El descontento, la reactivación social y el cambio en la correlación de fuerzas
Fecha: 2011 11 02
Grupo: Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)
País: Chile
Categoria : Comunicado
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EL DESCONTENTO, LA REACTIVACIÓN SOCIAL Y EL CAMBIO EN LA CORRELACIÓN DE FUERZAS

“En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta sólo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo.”
Ernesto “Che” Guevara


LA DECADENCIA Y LA CRISIS DEL CAPITALISMO

El analfabetismo cultural que se había impuesto en nuestra sociedad, parece que final y felizmente comienza a derrumbarse. El desmantelamiento de la conciencia de clase que a sangre y fuego produjo la dictadura, y que le posibilitó a la clase dominante desarmar el Movimiento Obrero y Popular, para neutralizar cualquier intento de resistencia al objetivo de recomposición del capitalismo en Chile; fue el inicio de un proceso ininterrumpido de banalización de la conciencia, que ocurre paralelo, al esfuerzo de la dictadura por deslegitimar la expresión y la organización política de los trabajadores y el pueblo. De ahí en adelante, como resultado del control absoluto del Estado, la clase patronal gana la ventaja histórica de instalar a su regalado gusto, toda una maquinaria y atmósfera político-ideológica reaccionaria y de carácter retrógrada en sus postulados.

La gran burguesía asociada a los capitales imperialistas, necesitó de su etapa oscurantista, para iniciada la ofensiva contrarrevolucionaria de los años 70, poner en retroceso, el importante avance de la sociedad chilena en los ámbitos científico-tecnológicos, en lo cultural, en las artes y en el terreno de la educación, que mostraba con orgullo, un ínfimo porcentaje de analfabetismo y si una significativa ampliación de la cobertura educativa en el nivel básico, medio y universitario, que benefició notoriamente a extensas franjas sociales, las cuales siempre habían sido excluidas de este desarrollo. En este sentido, cabe mencionar, el extraordinario aporte educativo de la Universidad Técnica del Estado (UTE) que con su política de extensión universitaria, logró mediante sus “Escuelas de Temporada” la capacitación de miles de trabajadores, entre obreros y campesinos, que a través del Convenio CUT-UTE, propicio niveles excelentes de calificación laboral, esta dinámica le valió a nuestra UTE ponerse a la vanguardia de las universidades estatales latinoamericanas. Lo mismo podemos decir del esfuerzo que el Estado realizó, vía Instituto Nacional de Capacitación (INACAP) -hoy empresa privada y con fines de lucro- que a lo largo del país, consiguió rescatar de la condición de desertores escolares, a miles de adolescentes y capacitarlos en oficios que los integró posteriormente en el ámbito laboral. Otra institución que no podemos omitir, es el Instituto Laboral (IL) que particularmente en los años del Gobierno Popular; implementó varios ciclos de capacitación en las faenas extractivas de cobre y hierro, pertenecientes o vinculadas a las empresas estatales ENAMI y CAP; y que significó la formación en Seminarios Sindicales, de miles de obreros de la pequeña y mediana minería de nuestro país en temas como: “Participación democrática y metas de Producción”, “Participación y Control Obrero”, “Sindicalización, Derechos laborales y Organización Política”, etc.

