Sobre nuestra política en la Revolución Democrática Nacional
Fecha: 2006 11 01
Grupo: Partido Comunista del Perú Marxista-Leninista-Maoísta
País: Peru
Categoria : Comunicado
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¡Proletarios de todos los países, uníos!
¡Proletarios, naciones oprimidas y pueblos del mundo, uníos!

SOBRE NUESTRA POLÍTICA EN LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA NACIONAL

Noviembre del 2006

Ante la presente ofensiva general del imperialismo en contra de la revolución proletaria mundial, encabezado por el imperialismo norteamericano, es sumamente importante la política que adoptemos en relación a la guerra agraria, como el primer paso de la revolución democrática nacional, en un país atrasado como el Perú.Muchos de nuestros cuadros, aún no comprendían que la política del Partido para el período actual de la guerra agraria o guerra campesina, debe ser muy diferente a la que se aplicó durante el período de 1980 a 1999. Hoy, no podemos repetir las políticas erróneas en muchos aspectos de aquel período, por que fueron realmente radicales y no han sido ni justas, ni conectas. Estas desviaciones de ultra izquierdismo fue responsabilidad de Gonzalo y su “Dirección Central”, y se debe a la incomprensión de dos características fundamentales de la revolución democrática nacional del Perú: Sobre la revolución democrática burguesa de nuevo tipo, en nuestro país atrasado, colonial, semicolonia y semifeudal, y sobre la guerra popular democrática prolongada.

El hecho de que el Perú sea un país subdesarrollado, colonia del imperialismo yanqui, semicolonia en relación a las demás potencias imperialistas, y con un Estado semifeudal de grandes burgueses y grandes terratenientes, bajo el control de los monopolios norteamericanos, hace que tenga un desarrollo político, económico, social, militar y cultural sometido y dependiente predominantemente del capital financiero del imperialismo yanqui, y también de las demás potencias imperialista, con una clase social feudal de penetración imperialista y con una burguesía nacional oprimida y constreñida por el imperialismo y por sus lacayos de grandes terratenientes aburguesados. Todo esto determina que en la etapa actual, la revolución peruana sea por su carácter, una revolución democrática burguesa, que los enemigos principales de la revolución sean el imperialismo yanqui y el feudalismo, que las fuerzas motrices fundamentales de la revolución sean el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía, y que, en ciertos periodos y hasta cierto punto la burguesía nacional se sume a la revolución. Además, con la gran burguesía compradora y burocrática del Perú con características de vacilantes, siendo una clase al servicio del imperialismo y principalmente yanqui y sustentados por él, y siendo un enemigo de la revolución, es posible que en determinados períodos y hasta cierto punto participen en la revolución. También es posible hacer un Frente Unido, con la gran burguesía que dependen de las otras potencias imperialistas, y que tienen contradicciones con la gran burguesía lacayos del enemigo principal. Es posible por tanto, a condición de que sea útil para la revolución peruana, hacer un Frente Unido con las grandes burguesías vacilantes dependientes del enemigo principal, que es el imperialismo norteamericano que combate a la revolución, y mantenerlo en la medida que sea posible. Hay que comprender, que la gran burguesía incluso cuando participa en el Frente Unido junto al proletariado contra el enemigo común, continúa siendo muy reaccionaria, se opone silenciosamente, doblez y obstinadamente al Partido y trata de restringirlo, adopta una política de ir al engaño, al soborno, a su aniquilamiento etc., sin embargo, el filo de la revolución no está dirigido principalmente contra ella. De estas relaciones fundamentales con la burguesía y de su comprensión derivan los fracasos y triunfos del Partido, sus retrocesos o avances, su reducción o ampliación, su desarrollo o consolidación; todos estos, están necesariamente ligados a la relación del Partido con la burguesía y su relación con la lucha armada democrática prolongada.Hay la experiencia de los 26 años de guerra popular, y más, de 1999 a hoy, demuestra que la revolución peruana no será derrotada, no será aniquilada, como también que la revolución peruana no será victoria rápida. Hay muchos que piensan que seremos derrotados, en realidad esta teoría engendra la tendencia al compromiso y a la capitulación, tal como hace Gonzalo y su “Dirección Central”; hay también otros que, entusiastamente plantean sobre la victoria rápida, esto en realidad engendra la tendencia a la subestimación del enemigo; quienes abordan estas teorías en este sentido, plantean los problemas de manera subjetiva y unilateral.

Hay muchos planteamientos como, “que los compañeros están peor armados que el ejército y la policía”, “que estamos condenados a la derrota”, hay muchos que se expresan solapadamente, “que somos pocos y no podemos triunfar, por que el ejército reaccionario y el imperialismo son poderosos”. Los partidarios de esta teoría, de la inevitable derrota de la revolución peruana forman la base social de la tendencia al compromiso, al acuerdo de paz con el enemigo, es la tendencia a la capitulación. A personas de esta especie se les encuentra en todos los rincones del Perú; por eso, el problema del compromiso puede aflorar en cualquier momento y subsistirá hasta el final de la revolución, es decir hasta la misma conquista del poder en todo el país.

Durante el periodo de la revolución de 1980 a 1999, había opiniones caracterizadas por la precipitación que no fueron resueltos correctamente por el Partido. Al comienzo de la guerra revolucionaria, mucha gente mostraba un optimismo sin fundamento; se subestimaba al enemigo, se luchaba por entusiasmo y emoción revolucionaria; no había una correcta orientación de construir y armar al ejército guerrillero; no se comprendió, ni se dirigió correctamente la guerra de guerrillas en su papel estratégico y táctico. Cuando el enemigo lanzaba sus campañas militares, quiere decir sus ofensivas tácticas, también los dirigentes del Partido inmediatamente planteaban ofensiva, antes de una contra campaña militar, empezando por la defensiva táctica. Subjetivamente se planteó, que habíamos llegado al equilibrio estratégico, “que de aquí a 5 años habremos conquistado el poder”, que “nuestro ejército había crecido y ya éramos fuertes”. Tales acciones y argumentos aunque parecían razonables, fueron en realidad absolutamente infundados y engañosos, y todo esto fue miopía política y militar. Poner término a estas teorías de la derrota inevitable de la revolución, y la de la victoria rápida, en realidad nos ayudará a la prosecución victoriosa de la revolución democrática nacional contra el imperialismo yanqui, contra la feudalidad y el revisionismo contemporáneo de todo tipo.

