Hacia el poder revolucionario
Fecha: 1967 06 01
Grupo: Frente de Liberación Nacional - Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN)
País: Venezuela
Categoria : Libro
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HACIA EL PODER REVOLUCIONARIO

Fabricio Ojeda

ÍNDICE

- La revolución permitida o el reformismo preimperialista
- La revolución verdadera, la violencia y el fatalismo geopolítico
- El camino de la liberación y la mentalidad de Poder
- La Guerra del Pueblo y la debilidad de las clases explotadoras
- La constitucionalidad democrática, la quiebra del Poder formal y la paz

PRÓLOGO

Debido a las condiciones especiales en las cuales se edita este libro, hoy hace un año que Fabricio fue asesinado por el imperialismo norteamericano y sus títeres criollos, se hace necesario un prólogo que tal vez difiera un poco de lo acostumbrado, aquí no sólo se hablará del autor, igualmente se mencionará el devenir de los hechos desde aquel 21 de junio de 1966 hasta hoy. Se tratará de presentar la proyección del pensamiento y la integridad del Comandante Fabricio Ojeda, guerrillero, maestro y alumno; se ubicarán las piezas de acuerdo con la historia y, manteniéndonos siempre dentro de la nobleza de acción que fue su norma, presentaremos al lector al actual posición de aquellos que Fabricio menciona en este su último libro.

"Hacia el Poder Revolucionario" se empezó a redactar allá en las montañas de Portuguesa, en los campamentos El Jobo, El Silencio y Venus 3, durante los primeros días del mes de enero de 1966 y sus últimas correcciones fueron hechas en mayo, ya en Caracas, adonde la Revolución y necesidad de defenderla a toda costa, le había llevado. La lucha ideológica en el seno del movimiento revolucionario había asumido su fase más crítica, era el momento de las definiciones, los capos divergentes dentro del movimiento revolucionario estaban claramente definidos, pero no así las individualidades dentro de los mismos. Fabricio supo permanecer leal a ese norma de conducta que siempre defendió, debemos "discutir entre nosotros y pelear contra el enemigo". Es por ello que en este libro no asoma las diferencias sostenidas con algunos dirigentes dentro del campo revolucionario. Defiende razonadamente el camino de la lucha armada y su forma fundamental la guerra de guerrillas, identificando claramente al enemigo fundamental, el imperialismo y la oligarquía criolla y hacia su desenmascaramiento y derrota dirige todos sus esfuerzos.

Hoy nos corresponde a nosotros hacer una pequeña síntesis de esa lucha ideológica que llevó a Fabricio a bajar a la ciudad, para defender el camino justo y correcto de la lucha armada con su motor fundamental en el escenario rural, como medio para lograr la liberación de la patria.

En una carta dirigida a Guillermo García Ponce y con fecha 31 de mayo de 1966, dice:
"Muchas veces escribí, envié largos documentos. A ti fue uno de ellos. Lo mismo hicieron otros camaradas. Pero nuestras palabras cayeron en el vacío, no hallaron eco. Parece que la preocupación acá, en las alturas, no estaba por resolver los problemas para fortalecernos, sino a agravarlos para debilitarnos. Parece que la perspectiva del "viraje" y el "nuevo período táctico" tenía más fuerza que nuestros sufrimientos, que nuestras dificultades en ascenso. Ni una sola respuesta; ni una sola palabra, querido amigo. La diligencia que ahora se pone de manifiesto con el propósito de tergiversar nuestra actitud, estuvo ausente ante los angustiosos planteamientos por una dirección eficaz, dinámica consecuente".

En carta dirigida a Teodoro Molina Villegas, expresaba algo parecido:
"Es posible que imbuido de una nueva mentalidad como estoy, de un espíritu modelado por casi tres años sin salir de la montaña, donde el clima que se respira es totalmente distinto al de la ciudad, me haya colocado en una posición si se quiere idealista. Como en nuestros destacamentos guerrilleros no existen divergencias de ninguna índole, como no tenemos tiempo para las excesivas teorizaciones y sólo dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a las actividades prácticas, a planificar tareas para extender la influencia revolucionaria a nuevas zonas para enfrentar mejor al enemigo común, para hacer frente a los cercos hermanentes, etc., etc., creí que acá las preocupaciones fundamentales de los revolucionarios también giraban en torno a lo concreto, a lo preciso, pero desgraciadamente las cosas no parecen ser así. Ya me he ido dando cuenta que la preocupación principal no se afinca en la discusión de planes objetivos, realistas, para enfrentar y derrotar los embates del enemigo, sino que ella incide casi exclusivamente en auscultar cualquier error en el seno del movimiento para abultarlo y utilizarlo de manera deshonesta, en disputas subalternas. Aquí se habla mucho y se hace poco. Allá se habla menos y se hace más." (Carta a M.V., 17/5/66).

Pero, ¿cuál es en sí el origen de esas divergencias en el seno del movimiento revolucionario? ¿Por qué la situación se tornó tan conflictiva para los primeros meses de 1966? Hagamos un poco de historia, y recurramos para ello a las declaraciones del Comandante Douglas Bravo.

"En 1959, el gobierno proimperialista y entreguista de Rómulo Betancourt inició una cadena de represiones contra el movimiento popular; cuando Rómulo Betancourt se trazó como estrategia liquidar todo el movimiento popular, para facilitar así los planes de explotación imperialista en Venezuela, comenzaron a surgir las primeras diferencias; era el momento en que unos sostenían que a la agresión armada, a la agresión violenta, al uso de las armas, a los asesinatos, a las torturas, a los allanamientos, a los carcelazos, a los vejámenes del régimen de Betancourt no se podía hacer frente con manifestaciones pacíficas solamente, sino con manifestaciones pacíficas por las reivindicaciones políticas y económicas, y también con manifestaciones armadas, con la lucha armada. A partir de entonces, empieza la polémica sobre este tema. Por aquel entonces los sostenedores de la vía pacífica eran muy pocos, se reducían a un minoritario grupo en el seno del movimiento revolucionario. Se inició la lucha armada en Venezuela, en los años 1960-61, no por el deseo de los partidos revolucionarios de recurrir a la lucha armada, sino como la única vía posible, la única vía abierta, la única salida que dejaban los gobiernos entreguistas, el gobierno de Betancourt concretamente.