También desde otras esferas, se hicieron extraordinarios e importantes contribuciones al desarrollo cultural de nuestro pueblo. Aquí vale la pena hacer un reconocimiento a los sectores progresistas que, en el seno de instituciones conservadoras, aunaron esfuerzos valiosos para aportar al proceso de cambios que vivía nuestro país. Entre estas iniciativas se contó con el Departamento Universitario Obrero Campesino (DUOC), que también fue una expresión de extensión de sectores profesionales y estudiantiles de la Universidad Católica, y que de igual modo, tuvo como destinatarios de sus objetivos de capacitación a los obreros y campesinos. Y queremos sumar a este recuento, a un extraordinario y lúcido aporte a los sectores obreros y populares de todos los rincones de nuestro país; también desde la Universidad Católica, un grupo de destacados artistas, estudiantes y profesionales del Departamento de Extensión y Comunicaciones de ese entonces, se desafió a la constitución de la Asociación Nacional de Teatro-aficionados de Chile (ANTACH); organización que se dio a la tarea de articular, organizar y capacitar a cientos de grupos de teatro-aficionados a lo largo de nuestro país; y que llegaron a contar con Consejos Locales muy bien organizados, con los que tuvieron la posibilidad de acercar masivamente a los sectores del pueblo el arte teatral que antes les estaba vedado. Los jóvenes de las poblaciones, las dueñas de casa, las mujeres organizadas en los Centros de Madres, los mineros, los obreros ferroviarios, los campesinos, los estudiantes secundarios y universitarios, los profesionales de distintas disciplinas; constituyeron en todas las provincias del país, excelentes grupos de teatro-aficionados de los cuales, un importante número realizaron extraordinarios y espectaculares montajes en los géneros clásico, moderno y de vanguardia, que nada tuvieron que envidiar a las grandes compañías de teatro profesional y universitario. Otra de las grandes apuestas fue el cine nacional que también contó con un gran soporte del gobierno popular, mediante la conformación de CHILE-Film –ahora también entidad privada- que en este ámbito dio un gran impulso al cine social chileno. Como resultado de este apoyo, por primera vez surgieron los festivales nacionales e internacionales de cine en nuestro país, y llegamos a contar en la cartelera nacional con películas de alta calidad técnica y de un elevado contenido artístico, que nos posibilitaron contar con la mejor filmografía de cine-arte de la época. Con la música y el canto ocurrió otro tanto, no hubo localidad a lo largo de Chile, que no realizará su festival de la canción popular, que siempre contaron con una enorme cantidad de entusiastas participantes; se hizo común en aquel periodo, que cada sector social con el apoyo de los departamentos locales de Desarrollo Social organismos del Estado vinculados a las intendencias provinciales, organizara su propio festival de la canción como: pobladores, trabajadores, liceos o universidades, que de esta forma se interconectaban social y culturalmente, potenciando de este modo la identidad popular y de clase. Paralelo a este esfuerzo el gobierno popular había creado el sello de grabación DICAP, que fue un extraordinario instrumento de reconocimiento a los artistas y grupos de cantautores nacionales y de divulgación del canto y la música popular chilena. Situación similar ocurrió tempranamente con la literatura, cuando expropiada la editorial Zig-Zag, nace la editorial social y popular más importante de nuestro país: “Quimantú”, que se convierte en la mejor de las promotoras y difusoras de la lectura en Chile, dándole lugar prioritario a la creación literaria nacional y latinoamericana de carácter popular, y junto con ello el abrir el acceso a los trabajadores y al pueblo, a las grandes obras de la literatura universal mediante colecciones de gran tiraje y con precios económicos. Todo este recuento, sin duda alguna, se quedará corto y no logrará abarcar la riqueza inmensa de este corto periodo de tres años de nuestra historia, en lo que a iniciativa, participación y protagonismo del pueblo se refiere. Desde distintos espacios, la imaginación y el espíritu creativo se contagió sin cortapisas, sin censura y la sociedad pudo respirar, más allá de las contradicciones y de las confrontaciones de clases, una atmósfera enriquecida de iniciativas democráticas y populares, en un ambiente fecundo de creación y realización social que en Chile nunca se había experimentado, y que claramente, había puesto en retroceso las expresiones elitistas de la cultura y las artes.

Toda esta experiencia de masas, toda esta gigante demostración de ingenio, sabiduría, inventiva, imaginación y creación popular; la dictadura y sus patrones: la Burguesía Monopólico-Financiera, la convierten en humo, en polvo, en fuego y sangre. Lo que después se instala en su lugar, no tiene comparación en grados; a los valores, a los principios, a la creatividad, y a la inteligencia que el pueblo supo desplegar. La clase dominante con sus “chicagos boys” no lo soportaron y se jugaron odiosamente por revertir, los niveles de desarrollo social y cultural que vivió y ejercitó el pueblo, afirmado en su conciencia de clase.

Chile con el golpe, retrocedió prácticamente 50 años en cuanto a las conquistas sociales logradas en todos los ámbitos. Culturalmente nuestro país involuciona, y el terror, la mediocridad y la ignorancia se apoderan de casi todos los terrenos.

Después de la siniestra época dictatorial, los 21 años de la Concertación, no nos salvaron de esa atmósfera lamentable; por el contrario, los acuerdos espurios entre las grandes coaliciones políticas, consagraron, no sólo el modelo económico, sino también toda la superestructura política e ideológica del capitalismo, para desbordar y amparar la corrupción de los gobiernos de turno. Chile tristemente se convirtió desde la dictadura hasta hoy, en un terreno de robos y saqueos al por mayor (que no han sido penados por ninguna ley) por los ladrones de cuellos y corbatas de siempre: la burguesía y el imperialismo, cuya voracidad no encuentra límites en este planeta. Consciente la clase dominante, de que el saber y la inteligencia no son sus aliados naturales; convierten los colegios y las casas de estudios superiores en “cuevas de ladrones” y en recintos de mera instrucción para cultivar el individualismo, la competencia y el arribismo social; de allí que los resultados hayan sido, generar profesionales acomodados al sistema –los menos- y muchos cesantes ilustrados realizando cualquier tipo de trabajo, menos los que indican sus títulos.