La revolución democrática nacional no será derrotado, ni triunfará rápidamente: en las condiciones internacionales y nacional actuales, nuestra guerra popular será prolongado, y será prolongada por que es una guerra revolucionaria democrática, que se lleva a cabo en los tiempos donde el imperialismo yanqui es hegemónica única, después de la culminación de la guerra fría, o de la III guerra mundial, donde fue desintegrado la URSS; en los tiempos donde el imperialismo yanqui encabeza la ofensiva general del imperialismo en contra de la revolución socialista proletaria en todo el mundo; en los tiempos donde el imperialismo yanqui impulsa su plan de globalización sobre la tierra, pisoteando toda soberanía nacional de los países del tercer mundo, chantajista y parasitariamente desenvolviendo guerras de rapiñas por nuevos repartos de los países colonia, semicolonias y semifeudales. La revolución en el Perú, será prolongada por que nuestro país, es atrasado, es colonia, semicolonia y semifeudal y por que nuestro enemigo principal y extranjero es el imperialismo principalmente yanqui. Esta es la condición básica para que la revolución democrática nacional sea prolongada. Cuando la guerra agraria se desarrolle y pasemos a la guerra de resistencia nacional, la contradicción principal se tornará más objetivamente entre el imperialismo principalmente yanqui y la nación peruana.Otras manifestaciones que se han dado, por la incomprensión de la revolución democrática burguesa en nuestro país, y sobre la revolución prolongada, fueron también los planteamientos militares: de primera ofensiva, segunda ofensiva, tercera ofensiva, remate, complementario. Así, en todos los planes nunca se planteó sobre el problema de la defensiva estratégica. De esta manera causándonos serios daños y pérdidas; otras acciones erróneas fueron la eliminación física y económica de la burguesía y de los campesinos ricos, el ataque a los intelectuales; la desviación de “izquierda”, en la liquidación de los contrarrevolucionarios; la monopolización de los órganos del Poder por los comunistas en los comités populares abiertos; no se comprendía sobre la independencia y autodecisión relativa en el trabajo con los partidos políticos, organizaciones sindicales, con las autoridades, con los religiosos, etc. Se chocaba física y económicamente con las autoridades regionales, provinciales, distritales y hasta con autoridades de pequeños poblados, planteando barrer de raíz el gamonalismo, el latifundio, la servidumbre y el poder local, y así generar vacíos de poder para construir el nuevo poder; se chocaba física y políticamente con los prisioneros militares, policiales y civiles; no se diferenciaba correctamente quien es pueblo y quien es enemigo; no se resolvía correctamente las contradicciones en el seno del pueblo; se chocaba grandemente con las mismas masas robándoles, quemando sus casas y eliminándolos físicamente; abuso de medidas disciplinarias dentro del Partido y del ejército revolucionario; todas estas políticas ultra izquierdistas eran expresiones de errores de oportunismo de “izquierda”. Todo el período de la revolución hasta 1992, la lucha lo era todo y la alianza no significaba nada. La alianza no se aplicaba correctamente ni con las masas campesinas; la alianza obrero-campesina era solamente un decir, una teoría muy lejos de ser una realidad. De 1992 hasta estos días, Gonzalo desde la prisión y Artemio desde Huallaga, aplican la política de “acuerdo de paz”, una política de compromiso con el imperialismo yanqui, con el Estado peruano; de ahí para adelante la alianza lo es todo, el compromiso lo es todo y la lucha por el poder no significa nada. Esta política es oportunismo de derecha revisionista y capitulacionista, de esta manera se confabulan y se ponen a la cola del imperialismo, la feudalidad y de toda la reacción peruana. Estas políticas nos han causado enormes daños y pérdidas al Partido y a la revolución peruana, en el período de 1980 a 1999 de la presente guerra agraria.

Hoy, en estos tiempos de la ofensiva general del imperialismo contra la revolución proletaria mundial, y la globalización del planeta encabezados por el imperialismo yanqui, nuestra política en la revolución agraria y posteriormente en la guerra nacional, en cuanto a la movilización de masas, al frente unido, y a la guerra popular democrática prolongada, no puede ser ni solamente alianza sin lucha, ni simplemente lucha sin alianza, sino que, tiene que comprenderse como una unidad revolucionaria en todos los terrenos del trabajo. Alianza y lucha es una unidad de contrarios que no pueden excluirse el uno del otro, más bien, se interrelacionan y coexisten mutuamente, de lo contrario la revolución fracasaría: si estos principios no los aplicamos correctamente en la guerra agraria al estilo peruano, no avanzaremos hacía la guerra de resistencia nacional. Ambos coexisten y su desarrollo sirve a la conquista del Poder.

Nuestra política actual, del Frente Unido Democrático Revolucionario antiimperialista y antifeudal, no es ni de pura alianza sin lucha, ni de pura lucha sin alianza, sino que tenemos que combinar la alianza y la lucha propiamente a las condiciones peruanas; esto es marxismo, solamente así es revolucionario; y esto significa concretamente las políticas de la revolución peruana:

• Unirnos en la revolución agraria y en la guerra de resistencia nacional con todos los partidos políticos, grupos políticos, organizaciones sociales, con las clases sociales y personas que aprueban en teoría y práctica la revolución democrática nacional. Unirnos con los obreros, campesinos, pequeña burguesía, burguesía nacional, terratenientes, intelectuales, etc., que luchan en contra del imperialismo y principalmente yanqui, y contra este Estado reaccionario, lacayo y servil de los monopolios norteamericanos, y de las demás potencias imperialistas.

• En el frente unido democrático revolucionario, y en las bases de apoyo, practicar la política de independencia y autodecisión relativa, con todos los partidos políticos, grupos políticos, clases sociales que apoyan y aprueban la revolución. Mantener la unidad6tanto en la guerra agraria y en la guerra nacional pero con independencia relativa.

• En materia de estrategia militar en la lucha contra el imperialismo yanqui, contra las fuerzas armadas reaccionarias y la policía nacional del Perú, para aniquilar y desintegrar a las fuerzas vivas del enemigo, el Partido sostiene con independencia e iniciativa una amplia guerra. de guerrillas generalizada como lo fundamental, y cuando se den las condiciones favorables realizar la guerra de movimientos.

• Las masas campesinas en el campo, están organizadas en comité de autodefensa con sus respectivas autoridades representativas, y en las ciudades como seguridad ciudadana como rondas urbanas, para defenderse de toda organización política, económico, militar y cultural, de toda autoridad, funcionario y persona que generen y cometan fascismo, genocidio, militarismo, guerrerismo, despotismo. abusos, asesinatos, delincuencia, corrupción, etc. Que las masas se organicen está bien, pero deben de comprender que no hay razón alguna para enfrentar y combatir a su guerrilla. En este sentido, nuestra política es el de luchar con razón, ventaja y sin sobre pasarse.

• En las zonas ocupadas o dominadas por el enemigo, seguir la política de desarrollar al máximo el trabajo de movilización, educación, persuasión y orientación revolucionaria, para construir el frente unido con las clases revolucionarias.

• En las zonas dominadas por el enemigo, mantener clandestina la organización del Partido y hacerla compacta, selecta y eficaz.

• En cuanto a las formas de organización y de lucha, seguir la política de mantener clandestina la organización del Partido y hacerla compacta, selecta y eficaz, permanecer a cubierto por largo tiempo, acumular fuerzas y esperar el momento propicio.