Al iniciarse la lucha en nuestro país, aquellas corrientes ajenas a la lucha armada no fueron rebatidas suficientemente en el plano teórico, y se permitió que convinieran en el seno del movimiento revolucionario sin ser expuestas públicamente como concepciones ajenas y extrañas al movimiento revolucionario. Es decir, una falsa concepción de la unidad de las diferentes concepciones permitió que no se desenmascarara, que no se explicara al pueblo y se explicara a los propios sostenedores de esa concepción que tales puntos de vista no correspondían a la realidad venezolana.

El extraordinario auge vivido a raíz del 23 de enero se mantuvo durante los primeros años del régimen de Betancourt, e hizo posible que a las agresiones armadas y violentas de Betancourt se respondiera con las armas en la mano. Se inició entonces un conflicto, se inició lo que podemos llamar la guerra de liberación en Venezuela. En las ciudades crecían los combatientes armados, se producían desprendimientos en los cuarteles y se desarrollaban los movimientos guerrilleros campesinos. Sin embargo, en esa oportunidad no tuvimos la claridad suficiente para trazar un camino más neto y preciso en cuanto al problema de la vía armada, y algunos errores cometidos –lamentables errores que hoy estamos pagando- hicieron que entrara en crisis el movimiento revolucionario.

Al plan del enemigo no supimos responder adecuadamente con un planteamiento integral para la lucha contra Betancourt. Podemos decir que arribamos al 1° de diciembre de 1963 con las principales unidades militares desgastadas. En eso consistió el grave error: antes del momento de coyuntura, antes del momento adecuado, habíamos lanzado las principales fuerzas, habíamos cansado al movimiento universitario, al movimiento juvenil, a los cerros a la propia guerrilla. Para el 1° de diciembre los frentes guerrilleros no estaban en condiciones de aprovechar, de capitalizar el descontento de las masas, porque en el transcurso de los cinco años de Betancourt habían quemado sus principales efectivos. Es decir, no hicimos un planeamiento estratégico que nos permitiera invertir nuestros recursos humanos, materiales y políticos en forma tal que fuéramos ganando fuerzas, sumando fuerzas para concentrarlas en un momento oportuno, como era justamente el del 1° de diciembre.

Podemos afirmar que la primera gran derrota sufrida por el movimiento armado y por el movimiento popular en general fue la de las elecciones del 1° de diciembre de 1963. Triunfa entonces el doctor Leoni y se produce un debilitamiento moral en las filas del movimiento revolucionario; en las masas populares cunden la decepción, el desengaño, el escepticismo. De manera que la entrada del año 1964 inicia un gran período de crisis para el movimiento armado y popular. Se empiezan a resquebrajar partidos revolucionarios, se empieza a debilitar y parcelar más el movimiento de resistencia. Surge en este momento una tesis ya pública ante la nación y que no era nueva en el mes de enero de 1964, sino muy vieja, pero que consiguió caldo de substancia para su aparición; porque en momentos de crisis, en momentos de derrota, es cuando proliferan las concepciones derrotistas. En esta oportunidad se separa del Movimiento de Izquierda Revolucionaria su secretario general, el doctor Domingo Alberto Rangel, y lanza una tesis pública -su carta al MIR, de enero- en la que, entre otras cosas, sostenía que la guerra de guerrillas no tenía vigencia histórica en Venezuela, que el movimiento armado había sido lanzado precipitadamente, que el campesinado era una reserva estratégica del imperialismo.

La forma de conducir la lucha armada, en su conjunto, en Venezuela produjo algunas derrotas. En 1964 el movimiento armado, en sus comienzos, se dio a la tarea de desenmascarar en primer lugar al gobierno de Leoni, que había tomado el poder y que traía una aureola de pacificador, de concordia y de entendimiento, y luego de desenmascararlo en la práctica, pasar a la ofensiva contra él, es decir, esperar que las propias acciones de Leoni justificaran las acciones de respuesta a su agresión. Pero decretamos una tregua urbana mientras que el Gobierno se lanzaba violentamente contra los frentes guerrilleros rurales, e incluso el despertar del movimiento estudiantil fue reprimido violentamente, con un saldo de muertos, y aún así se mantenía la tregua urbana.

La tregua urbana se mantuvo durante todo 1965; a fines del año 1964 hubo grandes agresiones del Gobierno a los frentes guerrilleros. Fue atacado el frente de El Bachiller y hubo muchos fusilamientos por parte del Ejército; se detuvo a campesinos y a guerrilleros y se les fusiló sin fórmula de juicio; fue bombardeado el frente José Leonardo Chirinos durante 11 días consecutivos, con un cerco de más de ocho meses; se fusiló a más de 80 campesinos y a algunos guerrilleros que cayeron en poder del enemigo; se inició a comienzos de 1965, el cerco del frente José Antonio Páez, en Trujillo y en Portuguesa.

Toda esta planificación de conjunto del enemigo no tenía una respuesta adecuada en el movimiento armado, debido a las divergencias, a las diferentes concepciones que se habían presentado para dar una salida revolucionaria al pueblo venezolano. En 1965 la concepción errónea de derecha, conservadora, fue aumentando sus adeptos con algunos sectores del movimiento popular. Ya se publicaban artículos de prensa, se hacían declaraciones públicas y se culpaba abiertamente a la guerra del estancamiento del movimiento de masas; se decía que por razón de la guerra, de la lucha armada, el movimiento de masas no estaba en la calle.

