República Mexicana, enero de 2006

Al pueblo de México.
A los pueblos de la América Nuestra.
A los pueblos del mundo.
A las organizaciones democráticas revolucionarias.
Al CCRI-CG del EZLN.
A las organizaciones de “La otra campaña”.


Las organizaciones político-militares del país, los militantes y combatientes de la Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP), manifestamos lo siguiente:

En noviembre del año 2000 realizamos el Primer Congreso de nuestra estructura revolucionaria, después del largo proceso de crisis y de fragmentación en que derivó el PDPR-EPR, como proyecto original, así como de nuestra separación orgánica de éste.

Nuestra separación de dicho proyecto fue resultado de la actitud persecutoria de la fracción conservadora que, de manera ilegítima, arribó a la conducción de dicho proyecto pretendiendo endosar la factura de la crisis política interna a quienes promovimos un proceso autocrítico y democratizador, así como la reformulación programática y estratégica de dicho proyecto. Fracción que, finalmente, bloqueó la realización del que habría de ser el primer congreso democrático de esa estructura, en casi tres décadas de existencia.

Por medio del Congreso que realizamos para reconstituir nuestra estructura, decidimos mantener el nombre del proyecto original, agregando a éste la denominación que nos agrupó como corriente inorgánica y temporal en el marco del conflicto que disgregó al proyecto original, dando a conocer nuestra existencia, en diciembre del año 2000, mediante el Manifiesto de la Sierra de Atoyac; desarrollando inicialmente nuestras actividades como Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario-Tendencia Democrática Revolucionaria (PDPR-EPR-TDR).

De este modo, durante un periodo aproximado de tres años, nos avocamos a construir los embriones del partido-ejército que ahora somos, lo cual implicó un proceso de reclutamiento de militantes, un proceso de estudio y formación político-ideológica, un proceso de adquisición de recursos materiales y económicos, mediante el apoyo del pueblo y el impuesto revolucionario, así como la constitución de las comisiones necesarias para operar el trabajo correspondiente a esta etapa: la comisión de la mujer, la comisión militar y la comisión de prensa.

Los principios en que nos propusimos sustentar el trabajo desarrollado por nuestro partido-ejército son: 1) un principio humanista, 2) un principio de equidad de género y condición, 3) un principio de participación democrática, 4) un principio de construcción de la dignidad humana y revolucionaria.

Más tarde, en enero de 2004, realizamos el Segundo Congreso de nuestra estructura revolucionaria, modificando el nombre inicial de ésta, en un intento por evitar la profundización del conflicto con el actual PDPR-EPR, dada la postura indigna y persecutoria asumida por este último contra las organizaciones derivadas de la fragmentación, pero acordamos mantener de ese nombre la designación que durante dicho proceso nos dio unidad interna, agregando a ésta una nueva designación a fin de indicar el carácter militar y el origen popular de nuestra estructura.

Así, nos dimos el nombre de Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP), acordando, posteriormente, que las modificaciones realizadas en nuestro 2º Congreso, las daríamos a conocer a partir de nuestra estructuración regional en forma de Comandos y de la gradual aparición de éstos mediante acciones de propaganda, autodefensa y justicia revolucionaria. Y acordamos también asumir la responsabilidad, sobre los Comandos y sus acciones, hasta concluir ese proceso.

En virtud de ello, después de haber concluido una primera fase de estructuración regional de nuestros comandos y de haber actuado con base en un análisis crítico de la situación actual y en el plan de acción correspondiente, hoy consideramos necesario y pertinente informar que el Comando Jaramillista Morelense 23 de Mayo (CJM-23M), el Comando Popular Revolucionario La Patria es Primero (CPR-LPEP), y el Comando Revolucionario del Trabajo México Bárbaro (CRT-MB) forman parte de la Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP) y, por consiguiente, esta estructura asume la responsabilidad de todas las acciones de propaganda armada, autodefensa y justicia revolucionaria que los Comandos citados han venido desarrollando a partir del año 2000, quedando pendiente una segunda fase de estructuración regional y, en consecuencia, el surgimiento de nuevos comandos.

