1980 - Año de luchas decisivas
Fecha: 1980 01 01
Grupo: Organización del Pueblo en Armas (ORPA)
País: Guatemala
Categoria : Comunicado
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Organización del Pueblo en Armas

1980 - AÑO DE LUCHAS DECISIVAS

Hay épocas que por sus acontecimientos son recordadas en la posteridad. Pero adquieren un lugar muy particular en la historia, cuando la lucha de un pueblo por su liberación alcanza niveles muy altos y gloriosos. Ese sería sin duda el caso del presente año que comenzamos.

Analizando simplemente los hechos y situaciones que estamos viviendo es posible prever con objetividad los acontecimientos y el carácter de las luchas que se librarán en este año.

Es importante que todo nuestro pueblo, frente a las jornadas por venir, clarifique una perspectiva general sobre la situación del país y de su destino.

EL PODER MUESTRA SUS GRIETAS

El hecho actual más relevante de nuestra sociedad es la agudización de la crisis política, económica y social. Por el rumbo que lleva alcanzará los niveles más altos y explosivos en el transcurso de los próximos meses

El gobierno de Lucas, que ha llegado ya a los límites del ridículo, aún más que otros gobiernos antipopulares anteriores, terminará evidenciando su inoperancia e ineficiencia.

Pocas veces se había juntado tanta incapacidad con tanta corrupción y desvergüenza. Este régimen no ha servido a nadie, salvo a quienes se han enriquecido bajo su sombra.

Por supuesto, toda la política arbitraria de este gobierno sólo ha agudizado las infinitas carencias que el pueblo viene padeciendo históricamente, llevándolo a los límites de la sobrevivencia y miseria.

Lucas, el alto mando del ejército y la camarilla dirigente de la clase dominante han tenido que acudir al recurso de engañar a algunos sectores de su propia clase, que veían con preocupación y pánico la situación del país, para tranquilizarlos y conseguir su apoyo a la actual política de contrainsurgencia.

Los han engañado al garantizarles que su estrategia de represión, brutal y descarada, daría los resultados apetecidos de aniquilar todas las luchas populares, incluyendo la vía armada.

Los han engañado también al asegurarles que las supuestas medidas de desarrollo, "la Franja Transversal del Norte" y el nuevo Código de Trabajo terminarían con las tensiones sociales.

Pero la realidad constata que la represión, dadas las condiciones del país, en lugar de "pacificar" ha levantado y levantará cada vez más la indignación popular, la repulsa que se ha traducido en disposición de lucha, radicalizando en poco tiempo a vastos sectores de la población.

La Franja Transversal del Norte es un proyecto obsoleto y desfasado bajo el punto de vista social, porque supuestamente resolvería para el año 2000 algunas de las tensiones provocadas por la escasez de tierra en los años actuales.

Además de ser un proyecto absurdo, han comprometido incluso a los organismos de contrainsurgencia norteamericanos, como la AID, corrompiendo a algunos agentes norteamericanos que tienen intereses en el país. Así han obtenido financiamiento para hacer productiva una vasta zona agrícola y petrolera a Lucas, a su camarilla de generales y a las compañías transnacionales del petróleo.

En cuanto al Código de Trabajo, éste no resolverá la tensión social y más bien la acrecentará notablemente, porque ha sido redactado y concebido por la clase dominante para intentar seguir manteniendo en forma institucional, uno de los regímenes de sobreexplotación más bárbaros y arcaicos de nuestro hemisferio. Con la farsa de los salarios mínimos que no alcanzan a cubrir las más elementales necesidades, han querido aminorar las tensiones sociales, pero éstas siguen latentes y se acrecentarán aún más.

A este acelerado deterioro del régimen, hay que sumarle dos elementos muy importantes en su composición y dinámica interna.

En primer tugar, las fundadas dudas e interrogantes que han comenzado a surgir en cerrados círculos de la clase dominante, sobre la incapacidad del gobierno, del ejército y fuerzas represivas, para controlar efectivamente la situación revolucionaria del país.