Para fines de 1965 el movimiento revolucionario empezaba a vivir una aguda crisis, que se manifestaba en el orden político, en el organizativo y en el militar. Esta crisis ensombrecía el panorama y hacía que se levantaran cada vez con mayor fuerza, diferentes tesis enemigas del proceso armado.

A finales de 1965 el Gobierno logró asestar fuertes golpes a la guerrilla en Oriente; tendió un cerco en el llano, logrando algunas parciales victorias; había iniciado el cerco a la Lara, donde más de 100 campesinos fueron fusilados y otro número de guerrilleros, que habían caído prisioneros, también había sido fusilado; aldeas tras aldeas eran desmanteladas; los campesinos se trasladaban de conuco en conuco, de aldea en aldea, huyendo de la represión brutal del enemigo; en las ciudades, las UTC habían sido golpeadas fuertemente. A esto debemos agregar que los cuadros más destacados de los partidos revolucionarios habían sido hechos prisioneros a fines de 1963 y comienzos de 1964. (Entrevista hecha a Douglas Bravo en octubre de 1965).

Dentro de este panorama general del movimiento revolucionario, surgen desde el Cuartel San Carlos, cárcel política del régimen, a finales de 1965, dos tesis que si bien se diferencian en algunos términos, son en sí dirigidas a la liquidación de la lucha armada. Fundamentadas esencialmente en el estudio subjetivo de la situación por la que atraviesa el movimiento revolucionario, se dirigen a inculpar de tal situación, no a una dirección vacilante y falta de eficacia y dinamismo en la conducción de la guerra, sino por el contrario, al movimiento guerrillero, a la presencia de la lucha armada como causante de los reveses sufridos por el movimiento revolucionario. En Documento fechado el 7 de noviembre de 1965, y firmado por Guillermo García Ponce, Gustavo y Eduardo Machado, Pompeyo Márquez, Teodoro Petkoff y Freddy Muñoz, se hace el conocimiento del CC del PCV la tesis secundada por ellos con respecto a la situación del movimiento y se plantea:

"Los procesos en marcha permiten al movimiento revolucionario tomar la iniciativa en el frente político. Sin embargo, será necesario que las FALN ordenen un repliegue de las guerrillas y UTC".

"No se trata de una nueva "tregua" sino de algo más de fondo. Se trata de dar un viraje en la forma de lucha. Es decir, abrir un nuevo período táctico, en el cual, en lugar de combinarse todas las formas de lucha, quedarán suspendidas las acciones de las guerrillas y UTC y se colocarán en primer plano las iniciativas políticas."

Quedaba claro que se presentaba una situación de coincidencia con las tesis liquidacionistas defendidas por Domingo Alberto Rangel a principios del año 1964 y las cuales habían sido duramente atacadas por algunos de los firmantes, entre quienes cabe destacar a Pompeyo Márquez, quien publicó algunos materiales a raíz de tales declaraciones, en los cuales defendía la vigencia de la lucha armada y aún más, la guerrilla como forma fundamental de expresión de la misma.

Ahora bien, es necesario precisar que en manos del BP del CC del PCV, reposaba desde octubre del mismo año otro documento, donde se presentaba igualmente una tesis con respecto a la lucha armada, donde se hacían consideraciones de fondo referentes al desarrollo de la misma, donde se daban soluciones y se abrían perspectivas para el definitivo fortalecimiento de aquella vía aprobada cuatro años atrás y enriquecida con la experiencia de esos mismos cuatro años, la lucha armada con su expresión fundamental, la guerra de guerrilla. En este documento, la carta del Comandante Douglas Bravo dirigida al CC del PCV y fechada en octubre de 1965, además de los planteamientos concretos y precisos sobre la situación del movimiento revolucionario y sobre las soluciones que se le debían dar, se hacía mención a un documento anterior - octubre de 1964 - en donde se había presentado la tesis de Insurrección Combinada como la línea estratégica para el movimiento revolucionario; sin embargo, a estos planteamientos no se les dio por parte del BP curso alguno. Esos sí fueron mantenidos dentro de las "normas disciplinaria", a esos sí se les consideró "documentos secretos", esos planteamientos no fueron conocidos por la militancia, esos planteamientos no fueron discutidos por los miembros del Comité Central, esos planteamientos no fueron considerados "aptos" para ser defendidos a través de la prensa legal del partido.

Mientras todos los órganos de difusión del partido se hacían eco de las tesis de "nuevo período táctico" y de "viraje", la concepción planteada por el Comandante Douglas Bravo, referente al mantenimiento de la línea aprobada en el III Congreso, la lucha armada, y las medidas a tomar para fortalecerla y hacerla avanzar, no podía ser difundida, pues significaría la derrota tácita de aquellos planteamientos liquidacionistas a los cuales hemos hecho mención. ¿Cuál si no habría sido la reacción de la militancia al enterarse de aquellos planteamientos hechos por alguien que contaba, no sólo con la preparación política necesaria que le daban sus 16 años de militancia en el partido, sino al igual, con la preparación militar que le daban sus cuatro años de experiencia en la lucha armada en las montañas? He aquí trozos de la carta del Comandante Douglas Bravo:

"He decidido dirigirme a nuestro máximo organismo después de meditar fría y serenamente en torno a los problemas que confronta el movimiento revolucionario. La mayoría de las cosas que expondré han sido planteadas al Buró Político en el lapso de cinco meses de estadía allá. Unas veces lo hice verbalmente y otras por escrito. Esta decisión de dirigirme por escrito al Central responde a varias razones: en primer término, la razón de la clandestinidad, que nos impide comunicarnos con frecuencia y facilidad; en segundo término por lo que podemos llamar los problemas de la dirección del Partido que se refleja con mayor fuerza en el BP y por último, la necesidad de dejar por escrito apreciaciones sobre temas eminentemente polémicos en los que la palabra escrita se hace imprescindible.

