidad. Todas esas luchas, aunque así no hayan sido identificadas, han constituido, desde la perspectiva que aquí exponemos, un paso ascendente hacia el socialismo. A su vez, Bolívar combatió en todos los frentes contra lo retrógrado y divisorio para los pueblos que comenzaban a caer bajo las garras del sistema capitalista de Estados Unidos. Eran los años en los que se iba cuajando esa nación de Norteamérica en potencia imperialista, cuya pretensión era establecer las bases para el control militar y económico de la América toda. Ése era el proceso desarrollado por los más fuertes para someter y explotar a los más débiles garantizando así la supremacía del sistema capitalista y su culto a la propiedad privada con todo lo que ello significa en inequidades, hambre, sufrimientos y muerte para las grandes mayorías de desposeídos.
Uno de los procesos más importantes iniciado por las intensas luchas bolivarianas, fue la solidaridad activa generada en todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe en torno a ese movimiento revolucionario. Los valores humanitarios y libertarios impulsados por el General Simón Bolívar –antes de que las ansias de poder y la insidia tomaran posesión de algunos de quienes fueron importantes militares bajo su mando– fueron aquellos que penetraron en las conciencias de los seres humanos más sanos que formaban parte del ejército bolivariano. Los dos siglos que han pasado y que, igualmente, han fijado la figura de Simón Bolívar en las conciencias de los luchadores provenientes de todos los pueblos de Nuestra América, demuestran su grandeza y el alcance de su obra. Bolívar ha sido materia de inspiración para todas las generaciones de revolucionarios que le han dado continuidad a su pensamiento a través de los siglos, al igual que para los mejores poetas, pintores y cantores de las naciones latinoamericanas, naturalmente, incluyendo a nuestro Puerto Rico, que ha sido prolífico en la exaltación de su figura.

Las campañas libertarias llevadas a cabo por Bolívar generaron una intensa solidaridad, pero nada puede ser tan claramente demostrativo de esa solidaridad, como lo fue el proceso de luchas libertarias que fue cobrando cuerpo de rebeldía desde finales del siglo XVIII en la enorme mayoría de las naciones de Nuestra América, hasta convertirse en un sólido movimiento organizado, con Bolívar y numerosos patriotas identificados con la causa de la independencia a la cabeza. Esa causa libertaria tocó los corazones de todos aquellos seres humanos apegados a la gran verdad humana, con visión y desprendimiento y quienes, habiendo nacido en los que ya eran territorios geográfica y políticamente definidos, presentían la importancia histórica de, por lo menos, sembrar la semilla de una América Latina y Caribeña encaminadas hacia su conversión en una gran nación unificada por un ideal de libertad y justicia social. Bolívar fue el gran estratega de ese ideal.

Si bien el proyecto bolivariano tenía como objetivo central la conquista de la independencia, y desarrollar la unidad latinoamericana, sus objetivos de justicia social fueron claramente demarcados en lo que fueron sus pronunciamientos de Angostura al igual que en la Carta de Jamaica y otros documentos de fundamental importancia estratégica que exponían, como parte de sus principales objetivos, la unificación de todas las naciones latinoamericanas y caribeñas y su conversión en Patria Grande. De esa manera, El Libertador era, además, El Unificador. Al decir de nuestro querido Eugenio María de Hostos, El ciudadano de América, refiriéndose al significado de la victoria de Ayacucho:

Ayacucho es, pues, más que una gloria de estos pueblos, más que un servicio hecho al progreso, más que un hecho resultante de otros hechos, más que un derecho conquistado, más que una promesa hecha a la historia y a los contemporáneos de que los vencedores en el campo de batalla eran la civilización contra el quietismo, la justicia contra la fuerza, la libertad contra la tiranía, la república contra la monarquía; Ayacucho es un compromiso contraído por toda la América que dejó de ser española en aquel día.1
Los fundamentos bolivarianos respecto a la justicia social proporcionaban grandes esperanzas y aspiraciones en las fuerzas profundamente progresistas de todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe cuyas necesidades libertarias eran cónsonas con dichos ideales. Las ideas de Bolívar fueron capaces de captar la imaginación creadora y revolucionaria de los más destacados seres humanos de aquellos tiempos. Esas tendencias habrían de constituir la inspiración para las proyecciones unitarias de Nuestra América adoptadas posteriormente por Martí, Betances y muchos otros a finales del siglo XIX, al igual que por Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez y todos los que comulgamos con dichos ideales en la actualidad. Los postulados bolivarianos, tanto políticos como sociales, pasados de generación en generación como línea de pensamiento estratégico de lucha fundamentada en el conocimiento y la profundización de nuestra historia, son comparables a los que ahora son expuestos por los revolucionarios de actualidad mencionados, bajo el nombre de socialismo.