• En las relaciones con las distintas clases sociales del país, aplicar la política fundamental de desarrollar las fuerzas progresistas, ganarse a las fuerzas intermedias y aislar a los recalcitrantes anticomunistas.

• En la lucha contra los recalcitrantes anticomunistas, explotar las contradicciones, ganarse a la mayoría, combatir a una minoría y aplastar a los enemigos uno por uno; luchar con razón, con ventaja y sin sobre pasarse, para desarrollar las fuerzas progresistas, ganar a las fuerzas intermedias y aislar a los recalcitrantes.• Frente a los recalcitrantes anticomunistas de nuestro país, seguir una doble política revolucionaria: aliarnos con ellos en la medida en que estén a favor de la revolución, y aislarlos en la medida en que se inquieten o se preparen en combatir al Partido Comunista. En cuanto a la lucha contra el imperialismo yanqui, tener en cuenta que los recalcitrantes tienen también doble carácter, y nuestra política es aliamos con ellos en la medida en que estén a favor de la lucha teórica o práctica contra el imperialismo yanqui, y combatirlos y aislarlos en la medida en que vacilen, en que se confabulen con los yanquis y no combatan ni en teoría, ni en la práctica a los representantes de los colaboracionistas pro-norteamericanos.

• Estos recalcitrantes anticomunistas, en cuanto a la oposición al Partido Comunista del Perú, tienen igualmente doble carácter, de tal forma que para con ellos debernos tener una doble política: aliarnos con ellos, mientras no estén dispuestos a romper definitivamente la cooperación en la revolución con el Partido Comunista, pero combatirlos y aislarlos en la medida en que desenvuelvan una política de represión y lancen ataques armados en contra del Partido, la revolución y el pueblo, hay que distinguir a tales individuos de doble carácter de los colaboracionistas pronorteamericanos.

• Entre los colaboracionistas pronorteamericanos, hay quienes tienen doble carácter, y respecto a ellos debemos igualmente emplear una doble política revolucionaria: golpearlos y aislarlos en la medida en que sean colaboracionistas empedernidos anticomunistas pronorteamericanos, pero atraerlos a nuestro lado y ganarlos en la medida en que vacilen ante sus amos yanquis, y sean neutrales. Hay que hacer una clara distinción entre tales individuos de doble carácter. Los colaboracionistas empedernidos anticomunistas en su tiempo fueron Belaúnde, Fujimori, Toledo y hoy, una vez más el aprista Alan García.

• Entre los grandes terratenientes y la gran burguesía, hay que distinguir al sector pronorteamericano que se oponen a luchar contra el imperialismo yanqui; de igual modo, hay que distinguir a los grandes terratenientes y la gran burguesía que tienen doble carácter, los que están a favor de la lucha antiimperialista yanqui pero vacilan, están por la unidad pero combaten al Partido Comunista del Perú, éstos deben ser distinguidos de la burguesía nacional, de los terratenientes medios y pequeños, y de los terratenientes moderados, progresistas, cuyo doble carácter es menos pronunciado. Nuestra política actual, está basada en estas distinciones de relaciones de clases en la revolución, y es por ello, el que se diferencia de la política del período de la guerra agraria de 1980 a 1999, en la práctica de la revolución democrática nacional.

• Nuestra actitud frente a los imperialistas, debemos determinarlo de esta misma manera. Si bien el Partido Comunista del Perú se opone a todos los imperialistas, debemos distinguir entre el imperialismo norteamericano que ha convertido al Perú en su colonia, y que es la hegemónica única que encabeza la ofensiva general imperialista en contra de la revolución proletaria mundial y que parasitariamente está imponiendo la globalización en el planeta, y las otras potencias imperialistas que actualmente no hacen del Perú su colonia, y que tienen contradicciones monopolistas con el imperialismo yanqui. Esto determina, que el imperialismo yanqui sea el enemigo principal de nuestra revolución, y no las demás potencias imperialistas.

Nuestra política exterior, difiere por su carácter de clase de las del enemigo, de las de los gobernantes que representan intereses de los que explotan, oprimen y despellejan cotidianamente a la nación y al pueblo peruano. Los recalcitrantes plantean combatir a la subversión, al narcotráfico, a la pobreza y a la miseria como a enemigos de la nación y del pueblo peruano. Desde Belaúnde, Alan García, Fujimori, Toledo, y hoy, demostrando más que ayer, ser el más desenfrenado vende patria con su proyecto antinacional Sierra Exportadora, el actual criado yanqui Alan García, plantea que es uno de los medios para solucionar la pobreza en nuestro país subdesarrollado, y para que este proyecto se cumpla, obliga a los peruanos a combatir la revolución peruana, la pobreza, la miseria, y el narcotráfico, por que, según los recalcitrantes gobernantes, éstos, impiden el desarrollo político, económico y social del país. Para este aprista, el enemigo número uno del país es la pobreza, la miseria, la subversión y el narcotráfico. Con este invento político, propio de un intelectual antipatriota y pronorteamericano, pretende encubrir la verdad, la realidad, de que el enemigo número uno del pueblo y la nación peruana es el imperialismo yanqui. Además oculta cínica y descaradamente, que él mismo, es el vende patria, el genocida y reaccionario títere, lacayo, criado y filipillo del imperialismo principalmente norteamericano.El enemigo número uno del pueblo y la nación peruana no es la pobreza, no es la miseria, ni la subversión y el narcotráfico, sino, el principal y enemigo número uno es el imperialismo principalmente yanqui, el gendarme mayor del mundo, que con voracidad monopolista parasitariamente y en descomposición, aplasta sin piedad a los miles y millones de pobres en el mundo y a nuestro país. Hoy, Alan García, como otros gobernantes en su tiempo, esta verdad es lo que siempre han encubierto.Para Alan García, el enemigo principal y número uno del pueblo peruano, es su amigo, es su socio, es su aliado. Se compromete fielmente cumplir en el cien por ciento, con todos los mandatos de su amo, de enriquecerlo al máximo a condición del estrangulamiento, del ahorcamiento y el sacrificio de los millones de pobres del pueblo peruano. Este siniestro gobernante es el fiel degollador de la nación y del pueblo peruano, con los más avanzados métodos capitalistas, imperialistas, feudales y esclavistas sustentados por el mismo gendarme mayor del mundo actual.

Por nuestra parte debemos distinguir: quien es pueblo y quien es enemigo. Pueblo, son todos los miles y millones de pobres que sufren hambre y miseria, explotación y opresión de parte de todas las clases dominantes. Este concepto es en realidad solamente una parte y menos objetivo. El concepto pueblo hay que determinarlo históricamente, al pueblo pertenecen todas las clases sociales, sean grandes burgueses, terratenientes feudales. burguesía nacional, pequeña burguesía, obreros, campesinos, jóvenes, estudiantes, hombres y mujeres, partidos políticos, grupos políticos, organizaciones religiosas, que en su época y momento han luchado, apoyado y defendido los intereses de la nación y del pueblo peruano.

