República Mexicana, 22 de agosto de 1996

A LOS PERIODISTAS Y TRABAJADORES
DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN


“Hay águilas que vuelan alto
su grito es áspero, pero no miente”.


La antidemocracia, represión física y económica, las pésimas condiciones laborales, el chantaje y presiones de todo tipo, son algunos de los obstáculos que cotidianamente enfrentan los periodistas en el ejercicio diario de lo que constitucionalmente es una garantía: el derecho social a la información.

La inexistencia del estado de derecho, hoy sustituida por un estado policiaco-militar se refleja, entre otras cosas, en el incumplimiento del deber de informar y el derecho a ser informado. La coerción y la represión son mecanismos de control esgrimidos contra los periodistas por el gobierno antidemocrático.

La manipulación de la opinión pública, característica de la antidemcracia, es pieza clave para la sobrevivencia del impopular régimen actual que teje una telaraña buscando atrapar y volver incondicionales a quienes transmiten y analizan la información: los periodistas. El control de la información tiene carácter estratégico para el gobierno que está contra el pueblo. Por eso los trabajadores de los medios de comunicación son uno de los sectores más presionados y reprimidos por la antidemocracia.

Actualmente crece entre los periodistas e intelectuales a demanda de que se democraticen los medios de comunicación y se haga real el derecho a información, por lo que el Estado intenta nuevamente adecuar el marco jurídico para legalizar el control autoritario de los medios de comunicación.

Un elemento fundamental del esquema estadounidense de Guerra de Baja Intensidad (GBI) es la guerra sicológica y dentro de ella las acciones encubiertas que intentan deformar la imagen de los revolucionarios. En este marco contrainsurgente, el control de los medios de comunicación y la desinformación adquieren aún mayor importancia para el Estado policiaco-militar.

La actual estructura, relaciones con el poder e intereses económico-políticos existentes en la mayoría de los medios de comunicación resulta en que los informadores no pueden decir toda la verdad, deben autocensurarse o hacer malabarismos para decir entre líneas lo que dicho directamente no sería publicado.

Las pequeñas y medianas empresas de la comunicación, electrónica o escrita, están condicionadas por los convenios de publicidad con el Estado, por el derecho o no, a papel fiado y por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público que pende como espada de Damocles lista para guillotinar a quienes no se plieguen a la política desinformativa oficial.

En este contexto es admirable la posición de algunos pequeños y medianos empresarios de la comunicación, periódicos, editoriales, radiodifusoras y concesionarios locales de televisión que, con dignidad, desafían estos obstáculos y cumplen con el deber de informar objetivamente, cual Quijotes del derecho a la información.

El control económico de los trabajadores de la comunicación es uno de los más deshonestos y perversos pilares de la antidemocracia y va desde el incumplimiento del salario profesional para los periodistas y los bajos salarios, hasta la total ausencia de sueldo por lo que el periodista se ve obligado a sobrevivir con la venta de publicidad o con las compensaciones que le dan las "fuentes" a cambio, obviamente, de decir o callar lo que
el cliente ordene.

Saludamos a los periodistas que, viéndose orillados, por las pésimas condiciones salariales a vender publicidad o a aceptar “embute”, “payo” o “chayote”, se sustraen a las presiones y cumplen con la sociedad informando verazmente, apoyados únicamente por su calidad profesional y por el peso que a nivel local o nacional tenga el medio para el que trabaja.

Desde las despensas mensuales y canastas navideñas, el sobre eventual o constante, la aparición en nómina, los obsequios y privilegios y la concesión de prestaciones, como vivienda, atención médica, becas para los hijos, son armas del Estado para condicionar a los comunicadores.

Lo peor de los mecanismos de control es que el informador se da cuenta de que ha vendido su conciencia, sabe que miente o escribe incluso contra su propio pensamiento, y esto lo deprime y lo lleva a evadirse con alcohol u otras adicciones. El alto índice de alcoholismo en el medio periodístico refleja la frustración de quienes, por el momento, no han podido enfrentarse a los castrantes métodos de dominio sobre los medios de comunicación.