No se trata de un socialismo esquemático, ni dogmático, sino de la aplicación de la metodología marxista para el establecimiento de proyecciones revolucionarias, que no son otra cosa que el bienestar del pueblo, la verdadera igualdad de derechos y todo lo comprendido por el concepto de justicia social, naturalmente, partiendo de las contradicciones antagónicas existentes en todo sistema socioeconómico y descritas por Carlos Marx. Esas contradicciones, al ser estudiadas con profundidad científica, nos permiten estar en condiciones de establecer un sólido análisis de la realidad, llegar a conclusiones con mayor objetividad, y establecer estrategias y tácticas de lucha cuyo contenido es orientado hacia la reorganización del sistema de producción, de la propiedad y de la distribución de los bienes elaborados por la sociedad trabajadora. Al actuar por el bienestar social y en contra de la explotación del hombre por el hombre, se actúa por el socialismo. De eso trata en buena parte la Revolución Bolivariana.

Los seguidores del ideario de Bolívar se podrían contar por los miles en toda nuestra América a través de los años. Sin embargo, podemos afirmar de manera categórica que no ha existido un solo dirigente patriota en la lucha de los boricuas por la independencia a través de todas las décadas que han seguido a la epopeya bolivariana y precedido el momento actual, al igual que los más importante poetas y pintores de generaciones pasadas y presentes, para quienes Bolívar no haya sido fuente de inspiración, quizás con la misma profundidad que lo ha sido en su país de origen: Venezuela.

La contribución de profundo carácter bolivariano de los puertorriqueños, comenzando con el General Antonio Valero hasta la actualidad, ha sido una constante en el quehacer histórico de todos los luchadores boricuas. Los paradigmas de la lucha por la independencia y de la libertad del pueblo puertorriqueño, si los colocamos de manera generacional en nuestra historia de lucha, han sido los siguientes: General Antonio Valero nacido en Fajardo, Puerto Rico en el año 1790 y fallecido en 1863; los hermanos Andrés y Juan Vizcarrondo, que lucharon por nuestra independencia durante los años de 1835 hasta fines de la década de 1860, y que operaron también desde Venezuela; Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos, que lucharon desde la década de 1860 hasta el final de sus días. Ruiz Belvis murió de manera misteriosa en Chile en 1867, Betances falleció en 1898 y Hostos en 1903; José de Diego, quien ocupó el liderato independentista durante las primeras dos décadas del siglo XX, hasta su fallecimiento en 1918; Pedro Albizu Campos, líder profundamente relevante que encabezaba la lucha patriótica desde finales de la década de los veinte hasta pasada la insurrección nacionalista, el ataque a la Casa Blair y el ataque al Congreso de Estados Unidos en la década del cincuenta, fallecido en 1965; Juan Antonio Corretjer, Revolucionario Socialista, poeta de reconocimiento internacional y Comandante Honorario del Ejército Popular Boricua – MACHETEROS, que ejerciera su liderato desde la década del 1960 hasta su fallecimiento en el 1985; y finalmente, el Ejército Popular Boricua, actual continuador, entre otros, de las ideas promulgadas por todos nuestro patriotas revolucionarios.

Es, a los efectos de establecer la trascendencia de estos grandes puertorriqueños que habremos de exponer lo que fueron las ideas bolivarianas y libertarias de cada uno durante todas esas décadas de luchas forjadoras de nuestra histórica tradición, al igual que de los postulados del Ejército Popular Boricua.