En la súper potencia hegemónica única y en el resto de todas las potencias imperialistas, también existe pueblo. Pertenecen al pueblo, todas las clases sociales, partidos políticos, grupos políticos, organizaciones religiosas, hombres y mujeres que se oponen a las guerras imperialistas de rapiña, de sometimiento que hacen sus propios gobernantes en contra de otras naciones del tercer mundo; los que aprueban, apoyan y defienden y desarrollan la revolución socialista en sus propios países: los que participan, apoyan las luchas reivindicativas en sus propios países; los que aprueban, defienden en teoría y en práctica las luchas revolucionarias de los Partidos Comunistas, y las luchas reivindicativas en los pueblos del tercer mundo.

En el Perú, hay que distinguir pueblo y al enemigo históricamente, desde la aparición de la lucha de clases, la época de la conquista, en la época del virreinato, en la época de la emancipación del Perú de la Corona española. en la historia de toda la época de la vida republicana, en la actual época de la guerra agraria, posteriormente en la guerra nacional, de la revolución democrática nacional, y en el curso del tiempo y su desarrollo del socialismo, hasta el triunfo y hasta el comunismo.

Enemigo, son todos los Estados, sistemas de gobiernos vende patrias, clases sociales, partidos políticos, grupos políticos, organizaciones religiosas que se oponen y desaprueban en teoría y práctica las luchas revolucionarias proletarias, las luchas revolucionarias y reivindicativas de los pueblos del mundo.Enemigo, también son los que no saben defender los intereses de la nación y del pueblo peruano, son los traidores de la patria.
Otra cuestión que debemos distinguir políticamente son: primero, entre la súper potencia hegemónica única y el resto de las potencias imperialistas; segundo, entre el imperialismo yanqui y la potencia imperialista inglesa por un lado, y las potencias imperialistas ruso y chino por el otro; tercero, entre los pueblos de los Estados Unidos y Gran Bretaña y los gobiernos imperialistas de estos países; cuarto, entre los pueblos de la súper potencia, de las potencias imperialistas, de los países del tercer mundo por un lado, y por el otro, los gobiernos imperialistas de la súper potencia, de las potencias imperialistas y todos los gobiernos reaccionarios, colaboracionistas y pro-imperialistas de los paises del tercer mundo; y quinto, entre la política de ofensiva general del imperialismo en contra de la revolución proletaria mundial encabezado por los yanquis, y la política de globalización del planeta por parte del imperialismo yanqui y además también su política de11agresión y de rapiña en el Medio Oriente, como en el de Irak, Afganistán, el Líbano por un lado, y por el otro, las luchas, las manifestaciones y movilizaciones de miles y miles de obreros, trabajadores, intelectuales, campesinos, estudiantes, que en total suman millones; movilizaciones de rechazo, de repudio y odio de clase, expresado política y militarmente desde el mismo pueblo de los Estados Unidos, potencias imperialistas y todos los pueblos de las naciones del tercer mundo. Nuestra politica está basada en todas estas distinciones políticas.

Nuestra línea básica diametralmente opuesta a las del enemigo, de los gobernantes títeres, es aprovechar todas las ayudas extranjeras posibles con sujeción al principio de hacer la guerra independientemente y apoyarnos en nuestros propios esfuerzos, y no depender de la ayuda extranjera, ni acogernos a uno u otro bloque imperialista, abandonando este principio. El gobierno peruano, depende absolutamente en economía del capital financiero y parasitario de las potencias imperialistas y principalmente del yanqui. Está demostrado históricamente que sin éstos, prácticamente no harían nada, en ningún campo de la economía, ni en la lucha contra la revolución democrática nacional, ni contra el narcotráfico, ni contra las luchas reivindicativas del pueblo, y esto demuestra que son incapaces de resolver las urgentes necesidades de la nación y del pueblo peruano, sin el capital financiero del imperialismo yanqui, y de las demás potencias imperialistas.

Para cumplir y llevar adelante nuestras políticas, tenemos que ir corrigiendo los puntos de vista unilaterales de muchos cuadros del partido en los problemas tácticos y sus consiguientes desviaciones a “izquierda” o derecha, y debemos ayudarlos a adquirir una comprensión completa e integral de los cambios y el desarrollo de la política del Partido, tanto del pasado como del presente. Los puntos de vista ultra izquierdistas nos han causado trastornos y serios daños a la revolución peruana en el período de 1980-1999; ha sido el peligro principal en el Partido, y que hoy debe ser, una seria lección para corregir estas desviaciones y de verdad desarrollar la guerra popular democrática en el Perú.En las zonas dominadas por el enemigo, muchos camaradas no podían aplicar seriamente la política de mantener clandestina las organizaciones del Partido y hacerla compacta, selecta y eficaz, permanecer a cubierto por largo tiempo, acumular fuerzas y esperar el momento propicio, por que subestimaban la gravedad de la política anticomunista de genocidio, de exterminio, de persecución, de encarcelamiento, políticas contrarrevolucionarias del enemigo, del imperialismo yanqui, de la reacción peruana y el revisionismo; al mismo tiempo, muchos otros cuadros, no podían poner en practica la política de desarrollar el Frente Unido Democrático Revolucionario de manera correcta, por que consideraban de manera simplista que toda la burguesía, la clase terrateniente, las fuerzas armadas, policía nacional del Perú, son clases decadentes, en hundimiento, en descomposición y que están podridos, y, por tanto, no sabían como actuar, se actuaba sin cuidado, con mucha ligereza, despreocupadamente cometiendo muchos liberalismos, y han golpeado indiscriminadamente.

