Conclusiones del XVI Congreso del PCdeC(ml): Línea Nacional

LINEA NACIONAL

La Formación económico-social de Colombia

1. Los rasgos específicos de nuestra formación económico-social permiten definir a Colombia como un país capitalista atrasado, dependiente del imperialismo norteamericano.

Los factores de la dependencia, las deformaciones estructurales y el atraso confluyen en nuestro país, marcando una propensión al desgaste del proceso productivo global, con escaso desarrollo del sector de bienes de producción, elementos de desindustrialización agravados por las medidas neoliberales, expresiones de la crisis estructural del sistema capitalista y presencia de ciclos de recesión y relativa recuperación, y con una orientación de la economía al servicio de los centros imperialistas, en particular de los Estados Unidos.

El neoliberalismo no ha logrado salvar a la economía de la crisis que vive. Por el contrario, los problemas se agudizan y siguen dando pie al descontento popular. Ha crecido el empobrecimiento de nuestro pueblo y se ha ahondado la brecha entre pobres y ricos; la dependencia del imperialismo norteamericano, la penetración de los monopolios extranjeros y el poder de los pulpos financieros son hoy más fuertes. Las deformidades estructurales de la economía y el atraso han aumentado con el neoliberalismo.

El poder represivo del Estado y los gastos en seguridad crecen, mientras avanzan la privatización y la desregulación y disminuye la inversión para el bienestar social, que cae bajo dominio de particulares.

Para las clases dominantes no es fácil perpetuarse en el poder mientras se extienden el despojo, la pobreza y la inconformidad; mientras se profundizan los desequilibrios y crisis inherentes al sistema, mientras su prepotencia militarista y guerrerista socava aún más las bases de este Estado y del régimen aparentemente democrático.

2. La generalización de las medidas neoliberales, llamadas de “desregulación, flexibilización y liberalización” de los mercados internos, dejan inermes los frágiles aparatos productivos de los países dependientes, tanto el agrícola como el industrial, así como su sector bancario, expuestos a las marejadas especulativas impulsadas por las fuerzas de las multinacionales y los pulpos financieros internacionales, que ahora tienen las manos más libres para hacerlo.

Los arquitectos de semejante acto reaccionario son los imperialistas que actúan en asocio con las oligarquías criollas, bajo el acoso de la crisis mundial y el temor a la revuelta social, con la excusa de que ésta es la única e ideal forma para ganar en “competitividad” internacional y atraer recursos “productivos” externos para financiar el desarrollo de estos países.

El neoliberalismo supuestamente intenta recuperar las economías de estos países tratando de revertir la severa caída de sus sectores exportadores y la peligrosa desacumulación interna, pero lo hace de la manera más insensata, pues, en vez de suprimir las nefastas relaciones de dependencia con el imperialismo y sus multinacionales -que son las principales causantes del saqueo-, de hecho, las fortalece, a la vez que estrangula los salarios y el gasto social y, por tanto, contrae el mercado interno, es decir, la base socio-económica fundamental de la cual el capital criollo extrae plusvalía. El dominio imperialista, en su esencia, pasa así de un control indirecto a ejercer un dominio directo del mercado del ahorro interno y, por ende, a estrangular la base industrial y agrícola y la formación del capital nacional.

3. El proceso de monopolización en los sectores financiero, productivo, comercial y de servicios se presentó en nuestra economía de manera temprana y fuerte, consolidando el control oligárquico y pro imperialista en manos de poderosos grupos financieros extranjeros y nacionales, con las secuelas de quiebras y pauperización de amplios sectores de la población.

La monopolización no ha correspondido a un alto y acelerado desarrollo de las fuerzas productivas, sino a un agudo proceso de concentración y centralización del capital y la producción, atizado por la inserción del país en la economía mundial bajo el dominio del capital financiero, principalmente internacional, y con los rasgos de especulación que le son propios.

Los rápidos procesos de monopolización, urbanización y penetración del capitalismo al campo, en las condiciones de nuestra dependencia, entrañan profundos problemas de índole estructural y de pauperización general, al mismo tiempo que denotan una mayor socialización de las condiciones de producción y de la división social del trabajo.

Por efectos de la dominación del imperialismo, de los procesos de centralización y concentración del capital y de las medidas neoliberales se han acentuado la monopolización, el enriquecimiento y papel de los grupos financieros, y con ello se han profundizado los desequilibrios de la economía, con el abultamiento de la especulación financiera sin que tenga un sustento real en la base productiva.

El porcentaje de población considerado en la categoría de pobreza que con las viejas definiciones del DANE, ya supera el 60% va en aumento. Bajo el gobierno de Uribe Vélez, a partir de 2005, para tratar de ocultar esta dramática realidad se recurrió a fraudulentas nuevas definiciones en las estadísticas oficiales. El puñado de ricos del país no llega al 10% pero acaparan cerca de la mitad del ingreso nacional. Existe un deterioro progresivo de las condiciones de trabajo y una incapacidad crónica para generar suficientes empleos, con lo que el número de desocupados crece constantemente.

