Situación revolucionaria y escalada intervencionista en la guerra salvadoreña
Fecha: 1984 01 02
Grupo: Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)
País: El Salvador
Categoria : Comunicado
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SITUACIÓN REVOLUCIONARIA Y ESCALADA INTERVENCIONISTA EN LA GUERRA SALVADOREÑA*

I. APRECIACIÓN GENERAL DEL ESTADO DE NUESTRA GUERRA REVOLUCIONARIA HASTA EL lo. DE ENERO DE 1984

El FMLN constituye el fenómeno político-militar más avanzado que haya conocido el proceso revolucionario latinoamericano hasta hoy.

La envergadura alcanzada por el conflicto no tiene precedentes en toda América Latina. Las fuerzas revolucionarias en tres años de guerra, prácticamente han destruido un ejército al sobrepasar las 16 mil bajas entre muertos, prisioneros y heridos.

El impacto de la actividad militar revolucionaria sobre la economía ha tenido prácticamente paralizado el país durante los últimos dos años y medio de guerra. Sólo el apoyo de Estados Unidos ha sido capaz de mantener en pie al gobierno salvadoreño y rehacerle su ejército.

Los datos concretos sobre las bajas causadas, sabotajes, medios destruidos, posiciones ocupadas y control de terrenos son pruebas fehacientes del avance acelerado del FMLN en un pequeño territorio.

El fenómeno revolucionario salvadoreño, debido a su prolongación, ha superado ya en complejidad a los procesos cubano y nicaragüense, a raíz de que una tercera revolución, obviamente, iba a enfrentar la experiencia y la decisión de Estados Unidos de no permitir otra más en el continente.

El FMLN controla más de cinco mil kilómetros cuadrados, setenta municipios y el 80% del terreno militarmente estratégico, desde el que puede maniobrar y presionar sobre zonas vitales. En la franja norte del país, el ejército tiene ya sólo un endeble y limitado control de dos departamentos: Cabañas y Santa Ana; dos cabeceras departamentales, Gotera y Chalatenango, están rodeadas de territorio guerrillero, y al ejército sólo le es posible sostenerlas manteniendo en ellas casi tres mil efectivos permanentes.

El dominio de la mayor parte de las elevaciones estratégicas y de la cordillera del norte pone al FMLN en total ventaja topográfica sobre el ejército, que poco a poco se ve obligado a defender la franja central del país, donde están la economía y las ciudades principales.

Al alcanzar la ribera del río Lempa y luego de tomar Nuevo Edén de San Juan y obligar al enemigo a abandonar la posición con dos fulminantes ataques sucesivos, el FMLN domina ya todo el nororiente del país. A partir de esto y de la expansión de las áreas de operaciones de las fuerzas de Chalatenango y Guazapa hacia Cuscatlán y Cabañas, otra cabecera departamental, Sensuntepeque, comienza a quedar amenazada al estar envuelta en todos los flancos por el FMLN.

El dominio del terreno, la recuperación de medios de guerra y el desgaste en fuerzas y medios del ejército de la dictadura son elementos en los que fundamentalmente se expresa el avance militar revolucionario. En un año de guerra, de junio de 1982 a junio de 1983, el FMLN logró obtener el control de la quinta parte del país y acabar con casi la tercera parte del ejército salvadoreño.

Una extensa zona de la costa, la cordillera de Jucuarán-Intipucá, se encuentra ya libre de fuerzas enemigas al perder el ejército las posiciones de Jucuarán-Chirilagua en el suroriente.

Esto proporciona una sólida retaguardia al FMLN para presionar y disputar desde dos direcciones, sur y norte, la estratégica cordillera central de oriente "Tecapa-Chinameca".

En Chalatenango el FMLN controla 28 municipios y el control enemigo se reduce a la cabecera departamental y las presas hidroeléctricas. En oriente, de un total de 86 municipios, 48 ya no tienen guarnición ni posiciones militares enemigas, y la mayoría de estas últimas están en zonas controladas por el FMLN; de las restantes por lo menos diez tienen poca importancia y son defendidas por paramilitares: el que pasen a control del FMLN es sólo cuestión de tiempo.

Es decir, el ejército está siendo reducido en oriente a una veintena de posiciones, que son la defensa de los puntos vitales de la región (las cuatro cabeceras: San Miguel, Gotera, Usulután, La Unión; un puerto pesquero, El Triunfo; dos puentes estratégicos, sobre la carretera Litoral y Panamericana; un paso frontera, El Amatillo-Santa Rosa, y la más importante zona cafetalera, Berlín-Santiago de María); comenzar a perderlas significa comenzar a perder estratégica y definitivamente la guerra.

Cada vez el ejército se ve más imposibilitado de mantener un equilibrio en el control del país. Las guarniciones del occidente están prácticamente vacías debido al despliegue que éste tiene que hacer en las regiones norte, central y oriental.

La inversión de fuerzas que el ejército debe hacer para mantener la cabecera departamental de Chalatenango y las presas hidroeléctricas (Cerrón Grande, 5 de Noviembre), y para evitar que la desestabilización se profundice en la capital a partir de nuestras posiciones en Guazapa, le impide contener el avance militar hacia zonas vitales en el oriente.

El aniquilamiento de la Cuarta Brigada de El Paraíso, en Chalatenango, amenaza de manera más directa la pérdida de una cabecera, y la voladura del puente Cuscatlán golpea la economía y amenaza a toda la región oriental del país. A partir de esto, se puede prever que en poco tiempo el ejército tendrá que ceder alguna posición de importancia política, militar o económica de manera definitiva en un punto del país.

Más del 80% de la capacidad ofensiva enemiga está en utilización permanente y el ejército no puede echar mano de más fuerzas del resto del país.

El desarrollo de maniobras regionales con cambios en la dislocación de las fuerzas del FMLN a partir del nor y sur-oriente y la extensión de los teatros de operaciones de los frentes de Guazapa y Chalatenango hacia Cabañas, han desconcertado el plan enemigo de equilibrar el uso racional de sus fuerzas.

La agresividad con que, las fuerzas del FMLN del Chinchontepec y Cerros de San Pedro han resistido el plan de limpieza y el plan cívico-militar de disputa de bases sociales, Plan CONARA (Comisión Nacional de Restauración de Áreas), tiene empantanada una gran cantidad de efectivos y tropas especiales en San Vicente.

Con el control de casi todo el nororiente, la voladura del puente Cuscatlán y el dominio de tres municipios de Cuscatlán y tres de Cabañas por parte del FMLN, el ejército está perdiendo la carretera Panamericana, que es la arteria principal del país y prácticamente la única que quedaba estable hacia la región oriental. Esta misma situación comienza a dejar aisladas a las presas hidroeléctricas y las ciudades de Suchitoto y Sensuntepeque, cabecera departamental de Cabañas.

Las bases contraguerrilleras que el ejército estableció en Guazapa, Chinchontepec y Cacahuatique, han sido burladas por el FMLN, al maniobrar hacia otros teatros de operaciones, y las propias bases comienzan a ser duramente golpeadas con ataques directos a sus posiciones. Esto último significa golpes a la propia línea de defensa estratégica del enemigo.

El dominio de terreno no es la expansión de una ofensiva insurreccional que terminará en pocos días en las cabeceras departamentales; se trata de un dinámico proceso donde se van conjugando el crecimiento político y militar del FMLN y el mejoramiento de la capacidad de movilización de sus fuerzas con el debilitamiento moral y el desgaste profundo de las fuerzas enemigas.

Esta situación conlleva la imposibilidad del ejército salvadoreño de mantener control permanente y a veces ni siquiera temporal sobre grandes extensiones de territorio, permitiendo que éste sea utilizado con ventaja por el FMLN. Todo esto sucede en el momento en que Estados Unidos había desplegado grandes esfuerzos para resolver la situación del ejército. Cada vez los planes imperialistas son superados más rápidamente por el avance del FMLN.

Los planes de Estados Unidos de formar pequeños batallones Cazadores y de aumento de las tropas especiales, están chocando con serias dificultades debido al desgaste que sufren y el serio problema moral ocasionado por las bajas y la sobreutilización de las fuerzas. Los asesores norteamericanos trazaron paralelamente el plan de crecimiento, todo un diseño ofensivo que supuestamente permitiría al ejército salvadoreño preservar sus fuerzas vivas y proteger las áreas vitales, pero cada vez el desgaste del ejército es mayor y la presencia y actividad del FMLN en zonas vitales se va extendiendo.

La intención de los asesores era detener los avances de aniquilamiento, las capturas de armas y prisionero, y evitar que fueran destruidos puntos vitales de la economía, pero nada de esto ha sido logrado.

Así, el ejército abandonó decenas de posiciones por las que había peleado por más de dos años, sentó bases de operaciones en otros puntos, fortaleció la defensa de puntos neurálgicos y modificó sus tácticas de reacción frente a los golpes del FMLN, tratando de disuadir la actividad ofensiva de éste, sin lograrlo.