Problemas del Movimiento Revolucionario:

a) Línea estratégica: En nuestro III Congreso se trazaron los lineamientos generales de nuestra guerra, pero no precisamos los elementos concretos de la misma. No hemos profundizado un estudio serio sobre las peculiaridades de nuestra revolución. Esta es la razón por la cual nuestra línea táctica ha oscilado entre los extremos, unas veces exageramos nuestras peculiaridades propias y otras copiamos esquemas ajenos a nuestra realidad. A veces nos orientamos en la actividad teórica con determinados lineamientos y en la práctica ejecutamos una política diferente. Sobre la base de algunos análisis no profundos de nuestra realidad, hemos descansado el peso y el eje de la lucha unas veces en lo urbano, otras en lo rural. Definir con absoluta claridad, basado en un examen dialéctico de nuestro proceso revolucionario, el camino estratégico a seguir constituye la tarea de más vital importancia de los comandos civiles y militares del movimiento revolucionario.

En el documento de la Montaña del Comité Regional del PCV de la Sierra de Falcón, de octubre de 1964, se ensaya lo que puede ser la salida estratégica en la llamada, INSURRECCIÓN COMBINADA.

La INSURRECCIÓN COMBINADA o guerra combinada, como prefieren llamarla algunos, es una línea estratégica que partiendo de una objetiva caracterización de nuestra lucha de liberación, reconoce y sabe aprovechar los factores insurreccionales a corto plazo y los factores constantes de guerra prolongada que se conjugan simultáneamente en nuestro país.

b) Línea organizativa: Uno de los problemas de mayor envergadura y que amerita una solución inminente es el organizativo. La no existencia de esta línea organizativa la podemos sintetizar en lo siguiente:

1) El FLN no existe como la integración real de todas las fuerzas políticas que luchan por la liberación del país, es decir, no existe como instrumento orgánico, ni nacional ni localmente, no es el centro de la Dirección político - militar de la Revolución; no existe como equipo de dirección y no está estructurado en el pueblo como entidad política. Es cierto que se han hecho varios ensayos, es cierto que en algunas zonas del país ha tenido relevante importancia, pero en la mayoría de los casos el FLN es un instrumento amorfo, sin participación en las tareas de la guerra y cuando ha tomado decisiones trascendentales en su mayoría son relativas a problemas parlamentarios. Si queremos llevar a cabo exitosamente nuestra guerra de liberación, se hace imprescindible construir este instrumento, que será en definitiva el que le dará a nuestra contienda el carácter de guerra popular, de guerra de liberación, dejando así de ser una guerra de vanguardia.

2) El PCV y el MIR no han sustituido sus viejas estructuras por nuevas estructuras organizativas. Atendiendo a los centros económicos estratégicos, estos partidos tienen que poner énfasis en dichas zonas, tales como la zona del petróleo, hierro y Caracas.
Las zonas estratégicas militarmente, como son la periféricas a los frentes guerrilleros deben ser atendidas con especial interés, dado el hecho de que es en ellas donde nuestros partidos son más débiles y donde vamos a construir el Ejército Popular más sólido. Debemos precisar que al hacer esta afirmación no estamos confundiendo al Ejército Popular con un ejército fundamentalmente campesino, como ha sucedido en otros países. En nuestro caso, el teatro principal de la guerra para la formación de nuestro ejército y para la liquidación del poder militar enemigo, las zonas rurales, serán el teatro principal de las operaciones; mas considerando que nuestra población rural alcanza aproximadamente el 28% del total, mal podríamos calificar de campesina, o fundamentalmente campesina, nuestra lucha de liberación. Por ello el papel de las ciudades y la responsabilidad que tienen en la formación de nuestro ejército popular ayudando a las guerrillas rurales en todos los órdenes es de primordial importancia. El FLN, los partidos y las demás organizaciones que lo integran deben desarrollar un trabajo legal o ilegal, político y militar, reivindicativo, etc., en zonas que constituyen las líneas de desarrollo de los frentes guerrilleros.

Concretamente, por ejemplo, entro los frentes guerrilleros del Occidente del país y el Zulia se requiere tener una estructura político - militar que vaya desde la organización de esas masas hasta la construcción de una amplia red logística en toda la zona. Entre los frentes guerrilleros del Occidente y la capital de la República se requiere montar igual maquinaria.

Es necesario, camaradas, que reflexionemos en torno a estos problemas. Es necesario que hagamos un exhaustivo examen de esta realidad, y con valentía, sinceridad, sencillez y decisión, busquemos las soluciones adecuadas, por duras y difíciles que sean. Es la hora de combatir con firmeza la insinceridad, la mezquindad, la mediocridad y el uso del maniobrerismo propio de los politiqueros.

Para ustedes, camaradas del CC no es un secreto que en nuestro BP se reflejan con mayor fuerza estas fallas y errores. La lucha de opiniones en el BP la condujimos en tal forma que están ausentes los métodos leninistas de trabajo. Hemos llegado al extremo donde la libre opinión se siente ahogada. La fraternidad ha desaparecido. Las reuniones se efectúan en un clima de hostilidad tal que han engendrado una tensión dañina que entorpece las labores de Dirección. A esto podemos agregar la falta de caherencia política y organizativa que existe entre nosotros, los miembros del BP. Hay algo más camaradas, muchos de nosotros hemos llegado a la Dirección del Partido, de las FALN y del Frente, después de haber realizado un pésimo trabajo en otros frentes. Todo este conjunto de problemas hace materialmente imposible que los mandos político-militares de la revolución se encuentren capacitados de ejercer una labor de Dirección, acorde con las exigencias de la tremenda responsabilidad que tenemos sobre nuestros hombros.