En las zonas dominadas por el enemigo y en las bases de apoyo revolucionario, hubo quienes se preocuparon solamente de la lucha y no de la alianza. La lucha se realizaba con acciones erróneas y combatiendo a la misma masa, aduciendo que son mesnadas, de esta manera aniquilándolos, arrasando sus bienes, sus pertenencias, quemando sus casas, de tal forma que no se podía construir la alianza obrero-campesino. No se aniquilaba a las fuerzas armadas y a la policía nacional del Perú, que son la columna vertebral de este Estado reaccionario, para generar un cambio en la correlación de fuerzas en su conjunto. La lucha y las acciones militares se realizaban erróneamente, por que los enemigos y los blancos eran mal seleccionados, lo que perjudicó la construcción y desarrollo de las fuerzas progresistas, no se ganaba a las fuerzas intermedias, por el contrario, con las acciones políticas y armadas erróneas se coadyuvó en bandeja a unirlos a las fuerzas recalcitrantes con las fuerzas intermedias y con las fuerzas progresistas, de esta manera las guerrillas fueron aisladas y nos han causado serios daños y derrotas. En esos tiempos, no se comprendía correctamente como desarrollar la alianza y como aplicar la lucha en el frente unido, y como construir el Frente Unido Democrático Revolucionario, y todo esto llevó a no combatir y luchar correctamente en contra de los enemigos de la nación, el pueblo y la revolución.Además, hubo también principalmente de 1992 a 1999, con Gonzalo a la cabeza, quienes se preocuparon solamente de la alianza y no de la lucha. La alianza se manifiesta como un “Acuerdo de Paz” con el enemigo, de esta manera contemporizar con el imperialismo yanqui, es decir, se “acomodaron” pero al gusto y dictamen del imperialismo yanqui, de la gran burguesía, de los terratenientes, del Estado peruano reaccionario. En realidad la miopía política y dogmática de Gonzalo, en todo el curso de la guerra agraria desde 1980 hasta 1999, demostró no tener una política correcta en relación a la burguesía y el de no saber aplicar la política de luchar con independencia y autodecisión relativa con los partidos políticos, grupos políticos, autoridades, la religión y las potencias imperialistas, que los llevó a no saber construir un Frente Unido Democrático Revolucionario en la lucha contra el imperialismo yanqui, de esta manera sobreestimar a las fuerzas del enemigo, y plantear que había un giro estratégico y hacer un “Acuerdo de Paz” con el enemigo, para luego coludidos y comprometiéndose pugnar por aniquilar al Partido, la guerra popular, destruir al ejército revolucionario, destruir las bases de apoyo revolucionario, destruir las armas.

Estos puntos de vista puramente derechista, que venía gestándose desde antes de 1992, bajo el aval y la orientación de Gonzalo, llevó al Partido a atarse de pies y manos, y a no desarrollar con audacia las fuerzas revolucionarias, no se ha construido correctamente el Partido, el ejército, las bases de apoyo, y amenguó la lucha contra el enemigo, contra la política reaccionaria de restringir y combatir al Partido Comunista del Perú. Estos puntos de vista puramente derechistas, que en una época representaban un grave peligro, están hoy básicamente superados, por que Gonzalo y su “Dirección Central” han escindido del Partido y hoy “luchan” como una nueva línea oportunista de derecha, revisionista y capitulacionista coludidos con el imperialismo yanqui y la reacción peruana, en contra del Partido Comunista del Perú, marxista-leninista-maoísta, que dirige la revolución democrática nacional por la conquista del poder y el comunismo.

El pueblo peruano, es quien fiscaliza en teoría y práctica las acciones políticas y militares del Partido, es el quien aprueba o desaprueba la marcha de la revolución. El pensamiento Gonzalo es la desaprobación ideológica, política, militar de la clase; el pensamiento Gonzalo nos ha causado serios daños y perjuicios al Partido, a la revolución, a la nación y al pueblo peruano.
Por todas estas cuestiones, es absolutamente necesario plantear sobre nuestras políticas concretas sacando lección de los errores cometidos en todo este periodo de la guerra agraria democrática:

SOBRE LOS ÓRGANOS DEL NUEVO PODER POPULAR DEMOCRÁTICO

Hay que practicar resueltamente el “sistema de los tres tercios”, por lo que a los comunistas les corresponde solo un tercio de los puestos de los órganos del nuevo poder popular democrático, y se debe atraer a un gran número de personas no afiliadas al Partido, y sean representantes de las diferentes clases sociales revolucionarias, y clases no proletarias democráticas y progresistas, para que participen en ellos. Cuando se establecen los órganos del nuevo poder popular democrático, la proporción de comunistas puede ser hasta inferior al tercio, y no hay que comprender de una manera rígida y oportunista. Es necesario atraer a representantes de la pequeña burguesía, la burguesía nacional, algunos hacendados progresistas, para que participen en los órganos gubernamentales y cuerpos representativos populares; igualmente deben admitirse la participación de un número reducido de derechistas en los cuerpos representativos populares, pero, en ningún caso y por ningún motivo se les debe admitir a los recalcitrantes empedernidos anticomunistas.

En ningún caso nuestro Partido debe monopolizarlo todo, como fue en los comités populares abiertos. No estamos destruyendo la dictadura de la burguesía peruana para remplazarla por la dictadura solamente del proletariado; por ello, es que tenemos que desenvolver un nuevo poder popular democrático, con un carácter relativo, fluido y provisional, con una dictadura democrática popular, donde participen todas las clases revolucionarias y clases no proletarias democráticas y progresistas, antiimperialistas y antifeudales con independencia y autodecisión relativa, por que estamos destruyendo a dos enemigos principales de la nación peruana colonial, semicolonial y semifeudal, y de la revolución peruana, al imperialismo principalmente yanqui enemigo externo y a la clase feudal, enemigo interno, mediante la revolución democrática burguesa de nuevo tipo.

NUESTRA POLÍTICA LABORAL:

Hay que luchar esforzadamente por mejorar las, condiciones de vida de los obreros, sólo así será posible elevar su entusiasmo revolucionario, en la guerra agraria democrática y en la lucha nacional contra el imperialismo yanqui y los enemigos internos del país. La revolución democrática nacional, no significa destruir, sino en medio de ella incentivar a la industria, la agricultura, el comercio, etc., en las zonas rurales y en la ciudad, y para que esto se desarrolle, es una utilidad importante la electrificación, la irrigación y los medios de transporte, y hay que comprender que todos éstos, están interconectados, interrelacionados, y no podemos perjudicarlos. Los métodos dogmáticos y de ultra izquierdismo del período de 1980 a 1999 fueron totalmente erróneos y perjudiciales. Se debe evitar por todos los medios, las desviaciones ultra izquierdistas y no excederse en el aumento de salarios, ni la reducción de la jornada de trabajo. En las condiciones actuales del Perú, resulta muy difícil aplicar en todo el país la jornada de ocho horas, por lo que será mejor comprender desde ahora, que será preciso permitir de manera flexible y objetiva la jornada de diez horas en ciertos sectores de la producción, y en ciertos períodos de la revolución; y en otros lugares y en otros sectores de la producción, deben fijarse de acuerdo a las circunstancias y necesidades de la revolución antiimperialista y antifeudal. Como nuestra revolución se desarrolla en estos tiempos de la globalización, del neoliberalismo y el tratado de libre comercio, en los que hay reglas jurídicas laborales únicas que son perjudiciales para la nación peruana, para la burguesía nacional y para la clase obrera, y como se trata de la revolución democrática nacional, los obreros tienen que observar la disciplina laboral y cumplir con los compromisos entre el obrero y el empleador, entre el trabajo y el capital; se debe permitir que los empresarios obtengan ciertos beneficios, por que se trata de una revolución democrática nacional y no de una revolución socialista, por tanto, tenemos que adoptar políticas laborales que concuerden con la revolución agraria democrática y la guerra nacional o de resistencia antiimperialista yanqui, adoptando políticas adecuadas en relación con la burguesía compradora, burocrática o nacional, por que en fin de cuentas no se trata de derrocar a la burguesía con nuestra revolución. De otra manera las industrias fracasarían, lo que perjudicaría a la revolución agraria, a la guerra nacional y a los propios obreros.