General Antonio Valero (1790 - 1863)
Nuestro Antonio Valero fue, además de uno de los libertadores de México y del Perú, uno de los fundadores de la República de Venezuela. Entre sus nombramientos se encuentran los siguientes: Comandante en Jefe de la 2da. División del ejército colombiano enviada al Perú para auxiliar a Bolívar; nombrado por Bolívar Jefe de Estado Mayor de las líneas sitiadoras del Callao; Jefe de Estado Mayor del ejército de Colombia; Comandante Militar de los Valles de Aragua; Gobernador Militar de Puerto Cabello; Comandante de Armas de la provincia de Caracas y Ministro de Guerra y Marina de Venezuela. Durante toda su existencia fue uno de los más fieles generales al servicio de la causa bolivariana. Sobre todo, además de haber sido un general con efectividad en el campo de batalla, también lo fue como inamovible puntal de apoyo al General Bolívar durante parte importante de su epopeya: en la grandeza de sus victorias, al igual que durante los momentos difíciles al final de su vida, que lo sometieron a las peores vicisitudes e ignominiosas agresiones tan bien descritas por Gabriel García Márquez en su magistral obra: El general en su laberinto. Aun cuando hubo momentos en los cuales, por insidia y envidia, a nuestro general se le hicieron injustas acusaciones, la verdad se impuso y no titubeó en su fidelidad ideológica a Bolívar hasta el día de su muerte. Su dedicación, desempeño y acciones heroicas en la batalla le merecieron condecoraciones como la medalla del Libertador, la medalla a los sitiadores del Callao y la honrosa designación de un espacio en el Panteón Nacional de Caracas, donde reposan los restos del Libertador y de los héroes de la gran guerra unificadora de la Patria Grande y de Venezuela. Falleció en el exilio, en Bogotá, esperanzado en regresar a sus queridas tierras en el Estado de Aragua donde le esperaba ansiosa su familia. Sus restos nunca han podido ser localizados para ser trasladados al Panteón Nacional donde, para honor de los puertorriqueños, debe descansar.

Fue el primer héroe libertador puertorriqueño que, además de luchar junto a Bolívar, hizo todo lo que estuvo a su alcance para lograr la independencia de Puerto Rico. Valero se entrevista con Bolívar en 1823 para solicitarle la liberación de Puerto Rico, la cual estaba inherentemente ligada a la de Cuba, tanto así que es con un grupo de cubanos que Valero acude a Bolívar. Valero prepara su Plan para la independencia de Puerto Rico, el cual constaba de una parte política y otra militar. En su parte política establece que el estado de Borinquen se constituirá como dependiente de la República de Colombia.2 De Bolívar haber vivido algunos años más, no nos cabe duda alguna de que lo hubiera logrado. Esa semilla de profunda inspiración para todos los puertorriqueños ha continuado germinando durante todos los períodos de convulsión libertaria generados por nuestro pueblo patriota a través de su historia.

La continuidad del pensamiento libertario de Valero hacia Puerto Rico, que también contaba con la participación en suelo puertorriqueño de María de las Mercedes Barbudo, en cuya residencia se llevaban a cabo reuniones conspirativas a favor de la lucha libertaria y unitaria desatada por Bolívar, cobró vida unas décadas más tarde con los hermanos Andrés y Juan Vizcarrondo. Éstos levantaron nuevamente la bandera de la independencia durante las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo XIX, dando seguimiento a esos pensamientos del Libertador y de nuestro pueblo en torno a la lucha por la independencia del pueblo puertorriqueño. Esa lucha libertaria tanto bolivariana como valeriana, ha sido pasada a todos los patriotas revolucionarios puertorriqueños generación tras generación hasta el presente, primero a los hermanos Vizcarrondo, luego a quien se convirtiera en el Padre de la Patria Puertorriqueña el Dr. Ramón Emeterio Betances, a Eugenio María de Hostos, y así históricamente continuada por José de Diego, Pedro Albizu Campos y Juan Antonio Corretjer. En la actualidad los puertorriqueños contamos con numerosos hijos e hijas que dan continuidad a esa tradición histórica de lucha impidiendo que el pensamiento betancino sea destruido por proyectos reformistas. En nuestra historia, aún desde los orígenes de nuestra lucha libertaria, la tendencia reformista ha constituido un impedimento destructivo de esa tradición e imperiosa necesidad de lucha enmarcada por esos valores ideológicos que constituyen la salvación de nuestra patria y la conquista de nuestra independencia, soberanía, y derechos como latinoamericanos.