Reflejo de la ausencia de una dirección dinámica, de la falta de fraternidad que actualmente priva en nosotros, del clima de tensión que vivimos los miembros de la Dirección, fueron las reiteradas veces que fueron negadas la peticiones para reunirme con los organismo nacionales y distritales del FLN, FALN, FCU, fracciones profesionales, sindicalistas, fracciones políticas y numerosos camaradas en general. Negativas que se argumentaban aduciendo medidas de seguridad que, sin negar su importancia e incluso su sinceridad, respondían en el fondo a impedir el necesario intercambio de opiniones y la beneficiosa influencia recíproca de las mismas, así como la incorporación activa en las diferentes tareas que los integrantes de estos organismos podrían haber aportado al Movimiento Revolucionario.

c) Línea de Masas: Cuando las masas se ponen en movimiento al servicio de la lucha armada, la revolución adquiere un nuevo carácter: de guerra de vanguardias pasa a ser guerra popular, por su contenido y por su forma.

Poner las masas al servicio de la lucha armada no significa desentenderse de las tareas reivindicativas o de otra índole de esas masas; por el contrario, es a través de esas luchas reivindicativas, a fuerza de combatir por sus intereses, como podemos organizar y movilizar al pueblo. En cada sector de la población hay problemas por resolver que unifican y sirven de motor para movilizar esos sectores en su conjunto. Nuestro papel es buscar esos elementos de coincidencia y encauzarlos en forma política para que sirvan de cordón detonante a los problemas sociales. Ejemplo de esto, muchas de las jornadas estudiantiles que partiendo de sus reivindicaciones específicas han rendido magníficos combates de carácter político. Las "tomas de tierra" de la época del gobierno anterior, que también partiendo de sus reivindicaciones económicas y sociales llegaron muchas de ellas a ser buenas jornadas políticas contra el gobierno y aún contra el sistema.

Lo fundamental es organizar y armar ideológicamente a las masas y ponerlas en pie de lucha partiendo de sus intereses específicos, elevando en cada oportunidad el carácter político de sus acciones hasta llegar a tal profundización de esa lucha que clarificando los objetivos en torno a la lucha armada, se logre por último la incorporación directa de las masas. Porque tarde o temprano los diversos sectores se dan cuenta de la justeza de nuestro camino y ven cómo en la práctica se les cierran los caminos no armados hacia la liberación económica y política.

En la medida en que la vanguardia de la revolución y sus organismos superiores - FLN-FALN - se fortalezcan y alcancen triunfos políticos y militares, en esa medida el pueblo cobra confianza en la lucha y se integra a las tareas que le corresponden.

Mientras la vanguardia esté en pie de lucha y mantenga con firmeza el timón de la revolución, la lucha armada se continúa y pervive, pero sólo cuando las masas actúan activamente la guerra se profundiza y el triunfo se cristaliza.

La línea de masas debe desarrollarse con un definido contenido ideológico de clases que nos permita tanto la diferenciación con los sectores reformistas, como para prepararnos en la correcta utilización de la política de alianzas en función de la guerra, dominar las nuevas formas organizativas, captar y desarrollar la táctica del momento y dominar en general la línea estratégica del movimiento revolucionario.

d) Línea militar: Hemos insistido en otros materiales en que nuestra concepción estratégica para el período de la liberación, es el de la concepción político-militar de INSURRECCIÓN O GUERRA COMBINADA, que siendo válido para todo dicho período, debemos desarrollarla permanentemente a través de todas las formas de lucha, en todos los frentes de la actividad revolucionaria y paralelamente desarrollada en las áreas urbanas, suburbanas y rurales.

No se trata sólo de elaborar nuestra línea militar, sino que además sea justa. En el pasado tuvimos una línea militar con garra política y operacional, que le imprimió gran combatividad al movimiento revolucionario, pero que por su concepción cortoplacista no se correspondía con nuestra estrategia de guerra larga y eso determinó su fracaso.

Si bien no podemos negar tajantemente para nuestro movimiento de liberación las tres etapas clásicas que han conocido otros movimientos, cuya guerra fue de carácter prolongado, ni tampoco negar la insurrección clásica tipo soviética; por todas las características objetivas y subjetivas de nuestra revolución y por las condiciones en que se desarrolla, se dan simultáneamente, como hemos dicho, elementos de tipo insurreccional combinados con elementos a largo plazo. Los elementos insurreccionales se pueden sintetizar:

1) Política, militar y económicamente, las áreas urbanas constituyen el centro fundamental de la potencialidad enemiga; demográficamente allí se encuentra más del 70% de la población total.

2) El movimiento revolucionario también posee en las áreas urbanas su mayor potencialidad en recursos políticos, organizativos, de tradición de combate, de influencia de masas, etc.

3) las áreas urbanas, fundamentalmente el área metropolitana, por lo ya expuesto, constituye el sitio actualmente más sensible, más neurálgico al enfrentamiento de todas las contradicciones, tanto internas del enemigo, como de éste con nosotros. Todavía la repercusión de nuestras acciones urbanas tiene un efecto inmediato mayor que aquellas realizadas en zonas rurales. Esto es una realidad transitoriamente válida que superaremos con avance de los éxitos y el desarrollo del movimiento guerrillero, pero que actualmente debemos saber aprovechar tecnificando la capacidad de nuestras UTC y preparando el Movimiento Revolucionario urbano para que esté en capacidad de capitalizar la existencia de estos elementos de tipo insurreccional que pueden desembocar en estallidos revolucionarios o en momentos de agudización de la crisis.