II. ETAPAS HISTÓRICAS FUNDAMENTALES QUE DESEMBOCAN EN LA ACTUAL SITUACIÓN REVOLUCIONARIA, Y FASES DEL DESARROLLO DE LA ÚLTIMA ETAPA DE LA GUERRA REVOLUCIONARIA (ENERO DE 1981 HASTA FINALES DE 1983)

En el actual nivel de desarrollo de la guerra revolucionaria de nuestro pueblo, inciden de manera dialéctica diferentes etapas históricas, en las que se van combinando todas las formas de lucha, hasta colocar la lucha armada como eje fundamental del proceso y de la actual situación revolucionaria.

En 1930, El Salvador vivió una situación revolucionaria, que desembocó en la primera gran experiencia de lucha armada con la insurrección de 1932, encabezada por el Partido Comunista de El Salvador, del cual era máximo dirigente Agustín Farabundo Martí. Desde ese entonces hasta nuestros días el movimiento revolucionario ha pasado por un largo proceso de acumulación de fuerzas, que desembocan en la actual situación revolucionaria y que podemos dividir históricamente en cuatro grandes etapas:

Primera etapa: periodo de las luchas patrióticas y electorales

Comprende las grandes movilizaciones de masas, huelgas y luchas electorales, que anteceden a las elecciones de 1972, y el propio proceso de movilización de las masas alrededor de estas elecciones. Incluye las grandes huelgas magisteriales y obreras de finales de la década de los sesenta. En este periodo se producen los primeros intentos de iniciar la lucha armada, con la influencia que ejerce la revolución cubana, pero éstos no llegan a cuajar sino hasta los últimos dos años de esta etapa (1970 a 1972), en los cuales surgen las primeras organizaciones clandestinas armadas, bajo la forma de guerrilla urbana. Sin embargo, la lucha armada no aparece todavía en la escena política. El esfuerzo principal en este momento era la preparación y consolidación de los cuadros, que la impulsarían y que provenían en su mayoría de la creciente radicalización de la actividad de las masas durante toda esa etapa.

Segunda etapa: de 1972 a 1975

El elemento más importante de este periodo, es el surgimiento de la lucha armada con acciones urbanas cada vez con mayor nivel. En marzo de 1972, en la propia coyuntura electoral, se produce la primera acción armada, la acumulación de fuerzas por parte de las masas a través de la lucha electoral continúa.

Se establece en estos años un proceso dialéctico de contradicción en las formas de lucha. El desarrollo de esta contradicción podemos considerarlo como una etapa necesaria para la acumulación global de todas las fuerzas revolucionarias y la construcción de su vanguardia.

Quizá la fase más dura de esa contradicción es el año de 1974. En 1974 surge el Frente de Acción Popular Unificada, al que podemos considerar el primer esfuerzo del movimiento revolucionario por una nueva alternativa para las masas, que se articulará y potenciará con la lucha armada. Es el FAPU también la primera expresión del nuevo tipo en la idea de la unidad y la concreción de alianzas políticas con otros sectores sociales.

Todas las corrientes del movimiento revolucionario entran en la búsqueda de nuevas alternativas para las masas, cada quien a partir de sus propias experiencias.

Tercera etapa: de 1975 a 1981

El elemento más importante de este periodo es el surgimiento de nuevas formas en la lucha de las masas; aparecen la autodefensa y la milicia popular acompañando las huelgas, las acciones de calle, se profundiza la guerrilla urbana y comienzan a surgir las primeras unidades militares en el campo.

El hecho síntesis de este periodo es el surgimiento del Bloque Popular Revolucionario, en agosto de 1975. Es a partir de allí que se van conjugando de manera ascendente las luchas reivindicativas de las masas con formas combativas de la violencia de las mismas, la profundización de la conciencia de clase y el fortalecimiento de la lucha armada como forma principal de lucha. En esta etapa se produce la primera agudización de la situación revolucionaria, durante los primeros meses de 1980. El rezago de las condiciones subjetivas, expresado en la creciente y aún precaria e incompleta unidad del movimiento revolucionario, imposibilitó aprovechar aquella coyuntura para la toma del poder. Sin embargo, esta etapa es sin lugar a dudas de una enorme riqueza histórica y política, y de una significación decisiva para el curso ascendente de la revolución.

Se vuelve unánime el criterio de que la lucha electoral y demás formas tradicionales de lucha se habían agotado como vía fundamental hacia la toma del poder, y se pasó al consiguiente proceso de unificación de todas las fuerzas revolucionarias en torno a la lucha armada, dando origen al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), lo cual fue la configuración definitiva de la vanguardia de la revolución, y por ello, el elemento estratégico fundamental de la misma.

Se formó el Frente Democrático Revolucionario (FDR), núcleo de la alianza de las fuerzas revolucionarias con amplias fuerzas democráticas, que se constituyó en órgano aglutinador y canalizador de la acción política en lo nacional e internacional, particularmente de la lucha diplomática. Este núcleo está llamado a promover nuevas y más amplias alianzas patrióticas.

Cuarta etapa: del 10 de enero de 1981 hasta nuestros días

En este periodo, las fuerzas revolucionarias, tomando por base el alto grado de organización y radicalización de las masas, convirtieron la lucha armada en la forma más desarrollada y avanzada de la lucha, profundizándose la guerra revolucionaria y comenzando a centrarse todo el proceso de acumulación de fuerzas en torno al fenómeno militar revolucionario, hasta el punto de derrotar los primeros escalones de la intervención imperialista y abrirse la posibilidad de una segunda agudización en la situación revolucionaria.

Diferentes fases del desarrollo de la última etapa de la guerra revolucionaria (enero de 1981 a finales de 1983)

Primera fase: consolidación de la retaguardia y construcción del ejército revolucionario

Esta etapa se inicia con la ofensiva del 10 de enero de 1981, y abarca los meses de enero a junio de ese año. La característica fundamental de esta etapa es la defensa de posiciones y el desgaste de las fuerzas enemigas. El enemigo mantiene totalmente la iniciativa militar; nuestro planteamiento estratégico fundamental de ese periodo lo resumimos en la idea de "resistir, desarrollarnos y avanzar".

Este periodo se inicia el 10 de enero de 1981 con una ofensiva generalizada políticomilitar en cuyo plan la insurrección constituía un elemento estratégico. Esta acción, a pesar de su realización tardía respecto al punto crítico de la situación revolucionaria (enero-junio de 1980), se convierte en un salto activo de acumulación de fuerzas cuando se estableció como continuidad inmediata una fase de resistencia y de desarrollo, que constituyó un gran acierto estratégico al permitirle al FMLN asegurarse una retaguardia.

La construcción y defensa de las bases de apoyo (territorios de retaguardia y al mismo tiempo frentes de combate) fue el planteamiento necesario en esta fase, para ganar y consolidar el terreno a partir del desgaste que sufría el ejército en cada operativo de limpieza.

La táctica fundamental en este periodo fue la defensa escalonada de posiciones, que sin llegar a convertirse en una guerra de posiciones permitió al FMLN la asimilación de una experiencia táctica en lo militar, que en un futuro sería de gran valor no sólo defensivo sino también ofensivo.

El ejército sufre en esta fase centenares de bajas, intentando inútilmente aniquilar y desalojar a nuestras fuerzas de sus bases.

La resistencia a las operaciones de limpieza es el elemento que nos permite foguear a nuestras fuerzas y cubrir la primera gran escalada de desgaste del enemigo, que a pesar de sus grandes y prolongados operativos no logra obtener una sola victoria militar.

En los frentes, nuestro dominio del terreno se reducía a pequeños espacios dispersos, en los cuales podíamos preparar a los combatientes y sobrevivir a partir de la relación y la organización con las masas campesinas de las zonas. Dentro de las propias zonas de retaguardia comienzan a aparecer las primeras manifestaciones del poder popular a través de la producción, la alfabetización, la salud, etcétera.

En este periodo, las acciones ofensivas del FMLN se limitaron a las tomas del municipio de Nuevo Edén de San Juan en el departamento de San Miguel y Villa El Rosario en el departamento de Morazán. En esta última toma fue aún la resistencia la característica principal, ya que el municipio permaneció dieciocho días en manos del FMLN sin que el ejército pudiera retomarlo.

El ejército se mantuvo 44 días continuos en operaciones tratando de controlar el cerro de Guazapa, y la tenaz resistencia que se ofreció, permitió que el frente más cercano a la capital sobreviviera. Los intentos del enemigo por destruir Radio Venceremos provocaron en ese periodo dos operativos continuos en Morazán que duraron más de un mes.

También la resistencia tenaz del FMLN en Chalatenango a los sucesivos operativos de limpieza de estos meses permitieron el dominio de la cordillera norte del departamento, pero la resistencia activa no sólo fue patrimonio de los frentes, favorecidos por el terreno, sino también de lugares que tenían clara desventaja por su estrechez o falta de topografía adecuada para el combate, como los casos de San Vicente, Jucuarán y San Agustín. Sólo la estrecha relación del FMLN con las masas y el heroísmo desplegado por los jefes y combatientes es capaz de explicar la forma exitosa en que el FMLN superó este periodo que ha constituido el más difícil de los tres años de guerra.