El despido es una manifestación común de la represión económica contra los informadores que optan por la autocensura, escribir o hablar entre líneas o ambiguamente como formas comunes para sortear la amenaza constante del despido.

Los amagos, incluso contra la familia, golpizas, supuestos asaltos, robo o destrucción de equipo de filmación y fotografía y el asesinato, son parte del clima de agresión constante contra los periodistas y particularmente contra quienes cumplen con honestidad y valor su papel de informadores.

La represión física, económica o sicológica no logra vencer la dignidad de esos quijotes de la palabra que conservan su dignidad y ejercen el oficio con valor y honestidad. Ejemplares muestras de dignidad.

Algunos respaldados por el peso del medio para el que trabajan y por su profesionalismo, han demostrado su capacidad para romper los mecanismos de control y otros, en el anonimato del periodismo de provincia libran una cotidiana y silenciosa batalla para publicar la realidad, enfrentando casi inermes, el peso del poder local y federal.

A ellos nuestro admiración y respeto profundo porque han sabido preservar, por encima de todas las presiones, una de las cualidades que les da valía al ser humano: la dignidad personal.

En el otro extremo están, en minoría afortunadamente, los fabricantes de mentiras, inquisidores rastreros del trabajo ajeno, abyectos y serviles artistas del ocultamiento y la desinformación, comparsas en las ruedas de prensa, mercenarios difusores de calumnia y de intrigas. Algunos de estos falsos periodistas tienen doble oficio, pues están al servicio directo de Inteligencia militar, Cisen, o de la Secretaría de Gobernación. Estos seudoperiodistas son parte de la antidemocracia y cuando ocupan puestos claves en la Redacción son los ejecutores de la represión contra sus colegas.

En medio está el periodista común, jornalero de la comunicación, mal pagado, presionado, pero que se esfuerza diariamente en realizar lo mejor que puede su trabajo, topando con la muralla del silencio y la desinformación oficial que intenta tapar la realidad.

La materia prima con que trabaja diariamente el periodista es la información, generalmente la información directa, en sus manos está escribirla y analizarla objetivamente o distorsionarla, pero al margen de la interpretación que el periodista escriba o lance al aire, está la interpretación propia, íntima, que el comunicador tiene de la realidad. La mayoría de los periodistas son críticos, son menos los que proyectan públicamente su pensamiento. Hoy los llamamos a romper esa inercia.

Los llamamos a ejercer con ética y objetividad la labor informativa y de análisis de información. A mirar todos los ángulos de una noticia, a ver el lado oficial pero también el del pueblo organizado, a realizar periodismo de investigación, recordando lo que Manuel Buendía enseñó en las aulas: “nada hay más antiperiodístico que el boletín oficial”.

Hoy el pueblo mexicano está escribiendo la historia, construyendo el futuro de nuestra Patria, actualmente saqueada, hipotecada y sometida por la oligarquía financiera y el imperialismo estadounidense. Desde la trinchera de la lucha democrática revolucionaria los exhortamos a ejercer, de hecho, el derecho a conocer y a decir la verdad. A cumplir con ética profesional el deber de informar objetiva y verazmente. Como ciudadano puedes tener, y es respetable, cualquier posición política e ideológica, pero a la vez, como periodista, tienes el deber de informar y analizar la realidad objetivamente, sin distorsionarla a cambio de prebendas o para hacerla coincidir con tu propia cosmovisión.

El PDPR y el EPR hacen un llamado:

A luchar por romper los mecanismos de control, a organizarse para que se cumplan las prestaciones a que por ley tienen derecho, como es el salario profesional para los periodistas y pago de horas extras, derecho a la vivienda, a los servicios de salud, y otras prestaciones de ley que hoy son utilizadas como mecanismos coercitivos y condicionantes en contra del libre ejercicio de la profesión de comunicadores. El comunicador debe tener las condiciones económicas y laborales adecuadas para facilitar el ejercicio de un periodismo recto, que refleje la realidad actual y contribuya a su transformación, generando una corriente de opinión crítica y objetiva sobre la realidad.