Claro que la burguesía quería mucho más. Les hubiera gustado privatizar la educación, la salud, la previsión, el agua, la luz, las riquezas mineras, todo al 100%. Concentrar todos los capitales y acumular toda la riqueza en la menor cantidad de propietarios nacionales y extranjeros. Degradar aún más la condición de los trabajadores, súper-explotar aún más el trabajo asalariado y aumentar las utilidades y obtener el máximo de ganancia. Muchos de estos objetivos los lograron imponiendo el terrorismo de Estado, pero otros tantos objetivos, encontraron resistencia en el coraje y dignidad de muchos chilenos. Y no pudieron adueñarse de todo chile, a pesar de la opresión y el abuso.

Como una moneda más del capitalismo con sus dos caras, la Concertación y la Alianza; mantuvieron el legado de la dictadura, y también apostaron por una sociedad alienada culturalmente, atrapada por el sinsentido y lo banal. Sin embargo, no contaron con la verdad sabida, de que la lucha de clases es el motor de la historia, y necesariamente las contradicciones y antagonismos despiertan a los dominados de su adormecimiento. Por eso hoy, asistimos al derrumbe de este peso ideológico que ha mantenido por tantos años, aplastada la conciencia de las mayorías. Es decir, el velo está cayendo y lo real comienza a emerger como una condición objetiva latente para los trabajadores y el pueblo. Aunque a algunos o a muchos no les guste ni le parezca, Marx tenía y tiene toda la razón.

“TANTO VA EL CANTARO AL AGUA QUE AL FINAL SE ROMPE”

La clase dominante resolvió tempranamente sus diferencias tácticas, buscó la salida adecuada a sus propósitos e intereses (1986-1987), justo cuando la izquierda comenzaba su crisis, se dividía y se dispersaba en distintas variables tácticas y en algunos casos, hasta estratégicas. Los revolucionarios también entrábamos en un atolladero del que aún no salimos. La atomización orgánica y la dispersión ideológica produjeron desencuentros nefastos, que invisibilizaron ante los sectores sociales la alternativa programática al capitalismo que siempre habíamos encarnado. Al igual que los trabajadores y el pueblo, fuimos tocados por la confusión y el desánimo, y el reflujo de la clase también nos implicó dramáticamente, convirtiéndonos en cientos de átomos políticos o sociales, absolutamente impotentes para enfrentar el desenfreno económico y moral de la clase patronal y sus representantes en el gobierno, en el parlamento, en los tribunales de justicia y en los medios de comunicación.

La Concertación se asume con plena conciencia, como el agente consolidador del modelo, ellos serán por 21 años, la contención ideológica y política de los sectores dominados. Ellos serán los encargados de inventar una “transición a la democracia” que nunca fue real, ellos sostendrán los mitos del chantaje social, manipularán al pueblo con las amenazas del regreso de los golpistas; sólo para no cambiar en nada lo dejado por la dictadura, para no posibilitar justicia, ni siquiera “en la medida de lo posible” y sostener en el tiempo la vergüenza de los crímenes impunes. Con su afinado pragmatismo, imitando a Fukuyama se dieron la tarea de barrer las contradicciones de clase bajo la alfombra y poner su propio final a la historia, luego hacer de cuenta que la reconciliación y el olvido, son gestos necesarios de “buena conducta” ciudadana. Introdujeron el “bien cultural” de la farándula y seguidamente ellos se farandulizaron y de paso farandulizaron la política. Con sus destacados y “brillantes cuadros” políticos como los señores Enrique Correa y Belisario Velazco, cumplieron el trabajo mafioso de hundir o hacer desaparecer los últimos medios de comunicación progresistas que sobrevivieron a la dictadura como la revista “Análisis”, “Cauce”, “Fortín Mapocho”, “Apsi”, y dejaron a los monopolios de la prensa: al “Mercurio” y “Copesa” cagados de la risa; muy seguramente el ex-dictador y don Agustín Edward les deben haber otorgado a ambos “la medalla al mérito”.