Asimismo, consideramos necesario y pertinente fijar nuestra postura política ante la coyuntura latinoamericana y nacional del modo siguiente:

La América Nuestra vive momentos de extraordinaria importancia para el futuro de nuestros pueblos. Cuba, Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay y, ahora, Bolivia han modificado la correlación de fuerzas en el continente, favoreciendo la resistencia y la lucha de los demás pueblos latinoamericanos contra las oligarquías neoliberales y el más ambicioso de los proyectos de expansión y reestructuración capitalista del imperialismo estadounidense, a saber, el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Estamos ciertos que se trata de una correlación naciente y de alcances todavía limitados, pero que puede contribuir a la lucha por la reconquista de la independencia y la soberanía de nuestros pueblos, así como por la construcción de un socialismo verdaderamente humano. Y estamos ciertos también de los planes y esfuerzos del imperialismo estadounidense y de los gobiernos neoliberales por abortar este proceso.

Consideramos que en estas coordenadas políticas se inscribe la lucha del pueblo mexicano y que, por tanto, dichas coordenadas demarcan la situación política concreta que vivimos en México; situación que incluye la próxima coyuntura electoral, pero la trasciende.

En efecto, como resultado de todas las formas de lucha, pacíficas y violentas, desplegadas por el pueblo mexicano y sus diversas organizaciones, desde la década de los 60 hasta nuestros días, asistimos a una situación nacional verdaderamente compleja y profundamente contradictoria, de la que formamos parte activa.

Al menos en los últimos 40 años, nunca como ahora la Nación mexicana se había encontrado tan desarticulada y sometida por los capitalistas nacionales y extranjeros y, al mismo tiempo, tan cercana a la posibilidad de poner término a tal sometimiento.

Nunca como ahora se había manifestado en forma tan nítida la división de la sociedad mexicana en dos grandes bloques conformados por clases, fracciones de clase y sectores sociales diversos, ni se habían encontrado tan claramente representados por los distintos partidos, organizaciones políticas y político-militares, actualmente existentes.

Asimismo, nunca como ahora los dos grandes bloques de la sociedad mexicana habían protagonizado una confrontación política tan intensa, por la defensa de sus intereses y la realización de sus proyectos, como la que nos tocó presenciar y vivir a lo largo del 2005, dando paso a una situación política concreta, cuyas características rebasan el ámbito de la coyuntura propiamente electoral.

En efecto, el bloque en el poder, conformado por la oligarquía industrial-financiera y representado por el PRI y el PAN, se apresta a echar mano de todos sus recursos para mantener el control de los Poderes de la Unión (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); mientras que, el otro bloque, de mayoritaria composición popular, se apresta a poner término a dicho control, así como al régimen neoliberal que desmanteló al estado, expolió al pueblo y saqueó a la nación, sólo que desde perspectivas diferentes, en virtud de su diversidad, dificultando su proceso de articulación.

La situación política concreta en la que nos encontramos consiste, 1) en la crisis de gobierno a que ha dado lugar la confrontación existente entre las dos principales fracciones de la burguesía, a saber, la liberal y la neoliberal, así como, la profundización de la corrupción, el autoritarismo y el narcotráfico, dentro del propio bloque gobernante (incluido dentro de éste el PRD), bajo el régimen neoliberal, 2) en el creciente y masivo descontento del pueblo mexicano, frente a el frustrado “cambio” prometido demagógicamente por la administración foxista y al deterioro generalizado en sus condiciones de vida, y 3) en el surgimiento de un poder paralelo, de carácter popular, autogestivo y autonómico, representado principalmente por el EZLN y los pueblos indígenas organizados, así como por las organizaciones articuladas en torno a un proyecto de nación antineoliberal y anticapitalista, en diversos puntos del país.

Consideramos que esta situación política concreta no se reduce a lo meramente electoral y, en virtud de ello, puede desembocar, para los de abajo, en un punto de inflexión político-organizativa para construir una salida estructural a la dominación capitalista.