Particularmente en las zonas rurales, se tiene que alentar el surgimiento de empresas familiares, a las pequeñas, medianas empresas y otros, de la misma forma, orientar a la clase obrera a que desenvuelvan sus jornadas de trabajo con responsabilidad y pensando en que las empresas se desarrollen y no quiebren, y que toda la actividad económica democrática, sirva a la revolución democrática nacional.

NUESTRA POLÍTICA AGRARIA:

Hay que explicar a los militantes del Partido y a los campesinos, que no podemos actuar como en el periodo de 1980 a 1999, con una política agraria radical, que fueron inadecuados y erróneos, y que hoy son inaplicables. Es sumamente perjudicial no comprender que la misma clase terrateniente, en la historia y las condiciones políticas y económicas del Perú, se aburguesó hasta ser gran burguesía en la actualidad, y además, es perjudicial no distinguir entre la clase terrateniente si pertenecen a los colaboracionistas pronorteamericanos, o incluso siendo colaboracionistas son vacilantes o empedernidos. En la guerra agraria y más en la guerra nacional, muchos con criterios nacionalistas y antiimperialistas van a aceptar la política de reducir los impuestos de sus arriendos y los intereses de sus empréstitos, pues todo esto elevará entre las masas básicas del campesinado, el entusiasmo en la lucha revolucionaria. Pero las reducciones no deben ser excesivas. Por otro lado, hay que hacer comprender y establecer que los campesinos deben seguir pagando sus arriendos e intereses y que los terratenientes podrán conservar la propiedad de sus tierras y bienes. Además, los campesinos deben recuperar sus tierras hipotecadas previo pago de sus deudas: solamente así podemos avanzar y podemos construir el frente unido democrático revolucionario agrario, de la revolución democrática nacional.

NUESTRA POLÍTICA TRIBUTARIA:

El desarrollo de la revolución democrática nacional, irá generando confianza, esperanza y una conciencia más avanzada, progresista y proletaria, lo que hará, que en su momento propicio se plantee flexiblemente, con independencia y autodecisión relativa, sobre la fijación de los tributos o impuestos, apoyos o compromisos como una obligación conciente y revolucionaria, según los ingresos económicos de los profesionales, industriales, trabajadores, etc. Los tributos deben ser revolucionarios, y no deben pesar solamente sobre los terratenientes y los capitalistas democráticos y progresistas. La política tributaria se basa en la conciencia política revolucionaria, se trata de defender los intereses de la nación peruana y del pueblo peruano, por lo que todas las clases sociales, partidos políticos, grupos políticos y movimientos de obreros, campesinos, intelectuales profesionales, transportistas, comerciantes, están llamados a procurar fondos para la economía de la guerra popular democrática.

Todos los que tengan ingresos, incluidos los obreros y campesinos tienen el deber de aportar con sus cuotas revolucionarias, excepto los más pobres, quienes serán exonerados. Queda absolutamente prohibido, pretender generar fondos para el ejército revolucionario bajo arresto o secuestro de las personas e imponiéndoles multas coactivamente.

La política tributaria, como una necesidad política y económica, se irá concretando en el curso de la guerra agraria y la guerra nacional, como una cuota conciente y voluntaria, y como un aporte revolucionario de todas las personas y clases revolucionarias y clases no proletarias democráticas y progresistas, en la forma de retribución frente a los esfuerzos que emprende el Partido Comunista en la guerra revolucionaria, por la verdadera emancipación y por los cambios sociales que benefician a los intereses de la nación y del pueblo peruano.

POLÍTICA DE CONTRA ESPIONAJE:

En nuestro país, un país atrasado, subdesarrollado y del tercer mundo, un país colonia, semicolonia y semifeudal, cuando el ejército revolucionario combate contra el Estado peruano, contra el imperialismo yanqui, que es hegemónica única en el mundo el enemigo principal de las naciones oprimidas y los pueblos del mundo, es obligatorio y necesario, aplastar resueltamente a los colaboracionistas y anticomunistas contrarrevolucionarios empedernidos pronorteamericanos, sin lo cual sería imposible defender y desarrollar las fuerzas revolucionarias antifeudales y antiimperialistas, y no se puede defender los intereses de la nación y del pueblo peruano, por que en la práctica los colaboracionistas empedernidos son antipatriotas, antinacionales y vende patrias. En ningún caso se puede ajusticiar ni incriminar irresponsablemente, subjetiva e imaginariamente a inocentes como en el período de 1980 a 1999. En cuanto a los reaccionarios, debe tratarse con clemencia a aquellos que vacilen o hayan obrado bajo coacción. Hay que evitar estrictamente la violencia física contra los presos, no hay que obrar sin pruebas, por suposición y a la ligera.

Nuestra política con respecto a los prisioneros capturados a las tropas de las fuerzas armadas, de la policía nacional del Perú, de las tropas yanquis o títeres anticomunistas, es ponerlos a todos en libertad, excepto a quienes hayan obrado con un profundo odio contra las masas y no merezcan sino, la pena capital, cuya sentencia a muerte está sujeta a la ratificación de las autoridades superiores de la revolución. Debemos hacer un llamamiento para el servicio de nuestro ejército, a los prisioneros que hayan sido obligados a incorporarse a las fuerzas reaccionarias y que, en mayor o menor grado, se sientan inclinados voluntariamente hacia la revolución, pero no podemos obligarlos, ni arrestarlos. Si estos vuelven a combatir contra nosotros y vuelven a ser capturados de nuevo, hay que volver a ponerlos en libertad; no debemos de insultarlos, ni despojarlos de sus bienes personales, ni arrancarles confesiones mediante maltratos psicológicos y físicos, por más reaccionarios que fueren. Esta política es eficaz para aislar al campo reaccionario. Debe darse a los renegados capituladores la oportunidad de enmendarse, y además comprometerse en abandonar sus actividades anticomunistas: si desean volver a apoyar o participar en la revolución pueden hacerlo, pero no se los puede aceptar de nuevo en el Partido.