La constitución del 80, salvo algunas enmiendas menores e insignificantes firmadas por el señor Ricardo Lagos, ha permanecido intacta; las leyes que han favorecido los intereses de los grandes empresarios nacionales y extranjeros, en desmedro de los trabajadores y de sus condiciones de trabajo, signadas por la precarización y flexibilidad laboral, han permanecido intactas; las leyes que han favorecido el afán de lucro de los monopolios en la educación, en la previsión, en la salud, en la vivienda, en el transporte público, han permanecido intactas; las leyes que afectan y debilitan la soberanía nacional en cuanto a los riquezas naturales de nuestro país en la minería, en la energía, en los recursos hídricos también permanecen intactas, y además promueven nuevas leyes que se relacionan con los recursos alimenticios, enajenando a favor de los privados la soberanía alimentaria de los pueblos indígenas, del campesinado y de los pescadores artesanales. Es decir, las dos coaliciones políticas, en el periodo post-dictadura, han demostrado una clara opción de clase, consolidando y perfeccionando no sólo el patrón de acumulación, sino al conjunto del sistema social y político, con un ejercicio legislativo en el parlamento, nítidamente antidemocrático y antipopular.

Con ese impresionante marco teórico a su regalado gusto, la clase dominante podía realizar la implementación práctica de toda esta institucionalidad, y así lo hizo. Mantuvo hasta hoy, un sueldo mínimo irrisorio ($ 181.500.-), que resulta cada mes, una verdadera bofetada en la cara para todos los trabajadores, y como contra partida sabemos de sueldos gerenciales que exceden 40 veces este sueldo mínimo, por ejemplo, el Banco Santander pago a sus ejecutivos, solo en bonificaciones la insultante suma de 2 millones 500 mil dólares anuales. La última CASEN indica que el índice de pobreza aumentó un 15,1% y que existe un número de 2.564.000 personas que sobreviven en condiciones sumamente difíciles y precarias. La cifra de cesantía alcanza del 7,4 a 8,0% sin considerar que muchos de los empleos existentes son estacionales y otros inestables. De otro lado, por el control que ejercen las transnacionales en la producción y los servicios, todos los años se transfieren fuera del país capitales que alcanzan la no despreciable suma de 25.000 y 30.000 millones de dólares, que representan el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país. Y como para cerrar, estos datos de la infamia y la vergüenza, según la revista norteamericana Forbes, “nuestro” Presidente Piñera posee un patrimonio de U$ 2.400 MILLONES de dólares y ocupa el Nº 437 de los más ricos del mundo, presidente de un Chile donde la salud, la educación, la vivienda incluyendo la que hoy no tienen los afectados por el terremoto, como el mismo lo afirmó: son “un bien de económico”.

En definitiva estamos enfrentados a los manifiestos problemas de un capitalismo en crisis, pero que además se sitúa en una espiral regresiva de decadencia, sin respuestas y sin salidas que no sean el defenderse como una bestia herida, y para eso está el recurso de la represión y nuevamente la amenaza de un terrorismo de Estado, teniendo a Hinszpeter como su conductor más acomedido.

Y así, en estos ya 21 años de co-gobierno burgués, se ha acumulado mucho daño, muchos abusos, muchos atropellos y ofensas a la dignidad humana, mucho despojo material, demasiada injusticia y extrema desigualdad, y todo como los resultados de un proyecto de depredación capitalista. Ahora los ofendidos comienzan a responder, empiezan a calibrar los hechos, las contradicciones de clase desenhebran su dialéctica y los sectores sociales tocados por los efectos del modelo, recorren según su propias y particulares experiencias históricas, los tramos de desarrollo de su conciencia. En algunos casos, se expresará una visión o interpretación elemental de los fenómenos de explotación y opresión y estaremos ante una conciencia meramente reivindicativa, centrada en el propio sector o segmento social y que se explica lo injusto como una negación de derechos materiales y económicos, que deben demandarse a la inmediata instancia de poder que enfrentan (patrones, corporaciones, gerencias, etc.). Otro nivel o estadio posible de conciencia, es el que se explica la ausencia de derechos como el resultado de la concentración de poder, y asume la participación democrática como el ejercicio que garantiza derechos, por lo tanto se debe conquistar o recuperar mayor protagonismo social y político, en este caso nos enfrentamos a sectores con una conciencia democrático-reivindicativa. En otros casos, se expresará una visión un tanto más crítica y que capta de los antagonismos relaciones más complejas, que vislumbra los vínculos democráticos como relaciones políticas y de poder, que una democracia real y efectiva sólo se puede alcanzar con cambios profundos a las estructuras de poder, estaremos entonces frente a un estadio de conciencia democrático-revolucionaria.