Segunda fase: inicio de las acciones ofensivas de la disputa por la iniciativa estratégica.

Comprende de julio de 1981 a junio de 1982

Este periodo se inicia con la campaña de julio y agosto de 1981, cuando el FMLN logra dar el primer golpe militar de importancia con la toma de Perquin, la captura de los primeros prisioneros y la recuperación de más de medio centenar de armas de guerra.

En esta misma campaña el FMLN da sus primeros pasos en la coordinación de la acción combativa de sus fuerzas en los diferentes frentes y en la utilización del sabotaje como línea sistemática de desestabilización del poder enemigo.

El control esporádico de carreteras y el corte de la energía eléctrica aparecen en gran escala en este periodo y obligan al enemigo a comenzar a dispersar sus fuerzas. El FMLN mantiene también sabotaje urbano en la capital.

El ejército enemigo mantiene la iniciativa, pero el FMLN lo obliga a desplegar la totalidad de sus fuerzas y en los meses finales de 1981 el FMLN logra una sucesión de golpes militares exitosos en Chalatenango y Morazán, que comienzan a representar niveles significativos para el desgaste enemigo, al capturarse decenas de fusiles y prisioneros en cada operación.

El FMLN intentó repetir consciente o inconscientemente el esquema de "gran ofensiva" el 28 de marzo de 1982, y aunque no logró los objetivos principales, consiguió acumular nuevas experiencias tácticas que le permitieron luego un gran avance cualitativo en lo militar. Sin embargo, en el terreno político se produjo una crisis temporal que dura de marzo a junio del 82, tiempo en que el FMLN reacomodó sus fuerzas y su táctica para avanzar en la disputa por la iniciativa militar estratégica; durante esta etapa los asesores yanquis juzgan que es necesario que el ejército crezca aceleradamente y aumente el número de batallones de reacción rápida y que se apliquen nuevas tácticas de contrainsurgencia para poder enfrentar la situación. En ese marco llevan a Fort Bragg, Estados Unidos, a los primeros 1500 soldados y oficiales salvadoreños, que serían entrenados para convertirlos en una unidad modelo de la dictadura.

Tercera fase: junio de 1982 a agosto de 1983

Toma de la iniciativa militar estratégica por parte del FMLN. La característica fundamental de esta etapa fue que las acciones del FMLN pasaron cada vez más a determinar el curso de la guerra. El ejército enemigo va pasando cada vez más a la defensiva; la mayor parte de las acciones y operativos enemigos son una respuesta y comienzan a ser menos frecuentes y de tiempos más reducidos.

Si bien el FMLN no logra todavía mantener un ritmo ininterrumpido de actividad combativa, su accionar ofensivo es el elemento dominante de la guerra.

Luego de la crisis temporal de finales de la etapa anterior, el FMLN comenzó a aplicar con sentido estratégico el principio de la concentración de fuerzas y abrió nuevos teatros de operaciones. Se logra así cambiar bruscamente el curso estratégico de la guerra con la campaña "Comandante Gonzalo" en junio de 1982, cuando se produce la victoriosa batalla del Moscarrón en el departamento de Morazán, el primer aniquilamiento en gran escala (dos compañías) que asentó de manera firme el ritmo de acumulación que debía seguir la guerra en adelante.

Las ideas de la insurrección desatada a voluntad y de "gran ofensiva", dejan ya de ser elementos que rigen los planes del FMLN a partir de que se logra una mayor comprensión de las características que había cobrado ya nuestra guerra revolucionaria.

En octubre de 1982 se produjo otro momento de importancia estratégica: el FMLN logra una mejoría sustancial en la coordinación y simultaneidad de sus acciones. El FMLN comienza a ganar puntos estratégicos de terrenos cercanos a la retaguardia y a expandir sus áreas de control. Las acciones de aniquilamiento de fuerzas enemigas se multiplican y profundizan tanto que sólo la ayuda es capaz de mantener en pie al ejército. El sabotaje cobra dimensiones de alcances estratégicos en la desestabilización de la dictadura, al punto que también sólo la ayuda yanqui es capaz de mantener en pie la economía del país y la precaria cohesión del bloque de poder de las clases dominantes. El FMLN comienza a dominar de manera definitiva o temporal pequeños municipios y son miles de kilómetros cuadrados los que quedan bajo control. Todas las posiciones menores del enemigo próximas a los frentes fueron tomadas por el FMLN y otras abandonadas al no poder defenderlas. Caen temporalmente en poder del FMLN ciudades de importancia: Berlín y Santa Rosa de Lima (cada una de más de 30 mil habitantes).

En la segunda mitad de esta etapa el ejército enemigo entra en una profunda crisis que obliga a los asesores yanquis y al Alto Mando a readecuar su táctica, pero estableciendo de antemano que se encuentran a la defensiva y que su principal objetivo es parar el ritmo ofensivo del FMLN. El ejército enemigo readecúa toda su defensa, concentra sus tropas dejando al FMLN sin objetivos inmediatos y lanza en los departamentos de San Vicente y Usulután el modelo del plan CONARA (Comisión Nacional de Restauración de Áreas). Esto provoca una reducción sensible de la actividad militar del FMLN, que debe reacomodar sus fuerzas y buscar nuevos teatros de operaciones para mantener la iniciativa. Este impasse dura de julio a agosto de 1983.

Cuarta fase: de septiembre de 1983 hasta finales del año

El FMLN profundiza la ofensiva e inicia la disputa por zonas vitales del país, comenzando a presentarse la posibilidad de una segunda agudización de la situación revolucionaria y de una intervención yanqui.

El FMLN sigue expandiendo la retaguardia; comienzan a quedar ciudades y carreteras estratégicas como "tierra de nadie". El ritmo de bajas y prisioneros se incrementa de manera alarmante para el enemigo. La moral del ejército se convierte en una preocupación central para los asesores yanquis, debido a la enorme cifra de deserciones.

El poder popular pasa a formas más desarrolladas al asumir el FMLN la autoridad política y militar de decenas de municipios y casi la totalidad de tres departamento (Chalatenango, Morazán y San Miguel). Se está llegando así al límite divisorio entre dos tipos de guerra de contrainsurgencia del imperialismo: el límite entre la "guerra especial", ya casi agotada, y la "guerra local", que puede iniciarse con la decisión de enviar a nuestro país tropas de Estados Unidos y/o de sus títeres regionales.

ESTADÍSTICA

Primera fase: enero a julio de 1981

En esta etapa la recuperación de armas fue prácticamente insignificante, lo mismo que la captura de prisioneros. Se destruyó (10 de enero) el cuartel de la Segunda Brigada de Infantería en Santa Ana.

Las bajas totales causadas al enemigo fueron novecientas (dato dado por Napoleón Duarte).

Segunda fase: julio de 1981 a junio de 1982 (un año)

Fusiles capturados: 479.
Armas de apoyo: 31, que incluyen 10 ametralladoras livianas, 6 lanza-granadas M-79, 5 cañones ligeros 90 mm., 3 morteros 81 mm., 7 no especificados.
Bajas enemigas: 3718 (datos dados por el general García).
Prisioneros: 178.
En operación comando al cuartel de la Fuerza Aérea se destruyeron 20 aviones y 8 helicópteros.
Fue volado el Puente de Oro, el más grande e importante del país.

Tercera fase: del 5 de junio de 1982 a septiembre de 1983 (quince meses, los tres últimos con escasa actividad)

Fusiles capturados: 2964.
Armas de apoyo capturadas: 148 (50 ametralladoras livianas, 2 ametralladoras pesadas calibre 50, 45 lanzagranadas M-79, 15 cañones ligeros 90 mm., 1 cañón ligero 57 mm.,
20 morteros calibre 60 mm., 13 morteros calibre 81 mm., 2 morteros pesados calibre 120 mm.).
Bajas enemigas: 6826 (dato general Vides Casanova).
Prisioneros: 1134.
Fueron derribados en combate un avión A-37 y dos helicópteros; decenas fueron averiados.
Se hizo prisionero de guerra al viceministro de Defensa.
Cuarta fase (en desarrollo): 3 de septiembre de I983 al 1 de enero de 1984 (solamente cuatro meses)
Fusiles: 1422.
Armas de apoyo: 116 (19 cañones ligeros 90 mm., 40 ametralladoras livianas, 3 ametralladoras pesadas calibre 50, 30 lanzagranadas M-79, 10 morteros calibre 81 mm., 11 morteros calibre 60 mm., 2 morteros pesados calibre 120 mm.).
Bajas enemigas: más de tres mil hasta el primero de enero. Prisioneros: 753. Se realizó un ataque artillero de gran envergadura al cuartel más grande del país (Tercera Brigada de Infantería) y prácticamente se tomó la tercera ciudad en importancia (San Miguel).
Se tomó y destruyó totalmente el cuartel de la Cuarta Brigada de El Paraíso, Chalatenango. Se realizó la voladura del Puente Cuscatlán, segundo puente en importancia del país (después del Puente de Oro, que ya fue destruido).
Datos globales de tres años: 11 de enero de 1981 a 1 de enero de 1984
Fusiles: 4862.
Armas de apoyo: 295 (100 ametralladoras livianas, 5 ametralladoras pesadas calibre 50, 81 lanzagranadas, 40 cañones ligeros 90 mm., 26 morteros calibre 81 mm., 31 morteros calibre 60 mm., 4 morteros pesados 120 mm.). Total de armas capturadas al ejército por el FMLN: 5157.
Bajas enemigas: 14,444; prisioneros: 2,065. Total de bajas entre prisioneros, heridos y muertos: 16,509.