4. La burguesía en Colombia se ha asociado en condiciones de desventaja con el capital imperialista preponderante. En la actualidad el país hace parte de la periferia del sistema capitalista y está sujeto a la dominación económica, política, social y militar del imperialismo norteamericano, que decide el rumbo fundamental de la economía, la política y la vida social, según sus propios intereses y de acuerdo con sus proyecciones en la disputa por la hegemonía mundial. De hecho, su desarrollo y su estructura están signados por el rasgo fundamental de la dominación y la dependencia del imperialismo.

Los distintos factores que caracterizan la dominación del imperialismo norteamericano sobre nuestro país se han acentuado. Con la crisis y las medidas neoliberales para tratar de enfrentarla, el imperialismo pretende borrar los vestigios que quedan de independencia económica y la soberanía nacional. La integración a bloques económicos bajo su total dirección, la eliminación de barreras para la circulación de sus productos y -principalmente- de sus capitales, incluido el acceso al ahorro nacional, y las expresiones de intervención directa y agresión política y militar que hemos visto en los últimos años, así lo confirman hoy los avances en la aplicación del Plan Colombia.

El soporte principal de la dominación imperialista en el terreno económico sigue siendo la exportación de capitales bajo distintas modalidades, que con el pasar de los años cuenta con nuevos instrumentos. La deuda pública (externa e interna) es un medio de sujeción a los dictados norteamericanos, que se complementa con la desigualdad en los términos de intercambio, las barreras arancelarias y extra-arancelarias, el proteccionismo imperialista, el dominio de los mercados con las decisiones de la Organización Mundial del Comercio, el control científico y tecnológico, la propiedad directa de sectores importantes de nuestra economía y, principalmente, el manejo de los resortes financieros de la economía mundial.

Además, a medida que las economías norteamericana, europea y japonesa caen en recesión, bajan las cotizaciones de las materias primas, de cuyos ingresos depende en gran parte el desarrollo de la región y de nuestro país. En caso de que las potencias eleven más las tasas de interés, habrá mayores fugas de capital criollo y extranjero de la región, lo que estrangula el financiamiento de estos países, da lugar a nuevas crisis financieras y se generarán caos más profundos por los impagos de sus deudas externas.

Las compañías transnacionales no sólo explotan directamente y en forma asociada una importante porción de la fuerza de trabajo en Colombia, sino que se han desbocado en el saqueo de nuestros recursos naturales. Especial voracidad presentan frente a los sectores minero, energético, y la industria extractiva. El Estado actúa como socio de ellas y les garantiza la seguridad y las ventajas legislativas en los terrenos económico, laboral y social para favorecer sus tasas de ganancia. Tras su actividad, antes que dejar desarrollo industrial, en el país queda una estela de empobrecimiento y de depredación del medio ambiente.

El imperialismo norteamericano ha ejercido un intervencionismo agresivo en diferentes partes del mundo. Agotado el argumento de la guerra fría, esgrime ahora supuestas razones humanitarias y la “lucha contra el terrorismo”. Frente a Colombia mantiene el pretexto de combatir el narcotráfico pero lo combina con el nuevo pretexto de la “lucha antiterrorista” para combatir la insurgencia como asunto que compete a su seguridad, se presenta como defensor de los derechos humanos, como adalid de la “democracia”. En realidad está fabricando argumentos para afianzar su dominio sobre naciones y zonas de influencia a fin de crear mejores condiciones en su lucha por la hegemonía mundial y como vía para extender su acción contrainsurgente.

Hoy es mayor el peligro de intervención militar abierta con gran movilización de tropas invasoras del imperialismo norteamericano en Colombia, que escalaría los pasos de intervención militar directa dados con las misiones militares, la injerencia, los radares, la participación en operaciones en nuestro territorio, la presencia de asesores y oficiales, yanquis, etc.

El Plan Colombia sintetiza la estrategia global contrainsurgente y de colonización del país por parte del imperialismo norteamericano y Colombia, como modelo para la aplicación de los experimentos gringos de subyugación de América Latina y el Caribe, por obra de dicho plan, se ha convertido en cabeza de puente de una ofensiva de mayor envergadura contra los pueblos y países del subcontinente americano y, más particularmente, de Suramérica.

Enfrentar en todos los terrenos al Plan Colombia es una empresa en que el pueblo colombiano debe empeñarse con la mayor decisión e intrepidez; pero a su vez reclama el compromiso de las fuerzas revolucionarias y progresistas, así como el de los pueblos de esta vasta región al sur del Río Bravo.