Los enfrentamientos no adquieren un carácter lineal y parejo, se conjugan dialécticamente las diferentes expresiones del desarrollo de la conciencia. Lo importante, en todo caso, es que se está manifestando una molestia en algunos casos, un descontento enorme en otros y un odio de clase que a estas alturas se instala casi como un derecho de aquellos sectores que más burlados han sido por el sistema. El cántaro, se ha comenzado a trisar y pronto puede romperse. Entonces ¿quién o quiénes darán cuenta de este estallido social?

LA PEDAGOGÍA PARA UN CAMINO DE LUCHA

Debemos seguir insistiendo a fuerza de ser majaderos, pero es necesario enfrentar la mentira y destruir los mitos burgueses sustitutos de la verdad que se crean, para hacer gala política de supuestos afanes de justicia y supuestas intenciones de resolver los grandes problemas que aquejan a los trabajadores y al pueblo.

La clase dominante sabe lo que está ocurriendo, sabe también cuando empezó a ocurrir; en cuanto a diagnóstico, saben tanto como nosotros, que el desequilibrio y la desigualdad social son una realidad objetiva, palpable y evidente, para todos lo que quieran analizar los efectos de un modelo económico que, por tanto años ha determinado el curso de los procesos productivos, el manejo de los mecanismos financieros, el reparto de las ganancias y la regresiva distribución de los ingresos en nuestro país. Es decir, las distintas fracciones burguesas de este país y las transnacionales que representan los capitales e intereses imperialistas; no pueden alegar inocencia, respecto de la crisis que ahora está en desarrollo; no pueden lavarse las manos y buscar o presentar como causantes de los problemas políticos, económicos y sociales, a agentes extraños o ajenos de lo que son sus propios manejos y también la administración clasista de las estructuras de poder de su propio Estado. En términos sencillos, deberíamos decir que, la clase dominante tiene plena conciencia de los robos y saqueos que ellos mismos planifican y ejecutan en cada país capitalista. Que la riqueza que acumulan y los capitales que concentran en la minoría social burguesa, son el resultado de la explotación y la opresión sistemática del trabajo asalariado; que el restringido acceso de los pueblos a sus derechos en alimentación, vestuario, salud, vivienda, educación, previsión social y otros, se dan por las negaciones administrativas, legales y hasta represivas que la burguesía promueve a favor de su statu quo; que la legitimación político-ideológica de estos robos y saqueos, se asienta en una concepción moral que considera la apropiación privada de las riquezas que pertenecen a todos, como un “derecho natural” que procede en pro de estos enriquecimientos ilegítimos y egoístas.

Por todas estas razones, se constituye en un vació lamentable y en una negligencia grave, que la izquierda reformista, es decir, el Partido Comunista, que hoy tiene cobertura mediática, no aproveche las oportunidades que se le ofrecen como actor político, para decir las cosas por su nombre, y mantenga ausente de su discurso, la lucha de clases como el marco de fondo que explica los problemas de nuestra sociedad. Y también es irresponsable, que la izquierda revolucionaria no seamos capaces de imaginar y crear, un discurso cuyos mensajes educadores y animadores de la voluntad y la conciencia de los sectores obreros y populares, cumplan la tarea necesaria de empatía, encantamiento e impacto político-ideológico. Nos parece que es la hora de aprender que, un proceso de acumulación, constitución y movilización de fuerzas asumido con responsabilidad y compromiso revolucionario, comprende sacar la fruta cuando está madura y no cuando está verde o podrida. En este sentido, los clichés ultra-izquierdistas o infantilistas no nos favorecen pretendiendo una identidad extra-radical y con simbolismos que sencillamente no educan acerca de las contradicciones de clase y las experiencias concretas de los sectores en pugna con el sistema. Los militantes revolucionarios, sin aparecer como tales, por razones de seguridad u otras, debemos hilvanar un discurso, debemos recuperar el habla, tenemos que convertirnos en los oradores permanentes de la causa obrera y popular. Para el conjunto de la izquierda, la denuncia y el juicio de los hechos sigue siendo una tarea importantísima de su mensaje educador. Debemos siempre señalar con claridad que, las “hermosas” declaraciones de la clase dominante, la gran burguesía, están atestadas de malas intenciones; a las ofertas le siguen las criminalizaciones, a las criminalizaciones le siguen las persecuciones y los montajes, a los montajes les siguen la cárcel o el asesinato y buscan cerrar el ciclo con el silencio de las víctimas. Después justicia no ofrecen, sólo justificaciones pueriles y cobardes. La idea de los poderosos es paralizar las demandas populares y aumentar las desgracias de los explotados y oprimidos. Allí están como ejemplo los pueblos de Palestina, Iraq, Afganistán y ahora la cobardía de los poderosos se ensaña contra Libia y se cierne amenazante contra el Pueblo Sirio y contra Irán.