Para hacernos una idea de los resultados generales y el desarrollo de la guerra en tres años podemos decir que el FMLN capturó armas para unos catorce batallones de cuatrocientos efectivos cada uno y puso fuera de combate cuarenta batallones enemigos de igual composición. Atacó con éxito tres cuarteles de gran importancia (Segunda Brigada de Infantería, Tercera Brigada de Infantería y Fuerza Aérea), y tomó completamente uno (Cuarto Brigada de Infantería). Voló los dos puentes más importantes del país. Inutilizó un 30% de las comunicaciones y provocó pérdidas económicas por más de mil millones de dólares.

III. ENFOQUE CRITICO DE LOS DIFERENTES PLANES ESTRATÉGICOS DEL FMLN EN LA ÚLTIMA ETAPA DE LA GUERRA

Nuestro proceso de guerra ha cobrado una enorme complejidad, lo que ha generado muchas dificultades en su comprensión. Luego de tres años de guerra ha sido posible sacar conclusiones críticas de nuestro desarrollo para que el FMLN pueda unificar su opinión en torno a ella.

La proximidad histórica entre los procesos revolucionarios nicaragüense y salvadoreño mantuvo a este último durante un largo periodo bajo el parámetro y la búsqueda de una insurrección general.

A partir de enero de 1981, el fenómeno revolucionario salvadoreño tomó un nuevo curso de acumulación de fuerzas; que al ser enfocado durante casi dos años desde una óptica insurreccional y comparativa con el proceso nicaragüense, fue visto por muchos con sentido negativo: ello no dejó ver con claridad que se estaba produciendo un proceso de características diferentes, que su desarrollo era y es positivo hacia la victoria y que se estaba incluso acumulando fuerzas y condiciones que darían al FMLN la posibilidad de enfrentar hasta una intervención de Estados Unidos.

Desde enero de 1981 a esta fecha los asesores yanquis han diseñado diversos planes militares estratégicos y diferentes planteamientos tácticos, que uno a uno han sido derrotados por las fuerzas del FMLN, obligando cada vez a niveles mayores de intervención. La derrota de los esquemas estratégicos y tácticos norteamericanos y de los planes del Alto Mando ha provocado sucesivas crisis en el ejército; una de ellas llevó incluso al cambio del general García como ministro de Defensa. El actual Alto Mando está ya en una situación similar.

El proceso revolucionario salvadoreño ha tenido la capacidad de derrotar de manera sucesiva diferentes formas de gobierno aplicadas por Estados Unidos, con el objetivo de estabilizar y consolidar el tambaleante poder de la dictadura: de 1979 a 1983 se han sucedido cinco gobiernos diferentes incluyendo fuerzas aliadas de Estados Unidos, que han constituido formulaciones de apariencia no dictatorial como es él caso de la Democracia Cristiana.

Los gobiernos derrotados por el FMLN son:

• Gobierno del general Romero, derrotado en octubre de 1979.
• Primera Junta de Gobierno, de octubre de 1979 a diciembre de 1979.
• Segunda Junta de Gobierno, de enero de 1980 a marzo de 1980.
• Gobierno de Duarte, de marzo de 1980 a julio de 1982.
• Gobierno de Álvaro Magaña, de julio de 1982 hasta hoy.

En El Salvador el imperialismo ha gastado prácticamente todos sus cartuchos políticos con Duarte, la Democracia Cristiana, las elecciones, las reformas y otros. Estados Unidos ha intentado de todo en El Salvador y sin embargo, el FMLN ha logrado mantener su empuje militar y un sólido respaldo social que demuestra ser uno de los procesos más radicales y clasistas de América Latina.

En El Salvador no solamente se está derrotando a una dictadura proimperialista, sino que se están enfrentando, cada vez de manera más clara, dos polos de la sociedad salvadoreña, cada uno con su propio proyecto histórico y de poder.

Si eliminamos la visión de la definición acelerada de la guerra, de la explosión insurreccional, o de la victoria en una sola batalla militar, veremos que con su propia velocidad, con sus propios tiempos, el avance del FMLN es sólido y se encuentra en una adelantada etapa de desarrollo. El FMLN no ha dado ni un solo paso atrás en su proceso de acumulación de fuerza, muy a pesar de los errores políticos y militares cometidos. El FMLN ha demostrado una ágil capacidad de corrección de errores y de adaptación a las nuevas situaciones del proceso.

La línea de "RESISTIR, DESARROLLARSE Y AVANZAR", y los planes elaborados para junio del 82, que dieron como resultado la victoriosa batalla del Moscarrón en Morazán, son los planteamientos que más se adaptan al carácter que había cobrado la guerra y probaron su justeza.

Los planes que se elaboraron después del 28 de marzo de 1982 han sido más realistas, pero la idea de una victoria rápida nos llevó a esperar el triunfo en una batalla síntesis que desencadenara un avance ininterrumpido, lo cual, en realidad, no correspondía a las características que nuestra guerra había tomado ya.

No pocos, partiendo dé un esquema comparativo con la insurrección nicaragüense, llegaron a plantear que el FMLN había perdido a las masas. Esto es en absoluto un gravísimo error; son las masas las que salvaron al FMLN y le dieron capacidad de resistir y avanzar en la guerra para enfrentar la escalada de intervención de los Estados Unidos.

Dicho de manera más clara, el rico y ascendente proceso de lucha de masas en El Salvador dio las bases para poder adaptarse a las nuevas condiciones impuestas por la escalada intervencionista de Estados Unidos. En ese sentido son las masas las que salvaron al FMLN de los intentos tardíos de éste por aplicar una concepción insurreccional en un momento en que ya la guerra había cobrado otro giro.

En la modificación radical de las condiciones políticas, militares, morales e internacionales en las que el FMLN está desarrollando su proceso de guerra, reside la explicación de las necesarias etapas de acumulación por las que ha ido pasando.

Esto explica el ritmo de guerra que ha llevado el FMLN, que conjuga la ofensiva continua de todos sus tipos de fuerzas, con la realización de campañas en las que tensiona sus agrupaciones estratégicas, para buscar nuevos avances políticos y militares.

En cada campaña el FMLN logra nuevas y mejores condiciones que le permiten mantener, cada vez más, un ritmo más ininterrumpido de guerra, que lo va acercando a la posibilidad de una ofensiva general estratégica.

Esto es manifiesto en el hecho de que cada vez los periodos de campaña del FMLN son más prolongados y más cortos los espacios entre una y otra.

EL SALVADOR

Territorio controlado por el FMLN

Es previsible que el fenómeno revolucionario salvadoreño tendrá una expresión insurreccional y una gran batalla militar en su desenlace, pero es difícil prever el momento en que se conjugarán todos los factores que llevarán a la situación que haga posible tal desenlace. Lo que sí es evidente es que el FMLN mantiene una acumulación acelerada de fuerzas y un irreversible paso hacia la victoria.

IV. ANÁLISIS DEL PLAN ESTRATÉGICO DEL ENEMIGO

El imperialismo debió pasar en El Salvador por todo un proceso en el que sus diferentes planes, estratégicos y tácticos, han tenido que reacomodarse a partir del debilitamiento político-militar de la dictadura y de la consiguiente necesidad de niveles superiores de intervención.

En esencia el plan estratégico norteamericano se mantiene más o menos el mismo, aunque asume diferentes modalidades y tácticas de acuerdo a las condiciones que va tomando la guerra.

Los puntos fundamentales del plan imperialista son:

a] cortar los abastecimientos logísticos;
b] exterminar, controlar o reducir la base social del FMLN;
c] someter al FMLN a una guerra de desgaste.

Para 1981 el imperialismo puso más énfasis en el exterminio de la base social y para 1983, ante el fracaso de ese empeño, deciden disputar la base social al FMLN valiéndose de planes "cívico-militares" (CONARA) parecidos al de las "aldeas estratégicas" aplicado en Vietnam.

Las medidas para tratar de cortar los abastecimientos logísticos han ido aumentando y abarcan ahora presiones políticas, agresiones a Nicaragua y presencia de tropas en el área con aviones y barcos de guerra.

A resultas de que el último año de guerra el FMLN tomó la iniciativa militar estratégica y tiene al ejército de la dictadura en una profunda crisis moral, el imperialismo ha debido reelaborar sus esquemas estratégicos para buscar prolongar la guerra combinando planes de defensa y sobrevivencia del ejército, con planes para desarrollarlo y hacerlo crecer de manera acelerada.