Un intenso trabajo ideológico cultural, apoyado en los medios de difusión masiva y en una multiplicidad de mecanismos, esta destinado a ambientar la posibilidad de una intervención militar directa del imperialismo norteamericano en Colombia, así como a difundir el estilo de vida norteamericano, a socavar los valores culturales nacional-populares de nuestro pueblo y a eliminar el pensamiento progresista y revolucionario.

La ofensiva ideológico-cultural del imperialismo va de la mano de su política neoliberal, pretende ordenar todos los espacios de la vida cultural y personal de los pueblos según sus intereses. El uso de los medios de comunicación, de los desarrollos de las ciencias y del arte busca anular la conciencia revolucionaria, fragmentar a las masas, negar sus valores y castrar su espíritu creativo y de protesta. Esto le exige al Partido una intensa lucha en este terreno, capacidad para formular alternativas, defender lo cultural, la historia, los valores populares, los espacios colectivos, además de desarrollar creatividad para hallar los medios más variados para lograrlo.

5. La contradicción fundamental entre capital y trabajo en Colombia, como país industrial-agrario y dependiente, se expresa en la relación de explotación y saqueo de la burguesía imperialista y de las clases dominantes nativas sobre el proletariado y el pueblo. Pese a no ser un país capitalista desarrollado, se vive un fuerte proceso de polarización social, en medio del cual se sigue imponiendo el capitalismo (atrasado y dependiente) y se destaca la clase obrera, al mismo tiempo que se amplía la franja de trabajadores asalariados, masas pauperizadas y de pequeña burguesía en el campo y en la ciudad.

Simultáneamente con la expansión del capitalismo y la penetración de éste al campo, hemos vivido un acelerado proceso de urbanización, al punto que más del 70% de la población (que ya bordea los cuarenta y cinco millones) se agolpa en las ciudades sin que la estructura económica ofrezca el crecimiento necesario para absorber esta migración de fuerza de trabajo y de población, con lo que se incrementa desempleo y se expanden los llamados cinturones de miseria.

Las características que ha tenido la urbanización, así como los efectos de medidas neoliberales y de la reforma política, se han sentido en la situación objetiva y subjetiva de las masas populares. Los cambios que de ellas se derivan deben ser tomados en cuenta para el diseño de nuestras políticas y para el trabajo con las masas. Alrededor de los yacimientos petroleros también se están desarrollando nuevos núcleos urbanos, de manera forzada y con particularidades en todos los campos, que demandan un tratamiento específico de nuestro Partido.

El poblamiento urbano no ha sido planificado ni ha representado un mayor nivel de bienestar para la población. Esto puede verse en el empobrecimiento de extensas capas urbanas, el hacinamiento, el desempleo y la informalidad; en la falta de acceso a servicios públicos, recreación y cultura; en la segregación social presente en las ciudades, en el uso excluyente de los espacios públicos, en la coerción y represión que ejercen el Estado y sus Fuerzas Armadas y en la criminalización de la protesta popular y gremial. Las barriadas urbanas son hoy, también, explosivos núcleos sociales llamados a desempeñar un destacado papel en la lucha popular y revolucionaria.

Un importante volumen de familias desplazadas forzosamente del campo sigue acudiendo a las ciudades o ha tenido que dejar sus tierras y bienes para ir a campamentos de refugiados o a regiones diferentes. La agresiva penetración del capitalismo al campo, la agresión de los cuerpos represivos del Estado, de sus agentes paramilitares y sus políticas de “repoblamiento”, la acción antiguerrillera, los bombardeos y las fumigaciones destructivas con glifosato, son los principales factores de estos éxodos.

6. La situación económica de nuestro país está marcada por la crisis, mayores desequilibrios, elementos de recesión, con manifestación de estancamiento, inflación, desempleo, informalidad y acentuado empobrecimiento de las mayorías populares. Paralelamente continúan la fuga de capitales, las dificultades en el comercio exterior, la devaluación, el deterioro de los términos de intercambio, suben las tasas de interés, decaen las reservas internacionales y se restringe el crédito para el sector productivo.

7. El papel de los gobiernos oligárquicos ha consistido en diseñar planes y legislaciones que adaptan el funcionamiento y administración del Estado a las exigencias imperialistas en lo económico, social, político y militar a los diferentes momentos de la vida de Colombia, Latinoamérica y el mundo.

La crisis imperialista afecta a Colombia

8. Si la crisis del capital es grande, peor aún es la de los países dependientes. Existe gran incertidumbre sobre el futuro de los principales sectores productivos del país, en general muy ineficientes, al ser sometidos a la doble tortura de la mayor competitividad en casi todos los rubros y las difíciles condiciones financieras internas.

Si hasta hoy la mayoría de las empresas, comercios y bancos están dando ganancias, se espera que disminuyan, además, pueden aparecer sensibles pérdidas en algunos sectores, y con seguridad la situación empeorará de continuar las condiciones negativas internacionales y nacionales.