Por lo mismo, no podemos callar, no podemos nosotros mismos invisibilizar el mensaje de denuncia y el anuncio del Proyecto revolucionario, único proyecto cargado del compromiso de resarcimiento para los oprimidos y que constituye la alianza sangrante e irresistible entre los revolucionarios y el pueblo.

No solamente se trata de acumular fuerza, es necesario organizarla, constituirla con sus procesos y sus metas; y no solo organizar esta fuerza, también movilizarla, mantenerla en movimiento conquistando espacios, desplazando al enemigo, infiriéndoles pequeñas o grandes derrotas; en definitiva, transformando a la clase explotada y a sus aliados en un poder real y verdadero. Ahora, el motor de todo este esfuerzo y desafió son las ideas revolucionarias, son estas las que dan un curso cierto a la marcha del descontento, son estas las que deben recorrer transversalmente el ánimo de la protesta, instalándose y avanzando a través de los distintos momentos o fases por las que transcurre la dinámica de los trabajadores y capas dominadas de la sociedad. Es este encuentro entre las ideas revolucionarias y la práctica de las masas, el que configura la materialidad dialéctica de un proceso de emancipación histórico. Si no existen nuestras ideas existirán otras, si no existe nuestro mensaje estará otro, si no existe nuestro discurso otro hablará; y de ser así, a las luchas populares se les conducirá por otros caminos, se les insertarán otros objetivos, se les señalarán otros enemigos, y la clase dominada volverá nuevamente a postergar indefinidamente sus anhelos de liberación.

Los sectores sociales, comienzan a tener claras sus aspiraciones, empiezan a tomar partido en esta contienda de la lucha de clases. Las demandas se pueden explicitar porque, los trabajadores y el pueblo sienten y viven en el centro de su dignidad, la explotación y el abuso de de los poderosos. La reactivación social que se ha desatado, más allá, de las cuñas que pretende introducir el enemigo con el tema de la violencia y la no-violencia, con los de rostros descubiertos y los de rostros encapuchados; nos entrega pistas de por dónde debe ir la reconstrucción del Movimiento Obrero y Popular. Las demandas populares son el inicio y al mismo tiempo el eje articulador de lo táctico y lo estratégico, expresan la necesidad inmediata pero hoy se conectan con la conciencia de que todos los problemas puestos en la mesa, contienen una causa de fondo que no puede quedar al margen de las reivindicaciones. Las demandas populares son en este minuto la síntesis de un aprendizaje, cuyo fundamento se encuentra y explica en más de dos décadas de demagogia, engaño y negación sistemática a las legítimas aspiraciones de los trabajadores y el pueblo y a su derecho a la justicia e igualdad social. Las demandas populares hoy integran la conciencia de que todos los mecanismo políticos, legales e ilegales, utilizados por los gobiernos, las empresas y todas las estructuras del poder burgués, para dar respuesta a estas demandas, han sido instrumentos engañosos, distractores y desmovilizadores, que se tradujeron en nuevas derrotas para cada sector social.

Hecho este aprendizaje social, los revolucionarios debemos hacer el propio. Los revolucionarios, desunidos, dispersos y peor aún, diseminados por ninguna orientación táctica, poco le servimos a nuestro pueblo en estas condiciones. En todo caso, se requiere honestidad y honradez para asumirlo así. Hecho este voto de honestidad y honradez, debiéramos a lo menos preguntarnos: cómo la franja revolucionaria podría tener una incidencia más importante ante los hechos, cómo encontrar respuestas atingentes y apropiadas para la actual coyuntura.