Las características básicas del plan estratégico y de las tácticas militares más recientes aplicadas por Estados Unidos de junio de 1983 a finales del mismo año, podemos sintetizarlas en los siguientes aspectos:

1] establecer una contención a los golpes militares del FMLN y proteger las áreas vitales;
2] hacer crecer aceleradamente las fuerzas del ejército para buscar tomar la iniciativa en una etapa posterior;
3] estrangular logísticamente al FMLN, con control terrestre, marino y aéreo a El Salvador y con el control de los corredores internos, sosteniendo posiciones en puestos supuestamente importantes dentro de éstos;
4] disputar la base social al FMLN, cambiando la imagen del ejército y desarrollando el proyecto de la Comisión Nacional de Restauración de Áreas (CONARA) en las zonas críticas.

De todos estos elementos se deduce claramente que se trataba de un plan defensivo para acumular fuerzas.

El plan enemigo se tradujo, en la práctica, en la aplicación de una serie de tácticas, e incluso de cambios de los mandos del ejército para garantizar el desarrollo del plan.

En el aspecto militar los planteamientos tácticos básicos del enemigo fueron los siguientes:

a] redujo al máximo la defensa de posiciones fijas, eliminando las posiciones menores que podían ser aniquiladas por el FMLN.
b] estableció posiciones mayores, que supuestamente tenían capacidad de resistencia y podían esperar refuerzos que avanzaran en maniobras, evitando ser emboscados. El objetivo de esto era lograr detener las capturas de armamento y prisioneros al ejército por parte del FMLN.
c] pasó a defender sólo puntos de valor militar, político o económico estratégico, cediendo terreno en aquellos que no tuvieran ese valor.
d] buscaron hacer uso equilibrado de las fuerzas, evitando los grandes operativos en un solo punto y tratando de aprovechar más las fuerzas locales.
e] establecieron una táctica de defensa en movimiento, en base a patrullajes y persecución a las fuerzas del FMLN para evitar que éstas organizaran y prepararan operaciones. En esto, consideraban que jugarían un papel fundamental los pequeños Batallones de Cazadores, de estructura más ágil y menos pesada. Este conjunto de lineamientos fueron establecidos para tratar de detener las victorias militares del FMLN, de finales de 1982 y principios de 1983.

El principio fundamental del plan era realizar una economía de fuerza, que le permitiera defender menos posiciones y mantener más tropas en operaciones, intentando, por lo menos, desorganizar las fuerzas del FMLN a las que supuestamente buscaría para mantenerlas sometidas a persecución y desgaste.

Al comenzar a concretar sus planes de cambios en la táctica, el ejército estableció en junio de 1983 tres grandes bases de operaciones contraguerrilleras, en zonas críticas: Guazapa (departamento de Cuscatlán), Chinchontepec (departamento de San Vicente) y Cacahuatique (departamento de Morazán). A partir de cada una de ellas se suponía que intentaría desarrollar las nuevas tácticas y los planes de disputa de la base social con el plan CONARA, que teóricamente tiene como meta máxima formar fuerzas de defensa civil de nuevo tipo, dirigidas por el ejército.

El proyecto piloto de las nuevas tácticas elaboradas por los norteamericanos, funcionó bajo el nombre de "Plan Bienestar" para San Vicente, donde el FMLN había desgastado las fuerzas del Centro de Instrucción de Ingeniería de la Fuerza Armada, la Quinta Brigada y el Cuarto Destacamento, y donde había afectado seriamente la economía.

La maniobra militar consistió en concentrar la mayoría de los batallones élites, Ramón Belloso, Atonal, reforzados por los Batallones de Cazadores Pipil y Jaguar, utilizándolos para el cerco y desgaste de la guerrilla mientras entrenaban en el combate nuevos batallones Cazadores, fuerzas que utilizaban para la persecución y el rastrillaje de la guerrilla. Se crearon dos centros de entrenamiento por parte de los norteamericanos en Zacatecoluca y San Vicente, y acompañaron este plan con medidas de acción cívica.

El FMLN readecuó sus fuerzas ubicadas en esa región, desarrollando acciones efectivas en medio del operativo enemigo, permitiendo al FMLN asimilar las tácticas del ejército enemigo, crecer y estar en condiciones de derrotarlas.

El establecimiento de una nueva táctica por parte del ejército significaba un nuevo nivel de escalonamiento de la guerra, que traía consigo el incremento de sus fuerzas locales, mediante una estructuración más ligera y menos pesada (Batallón Cazadores). Esto obligó al FMLN a reacomodarse para continuar sus acciones por el curso militar más acertado e inteligente, haciendo el uso máximo de las nuevas condiciones de terreno y de la capacidad acumulada.

El cambio de táctica por parte del ejército lo lleva también a establecer en el terreno una línea de defensa que le alejaba los objetivos militares al FMLN. Esta meta de nuevas tácticas defensivas para el ejército y de reacomodo ofensivo para el FMLN produjo un impasse en el mes de junio-julio y agosto de 1983.

Para el FMLN, este necesario reacomodo de fuerzas planteó la necesidad de extender los teatros de operaciones y abrir otros nuevos; reagrupación y reestructuración de las unidades militares, el establecimiento y estudio de nuevas bases de operaciones, que fueran capaces de resolver el problema de abastecer y mantener el combate con unidades mayores; diseño de nuevas líneas de trabajo político para incorporar al combate a nuevos sectores de la población de características totalmente diferentes a las zonas de retaguardia; y la distribución de reservas logísticas de acuerdo a los nuevos planes.

El pequeño impasse de estos meses, provocado por el reacomodo de las fuerzas del FMLN, puso a cantar victoria a los imperialistas y a la dictadura, y no dejó de confundir a más de algunos revolucionarios débiles de espíritu, que faltos de visión y capacidad para entender las leyes y características de la guerra revolucionaria salvadoreña, perdieron la perspectiva y creyeron en la propaganda del éxito de la táctica norteamericana en El Salvador.

Si el FMLN en ese periodo, en el afán de acomodarse a las necesidades de la coyuntura internacional, hubiera seguido una estrategia lineal, buscando continuar sus acciones en los mismos teatros de operaciones y con la misma dislocación de sus fuerzas, hubiera hecho exactamente lo que los yanquis querían que hiciera para que tuviera éxito la idea de desgaste.

La táctica norteamericana no fue otra cosa que un repliegue del ejército a otras posiciones, para establecer una nueva línea de defensa. El breve vacío de actividades fue el tiempo lógico y justo que el FMLN necesitaba para reacomodar sus fuerzas de manera acertada, y comenzar a romper las nuevas tácticas y la nueva línea de defensa del ejército.

Un ininterrumpido proceso de victorias, que comenzó el 4 de septiembre de 1983 con el ataque a la Tercera Brigada de Infantería y prácticamente la toma de San Miguel, tercera ciudad en importancia del país, acabó en pocas semanas con todas las líneas básicas de la táctica de los asesores norteamericanos.

El planteamiento de que posiciones más fortificadas y con más tropas podrían resistir los ataques del FMLN fue derrotado, ya que compañías completas en posiciones fueron aniquiladas, desalojadas o capturadas por el FMLN en Tenancingo, Tejutepeque, El Triunfo, Nuevo Edén de San Juan, Anamorós, etcétera.

La idea de que los refuerzos podrían llegar a tiempo a los objetivos atacados fue también derrotada, ya que agrupaciones completas de batallones especiales fueron contenidos y desgastados eficazmente, no pudiendo llegar a tiempo para reforzar posiciones que fueron aniquiladas.

Decenas de nuevos municipios, e incluso ciudades cercanas a puntos vitales, pasaron a control del FMLN.

La situación difícil en que se vio el enemigo le impidió equilibrar el uso de sus fuerzas teniendo que recurrir nuevamente a los grandes operativos que esta vez fueron burlados con golpes directos a sus avances o en su retaguardia (El Tránsito y Ciudad Barrios), reflejando esto un nuevo nivel de desarrollo en la capacidad táctica del FMLN.

La táctica de los batallones Cazadores, que se suponía debían mantener bajo presión permanente a las fuerzas del FMLN, fue también derrotada cuando batallones de Cazadores completos, en posiciones o en movimiento, fueron aniquilados o desarticulados (El Tablón de Sociedad, refuerzo de Tenancingo).

Las bases contraguerrilleras, consideradas inexpugnables, no sólo no pudieron contener las operaciones del FMLN, ya que fueron burladas por éste, sino que además, en el mes de diciembre, la base establecida en el Cerro Cacahuatique en Morazán, que estaba resguardada por un batallón regular en posiciones (Batallón Tecana), fue tomada por el
FMLN, con el aniquilamiento de dos compañías y el desalojo del resto de todas las alturas estratégicas del cerro.