Andrés Salvador y Juan Eugenio Vizcarrondo (1804 – 1897)
Durante la segunda mitad de la década del 1830, las Cortes españolas privaron a los puertorriqueños de algunos beneficios reformistas logrados a través de históricas luchas que tenían su raíz en la guerra de emancipación al mando de Bolívar. Fueron cambios generados en la propia España que, además de batirse durante décadas debido a contradicciones internas, también confrontaba luchas libertarias generadas en sus colonias americanas. Al retirar dichas reformas e imponer nuevamente normas coloniales de mayor explotación y ausencia de libertades, los hermanos Andrés Salvador y Juan Vizcarrondo Ortiz de Zárate, militares de oficio, conjuntamente con Buenaventura Valentín Quiñones, contando con “el respaldo de numerosos oficiales y soldados del Regimiento de Granada”,3 y bajo la influencia ideológica de las luchas bolivarianas y valerianas aún en proceso de difusión en toda Nuestra América, se lanza lo que fuera denominado como La conspiración de los militares. Los más importantes científicos de nuestra historia, como lo fue nuestro gran historiador, Lidio Cruz Monclova, le confieren a dicho levantamiento absoluta finalidad separatista. Aunque dicho esfuerzo fracasó debido a una delación, la tendencia estaba diseminada a través de numerosas regiones de nuestro territorio.

Alertados sobre la traición, los hermanos Vizcarrondo lograron escapar, no así Buenaventura Quiñones al igual que un grupo de oficiales, sargentos y soldados que fueron apresados y algunos sometidos a la pena capital de garrote, otros fusilados y muchos encarcelados. Buenaventura Quiñones fue asesinado en su celda en el Castillo del Morro; sus carceleros trataron luego de hacer creer que se había suicidado, tal y como hicieron los colonialistas yanquis con nuestro mártir de actualidad, Ángel Rodríguez Cristóbal.4
El enlace continuador histórico queda relevantemente expuesto cuando Ramón Emeterio Betances se refiere a Andrés Vizcarrondo como “el primero de los precursores” y en otra ocasión como “el venerable decano de los republicanos”.5 Ese vínculo entre generaciones revolucionarias y libertarias queda plenamente establecido cuando, en el 1865, las juntas separatistas existentes en casi todos los pueblos de la Isla, le confían a Andrés Vizcarrondo la organización de una expedición libertaria que habría de partir desde Venezuela. Dicha expedición no se llevó a cabo debido a lo que fuera la enorme represión desatada tras el malogrado intento libertario en Lares, el 23 de septiembre de 1868.

Dr. Ramón Emeterio Betances y Alacán (1827 - 1898)
Ramón Emeterio Betances fue un patriota revolucionario integral consumado. Su trayectoria patriótica puede ser trazada desde la década del 1840, hasta su fallecimiento en 1898. Nos dice el gran historiador puertorriqueño, el Dr. Félix Ojeda, cuya vida ha dedicado casi en su totalidad a hacerle justicia al Dr. Betances que: “El proyecto dirigido a enlazar en un curso común a las islas del Caribe, trazado por el Doctor Betances entre 1848 y 1898, tiene profundas raíces en la épica bolivariana”.6 Existen referencias que nos indican que durante las intensas luchas de la Revolución de febrero de 1848, Betances era estudiante de medicina en la Universidad de París. Las luchas que se habían generado no sólo en París, sino en diversas capitales de Europa como consecuencia de las inmensas contradicciones producidas por lo que fuera la “Revolución Industrial” motivaron la participación solidaria de Betances. De igual manera, las mermas catastróficas en las cosechas agrícolas que tuvieron lugar a principios de esa década en toda Europa, crearon condiciones infrahumanas para todos los trabajadores generándose luchas muy intensas. Esas luchas contaban con la participación teórico-práctica de Carlos Marx y Federico Engels y se generaban comunas de completo contenido social. Betances, como estudiante, fue partícipe de esas luchas. La influencia formativa generada en Betances a través de esas luchas sociales y revolucionarias orientadas por consignas socialistas y comunistas, fue muy intensa y permanente en su vida. Varios años después de haberse proclamado la segunda República Francesa el 24 de febrero de 1848, Betances exclamaba:
…Yo soy también un viejo soldado de la República Francesa. En 1848 cumplí con mi deber. Cuando se trata de la libertad todos los pueblos son solidarios…7