De ahí la importancia que objetivamente adquiere tanto la coyuntura electoral como la situación política que la contiene y la trasciende. Y que resulte estéril enfrascarse en definir si la lucha electoral es válida o no lo es, al margen de la definición de un proyecto de nación, antineoliberal y anticapitalista, y de los compromisos que con dicho proyecto esté dispuesta a asumir la izquierda electoral con la izquierda social y el pueblo; así como al margen de la situación en que se encuentran los sujetos políticos o las organizaciones sociales concretas, en cada zona o región, a quienes corresponde decidir la posición que juzguen más apropiada para desarrollarse como poder popular, autogestivo y autonómico, en sus propios territorios.

Todo esto, sin perder de vista la necesidad de cerrar el paso a la oligarquía neoliberal -representada por el PRI-PAN- en sus intentos por mantener el control de la presidencia de la república y del congreso. Pero también, sin perder de vista la necesidad de luchar contra el oportunismo y la corrupción en que han derivado diversos sectores de la izquierda electoral y gobernante que, al contacto con el dinero y el poder capitalista, desean seguir fortaleciendo el gran negocio de la democracia -reducidamente representativa y de ningún modo participativa- que priva en nuestro país, en beneficio de unos cuantos.

El problema que visualizamos es el de lograr avanzar efectivamente en la construcción de un poder otro, el poder popular, como articulación antineoliberal y anticapitalista, en el marco de la coyuntura electoral y de una situación política concreta en la que el neoliberalismo ha concitado la más fuerte repulsa de los pueblos de México y América Latina, generando una correlación de fuerzas cada vez más favorables a las clases sociales y sectores más desposeídos.

Esto implica reconocer la unidad de acción y la validez de todas las formas de lucha, electorales y no electorales, en el proceso de impulsar la organización y la conciencia política del pueblo, a partir de un proyecto alternativo de nación y estado, de la articulación de un gran frente popular antineoliberal y anticapitalista, y de la resignificación o recuperación de la política como instrumento para construir un nuevo sistema de relaciones verdaderamente humanas.

El problema para nosotros estriba en la articulación de un gran frente popular que considere la posibilidad de apoyar una candidatura política de compromiso, pero con base en un proyecto de nación verdaderamente democrático y antineoliberal, a fin de derrotar la ofensiva de los sectores más reaccionarios de la burguesía y, sobre todo, de evitar que el pueblo termine por botar su voto al bote de la basura, como ha venido sucediendo. Pues sólo este hecho permitirá a la izquierda democrática y revolucionaria tener la autoridad moral para llamar al pueblo a luchar por la realización de su propio programa, antineoliberal y anticapitalista, pasada la coyuntura electoral.

De ahí que la creación del frente popular se constituya hoy en el principal problema a resolver, en virtud de las diferentes posturas existentes al seno de la izquierda. Aunque es un problema relativo en la medida que dicho frente pueda articularse a partir de principios y metas estratégicas comunes, y no de las diferentes posturas tácticas que cada organización instrumente de acuerdo a su desarrollo y circunstancia en la presente coyuntura.

El pueblo somos l@s campesin@s, obrer@s, colon@s, indígenas, amas de casa, estudiantes, mujeres, etc. Y, por tanto, somos nosotr@s, como sujetos de la actividad, quienes podremos transformar radicalmente este país, recurriendo a todas las formas posibles de lucha, para derrotar moral y políticamente a la oligarquía neoliberal y acceder a la realización de un proyecto de nación generoso e incluyente.

Consideramos que nadie, por sí mismo, puede conducir el movimiento popular en pos de la transformación radical de nuestra patria, si no lo hacemos todos bajo un principio de unidad de acción en torno a objetivos comunes y la construcción del poder popular.

Consideramos que nadie tiene el “mejor proyecto de nación” y nadie podrá representarlo plenamente, si dicho proyecto no es producto de consensos en el ámbito de los sectores sociales que aspiran a transformar el estado de cosas que hoy padecemos.