Finalmente, la guerra popular revolucionaria comenzó a dar un salto a otro nivel cuando las fuerzas del FMLN tomaron el primer cuartel de Brigada en El Paraíso, Chalatenango, y volaron el estratégico Puente Cuscatlán custodiado por un batallón en posiciones fortificadas. Estas operaciones probaron que el ejército ya no es capaz de resguardar puntos vitales y que posiciones a nivel de brigada son vulnerables a ser tomadas por las fuerzas del FMLN.

En síntesis, nada de lo que se propusieron los asesores dio resultado y de una supuesta defensa activa, basada en el movimiento constante de sus fuerzas, están pasando cada vez más a una situación estática de obligada defensa de las posiciones estratégicas. Con todo esto el FMLN hizo pedazos los planes yanquis y la supuesta iniciativa enemiga al punto que, para finales de 1983, anunciaron la aplicación de nuevas tácticas, que en esencia eran los mismos planteamientos anteriores, sólo que ahora de manera más concentrada, con un aumento en el uso de las tropas helitransportadas y con un supuesto criterio de ofensiva continua, que en lo concreto era más propagandístico que real.

Los "cambios en la táctica" se acompañaron de nuevos ascensos y cambios en los mandos del ejército (Monterrosa, Blandón, etcétera). En el curso de su mismo empuje ofensivo iniciado en septiembre, el FMLN mantuvo su ascendente accionar, y a pesar de los "cambios de táctica" dio los golpes de más grande envergadura en lo que va de la guerra, derrotando de manera más fulminante que antes el esfuerzo de los asesores yanquis. Esta situación ha dejado en ridículo a la ofensiva propagandística y tiene al imperialismo y Alto Mando en una nueva crisis de plan estratégico.

Es previsible que como resultado de los mismos golpes (Cuarta Brigada y Puente Cuscatlán) el ejército pase a una actividad más defensiva y de reacciones limitadas, ya que estas acciones lo enfrentaron con un nivel de coordinación estratégica del FMLN para el que no estaba prevenido, quedando su capacidad reducida a la de cada zona, y por lo tanto, en principio, a la defensa táctica de posiciones.

Todo esto conlleva al FMLN a un nuevo momento de la guerra, y al imperialismo a la decisión de intervenir más directamente. La perspectiva del plan estratégico del enemigo en este momento es la de un proceso de intervención escalonada que podemos sintetizar en los siguientes pasos:

1] aumento de helicópteros y medios aéreos;
2] establecimiento de bases de entrenamiento de tropas en nuestro país con más asesores;
3] participación de tropas del Consejo de Defensa Centroamericana (CONDECA) con apoyo aéreo de Estados Unidos;
4] comprometimiento escalonado de tropas de combate de Estados Unidos hasta alcanzar un nivel de intervención masiva.

Las tropas helitransportadas pasarán a ser la principal táctica enemiga contra la que el FMLN deberá combatir en los próximos meses. Ya se anuncian más de cien millones de dólares en ayuda militar, el crecimiento del ejército en un 20%, la necesidad de veinte helicópteros más, y la posibilidad de que tropas yanquis desembarquen en el Golfo de Fonseca y El Trifinio, en territorio salvadoreño, con motivo de maniobras militares conjuntas de El Salvador, Honduras, Guatemala y Estados Unidos.

Los tiempos y posibilidades de escalonamiento del plan de intervención de Estados Unidos dependen de factores políticos internos en Estados Unidos, de factores estratégicos a nivel mundial y del propio avance militar que el FMLN logre imponer. Si los planes militares del FMLN profundizan la crisis moral del ejército, los planes de Estados Unidos se dificultarán enormemente al perder la base de sustentación humana que los concrete, obligándolos o bien a redefinir su posición con respecto al FMLN-FDR, o a intervenir militarmente en un momento políticamente difícil para ellos.

V. LA ACUMULACIÓN DE FUERZAS EN NUESTRA GUERRA REVOLUCIONARIA

Para finalizar el proceso de acumulación de fuerzas que sigue actualmente la guerra que libra el FMLN, y determinar que sí tiene un sentido positivo, es necesario en primer lugar dejar de pensar que la insurrección general es la única forma de tomar el poder y la única que evidencia el apoyo popular a los revolucionarios.

El apoyo de Estados Unidos a la dictadura modificó las condiciones en que se estaba desarrollando la situación revolucionaria, al aparecer un factor externo que dio la posibilidad al Estado salvadoreño de resistir la lucha que las masas libraban, bajo formas y niveles espontáneos o primarios de organización popular. Al perderse la posibilidad de la insurrección general y no contar con el desarrollo militar suficiente que permitiera enfrentar el apoyo imperialista a la dictadura, esto impidió continuar el avance ininterrumpido que hasta ese momento mantenía el movimiento revolucionario.

En estas condiciones debió abrirse un nuevo curso de acumulación en el que el FMLN, apoyándose en las masas, pasó a desarrollar la fuerza necesaria para mantenerse a la ofensiva y continuar avanzando.

En esta forma el factor militar pasa a ser más dominante y a determinar cuantitativa y cualitativamente el curso de la acumulación de fuerzas en la guerra.

El factor intervención obligó a los revolucionarios salvadoreños a perfeccionar y desarrollar sus niveles de organización militar, de tal manera que les fuera posible, en el marco de la situación, vencer la voluntad intervencionista del imperialismo.

Basados en esta situación es que podemos conocer los factores surgidos en la guerra popular revolucionaria salvadoreña, ya que es a partir de ello que se desarrolla el proceso de acumulación de fuerzas. Esos factores son:

1] desgaste humano y material de las fuerzas del enemigo;
2] dominio del terreno;
3] crecimiento político y militar de las fuerzas propias con la constante integración de las masas a la guerra;
4] desestabilización del poder enemigo;
5] combinación de la lucha militar con la lucha política, tomando como principal y determinante la primera.

Desglosando sintéticamente los cinco factores, podemos plantear:

1. Desgaste de la fuerza enemiga

El imperialismo mantiene una política de restituir las bajas al ejército a través de la preparación permanente de personal. Esto obliga al FMLN a asegurar un desgaste constante de las fuerzas vivas del ejército de la dictadura.

La necesidad de mantener el aniquilamiento y rendición de fuerzas vivas del enemigo es lo que más obliga al FMLN a una alta cualificación de sus fuerzas, ya que no puede basar las victorias militares en factores de tipo político-moral que ayuden a derrumbar el aparato militar, sino que éstas se producen en un enfrentamiento de características predominantemente militares, en donde lo que cuenta es la capacidad militar tácticoestratégica y las reservas humanas y materiales de cada bando en el combate.

El carácter popular de la guerra que libra el FMLN le proporciona ventaja en la capacidad táctico-estratégica y en el orden de las reservas humanas; esto le permite superar las enormes desventajas materiales y logísticas, con las que debe combatir a un enemigo que cuenta con recursos logísticos ilimitados.

El elemento material constituye para el FMLN un factor relativo. Cada fusil, cada arma en manos del FMLN, tiene un valor superior en relación al armamento que posee el enemigo.

2. Dominio del terreno

El FMLN sigue un proceso que va de la consolidación de la retaguardia al control de vías de comunicación, hasta aproximarse a la lucha por zonas vitales y grandes ciudades. El dominio del terreno lo logra el FMLN por desgaste de las fuerzas del enemigo, y a su vez el terreno le proporciona crecimiento político y mejoría de la capacidad operacional para aniquilar fuerzas enemigas, al contar con más áreas de maniobra y dominio de vías de comunicación.

La lucha por el dominio de terreno se ha desarrollado mediante prolongadas batallas de desgaste, hasta lograr el control de puntos dominantes del terreno que le han permitido al FMLN dejar al enemigo en desventaja para la defensa de posiciones y poblaciones, obligándolo en muchos casos a ceder posiciones hasta sin combatir.

Es así como, a lo largo de dos años, el FMLN logró asegurar la cordillera norte del país y a partir de ella pudo controlar extensas zonas de los departamentos de Chalatenango y Morazán. La lucha cerrada que se libra por el control del Cerro Cacahuatique y la cordillera Tecapa-Chinameca, es el paso que podría poner al FMLN en ventaja para el control de oriente.

La lucha permanente entre el ejército y el FMLN por Guazapa, reside en que éste constituye un terreno dominante con respecto a la capital, ya que las alturas de Guazapa ofrecen ventajas en el combate contra las defensas periféricas de San Salvador.

De la misma manera, el volcán Chinchontepec representa el control de la carretera
Panamericana y el acceso hacia oriente.

3. Crecimiento

Para tener capacidad de avanzar, el FMLN debe seguir un proceso de constante desarrollo y aumento de sus fuerzas en todos los órdenes. El FMLN hace crecer su ejército, su milicia, su estructura política, y en su retaguardia crece desarrollando formas superiores de organización con el poder popular.

Todo esto está basado en una constante participación de las masas, a través de un proceso de insurrección campesina casi permanente, que avanza hacia el desarrollo de insurrecciones parciales en áreas urbanas, en la medida en que la guerra se acerque a las ciudades.