Betances regresó a nuestra patria en el año 1856 y de inmediato se dedicó a actividades conspirativas, humanitarias y abolicionistas, razón por la cual fue expulsado de su querida isla hacia tierras hermanas de la República Dominicana, donde puso sus conocimientos profesionales al servicio de ese hermano pueblo desde el año 1858. Es entonces cuando el pueblo dominicano, habiendo perdido su soberanía a manos de los colonialistas españoles, recomienza la lucha con lo que en la historia de la República Dominicana es conocido como La Guerra de la Restauración. Betances apoya de lleno esos patrióticos esfuerzos y por tal razón es expulsado nuevamente, adoptando a Venezuela como residencia durante cinco meses para regresar nuevamente a la República Dominicana al este pueblo triunfar nuevamente sobre las fuerzas colonialistas de España.

Al regresar a nuestra patria, funda la Logia Masónica Yagüez estableciendo una sólida base revolucionaria orientada hacia la organización nacional de lo que el 23 de septiembre de 1868 fuera conocido como El Grito de Lares, fecha que marca la consolidación de nuestra nación, consagrando al Dr. Ramón Emeterio Betances ante el mundo como El Padre de la Patria Puertorriqueña. En Lares se percibe un gran ejemplo de integración latinoamericana con la participación de los hermanos Rojas Luzardo, venezolanos por nacimiento, puertorriqueños por adopción. Manuel Rojas fue el comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias, quien junto a su hermano Miguel eran miembros de la Junta Revolucionaria Centro Bravo Número 2. También se destacan mujeres puertorriqueñas como Mariana Bracetti, mejor conocida como Brazo de Oro, quien ayuda con energía y talento en los planes revolucionarios8 y es conocida como la bordadora de la bandera revolucionaria de Lares.
Betances fue un extraordinario revolucionario. Quizás nada lo exprese mejor que sus propias palabras:

La Revolución Francesa de febrero de 1848 es la Revolución Cubana de febrero de 1895 descendiendo de la misma madre, y si ellas no son enteramente hermanas, son por lo menos primas hermanas. 9

Nuestro pueblo no logró triunfar militarmente en la insurrección del 23 de septiembre de 1868. No obstante, Betances continuó la lucha muy intensa promoviendo apoyo material y económico a favor del pueblo cubano, al igual que su continuación en la conspiración revolucionaria para promover nuestra lucha por la independencia de la Patria, creando en la Isla una organización a la vez clandestina y de apoyo a la lucha cubana. Al igual que José Martí fue el más emotivo promotor de la Federación de las Antillas, y de la vinculación de nuestro pueblo a Nuestra América. El destacado y querido Dr. José Ferrer Canales, conocedor como pocos de la vida de Betances, Martí, Hostos, y de nuestros patriotas más queridos de los pasados siglos, ha escrito un maravilloso trabajo dedicado a Betances y a José Martí estableciendo un paralelismo en lo que fue el pensamiento y práctica de ambos a fines del siglo XIX. En el mismo cita a José Martí cuando éste expresa:

Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber... de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza sobre nuestras tierras de América. Añade don José Ferrer Canales: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América”, es un leitmotiv martiano. Las tres islas antillanas, mayores, son, para él, “tres tajos de un mismo corazón sangriento”, y Cuba y Puerto Rico, “islas complementarias..., dos tierras que son una sola dicha y un solo corazón”. Juntas, las islas de este archipiélago, sabemos, se salvarán.

Ese antillanismo lo vive, lo encarna noble y apasionadamente también Betances, quien fundará, como otros, en París, la Unión Latinoamericana, y quien publicará artículos con el seudónimo El Antillano.
Más adelante cita a Betances cuando éste expresa que los americanos se encuentran en República Dominicana:
Ya están los americanos en Samaná… No puede figurarse el dolor que me causa este hecho tan fatal para la realización del gran proyecto de Confederación, que haría de todas nuestras islas una gran nación...

