Teoría de dominación política y continuidades electorales

Declaración Comunera
Boletín julio/2006

TEORÍA DE DOMINACIÓN POLÍTICA Y CONTINUIDADES ELECTORALES

El esclavo que acaba por arrullar
con el canto de las cadenas,
siempre será esclavo…

La historia demuestra que el origen del estado se halla vinculado con el aparecimiento del interés individual, diferenciando así la sociedad en estratos sociales y fue imposible decidir los asuntos de acuerdo a una posición unánime de toda la sociedad, siendo a su vez urgente la toma del poder y control del Estado bajo formas de dominación con un sentido de dependencia jurídico-administrativo. Hablamos de la dominación legal, tipología más pura que se constituye en la dominación burocrática como afirma Weber, es decir la estructura del estado y su organización administrativa burocrática, constituyese a la final en una política de afectación para la mayoría, los cargos más altos son ejercidos por “soberanos legitimados”.

De acuerdo a esta tipología (cuya objetividad histórica hoy es la democracia), se caracteriza por una convergencia dinámica de organizaciones políticas en el sentido de extender a toda o gran parte de la caracterización social de una estructura económica, sin duda, se revela en las formas y tipos de dominación política por exigencia misma del sistema de poder y de las normas constitucionales (hablamos de las legítimas) que lo preservan y expresan en tanto y cuanto la propiedad, el poder y la distribución económica. Esta preocupación teórica inspira ideologías que institucionalizan creaciones originales del conflicto y de hegemonía política de dominación. Un examen analítico de esta tipología nos permite una profunda comprensión de la vida social variada y compleja que atraviesa el país. Autores como el francés Emile Durkhein y el alemán Max Weber orientan al desarrollo de la noción del mundo como estructura social.

Sin duda el enfoque teórico por tanto nos permite comprender el sentido funcional de la dominación y la naturaleza tradicional del monopolio del poder. En este sentido se revelan ciertos esquemas legales de participación social y legando un poder a representantes, cuya actividad múltiple se limita, de acuerdo a las líneas ideológicas de las fuerzas sociales dominantes que detentan ese poder estatal acorde a un cierto marco institucional legítimo.

Dentro de estos marcos institucionales la existencia de estructuras históricas ideológicas tradicionales que se caracterizan por estructuramientos señoriales de dominación, ancladas en formas tradicionalistas y jerárquicas expresadas a través de la historia. Una de esas expresiones clásicas de tipo peculiar y tradicionalista fue la dominación colonial a tal punto de convertir a su cuerpo administrativo en meros súbditos y servidores predispuestos a una norma de tradición. Desde luego esta estructura señorial de dominación revela la expresión medieval de occidente y se fundamenta en la concepción de propiedad, como elemento de poder, rango y dominación social. Este tipo de dominación (colonialismo / neocolonialismo) conserva una ordenación de estamentos, castas que impiden y retardan la formación política de los sectores sociales, sin duda métodos señoriales y arraigo y colonato impidiéndonos la liberación y asentando la dependencia a un solo “señor imperial” y a su potencial autoridad, hablamos de la libre arbitrariedad de los nuevos patriarcas que disponen jurídica, informal e irracional las condiciones de justicia de los principios éticos, morales que rompe el derecho de los demás integrantes de la sociedad.

Esta tendencia de dominación es notable cuando se lo denomina “ley de hierro” que parece ser indestructible como estructura tradicional por el atesoramiento de poder y dominación social. La persistencia en la actividad de esta ideología imperial se lo ha observado aún en el caso de los terratenientes y latifundistas, a pesar de su empaque de “modernidad” que han tenido últimamente, esa dominación tradicional siempre se acercará a una forma de dominación legal como se dijimos en líneas atrás, revestido bajo un manto jurídico y de estereotipo democrático.

Establecido el régimen democrático representativo y toda su institucionalidad electoral bajo la presión de “masas votantes”, por cualquiera que sea la forma, siempre existirá una manera de dominación y sometimiento a la mayoría, alterando la naturaleza del poder político del pueblo en su esencia. Un hecho de particular trascendencia constituye la dominación carismática, indudable intermediación de personajes poseedores de dotes especiales (simpatía, heroísmo, liderazgo, poder intelectual y oratoria), facultades relevantes de una persona. La trascendencia radica en ello, en la penetración social y política en la medida que logren encasillar a las fuerzas sociales tras un objetivo coyuntural y tras de una personalidad llena de caudillismos y caciquismos, que aprovechan el momento y su carisma. Ahora bien, en virtud de las condiciones históricas concretas los líderes carismáticos se han revestido con ropajes proféticos, religiosos, hasta llegar al populismo democrático, que sin duda reciben flujos de poder de sus seguidores y ejercen dominio de carácter legal, ciertamente constituyéndose en un ente carismático de derecho y orden, ratificándose siempre por sus electores, dotando así una validez efectiva de dominación carismática, a su vez suponiendo legitimidad y en última instancia legalidad ante un cuerpo normativo de democracia electiva.

Ecuador ha vivido encerrado en la sistemática dominación tradicional, carismática e inherentemente legalizada por la democracia formal, muchos de los populismos a lo largo de la historia se han sucedido (velasquismos por 5 ocasiones, bucaramismos, febresborjismos y últimamente el gutierrismo, como redición oscura de todas las anteriores). Ahora al inicio de un nuevo proceso electoral, esos populismos otra vez invocan en nombre de la unidad nacional bajo el solvente reiterado de patria, héroes, pueblo, gobierno popular y forman idílicamente movimientos, partidos, células políticas como grandes rebaños en que caben corderos, lobos, pastores y esquiladores. Los comuneros advertimos la absoluta realidad y la increíble trayectoria democrática ecuatoriana de 25 años de prefabricar elecciones que prácticamente son una derrota más para el pueblo.

cc Mateo
Comuneros – Ln

Ecuador
2006