4. Desestabilización

El FMLN debe hacer uso de su fuerza militar para mantener inestable el poder político y la estructura económica. La desestabilización es el elemento con que el FMLN logra dispersar la fuerza enemiga, golpear militarmente en zonas alejadas de su retaguardia y contribuir a la desmoralización y descomposición del poder, por la vía de impedir el funcionamiento normal del aparato de estado y del aparato productivo.

La desestabilización juega también un importante papel en la generación de condiciones para la descomposición del enemigo, a partir de que profundiza la desconfianza en sectores burgueses en la capacidad de la dictadura para garantizarles estabilidad en el funcionamiento de la economía.

5. Combinación de la lucha militar con la lucha política, tomando como principal y determinante la primera

A diferencia de 1980, en que las luchas de las masas y la concertación de alianzas políticas constituían el elemento predominante y la lucha armada el elemento determinante, al cambiar el curso de acumulación de las fuerzas la lucha militar pasa a sintetizar ambas cosas, convirtiéndose a la vez en el elemento predominante y en el determinante en última instancia.

En las actuales condiciones del proceso revolucionario salvadoreño, los factores de carácter político a nivel de las contradicciones interburguesas, golpes de estado o acciones espontáneas de masas, difícilmente tendrán la capacidad, por sí mismas o desligadas del nivel de acumulación de fuerzas del FMLN, de producir modificaciones sustanciales en la situación. Debe tomarse en cuenta que la presencia del imperialismo impide, en primer lugar, que las contradicciones interburguesas se manifiesten y desarrollen a profundidad, y mantiene retenida por el terror la acción reivindicativa de las masas; y en segundo lugar, si estos factores se manifiestan con un nivel no correspondiente a la acumulación militar del FMLN, no son aprovechados a fondo por éste, o bien, no lograrán convertirse en elementos de gran significación coyuntural o estratégica.

La guerra que libra el FMLN es un factor activo en la generación de contradicciones interburguesas, que ha provocado incluso cambios de gobierno y también ha ido generando condiciones en las masas para que éstas luchen por sus reivindicaciones, pero todavía no ha logrado la suficiente acumulación para retomar con fuerza el campo de la conspiración, las alianzas y el control y conducción de las acciones de las masas por sus reivindicaciones.

Esto último está en una dependencia directa con el avance del FMLN en el campo militar.

Ahora bien, esto no significa que en todas las fases de la guerra de 1981 en adelante, la lucha política haya estado ausente y por lo tanto no siga siendo factor decisivo.

La lucha política se ha expresado en los sentidos fundamentales que guardan una relación directa en el mantenimiento de la guerra y el carácter de ésta.

Por un lado el FMLN ha hecho lucha política para sostener e incrementar la integración de las masas a la guerra, y por otro ha hecho lucha política en el terreno diplomático, para contrarrestar la escalada intervencionista y para aumentar la solidaridad internacional en un proceso de guerra que puede llegar a tener incluso una connotación regional.

En la medida en que el FMLN avance a través de la acumulación militar hacia la generación de una segunda crisis revolucionaria, el factor combinación de la lucha política con la lucha militar adquirirá una mayor profundidad y riqueza al aparecer como elemento acelerador de la situación, de la descomposición del poder y del desencadenamiento parcial o general de la acción insurreccional de las masas.

Pero aun frente a esta situación, siempre quedaría la duda de si en ese momento el imperialismo se decidirá a impedir con sus propias tropas o las de terceros la derrota del ejército.

El elemento intervención se integraría a la lucha política del FMLN a través de alianzas internas y acciones de masas, pero obviamente impediría la victoria inmediata; y el proceso de acumulación de fuerzas continuaría dándose en base a los cinco elementos ya señalados, claro, cada uno con diferentes connotaciones concretas en lo político y militar a partir de la situación de intervención. El proceso de acumulación de fuerzas y desarrollo de la situación revolucionaria continuaría hasta lograr vencer la voluntad de intervención del imperialismo en el marco de la situación regional, mundial e interna de los Estados Unidos. Si hacemos un análisis de todo el desarrollo de la guerra a partir de enero de 1981, encontramos siempre presentes estos cinco elementos en el avance cualitativo y cuantitativo del FMLN, y veremos cómo la interacción de uno con otro va modificando sustancialmente la situación general.

Analizando el proceso salvadoreño a partir de estos elementos, y no del criterio de insurrección general o batalla síntesis, veremos mejor la cantidad y calidad de fuerzas que va acumulando el FMLN en todos los órdenes:

Capacidad de organización y desarrollo partidario, capacidad y desarrollo militar, capacidad de organización multifacética de las masas, capacidad conspirativa a partir de nuevas condiciones y capacidad de manejo en el campo político y diplomático.

La cantidad de bajas causadas y medios destruidos al enemigo expresa el gran nivel de desgaste que se ha requerido para alcanzar el actual desarrollo de la guerra; la resistencia o defensa de posiciones del año 1981, refleja la lucha por el dominio de una retaguardia, que posteriormente busca expandirse, dominando posiciones más estratégicas. Las escuelas militares del FMLN, el proceso permanente de armamentización de las masas, el poder popular y la creación de las múltiples formas de apoyo al ejército revolucionario por parte de las masas, reflejan el crecimiento constante de las fuerzas propias.

El sabotaje, que tanto ha dado que hablar en la guerra salvadoreña, expresa el mantenimiento permanente de un plan de desestabilización al poder enemigo. El sabotaje ha impedido el funcionamiento normal de la economía, volviendo inútil la ayuda yanqui y metiendo a la dictadura en serias crisis interburguesas.

Las características del proceso de guerra revolucionaria que libra el FMLN lo han obligado a desarrollar una gran actividad en el campo político concreto para mantener vigente la participación de las masas en la guerra a través de múltiples formas. La idea anterior, sumada a la complejidad de la lucha política en el interior del país contra las diferentes agrupaciones de fuerzas manejadas por el imperialismo, y la ardua lucha que se ha librado en el terreno diplomático con multiplicidad de corrientes incidiendo en este terreno, han proporcionado al FMLN una rica experiencia política, que le da capacidad para manejar de manera flexible, audaz y acertada la lucha armada en combinación con la lucha política.

En el terreno militar, el desarrollo de las fuerzas del FMLN contempla un rico proceso de acumulación de experiencias, en el que el ejército revolucionario ha aprendido a hacer la guerra en casi todas sus acepciones: guerra de posiciones, guerra de movimiento y guerra de guerrillas. Esto se expresa en el desarrollo, en la capacidad de asalto y de maniobra, en el manejo de pequeñas unidades de guerrillas, hasta maniobras con brigadas guerrilleras y uso de las armas de artillería ligera, tropas especiales y unidades de guerrilla urbana. El FMLN, ligando su desarrollo militar a las masas y al fortalecimiento del poder popular, ha formado diferentes tipos de fuerzas que conforman en conjunto las nuevas Fuerzas Armadas Revolucionarias, al estructurar las unidades del ejército revolucionario, guerrillas, fuerzas locales, milicias y los órganos de defensa civil del poder popular.

El fenómeno revolucionario salvadoreño es algo de nuevas características, que está resolviendo antes de tomar el poder el problema de la construcción y consolidación de un ejército, de desarrollar formas de poder popular y de fortalecer la disciplina y estructuras del partido que le permitirán autodepurarse y fortalecerse.

Esto le permite al FMLN ir generando las condiciones para enfrentar incluso una intervención, ya sea que se produzca ésta en fase previa o inmediata a la toma del poder.

VI. LA PERSPECTIVA

En esencia, el proceso revolucionario salvadoreño ha sido y es un proceso de ofensiva continua y ascendente, desde sus primeras etapas hasta la actualidad, y continuará desarrollándose en ofensiva hasta alcanzar la victoria definitiva.

En el curso de un impetuoso empuje de masas que se conjugaba con un ascendente proceso de lucha armada en el año de 1980, todo el marco del proceso salvadoreño fue modificado en .un esfuerzo de Estados Unidos por detener la victoria revolucionaria.

El imperialismo realizó grandes esfuerzos para fortalecer al ejército y cohesionar a los grupos de poder; se modificó a fondo el cuadro regional con los cambios en Panamá, Costa Rica y Honduras y, lo más importante, Estados Unidos concretizó su política de intervención con la llegada de Reagan al poder.

Todo esto volvía lógico el que cualquier revolución en el área centroamericana sólo podría ser librada a partir de un enfrentamiento más directo con Estados Unidos, obligando esto a un mayor desarrollo de las fuerzas revolucionarias.

Éste es el contexto en que el FMLN ha librado de manera victoriosa los últimos tres años de la guerra revolucionaria.

Cuatro elementos son la clave de que se haya mantenido y se mantenga la perspectiva de la victoria de la revolución salvadoreña:

1] el poderoso movimiento de masas salvadoreño, que ha contado con un alto nivel de organización y conciencia de clase;
2] la unidad de todas las fuerzas revolucionarias, la consiguiente conformación del FMLN y el orgánico desarrollo político-ideológico de las organizaciones que lo componen; el hecho de que ha contado con suficientes cuadros y estructuras para adaptarse a las exigencias de la guerra; y la claridad de todas estas fuerzas de preservar y fortalecer el proceso unitario;
3] el mantenimiento de la lucha armada como forma fundamental en combinación con la lucha política;
4] la proximidad geográfica de las revoluciones nicaragüense y cubana y su apoyo solidario.