Se empiezan a comentar con escepticismo los comunicados "victoriosos" de relaciones públicas del ejército, que ocultan derrotas y falsean la realidad de las cosas. Y algunos empiezan a sospechar que la supuesta "conjura internacional" es una nueva maniobra a la que el gobierno se ha acogido en las últimas semanas para presentarse como víctima y buscar a quien culpar de lo que únicamente ellos son responsables.

Esta situación se acrecentará necesariamente en el futuro, aunque los jerarcas de las camarillas militares y oligárquicas proclamen unidades graníticas y disposiciones combativas para levantarse la moral.

En una realidad tan patética como la de Guatemala y en una situación tan definitoria como la actual que vive Centroamérica, la palabra la tienen los hechos y no los mercenarios de relaciones públicas del gobierno o del ejército.

En segundo lugar, en el seno del ejército, sectores significativos de oficiales empiezan a cuestionarse (cuidándose del aparato represivo interno del ejército, G-2) sobre el papel de instrumento y de verdugo que los altos mandos los están obligando a realizar contra sus hermanos en una guerra sucia, con objetivos falsos y mentirosos.

No hay soldado u oficial que no se dé cuenta de lo antipopular del ejército, pese a la gran propaganda interna de la institución. Como no son ciegos, perciben el miedo, el odio o el desprecio con que se les recibe en todas partes, a excepción de los grandes ricos de la ciudad o del campo.

Hay oficiales que empiezan a percibir también el otro sentido que tiene una guerra revolucionaria. Intuyen que aunque sus técnicas combativas mejoren y los armamentos se multipliquen, eso no es suficiente para ganar una guerra que ya está perdida en lo político y ven que mayor violencia y represión en estas circunstancias sólo puede ocasionar un aceleramiento en una confrontación con el pueblo, que puede culminar en una derrota total para ellos.

Oficiales también que se preguntan sobre su propio destino y futuro, aunque saben muy bien que, frente a una derrota, el destino de sus altos jefes está asegurado en el extranjero donde disfrutarán de sus grandes fortunas. El fantasma de la guardia nacional somocista está presente en todo momento.

LA VORACIDAD SIN FRENO

El pueblo seguirá padeciendo el alto costo de la vida, los salarios seguirán siendo cada vez más insuficientes, agudizando la terrible miseria en que se vive. Y esto no sólo en los sectores populares. También en tos amplios sectores medios de la población, para quienes el proceso de pauperización se ha ido acentuando en los últimos

Las relaciones de explotación llegarán a niveles muy altos e insoportables. Porque la misma agudización y características del proceso, acrecentará la voracidad desesperada de la clase dominante para garantizarse las más altas ganancias en poco tiempo, y se recrudecerá más aún la represión abierta y despiadada contra los sindicatos y todos los trabajadores no organizados que reclamen sus derechos. Y esto se dará tanto en la ciudad como en el campo.

Todo lo anterior muestra algunos rasgos significativos (no todos porque es imposible exponerlos en esta breve síntesis) de lo que espera a nuestro país en el año 1980. Todos estos hechos son fruto de la estructura social que padecemos y su existencia no depende de la voluntad de una persona en particular.

Este caos, esta represión y miseria, es simplemente una expresión acabada de la situación crítica, de la crisis insalvable que el mismo sistema ha producido y de la cual no tiene ninguna posibilidad de salir adelante.

LAS LUCHAS DECISIVAS DE 1980

El panorama que se presenta sería totalmente catastrófico y deprimente si, frente a esta situación real y objetiva, no existiera una contraparte, que es la que a su vez tiene la posibilidad real de terminar con tanta situación de injusticia. Esta parte es la lucha del pueblo que en los últimos años ha puesto nuevamente de manifiesto el camino de la Guerra Revolucionaria.

Por ello, este año se puede caracterizar de la forma siguiente: 1980 reclama el desarrollo de luchas decisivas como una necesidad impostergable.

Hay dos razones que explican y fundamentan esta última afirmación:

El nivel de conciencia y claridad alcanzado por las grandes mayorías del pueblo sobre la situación, sus causas y los caminos para resolverla, se traduce en una decisión y entusiasmo desbordante por la lucha revolucionaria. Es un hecho su participación combativa en todas las Organizaciones Revolucionarias, Populares, Democráticas y Progresistas.