Frente a los renegados y capituladores que hayan cometido crímenes monstruosos, les corresponde ser juzgados por las mismas masas y la sanción de pena capital será refrendada por las autoridades superiores. No debemos comparar que son iguales los agentes ordinarios del servicio secreto de las fuerzas armadas y la policía nacional del Perú, con los espías y los colaboracionistas de la Central de Inteligencia Norteamericana, sino, hacer una distinción clara entre los unos y los otros, y tratarlos de manera diferenciada. En el período de la guerra agraria de 1980 a 1999, de manera errónea e indiscriminada se detenía y se ejecutaba a soldados, policías, a títeres colaboracionistas y a las personas civiles. No se hacía ninguna distinción, de esta manera en vez de aislar el campo enemigo se facilitó la colusión de las fuerzas recalcitrantes, con las fuerzas intermedias y hasta con las fuerzas progresistas, y han sido organizados y dirigidos contrarrevolucionariamente por las fuerzas armadas y la policía nacional en la lucha contra el Partido Comunista del Perú y la revolución peruana. Esa situación caótica de confusión ya fue superada en lo fundamental, y esto no debe repetirse, por que es extremadamente perjudicial, para la revolución en su conjunto. Las detenciones deben ser informadas a las autoridades superiores y deben ser tratados cada caso bajo autorización y control por las organizaciones pertinentes y no de manera arbitraria. Toda nuestra política en relación al contra espionaje debe favorecer a la revolución y no perjudicarla.

NUESTRA POLÍTICA ECONÓMICA:

Hacer revolución no significa destruir la economía nacional, los intereses de la nación y del pueblo peruano. Por tanto, debemos desarrollar activamente la industria, la agricultura, el transporte para el intercambio comercial de los productos del campo y las mercancías de las ciudades. No podemos aislar el campo de la ciudad, no podemos aislar el comercio de la industria y la agricultura, de lo contrario las bases de apoyo revolucionarios se aislarán de la ciudad, de la industria, del comercio, de la agricultura, de los medios y vías de comunicación. Hoy no podemos hacer la revolución como en el periodo anterior de esta guerra agraria, arrasando y destruyendo las carreteras, puentes, proyectos de irrigación, torres de alta tensión, etc. Todo esto fue perjudicial. Nuestra obligación es hacer la guerra agraria democrática y la guerra nacional, apostando con que las industrias se desarrollen principalmente en el campo, como también en la ciudad. Estos proyectos económicos, obligan a construir, no a cortar y perjudicar los proyectos de electrificación, los canales de irrigación, las obras de carreteras y otras vías de comunicación en las zonas rurales y la ciudad. Es necesario atraer a los capitalistas de la zona, de otras regiones que deseen instalar empresas en nuestras bases de apoyo, en las zonas rurales. Hay que estimular a que las empresas familiares, las pequeñas, medianas y otras empresas privadas puedan desarrollarse con independencia y autodecisión relativa, bajo una política económica democrática de las bases de apoyo y del frente unido democrático revolucionario. Hay que evitar que las empresas sean19perjudicadas; hay que cumplir con los acuerdos de ayuda mutua y los compromisos establecidos democráticamente, por que no puede haber una política autoritaria, impositiva y coactiva. En la guerra nacional o guerra de resistencia antiimperialista yanqui, la política aduanera y monetaria debe responder a las necesidades de nuestra política básica revolucionaria de desarrollar la industria, la agricultura, el comercio y el transporte, y no ir contra ella: y adoptar otras actividades económicas que sean útiles a la revolución. El factor esencial para construir, mantener y desarrollar el auto abastecimiento y auto sostenimiento económico, de las bases de apoyo de la revolución peruana y hasta conquistar el poder en todo el país, es sin desligarnos de la ciudad y adoptando políticas correctas en relación a la industria, la agricultura, el transporte y el comercio. No es correcto descuidarse en este asunto de importancia estratégica; y hoy, tenemos que organizar la economía de la revolución, de manera más organizada, concienzuda y cuidadosamente controlada, por que el manejo económico, históricamente siempre generó desviaciones, y hasta las restauraciones de revoluciones triunfantes. Por los errores del pasado, es que hemos pagado muy caro con nuestro desabastecimiento, por lo que en la actualidad y en todo el curso de la revolución, debe servirnos como una gran lección y guía para vencer todas las dificultades hasta la conquista del poder y en el socialismo.

SOBRE LOS DERECHOS DEL PUEBLO:

Es preciso poner en conocimiento y dejar establecido, que todos los terratenientes y capitalistas democráticos y progresistas, que no se opongan a la guerra agraria revolucionaria y a la guerra de resistencia democrática contra el imperialismo yanqui, gozarán de los mismos derechos que los obreros y los campesinos; de respeto a la persona, a sus propiedades, bienes e intereses y voto, y de las mismas libertades de palabra, de reunión, de asociación, de pensamiento y fe. Solamente serán intervenidos por los órganos pertinentes del Partido y la revolución, aquellos terratenientes, capitalistas u otras personas que organicen sabotajes, rebeliones y crímenes anticomunistas en el frente unido democrático revolucionario, en nuestras bases de apoyo, en las zonas rurales o en las ciudades, pero, se protegerá a todas las demás personas y clases revolucionarias, y clases no proletarias democráticas y progresistas antiimperialistas y antifeudales, y no se les molestará.

NUESTRA POLÍTICA CULTURAL Y EDUCACIONAL:

El pueblo peruano, por falta de una educación objetiva, nacional, científica,20verdadera, popular y proletaria, desconoce la realidad peruana, de la lucha clases nacional e internacional, de la necesidad histórica de la rebelión de los explotados y oprimidos en contra de las clases dominantes y no comprenden su propio papel en la transformación social y necesaria de nuestro país.Todos los que tienen la responsabilidad de la educación en todos sus niveles, tienen la responsabilidad de concentrar su atención en la difusión ideológica y política entre las amplias masas populares de nuestro país, y el de promover los conocimientos elementales de la técnica en la educación, salud, arte, pintura, agronomía, ganadería, electricidad, mecánica, militar. etc., para el desarrollo de las bases de apoyo, de la guerra agraria democrática y para la guerra de resistencia nacional antiimperialista, así como de la exaltación del sentimiento de dignidad nacional e internacionalismo proletario hasta conquistar el poder en todo el país. Debemos permitir que los elementos liberales burgueses entre los pedagogos, hombres de letras, periodistas, sabios y técnicos y personas de bien vengan a nuestras bases de apoyo, para cooperar con nosotros en la educación pública, la edición de periódicos y otras actividades políticas. económicas, culturales y militares. Debemos aceptar en nuestras escuelas a todos los intelectuales que se muestren relativamente activos por la revolución agraria antifeudal y por la guerra de resistencia antiimperialista yanqui. Después de un breve período de preparación ideológico y político, y del entendimiento revolucionario del esfuerzo y sacrificio por la verdadera emancipación de nuestra nación, darles trabajo en el ejército, en las escuelas populares, en las escuelas básicas, o en las organizaciones de masas. Es totalmente inadmisible volver a cometer los errores en relación a los intelectuales. Debemos ser audaces al integrarlos en nuestras filas. acogerlos y promoverlos, y no debemos de actuar arbitrariamente como en el período de Gonzalo, y exagerar la cautela por temor a la infiltración de reaccionarios. Inevitablemente algunos de esos elementos se infiltrarán. pero habrá tiempo para deshacernos de todos ellos en el transcurso del estudio, el trabajo y la guerra revolucionaria. Cada base de apoyo debe instalar imprentas para editar libros, periódicos y organizar su distribución. Cada base de apoyo debe hacer todo lo posible por abrir escuelas de cuadros, y cuanto más grandes y numerosas sean es mucho mejor, por que solamente así, podemos ampliar los trabajos a nivel nacional, y podemos consolidar y expandir las bases de apoyo, los trabajos políticos y las acciones militares hasta conquistar el poder.