Los elementos de solución a largo plazo podemos sintetizarlos así: 1) los recursos del poder, el potencial militar y económico, el apoyo interno y externo que brinda el imperialismo al enemigo, lo hace transitoriamente más fuerte en lo estratégico que nosotros. 2) por nuestro potencial económico, por el carácter estratégico de nuestras materias primas, por nuestra ubicación geográfica y tra dición histórica, por los antecedentes de la Revolución Cubana, por el carácter agresivo del imperialismo ante los Movimientos de Liberación, hoy en día evidenciado por la agresividad y torpeza manifestadas en VietNam y Santo Domingo, y por la crisis actual del campo socialista en su unidad interna, nos imponen preparar el movimiento revolucionario para una guerra de liberación a largo plazo, pues el enemigo no está dispuesto a aflojar su presa sin antes librar un decidido combate político - militar.

e) Distanciamiento entre lo teórico y lo práctico: El conjunto de problemas ya anotados, constituyen un factor determinante para que la aplicación correcta de toda la línea política encuentre frecuentes impedimentos. No se necesita profundizar mucho para observar que nuestro Partido y el Movimientos Revolucionario en general, vienen manejando desde años atrás con gran visión y sensatez los elementos fundamentales más generales de la orientación política, e igualmente no se necesita profundizar mucho para observar que en el cumplimiento de esos lineamientos caemos en frecuentes errores, es decir, existe un distanciamiento a veces muy profundo, entro lo teórico y lo práctico. El fondo de toda esta discordancia entre la teoría y la práctica es de carácter eminentemente ideológico. Responde en la práctica a las diferentes concepciones interpretativas que conllevan a la aplicación de las tareas del Movimiento de Liberación y se trata pues, de buscar un puente entre determinada orientación y su realización, se trata de unir lo táctico con lo estratégico, y en nuestro caso particular, profundizar más en la estrategia, cuyos fundamentos más generales fueron enunciados en el III Congreso, pero que no hemos desarrollado en el grado que la situación actualmente requiere. Pues el problema no sólo es cumplir una orientación, sino cumplirla a cabalidad, desarrollarla al calor de la vida.

La carencia de esas líneas, organizativa, de masas y militar; ha sido la clave del distanciamiento entre lo teórico y lo práctico. En la situación difícil, compleja, que vive hoy el movimiento revolucionario, este fenómeno se ha constituido en una contradicción peligrosa que afecta fundamentalmente los factores de desarrollo de la guerra. Ayer esa contradicción se tradujo en una política corto-placista, con ilusiones golpistas e incluso electorales, que degeneró en las dificultades posteriores e incluso los momentos de crisis organizativas por las cuales atravesó el Movimiento Revolucionario. Carecimos de una planificación que habiéndole dado continuidad al movimiento de liberación en sus formas armadas y no armadas, hubiera contemplado el repliegue ante una posible derrota transitoria como sucedió. Esto no fue posible porque el subjetivismo en el análisis obvió la realidad. Hoy esa contradicción se continúa y nos ha conducido a grandes errores, como la interpretación pasiva que hemos dado a las treguas, tanto en la retaguardia como en los frentes armados. Las treguas las hemos conducido mal, de una parte porque carecemos del andamiaje organizativo tanto de los Frentes Armados como en la retaguardia, de una línea de masas y de una línea militar, que nos permita aprovechar, armonizando dinámicamente las posibilidades del enemigos -bien golpeando militarmente en algunas oportunidades, o bien utilizando la política de denuncias en otras- También ha contribuido negativamente el hecho de que las treguas, como norma general, no han sido el resultado de la planificación- en este sentido -del Movimiento Revolucionario, ellas se han presentado como un hecho cumplido. Por las mismas razones los cercos hasta ahora no han tenido una respuesta planificada en escala nacional, que introduzca la combatividad y solidaridad en los Frentes Armados.

El Panorama del momento:

Las condiciones favorables para un avance rápido del movimiento emancipador de nuestra patria están dadas en la presente etapa, de un lado por la agudización y profundización de la crisis en el campo enemigo, y de otro, por la experiencia que ha adquirido el movimiento en los cuatro años de lucha, traducidos fundamentalmente en que los Frentes guerrilleros han logrado en lo orgánico, en lo militar, en lo político, a nivel del FLN, mediante la creación de células del Partido -como por ejemplo en Lara-, la etapa de estabilización, van en franco desarrollo hacia un nuevo estado.

La crisis en el campo enemigo se refleja fundamentalmente en el estruendoso fracaso del gobierno de Amplia Base en apenas un año de existencia. Y no podía ser de otra manera, la crisis estructural que vive el país plantea cambios a fondo en la estructura económica, la que debe ser sustituida por un nuevo orden de cosas, y cuya expresión más elocuente es echar del poder a todos los servidores de la oligarquía y el imperialismo norteamericano e instaurar en él a los partidos y sectores representativos de las clases populares. Tenía razón nuestro partido cuando dijo que cualquier gobierno que representara y se asentara sobre las mismas bases clasistas existentes en el Estado Venezolano, tarde o temprano, más temprano que tarde, desembocaría en la aplicación de una política represiva y terrorista, cuyo signo esencial sería el de sangre y fuego. Éste es el camino que escogió Betancourt-Caldera- Briceño Linares y continuó el nuevo equipo gobernante encabezado por Leoni-Villalba-Uslar Pietri. Paralelamente a esta situación, aumenta cada vez más la dependencia de nuestra economía a la del imperialismo norteamericano, el que obtiene fabulosas ganancias, haciéndose recaer el peso sobre los sectores populares.

Mientras el enemigo ofrece un balance favorable para atacarlo, mientras el enemigo prepara y lleva a cabo grandes ofensivas políticas y militares contra el movimiento popular; nosotros nos mantenemos divididos y estancados por una discusión mal llevada que evidencia: 1) Debilidad ideológica del Movimiento Revolucionario; 2) Poca claridad estratégica, invertimos un tiempo precioso en polemizar sobre la táctica del Movimiento, olvidando los problemas centrales.

Y no es que no seamos partidarios de discutir la táctica a seguir, sino que debe hacerse dentro de los canales regulares, a nivel apropiado y con métodos más acordes a conseguir la solución buscada. Esta discusión urge hacerla tanto internamente dentro de los canales regulares del partido, como dentro de las organizaciones que integran el movimiento revolucionario: FLN. Dentro del partido necesitamos abrir una amplia y fructífera discusión ideológica en todos los niveles, desde la Dirección Nacional, pasando por los organismos regionales y locales, desde la base del partido. Los graves y complejos problemas que están presentes en el movimiento de liberación requieren la participación colectiva del Partido en su conjunto, en todos sus niveles. Sólo este tipo de discusión puede sacarnos de la crisis transitoria por la que atravesamos.