Las organizaciones que impulsamos la lucha por la revolución popular, después de un trabajo paciente de acumulación de experiencias y fortalecimiento interno, estamos en posibilidad de llevar adelante las tareas históricas. Será necesario realizar los correspondientes esfuerzos, de acuerdo a las posibilidades y desarrollo.

Las luchas que se plantean de carácter decisivo abarcan todos los aspectos y posibilidades. Pero, sin menospreciar ni subvalorar ninguna, debemos conseguir que tengan una expresión muy alta y concreta en lo militar, tanto en las actividades de los frentes guerrilleros en las montañas, como la lucha en el campo, los municipios y las ciudades.

OBJETIVOS CLAROS E INMEDIATOS

El plantear luchas decisivas hace necesario definir objetivos sobre los cuales se deben canalizar y centralizar esfuerzos, todos los que sean posibles, sin ninguna clase de distinción, unidos en una lucha revolucionaria y patriótica.

Debemos desenmascarar y evidenciar cuál es el verdadero carácter de la represión de todo tipo que hace el gobierno. Esta es una de las principales armas con que cuenta el enemigo, tanto para no asumir ninguna responsabilidad por los crímenes que comete, como para sembrar un clima de terror generalizado entre la población.

Por todos los medios que estén a nuestro alcance, debemos hacer un trabajo intenso dentro de la tropa y oficiales del ejército para clarificarles la situación del país, sus responsabilidades, su papel de instrumento al servicio de la clase dominante y de la camarilla de generales. Todo ello demostrable con los hechos que ellos mismos pueden comprobar, acaecidos a diario y en los últimos años.

Aclararles cuáles son los objetivos de la revolución y hacerles comprender que ellos son las primeras víctimas en el desarrollo de una guerra que ellos mismos son objeto de opresión y represión por los organismos superiores del ejército, y que para neutralizarlos y someterlos, son objeto de la más vil y deliberada política de corrupción por parte del alto mando. Y que su papel debe estar al lado del pueblo.

Hay que estar alertas, hacer mucha claridad y prepararse a redoblar el combate, porque es posible que en el transcurso del tiempo y frente a los fracasos del régimen y de su estrategia de represión, traten de montar una maniobra demagógica y busquen una aparente solución política, por la vía de un autogolpe de estado. Pretenderán con esto desorientar al pueblo y desarmar políticamente a las Organizaciones Revolucionarias, quitando de la presidencia a Romeo Lucas y a algunos de los esbirros más connotados, simulando un cambio político de fondo.

LAS TAREAS PRIORITARIAS

Proponemos las siguientes tareas prioritarias para las Fuerzas Populares y las Organizaciones Revolucionarias.

Fortalecer en la práctica y por todos los medios, la estrategia de Guerra Popular Revolucionaria. Lo que significa elevar y ampliar el nivel técnico-militar y organizativo de las Organizaciones Revolucionarias, incorporar a más sectores a esta estrategia y generalizar en todo el país la lucha armada.

Buscar y conseguir según las formas, medios y niveles posibles, la coordinación y unidad de las Fuerzas Revolucionarias, Democráticas y Progresistas para enfrentar al gobierno, al sistema y sus maniobras demagógicas.

Mantener y extender todas las luchas reivindicativas, tanto políticas como económicas.

Impulsar todas las formas posibles de defensa, resistencia y denuncia, frente a la represión del gobierno, policías, ejército y patronos.

Por supuesto que para cubrir estas tareas inmediatas se necesita de esfuerzos y sacrificios. Pero nunca las grandes tareas han sido fáciles. El enemigo es poderoso, pero también él sabe, al igual que nosotros, que no hay nada más poderoso que un pueblo decidido a luchar por su liberación.

1980 exige hacer todo el acopio de nuestras fuerzas. Irlas fortaleciendo y potencializando cada vez más, con cada tarea, con cada lucha, con cada combate que desarrollemos. Todo lo que hagamos confluirá necesariamente en el grande e invencible caudal de la lucha popular.

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