APROPIARSE DEL SENTIDO COMÚN Y DEL TINO POLÍTICO

Los distintos grupos de la franja revolucionaria, creamos espacios de divulgación de nuestro pensamiento, a través de estos intentamos explicarnos y explicar el juicio político que tenemos acerca de los hechos. Combinándose con nuestras apreciaciones esta el intento también de convencer y convertir nuestra opinión, en una opinión de las mayorías, aún cuando, las capacidades de proyección de nuestro mensaje son limitadas y en muchos casos los instrumentos de que disponemos para esta divulgación son insuficientes.

Sin embargo, existe un estado de escasez, un estado de mucha pobreza y que nos preocupa demasiado también: es la carencia instalada en la visión política de los sectores revolucionarios; es la pobreza político-cultural de la izquierda revolucionaria; es la inconsistencia argumentativa del discurso constructor y que en las coyunturas, es el que edifica la dimensión táctica de la acumulación de fuerzas; y con ello también, se hace presente una flaqueza moral que resta compromiso fraterno, que resta generosidad, que no posibilita estimular actos de desprendimientos personales, para asumir los desafíos colectivos del momento, y de verdad jugarse por la unidad de los revolucionarios.

Es esta situación la que en medio de la reactivación social, nos hace en lo real, pasar absolutamente desapercibidos en cuanto a los propósitos que perseguimos en la actual coyuntura. La idea de cambio o transformación revolucionaria de la sociedad, con la profunda connotación que esta aspiración posee, no puede acomodarnos y resignarnos con la ligera asociación que toda compañera o compañero movilizado por sus demandas establece, y reducir nuestra motivación histórica al fetiche de la capucha y de la piedra. La idea de una sociedad justa y de igualdad social es la abstracción más genuina que los revolucionarios desde hace varios siglos hemos hecho de las realidades de opresión y explotación, estas banderas son las más propias que los revolucionarios poseemos, por lo tanto, debieran ser estas banderas de lucha las que nos conecten y nos fusionen con los anhelos y las aspiraciones de las mayorías oprimidas. Ahora, si esta identificación no se produce, no es porque no existan los revolucionarios, sino, porque los revolucionarios hoy en día y en medio de esta marcha de los descontentos, no constituimos una presencia única, homogénea, fuerte y desafiante en contra de la clase dominante.

Es bueno saber, que en la actual coyuntura, todos los actores que han impuesto sus visiones al mundo social, son actores sociales y políticos organizados y racionalmente estructurados para proyectar esa influencia político-ideológica, llámense reformistas burgueses, reformistas pequeños-burgueses y los también llamados “progresistas” que no se diferencias en mucho de los anteriores e incluso comparten en común el no querer zafarse del capitalismo. En cambio los revolucionarios, somos hasta ahora, tal vez, una sola voluntad, pero dividida y subdividida en cientos de moléculas orgánico-políticas, cuestión que obviamente silencia e invisibiliza nuestro proyecto revolucionario y socialista. Esta situación de debilidad de la franja revolucionaria, nos ha impedido de realizar una proyección pública amplia y extensiva social y nacionalmente de nuestras políticas tácticas y estratégicas, lo cual se hace tremendamente importante y necesario. Además, nos ha impedido levantar con fuerza y claridad una voz de defensa y legitimidad, de las demandas y de las formas de lucha con que los sectores sociales han intervenido en la coyuntura nacional.

Somos la izquierda y más aún los revolucionarios quienes debemos decir con claridad a los “señores” ministros de Hacienda y de Economía, que el mundo social y en particular los estudiantes, no están pidiendo nada materialmente imposible, como para ser calificados de “ultras” o “extremistas”; menos aún, cuando en nuestro país las suculentas utilidades de las grandes empresas se imponen como una verdadera burla, ofensa y afrenta a la dignidad de los pobres de Chile. Debemos decir, que entre los estudiantes que se movilizan y luchan por una educación gratuita, no existen ultras, porque ningún estudiante está demandando algo que el Estado chileno no pueda objetivamente financiar. Sólo sucede, que la clase dominante, como buena clase parasitaria y avarienta, no considera que las riquezas de nuestro país y que pertenecen a todos los chilenos, hayan estado desde siempre mal repartidas e injustamente distribuidas. Somos los revolucionarios los que debemos cuestionar y decir a los “señores” ministros de Hacienda y de Economía, que son sus representados los patrones, los verdaderos extremistas, y lo son, porque no les basta poseer más bienes que al resto de los chilenos, lo cual ya es un extremo, sino que todo lo que han concentrado y acumulado excesivamente, lo consideran aún poco.