El destacado historiador Paul Estrade nos confirma la importancia que para Betances tiene la República Dominicana como parte integral de la Confederación Antillana. En carta a su amiga, la revolucionaria Lola Rodríguez de Tió, Betances le expresa:
Salvar la República Dominicana de la garra yanqui e introducir en las Antillas una industria que les dé prosperidad y por consiguiente deseos de progreso, son empresas dignas de ocupar la vida del hombre.11

Las ideas bolivarianas eran parte de la inmensa formación político-ideológica de Betances. Fueron muchos sus pronunciamientos exaltando no sólo la importancia moral del Libertador de América, sino la importancia ideológica y estratégica del pensamiento y lucha del General Simón Bolívar, concepciones por él aplicadas en la formación de los revolucionarios puertorriqueños. Esa formación tenía su fundamento en la creación de la Patria Grande que Martí llamaba Nuestra América, y que incluía en su seno a las Antillas caribeñas. Enmarcado por esos conceptos desarrolló la propuesta para la creación de la Federación Antillana. Tanto José Martí, como Antonio Maceo, Máximo Gómez, Gregorio Luperón y muchos otros destacados patriotas caribeños estaban vinculados a esa idea y la apoyaban, aunque no pudo llevarse a efecto debido a la intervención del emergente imperialismo yanqui en nuestras islas. Paralelamente a Betances, surgía como gran pensador, filósofo y educador el puertorriqueño Eugenio María de Hostos, también admirador de las ideas bolivarianas, y de total adhesión a los conceptos betancinos orientados hacia la creación de la Confederación de las Antillas.

Eugenio María de Hostos (1839 -1903)
Hostos fue un extraordinario ser humano que llevaba en su corazón no sólo la libertad de nuestro terruño, sino también un ideario de fecundos sentimientos de humanismo revolucionario. Sus tendencias y proyecciones estaban centradas en garantizar los derechos humanos de todo hombre y mujer no únicamente puertorriqueños, sino de Nuestra América toda. Dedicó gran parte de su vida a establecer sistemas de enseñanza en diversas naciones hermanas y de manera muy particular en República Dominicana, donde reposan sus restos. Profesaba, en unión a Betances y Martí, la unificación de las Antillas en una confederación y, naturalmente, la independencia de Puerto Rico como antesala a la Confederación de las Antillas.

Hostos fue el intelectual puertorriqueño multifacético de mayor relevancia en la época que le tocó vivir y de mucho reconocimiento en toda América Latina. Su obra fue muy extensa y abarcadora. Fue un excelente escritor y crítico literario –como quedó demostrado a través de sus muy reconocidas críticas a la obra Hamlet de Shakespeare, al igual que a la del poeta cubano Plácido–. Su identificación ideológica, y sus esfuerzos educativos siempre estuvieron orientados por su interés de hacer extensiva la enseñanza a la población general de todas las naciones en las cuales sus servicios pedagógicos fueron requeridos, Para ello diseñó sistemas, escribió obras como Moral Social, y dedicó muchos esfuerzos para favorecer y defender los derechos de la mujer. Su identificación con la causa de la independencia para Puerto Rico constituyó un objetivo a través de su vida y, sobre todo, fue un gran amigo y admirador de José Martí, de Ramón Emeterio Betances, y en unión a ellos, propulsor de la Federación de las Antillas.

Hostos colaboró con numerosas naciones de Nuestra América, y fue un profundo conocedor del pensamiento y la vida del General Simón Bolívar. Como fuera explicado por el Señor Vinicio Romero, Cónsul de Venezuela en Puerto Rico, en una actividad conmemorativa del natalicio de Eugenio María de Hostos, en la ciudad de Mayagüez, el pasado mes de enero de 2005:
La idea de federación de Hostos es bolivariana. En 1874 Hostos dice: “El tiempo de la federación de las provincias españolas entre sí ha llegado, el tiempo de la federación de las Antillas con España ha pasado. España es Europa. Las Antillas son América. América y Europa, dentro del destino común de la humanidad, tienen fines diversos”.

Y aquí viene una predicción: “Fedérense los europeos para cumplir los (fines) suyos; federémonos los americanos para cumplir los nuestros”. 12

Estas ideas expresadas por Hostos, al igual que sus maravillosos escritos referentes a Bolívar y de manera muy particular su escrito titulado Ayacucho dejan meridianamente claro su adhesión a lo que ha sido un pensamiento revolucionario que ha sido capaz de mantenerse vigente a través de todas las generaciones de patriotas puertorriqueños.

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