Consideramos que nadie, sin el respaldo popular y sin un consenso en torno a un proyecto alternativo que le dé unidad al pueblo de México, puede autoerigirse en la mejor alternativa para conducir este proceso, ni imponer una sola forma de lucha u organización y, mucho menos, descalificar a otras organizaciones, pues todo ello sólo profundizará la división de la izquierda y la cancelación de una posible lucha unitaria.

Por ello es que resulta imprescindible una actitud política de izquierda digna y generosa, pues sólo ésta podrá dar paso a una gran unidad popular nacional en torno a un proyecto de nación que de lugar a un nuevo gobierno, un nuevo constituyente, un nuevo pacto social, una nueva política económica, un nuevo sistema de justicia, una nueva política social y un nuevo México.

Al mismo tiempo, es urgente la unidad política y de acción del mayor número de fuerzas de izquierda para lograr: 1) consolidar los procesos autogestivos, autonómicos y democráticos que se vienen construyendo y desarrollando en diversas zonas y sectores del país, 2) la libertad inmediata e incondicional de todos y cada uno de los presos políticos y luchadores sociales que el estado neoliberal mantiene como rehenes; 3) la presentación de todos los desaparecidos políticos y el castigo a los responsables de la “Guerra Sucia” desarrollada desde los 60 del siglo pasado hasta nuestros días; 4) el castigo a los responsables de los crímenes de lesa humanidad cometidos el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971; 5) el castigo a los responsables de las masacres del Quemado, Acteal, Aguas Blancas, El Charco, El Bosque, etc.; 6) el castigo a los responsables del desmantelamiento del estado, la expoliación del pueblo y el saqueo a la nación; 7) el cese a la militarización, especialmente en los estados de Guerrero, Chiapas y Oaxaca, así como a los operativos policíacos de carácter intimidatorio y contrainsurgente en todo el país; y 8) el reconocimiento a los derechos y a la cultura de los pueblos originarios.

En virtud de todo lo anterior y del llamado del EZLN a las organizaciones político-militares del país a brindar condiciones para el desarrollo favorable de la iniciativa, civil y pacífica, de “La otra campaña”, la Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP) ha decidido decretar una tregua, entre enero y julio de 2006, comprometiéndose públicamente a no desarrollar ninguna acción político-militar, que pudiese ser usada de pretexto por el gobierno de la oligarquía neoliberal contra los esfuerzos desplegados de manera pacífica por el pueblo mexicano y sus organizaciones sociales y políticas en la presente coyuntura. Precisando que nos reservamos el derecho a seguir ejerciendo la crítica de la razón, a defender la razón de la crítica, así como el derecho a la autodefensa y a mantenernos atentos y solidarios al esfuerzo que en el terreno electoral y desde “la otra campaña” se encuentran desarrollando las más diversas organizaciones de nuestro pueblo.

De manera particular, los militantes y combatientes de la TDR-EP hacemos un llamado público a la dirigencia del actual PDPR-EPR, de las FARP y de la OR2D-NBCA a detener toda ofensiva política o militar en contra de cualquier estructura derivada de la fragmentación y a respetar el derecho de cualquier ciudadano a participar en la estructura que más convenga a sus necesidades, intereses y posición política, a fin de buscar una salida política a las diferencias que nos separan, oponen y confrontan, comprometiéndonos públicamente a reconocer y respetar sus estructuras, pero demandando en pública reciprocidad reconocimiento y respeto para con la nuestra.

Saludamos, desde nuestra condición y circunstancia, todos los esfuerzos y todas las formas de lucha orientadas a la realización de un nuevo proyecto de nación incluyente, generoso y democrático.

En especial enviamos nuestro saludo y nuestros mejores deseos al EZLN y a los compañeros que se encuentran desarrollando las actividades programadas en y por medio de “la otra campaña”.


¡CONTRA EL NEOLIBERALISMO, EL PODER POPULAR¡

¡POR EL SOCIALISMO: VIVIR, LUCHAR, VENCER!

¡SER PUEBLO, HACER PUEBLO, ESTAR CON EL PUEBLO!

TENDENCIA DEMOCRÁTICA REVOLUCIONARIA-EJÉRCITO DEL PUEBLO

TDR-EP

Enero de 2006, República Mexicana.