Del mismo modo, debemos aceptar con la misma fuerza y convicción, que los estudiantes y el movimiento social que le acompaña, son y pueden ser con todo derecho y legitimidad intransigentes. Son y deben ser intransigentes, porque hoy en esta lucha, nos estamos jugando por un principio: el principio de la gratuidad. Decir además, que es este principio el que sostiene el derecho a la educación como un derecho universal, al cual las mayorías le hemos otorgado el carácter de bien público, opuesto por tanto, al de “bien de mercado” y objetivo de lucro de unos pocos. Cualquiera porfía, cualquier intransigencia, se justifica porque es una lucha de muchos años, que ha comprometido la entrega, generosidad y espíritu combativo de muchas generaciones y a esta demanda, las clases dominantes han respondido, con engaños, manipulaciones, falsas promesas y con una opresión y explotación sistemática sobre los trabajadores y el pueblo. Debemos ser intransigentes, porque los principios no se transan, porque los principios son un contenido social y moralmente necesario y legítimo que se constituye en el sustento de dignificación que se les adeuda por siglos a los desposeídos.

Por lo tanto, es una responsabilidad de enorme sentido político, que la promesa de cambio que podamos proclamar los revolucionarios, la debemos convertir en una gran esperanza histórica para los trabajadores y el pueblo. Es un deber nuestro, instalar en la conciencia del pueblo, la aspiración sentida por un mundo nuevo y justo. Porque no se trata de una conquista más o una conquista menos y que las mayorías continúen cautiva de un sistema capitalista que niega al ser humano su realización integral. La revolución no puede ser la exhortación al terror que la burguesía y su visión fascista nos atribuye y con la que han justificado su propio terrorismo y Estado de opresión. La revolución es la esperanza de liberación integral de los explotados y oprimidos del yugo capitalista. La revolución es el comienzo de la justicia y la igualdad para los pobres y debemos ganar la capacidad de expresar en nuestro proyecto esa promesa de libertad que el Socialismo significa.

Para ello, debemos hacer el camino único y necesario de la unidad de los revolucionarios y constituir esa unidad como el cimiento garante de esa promesa histórica. Sólo los revolucionarios, cumpliremos las finalidades que tenemos que cumplir: convertir a las clases explotadas en los nuevos protagonistas del cambio, en los nuevos sujetos de la historia. Debemos consagrarnos a realizar varias tareas que se sitúan como los peldaños básicos, desde los cuales se inicia esa marcha hacia el futuro.

Lo primero es reconstruir el Movimiento Obrero y Popular y el rearme de su conciencia de clase. La actual coyuntura, ofrece muchas ventajas a los revolucionarios para ir desarrollando este trabajo, aprovechando la reactivación social que está en pie y cuyas características perfilan una voluntad y ánimo que rompen el prolongado fenómeno de la fragmentación social. Hoy día los sectores sociales construyen y tienden puentes de comunicación e interacción y esta dinámica va expresando de manera embrionaria una conciencia de clase, que hará asomar en su momento el o los referentes políticos y sociales que den forma al Movimiento Obrero y Popular. Paralelo con ello, con los sectores más avanzados ir estructurando los rudimentos de la futura Fuerza Social Revolucionaria, que como corriente clasista y revolucionaria deberá echar las bases del Poder Obrero y Popular.

Sin embargo, como antesala de estos objetivos está la Convergencia Revolucionaria, la Unidad de la Izquierda y la Unidad de los trabajadores y el pueblo, y bajo esta condición se conforma la conciencia para sí de la clase explotada. Entendido el momento que se vive, debemos los revolucionarios contribuir a profundizar la etapa de descomposición moral y desarme ideológico del sistema y levantar como alternativa los valores de la dignidad; el coraje, la voluntad y la decisión de lucha por la justicia social; la solidaridad de clase entre los pobres y oprimidos y un elevado optimismo por el triunfo de nuestra causa.

Es la hora del buen sentido político, es la hora de pautear con el buen ejemplo, es la hora de la generosidad, del empeño sincero por el reencuentro y unidad de los revolucionarios. Es este afán lúcido, es este compromiso con el pueblo y con su historia de liberación, los que nos acercarán de verdad al camino del “Che”, de Miguel y al de todos los héroes revolucionarios.

ES LA MORAL REVOLUCIONARIA, LA QUE NOS SEÑALA LA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA DE SOSTENER INQUEBRANTABLEMENTE EL COMPROMISO DE CLASE Y EL COMPROMISO CON EL CAMBIO REVOLUCIONARIO

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