Debe ser una discusión con amplio sentido crítico y autocrítico, con gran sinceridad revolucionaria, donde prive un estilo fraternal y de ayuda. Para lograr estos resultados debemos superar el ambiente de subjetivismo que actualmente priva en el seno del Partido, restaurar la confianza recíproca y la camaradería en muchos cuadros, superar los prejuicios, las mezquindades, las pequeñeces y en general sanear el ambiente de los juicios subjetivos y distorsionadores para calificar a los cuadros y sus actuaciones. (Carta de Douglas Bravo al CC del PCV. Octubre, 1965). (Extractos).

A estos planteamientos no se les prestó ninguna atención. Puede decirse sin temor a equivocarse que son desconocidos por la militancia del PCV y naturalmente por el movimiento revolucionario en su conjunto. En cambio, la prensa legal del PCV, "Qué", daba cabida en sus páginas a las tesis -nominalmente similares a la de Douglas, ya que eran planteamientos al BP y al CC- de "nuevo período táctico" y "viraje". A tal extremo, que la gran mayoría de la militancia del partido y del movimiento revolucionario las consideraba como la línea táctica del PCV.

Mientras tanto, los problemas que vivía el movimiento revolucionario y primordialmente el movimiento guerrillero seguían en aumento, la falta de dirección única político-militar (aprobada desde Abril de 1965, pero aún no puesta en práctica); la indolencia manifiesta hacia los planteamientos hechos por los diferentes frentes armados -urbanos y rurales-, motivó la reunión de los 3 miembros del Cuartel General de la FALN que se encontraban en la calle - el resto se hallaba en la cárcel o en el exterior- con los comandantes guerrilleros de la casi totalidad de los frentes armados existentes en el país. Esta reunión se efectuó con la finalidad de encontrar soluciones prácticas y concretas para la crisis direccional que atravesaba el movimiento revolucionario y sus organismos, el FLN y las FALN. Se acordó así: 1) reestructurar el organismo de dirección de las FALN, nombrado primer comandante a Douglas Bravo, e incluyendo en dicho organismo a todos los comandantes guerrilleros, en razón de que aquellos que hacen la guerra deben participar de la dirección de la misma; 2) se nombraba Presidente del comité Ejecutivo del FLN al Comandante Fabricio Ojeda, y Secretario General a Américo Martín , integrándose la Dirección Única Político-Militar en un Secretariado del cual formaban parte el Presidente del FLN, el Secretario General y el Primer Comandante de las FALN; 3) se planteaba la necesidad de convocar a una Conferencia Nacional FLN-FALN a los fines de proceder a la integración definitiva de los organismos dirigentes, a la elaboración de la estrategia y táctica del movimiento liberador y a la planificación de las operaciones político-militares inherentes al desarrollo de la actividad revolucionaria.

Sobre estas decisiones se participó a los partidos miembros del FLN y a los miembros del Cuartel General de las FALN que se encontraban en prisión. Medidas como éstas que no tenían otra finalidad que fortalecer el movimiento revolucionario, asegurar la vigencia de la lucha armada y su forma fundamental, la guerrilla como la única vía para lograr la definitiva liberación del país, no podían tener una respuesta favorable por parte de aquellos que defendían la liquidación de la lucha armada. Fue por ello que se desató una feroz campaña de difamación contra los comandantes guerrilleros, principalmente contra Douglas Bravo, quien fue suspendido de su militancia en el Buró Político del PCV y sancionando públicamente por "fraccionalista" y "divisionista" se llegó a acusarlo de "liquidacionista de la lucha armada ".

En su carta dirigida al BP del PCV, con referencia a la sanción aplicada contra Douglas y fechada el 29 de Mayo de 1966, Fabricio plantea lo siguiente:
"A las proposiciones formuladas, tal vez de menor cuantía a las formuladas por otros camaradas en torno a "dar un viraje en las formas de luchas" y a "abrir un nuevo período táctico, en el cual, en lugar de combinarse todas las formas de lucha, quedarán suspendidas las acciones de las guerrillas y UTC", a revisar, en síntesis, la línea del Partido, se respondió con una sanción, con un paso por demás peligroso para la unidad del Partido y que afecta sensiblemente la unidad del movimiento liberador en su conjunto.

A las proposiciones formuladas, que no tienen otro objetivo que el de contribuir a la solución de evidentes problemas para impulsar con mayor fuerza la línea aprobada por el VII pleno del CC, la mayoría de los CS del BP responden acusando de "criminal" a uno de los proponentes de esas medidas, se le cubre de epítetos, se le califica veladamente de "agente del imperialismo y de otras "lindezas". ¿Se pueden formular acusaciones de este tipo a quienes están en trance diario de dar la vida por la revolución? ¿Se pueden formular acusaciones de este tipo, a quienes no han asomado la menor debilidad en sus acciones? ¿Cuáles acusaciones habrían que formular entonces a los que por una u otra razón proponen suspender la lucha armada y cambiar de táctica?" " (Carta de Baldomero [ Fabricio Ojeda ] al BP del CC del PCV).