NUESTRA POLÍTICA MILITAR:

Es una necesidad ampliar la incorporación al ejército revolucionario, con obreros, campesinos y estudiantes, ya que son las fuerzas armadas más confiables del pueblo peruano para llevar adelante la guerra agraria y la guerra de resistencia nacional contra el imperialismo yanqui y sus lacayos. El comité de auto defensa, es una organización corporativa, conformado por las masas campesinas y trabajadores. controlado y manejado por las fuerzas armadas reaccionarias del Perú. Actúan en la forma de servidumbre gratuita, en defensa de los intereses de las clases dominantes y le sirven como fuerzas auxiliares y “estratégicas” en la política de usar a las masas bajo amenaza y chantaje para hacer enfrentar masas contra masas en beneficio de los planes contrarrevolucionarios de las fuerzas armadas y policía nacional del Perú, por que solos son incapaces e ineptos para enfrentar a la revolución peruana. Las clases dominantes son las que dirigen a los tres poderes del Estado peruano, y son los directos lacayos del imperialismo y principalmente yanqui. Por tanto, los Comités de Auto Defensa, con las rondas campesinas no defienden al pueblo, sino a las clases dominantes del país que a diario estrangulan a las masas populares. Las fuerzas armadas y la policía nacional, no sirven al pueblo sino a esas clases dominantes reaccionarias, como columna vertebral de este Estado reaccionario. Los campesinos, están obligados a ser reclutados en las fuerzas armadas reaccionarias, y participar en las patrullas de los comités de autodefensa, y no es voluntario como ellos dicen; por lo que las masas ya deben de comprender que hoy, no hay razón para enfrentar y combatir a su guerrilla. El desarrollo de la revolución obligará al Estado reaccionario, a que exijan a las rondas campesinas que actúen contra las fuerzas revolucionarias; ante tal situación el Partido Comunista del Perú, no puede enfrentar ciegamente a las masas obligadas y presionadas a actuar en las rondas campesinas. Se tiene que establecer acuerdos y compromisos mutuos de no enfrentarse y actuar con independencia y autodecisión relativas, y de esta manera ambos servir a la nación peruana y al pueblo peruano. Además nuestra política militar, es de actuar con razón, ventaja y sin sobre pasarse frente a los recalcitrantes saboteadores que quieran enfrentarse con la guerrilla; en este sentido se tiene que hacer una clara y precisa distinción a los elementos empedernidos, y saber diferenciar correctamente quien es pueblo, y quien es realmente enemigo.

El Partido, dirige al ejército y debe mantenerse el principio indispensable e inviolable de que el Partido manda al fusil y jamás permitiremos que el fusil mande al Partido.

No hay que temer que un gran número de simpatizantes, participen en los trabajos del departamento militar y técnico de nuestro ejército, pero no deben ser incorporados los saboteadores y anticomunistas. Esto constituye una política necesaria, por que sin ella es imposible ganar la simpatía del pueblo y no se podría ampliar las fuerzas revolucionarias.El Partido en su conjunto, debe aplicar firmemente todos los principios tácticos relativos al trabajo relacionado al Frente Unido Democrático Revolucionario, en la revolución agraria y en la guerra de resistencia, y llevar a la práctica en sus diversos aspectos, la política concreta que emana de dichos principios, es decir, el de ganar a la mayoría, combatir a una minoría y aplastar a los enemigos uno por uno y explotar las contradicciones. Además, tener en cuenta siempre sobre el principio de desarrollar las fuerzas progresistas, por que este objetivo político no podemos lograr, si no se gana correctamente a las fuerzas intermedias, movilizándoles políticamente para la lucha antiimperialista y antifeudal, respetando sus vidas e intereses económicos; además, si no se aniquila y desintegra a las fuerzas vivas del enemigo, y no se confisca las armas del enemigo, tampoco se puede aislar a las fuerzas recalcitrantes, no se puede ganar a las fuerzas intermedias y no se puede desarrollar las fuerzas progresistas.

Debemos evitar los errores políticos, militares, organizativos, económicos, sociales, culturales, etc., cometidos durante el período de la revolución agraria en nuestro país de 1980 a 1999, bajo la responsabilidad de Gonzalo y toda su “Dirección Central”.Cuando el Partido Comunista, dirigiendo la revolución democrática nacional, va lograr la victoria en la guerra agraria campesina, entonces el imperialismo principalmente yanqui, invadirá a nuestra patria en defensa de sus intereses económicos monopolistas transnacionales, intensificando su agresión política y militar chantajistamente contra la nación peruana, contra todas las clases revolucionarias y clases no proletarias democráticas y progresistas, contra los grandes terratenientes y la gran burguesía vacilantes que apoyan la causa revolucionaria, practicando su política de represión y ataques armados contra nuestro Partido y el pueblo revolucionario. En estas circunstancias, sólo cumpliendo con los principios básicos y tácticos de luchar con razón, ventaja y sin sobre pasamos, y aplicando el principio de alianza y lucha incruenta con las fuerzas recalcitrantes en el frente unido democrático revolucionario, y en las bases de apoyo, y aplicando flexiblemente estas mismas políticas, en los diferentes y diversos trabajos y acciones políticos, económicos y militares, podremos perseverar en la guerra agraria y desarrollarlo hasta la guerra de resistencia nacional antiimperialista yanqui, y hasta conquistar el poder en todo el país; solamente aplicando éstas políticas, podemos desarrollar el frente unido democrático revolucionario de la guerra agraria y que sirva al frente unido de la guerra nacional antiimperialista; solo así, podemos ganar la simpatía de todo el pueblo y conseguir un cambio favorable en la situación adversa. Por otro lado, al corregir los errores que se dan en la práctica revolucionaria, debemos tener una actitud de proceder metódica, correcta y científicamente, educando, orientando y controlándolos a los cuadros dirigentes en sus trabajos, y guardarnos de toda precipitación, que podría causar descontento entre nuestros cuadros y combatientes, desconfianza entre las masas populares, contra ataques de los terratenientes y otros fenómenos negativos, por que cuando va invadir el imperialismo yanqui, necesariamente surgirán una serie de dificultades adversas, en las que el Partido Comunista debe mantenerse firme en sus propios principios, y en el marxismo, leninismo y el maoísmo, y luchar correctamente hasta alcanzar la verdadera emancipación de la nación, conquistando el poder en todo el país, mediante la revolución democrática nacional.

PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ MARXISTA - LENINISTA - MAOÍSTA.

COMITÉ DE DIRECCIÓN.

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