A luchar por el derecho social a la información sea una realidad, como parte de la democratización de la sociedad. El Estado tiene el deber ineludible de informar, no permitan que con pretextos como el de seguridad nacional u otros, les oculten la verdad sobre esta guerra descarnada que el Estado desarrolla contra el pueblo.

El gobierno oligarca y proimperialista lleva a cabo una cruel guerra no declarada contra el pueblo y sus organizaciones democráticas revolucionarias que luchan para lograr la democratización y transformación de la sociedad en una que sea justa, democrática y que permita el desarrollo digno e integral de todos los mexicanos.

A exigirle al antipopular gobierno garantías para el libre ejercicio de su profesión periodística, como corresponsales de guerra en las zonas de conflicto. Sepan que los periodistas nunca serán atacados por el EPR. Sin importar su ideología y posición, somos respetuosos de su profesión y jamás recibirán una agresión de nuestra parte.

A no dejar que un supuesto riesgo de enfrentamiento con nosotros sea el pretexto del Estado para impedirles el acceso a la verdad. Tampoco permitan que el ejército los utilice como escudo. En las zonas de conflicto viajen en vehículos de prensa, mostrando el logotipo del medio para el que trabajan y no permitan que los lleven en transportes militares para escudarse en ustedes y a exigir que el ejército respete su condición de periodistas, el derecho a la información y el derecho al libre tránsito.

A exigir que las Fuerzas Armadas informen verazmente del número de bajas, de la presencia de asesores y mandos extranjeros, que no les oculten las matanzas de civiles, que no intenten hacer pasar a las víctimas como agresores presentando como enfrentamientos las ejecuciones de civiles.

A exigir y buscar la verdad negándose a ser utilizados como instrumente fundamental para el desarrollo de la guerra sicológica y las acciones encubiertas en contra del pueblo.

A exigir que el Estado informe veraz y ampliamente de los acuerdos y tratados económicos, financieros, políticos y militares que realiza con otros países a espaldas del pueblo mexicano. Porque se cumplan los artículos sexto y séptimo constitucionales que garantizan el derecho social a la información (informar y ser informado).

Periodista, sin importar la posición del medio para el que trabajas, sin importar el hecho de que te veas obligado, por el pésimo salario, a aceptar compensaciones extras, cuanto te encuentres frente al teclado, el micrófono o la cámara, sé honesto contigo mismo y con el pueblo del que provienes y al que sirves como trabajador de la información.

A fortalecer el compañerismo y el trabajo en equipo, sin sacrificar la sana búsqueda de la primicia y de la verdad, la discusión colectiva de los acontecimientos y el respeto entre colegas para romper con la vieja práctica divisionista, competitiva y antidemocrática fomentada por los incondicionales del sistema.

A organizarse para luchar porque se cumpla el salario profesional para periodistas, por el pago de horas extras y por el cumplimiento de las prestaciones de ley para que dejen de ser utilizadas como mecanismos de chantaje y coerción en contra de tu trabajo.

A organizarse para conquistar los espacios políticos que te permitan ejercer libremente tu trabajo, a denunciar y protestar contra la represión y presiones que violan el derecho a la información y coartan tu desarrollo profesional.

A ir construyendo en la práctica diaria la democratización de los medios de comunicación, viejo anhelo que algún día será realidad destrabando el desarrollo profesional y humano del periodista y garantizándole adecuadas condiciones laborales y de vida para el ejercicio objetivo y honesto de su profesión.

¡POR LA VIA DEMOCRATICA REVOLUCIONARIA
TODO EL PUEBLO AL PODER!
¡POR LA REPUBLICA DEMOCRATICA POPULAR
EL PUEBLO UNIDO TRIUNFARA!
¡CON LA LUCHA POPULAREL EPR TRIUNFARA!

PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO
PDPR
EJERCITO POPULAR REVOLUCIONARIO
EPR

República mexicana, a 22 de agosto de 1996.