Igualmente, en la correspondencia intercambiada con Guillermo García Ponce sobre el mismo problema, y contestando a la aseveración de García Ponce que dice:
"Nuestra decisión aquí, unánime e inquebrantable, no admite ningún equívoco: No aceptamos al comandante Douglas frente del Comando Ejecutivo de las FALN por presentar a un grupo fraccionalista. Estamos dispuestos a aceptar incondicionalmente toda decisión que tome BP de nuestro partido en defensa de la unidad del partido. Si aceptamos pasivamente a Douglas como Primer Comandante Ejecutivo de la FALN nos prestaríamos a colaborar en un atentado contra la unidad del Partido Comunista. Y como somos de los que creemos que sin el Partido Comunista no puede haber revolución en Venezuela, no vamos a tolerar en ningún caso, cueste lo que cueste, que se pretenda agredir al Partido." (Carta de G.G.P. a Roberto [Fabricio Ojeda] fechada 20-5-65).

Fabricio respondía, en carta fechada el 31 de mayo de 1966, lo siguiente:
"Y así como ustedes no aceptan al comandante Douglas como Primer Comandante Encargado de las FALN, nosotros, los que soportamos todo el peso de las dificultades y llevamos sobre nuestros hombros la principal responsabilidad, por estar en las primeras filas de la lucha compartiendo sacrificios con nuestros abnegados guerrilleros, tampoco podemos tolerar por más tiempo la existencia de una dirección con la mayoría de sus integrantes en las cárceles y voluntariamente en el exterior. Esta decisión la llevamos adelante "cueste lo que cueste" para utilizar palabras de tu intelecto.

"Como debes suponer por el conocimiento de mi espíritu unitario, estoy por la unidad del Partido, por la unidad del movimiento revolucionario, por la unidad de todos los patriotas venezolanos, para impulsar el cambio histórico que tiene planteado nuestro país y que demanda nuestro pueblo. Pero para mi, la unidad tiene, en estos momentos, un valor distinto a la unidad del 23 de enero. Ahora tengo un concepto diferente de la unidad. Tal vez por esto creo que he avanzado.

"Para mí la unidad debe tener una base revolucionaria. Debe ser para avanzar verdaderamente. Y una unidad sin lucha armada, sin guerrillas, sin la hegemonía de la clase obrera y campesina, no responde al concepto que sustento. Una unidad sin los instrumentos de poder para defenderla, para impulsar el cambio producto de ella, es una unidad tipo 23 de enero. Una "unidad que desde el Country Club hasta la Charneca es una unidad que sólo puede lograrse a base de concesiones, de renuncias en lo táctico y en lo estratégico. Además, resulta una quimera a estas alturas, cuando el socialismo ya tiene colocado un pie firmemente en América Latina." (Respuesta de Roberto).

El devenir de las situaciones y la abierta claudicación de aquellos que hasta ese momento continuaban presentando una doble fachada, defensa de la lucha armada -en teoría- pero real destrucción y liquidación de la misma -en la práctica-, ha puesto punto final a ese capítulo de discusiones y ensayos de convencimientos, en lo que al plano de las divergencias se refiere. Hoy, aquellos que firmaban los documentos que hemos mencionado, donde se proponía un "viaje" y un "nuevo período táctico", son los mismos que firman el VIII Pleno del CC del PCV, donde presentan ante la militancia del partido sus viejas tesis claudicantes y entreguistas, como nacidas de un estudio serio y concienzudo y basadas en las más ricas experiencias prácticas. Es así como un Pompeyo Márquez, quien en 1964 decía:
"La experiencia de las elecciones fraudulentas ratifica hasta la saciedad que no se puede pensar en cambios revolucionarios en Venezuela a través de la vía electoral, manteniendo el dominio del aparato del Estado los actuales gobernantes".
(PM "Una línea política acertada" Enero de 1964).

Hoy afirma con el VIII Pleno del CC:
"El comité Central resuelve la activa participación del Partido en el próximo proceso electoral, bajo las consignas: “NI CONTINUISMO, NI CALDERA: CAMBIO".

Quien ayer afirmaba:
"Dentro de las diversas modalidades de la lucha armada necesitamos poner el acento en la lucha guerrillera; organizándola, preparándola y desarrollándola a la altura de las actuales exigencias políticas; combinarla con la lucha en las ciudades y con las crisis militares, con las acciones de masas y propagandística." (PM "Necesidad de fortalecer la unidad del movimiento revolucionario". Enero de 1964).

Hoy sostiene, en el VIII Pleno del CC:
"Mas colocar a la guerrilla rural como forma fundamental de la lucha en la actual situación venezolana es el trasplante mecánico de una experiencia exitosa en otros países, pero que no corresponde exactamente a las peculiaridades de la realidad venezolana en donde las fuerzas principales de la revolución y los antagonismos sociales dominantes se encuentran en las zonas urbanas."

Es decir, que en menos de un año ha habido una total convergencia y coincidencia, ya no tan sólo de forma sino también de fondo, entre las tesis liquidacionistas de Domingo Alberto Rangel, expresadas en los primeros meses de 1964, y las tesis de "repliegue" que defendieron en diciembre de 1965 Pompeyo Márquez, Guillermo García Ponce, Eduardo Machado, Gustavo Machado, Teodoro Petkoff.

Hoy, junio de 1967, todos ellos coinciden en afirmar que la guerrilla "no tiene vigencia histórica en nuestro país".

Resulta irónico observar que todos aquellos a quienes Fabricio hace mención en su libro, como firmantes junto con él de aquella Constitución de 1961, para la cual reclama plena vigencia, sean actualmente representantes de la tesis liquidacionista del movimiento armado en Venezuela, única vía posible para la liberación nacional.

Para concluir, recurramos nuevamente al Comandante en Jefe del FLN-FALN:

"Antes de morir, el camarada Fabricio Ojeda nos dejó una consigna que hoy es la consigna del pueblo en armas, del movimiento armado, de los revolucionarios, de los campesinos, de los estudiantes, la consigna de todos los que están interesados en el cambio, en una revolución en Venezuela. Esta consigna la expresó en la reunión del Comandante Nacional FLN-FALN, cuando concretaba en tres palabras lo que es necesario en Venezuela:

¡LUCHAR HASTA VENCER!"
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Fuente: http://misionconciencia.org.ve

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