Éstos son los elementos que convierten a la revolución salvadoreña en la línea de avanzada de la revolución latinoamericana en su enfrentamiento con el imperialismo.

De su conjugación acertada depende la perspectiva de la victoria. El FMLN de manera dinámica, ha sido capaz de adoptar su línea y estructuras políticas y militares a la situación, y las masas están respondiendo cada vez mejor a las nuevas condiciones.

Ni la revolución cubana o nicaragüense llegaron a requerir un esfuerzo de acumulación militar y política de la envergadura del proceso salvadoreño. Con lo que quizá más se le pueda asemejar, con el debido cuidado de no esquematizar, es con el proceso vietnamita. Cada vez más la revolución salvadoreña adquiere las características de una guerra de liberación nacional.

Los esfuerzos por avanzar y derrotar a la política de Estados Unidos han obligado al FMLN a crear un fuerte y bien organizado ejército guerrillero.

Pero la complejidad de la revolución salvadoreña no se restringe a lo militar sino también a lo político, tanto en el terreno de masas como en el campo de las alianzas y de la lucha diplomática.

En el terreno político, el FMLN ha requerido de una compleja estructura que debe organizar y movilizar a las masas para integrarlas a la guerra. En ese sentido el proceso revolucionario salvadoreño constituye también un admirable fenómeno de nuevas características en la integración de las masas a la guerra.

La tendencia del desarrollo militar de las fuerzas revolucionarias ha significado efectivamente un proceso de alteración de la correlación de fuerzas en beneficio nuestro. El cambio en la relación de fuerzas, si bien es significativo desde el punto de vista estratégico, no ha constituido un viraje decisivo que nos permita entrar en la fase de la ofensiva estratégica definitiva.

El desarrollo de las fuerzas enemigas auspiciadas por los Estados Unidos es el escollo y factor de contrapeso fundamental a nuestro empeño. Las fuerzas revolucionarias hemos ganado importante capacidad ofensiva en el plano estratégico y realizamos esfuerzos por mantener la iniciativa.

Un problema esencial para avanzar es el factor político; el problema clave es el de las masas, el de incorporarlas a los diferentes niveles de la guerra.

El quiebre de proyectos de reformas, la agudización de la crisis económica, la exacerbación de los problemas elementales de las masas, se van conviniendo cada vez más en una bomba de tiempo para el régimen, en medio de una guerra que está perdiendo.

El ejército del FMLN en este momento ha comenzado a entrar en contacto con las masas de las áreas urbanas y poblaciones de mayor importancia.

La actividad de éstas frente a los combates es mucho más agresiva que la de la población que ha vivido los tres años inmersa en una sangrienta guerra en las zonas de control del FMLN. Lógicamente, para la población de la zona de retaguardia, la principal reivindicación es que el FMLN logre estabilizar las zonas e impedir las ofensivas del ejército, y para las masas de la ciudad la principal reivindicación es que el FMLN logre llevar la guerra hasta las ciudades y áreas vitales para sentir de esa manera confianza en la perspectiva de la victoria.

En las ocupaciones de las ciudades y poblaciones cercanas a carreteras y zonas productivas se han producido explosiones de apoyo masivo al FMLN sólo vistas en 1979 y 1980.

La consolidación de los órganos del poder popular y el desarrollo del proceso de integración masiva deben ser los elementos dominantes de la estrategia política hacia las masas por parte del FMLN.

Como resultado de la grave crisis económica, se está produciendo una reactivación favorable de las masas dentro de los sindicatos y gremios por sus reivindicaciones más sentidas. Las huelgas y movilizaciones dentro de las condiciones de represión existentes constituyen además otro elemento que complica gravemente la situación política del gobierno. Eso es también otra prueba irrefutable del apoyo latente de las masas de las ciudades a la guerra que vive el FMLN.

Analizando el proceso desde las propias características que ha cobrado, es evidente que éste se encuentra en un estado avanzado de desarrollo y en la etapa histórica de buscar su definición.

La combinación del avance militar del FMLN, expresado en el inicio de la guerra en las zonas vitales, y la reactivación de las masas por sus reivindicaciones, está profundizando las contradicciones en el campo enemigo, volviendo evidente que nos estamos acercando a un nuevo momento político de la revolución salvadoreña.

A todas luces la revolución salvadoreña se encamina a un nuevo momento que podemos señalar como el inicio de una segunda crisis revolucionaria, cuyas principales manifestaciones serán:

1] incorporación creciente de población de las ciudades y áreas vitales a la guerra;
2] profundización de la lucha de las masas organizadas por sus reivindicaciones, como efecto de la crisis económica;
3] establecimiento de acuerdos políticos del FMLN-FDR con nuevos sectores sociales, resultado de la incapacidad del régimen para estabilizar el país;
4] agudización de las contradicciones en el grupo dominante, a partir de una mayor separación de la derecha del esquema de Estados Unidos;
5] consolidación de formas de poder popular y organización de la población en la retaguardia del FMLN, fundamentalmente en el norte y oriente del país.

Estos factores expresan una sensible modificación en el desarrollo de la guerra, ya que de la misma manera que el acercamiento a las ciudades abre las posibilidades de desarrollar procesos insurreccionales parciales, es también previsible que sectores de la empresa privada perderán, confianza en el ejército y, de tener nosotros planteamientos adecuados, podremos dar paso a un proceso conspirativo de nuevas características en el mismo marco de la guerra. Estos factores, teniendo como eje el avance militar, tendrán un efecto acelerador sobre la situación, abriéndose la posibilidad de una segunda crisis en la que se debatirán fundamentalmente dos alternativas: victoria o intervención, aun cuando la victoria podría llegar a adquirir una expresión negociada.

El FMLN tiene ya asegurado el derecho de exigir poder político y militar en una negociación, con lo cual está derrotada la estrategia política yanqui de desarme y elecciones.

Para Estados Unidos no queda más alternativa que buscar nuestra derrota militar, cosa que al establecer una relación entre el desarrollo político-militar del FMLN y la capacidad política y militar de Estados Unidos de mantener una guerra indefinida en el continente, presenta graves complicaciones para este último.

A partir de ahí podemos señalar: ya sea que la situación revolucionaria se desarrolle normalmente y alcancemos el poder, o que se produzca una intervención, la perspectiva de la victoria se mantiene.

Claro que nunca antes como en el presente periodo hemos tenido la necesidad de considerar el enfrentamiento con el poder imperialista de un modo más concreto.

En efecto, en El Salvador se está desarrollando un proceso interventor que tiene el carácter de una escalada.

La escalada intervencionista da cuerpo a una estrategia de guerra especial de contrainsurgencia de niveles avanzados, como un fenómeno sostenido, ascendente y multilateral.

Esta guerra forma parte de la estrategia regional para Centroamérica y El Caribe, de parte de los imperialistas. Este escalamiento puede observarse desde el último periodo de la Administración Cárter, pero sobre todo después del 20 de enero de 1981, cuando El Salvador fue jerarquizado como punto estratégico y Centroamérica como área vital para el gobierno de Reagan, y se dio una fase más alta y desplegada a la guerra contrarrevolucionaria, en dirección de una agresión en gran escala contra Nicaragua, El Salvador, Granada y Cuba (Granada ya fue agredida).

Las características, los argumentos, la dinámica del escalamiento avanzan por el camino de la regionalización creciente y del comprometimiento directo de las fuerzas militares yanquis.

Es un rasgo esencial el fenómeno de la voluntad contrarrevolucionaria de la dominación imperialista, que en su confrontación con el auge revolucionario, se ha enraizado hondamente convirtiéndose en factor intrínseco de nuestra realidad.

Por ello debemos prepararnos militarmente para enfrentar la intervención y, a la vez, hacer esfuerzos para impedirla a través de nuestra disposición al diálogo y a una solución política digna y justa a los intereses de nuestro pueblo.

La mano imperialista, su escalamiento interventor, constituye una poderosa fuerza y un factor estratégico fundamental, cada vez de mayor peso en el desarrollo de la guerra que se libra en el país.

El eje de nuestra estrategia es avanzar en el desarrollo de la situación revolucionaria a la mayor brevedad y profundidad posible; eso es lo que nos determina la posibilidad de la victoria o nos garantiza enfrentar la intervención con más fuerza para derrotarla.

La lucha por quebrar los planes y medios dispuestos por los estrategas norteamericanos, constituye hoy más que nunca la condición primordial indispensable para alcanzar la victoria.

COMANDANCIA GENERAL DEL FMLN

Morazán, 2 de enero de 1984
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* El siguiente análisis es uno de los documentos aprobados por la Comandancia General del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en reuniones realizadas el mes de diciembre de 1983 en el departamento de Morazán.

Fuente: Centro de Estudios Marxistas Sarbelio Navarrete

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