El sector industrial está severamente resentido, con excepción de unas cuantas ramas, como se expresa en el aumento de los concordatos, sin desconocer que en parte son argucias legales para suavizar los impactos de las quiebras sobre la oligarquía y descargar su peso sobre la clase obrera y las masas populares.

Los grandes inconvenientes que aducen los industriales son la incertidumbre ante la enorme competencia externa, la incapacidad de establecer programas de inversión y reconversión tecnológica acordes con las necesidades y posibilidades del mercado nacional e internacional, las ventas insuficientes en el mercado interno, el aumento de los impuestos, la carestía y escasez de crédito. Esta situación no la resuelve, por el contrario, la agrava el TLC-ALCA. Los sectores industriales que no sienten el gran impacto de la competencia externa son aquellos cuyo valor agregado o ubicación en el país les asigna enormes ventajas sobre la competencia externa. Los industriales del país cuentan con la gran ventaja de la reducción creciente de los salarios al mínimo y del desmonte de las prestaciones sociales, para lo cual es fundamental adocenar los sindicatos y aplastar aquellos sectores que persisten en el sindicalismo clasista.

La recesión que afecta el campo, es ya lugar común en Colombia. Se han dejado de cultivar más hectáreas y se han perdido más empleos en el campo. El sector cafetero, que junto con el petróleo fueron pilares productivos de la economía -sin contar el narcotráfico- está diezmado. Se ha revelado que sectores agropecuarios, tales como el cerealero, oleaginoso, la avicultura y la ganadería serán arrasados si se entra a competir sin protección frente a los subsidios imperialistas con el TLC. Ya la industria de aceite de palma ha sido seriamente vapuleada por la importación de aceite más barato de países que tienen mano de obra mucho más barata, lo que no quiere decir que el proletariado palmero colombiano sea bien pago.

No menos preocupante es la situación financiera del Estado. El endeudamiento estatal (externo e interno), sigue siendo oneroso, pues, si bien los bonos son menos gravosos en términos de intereses, siguen representando deuda, a pesar de no estar contabilizada en las cuentas alegres de los neoliberales. Pero estas “rebajas” se han agotado ante el alza de los tipos de interés en EE.UU. Además, el endeudamiento externo del sector privado se agrega al del sector público pues es el Estado quien lo avala.

La política económica y comercial internacional está ligada a un mayor entrelazamiento con el imperialismo y las demás oligarquías regionales para elevar los niveles de inversión y el entronque de capitales

9. Pese a los estragos causados en América Latina por las políticas económicas neoliberales impuestas por el imperialismo durante las décadas pasadas, la esencia de éstas se mantiene en la actualidad, cuando crecen el estancamiento, la crisis y la pobreza y cuando la protesta popular se incrementa y el descontento se expresa de manera explosiva.

La burguesía norteamericana encubre su dominio y explotación bajo falacias tales como la integración económica, el funcionamiento de una única economía moldeada bajo los principios de la llamada globalización con la liberalización de los mercados y de movimiento de capitales, y bajo la particular visión de democracia y seguridad de los yanquis. La lucha contra la pobreza que ahora pretende enarbolar, no pasa de ser fruto de una visión asistencialista, marcada por sus necesidades de seguridad y poder, que busca acallar el descontento y la lucha popular.

Simultáneamente con los cambios en el manejo de la economía, se imponen modificaciones en el papel de los Estados y de las Fuerzas Armadas, que cada vez más pierden los restos de soberanía y quedan bajo las decisiones y planes estratégicos del imperialismo, y sometidos a las formas de gobierno transnacional que han aparecido. El tratamiento del conflicto social, político y militar existente se ha readecuado, de acuerdo con los cambios en la disputa ínter imperialista y con las necesidades yanquis y la concepción contrainsurgente actual.

10. El impacto socioeconómico, político y militar del narcotráfico en el país y en el contexto internacional ha sido muy profundo. La economía colombiana continua siendo una economía narcotizada y corrupta, además de militarizada, lo cual afecta los negocios internacionales y crea la coartada para una invasión de EE.UU. Las cifras de los ingresos de las mafias del narcotráfico son muy imprecisas, pero se calculaban como una parte sustancial en el Producto Interno Bruto que se multiplica mucho más que el producto del comercio exterior legal.

En Colombia la conformación de los carteles de la droga se ha dado en medio de un cruento proceso a través del cual se han configurado virtuales consorcios financieros, que actúan en todas las ramas de la economía del país. Los dineros de las mafias han servido para sortear las crisis y para inyectar oxigeno a ramas de la actividad económica, aportando mayor desequilibrio, una alta cuota especulativa y encareciendo desmedidamente el costo de vida
Los carteles de la droga han conformado intrincadas redes para legalizar sus capitales, influir en las decisiones políticas y militares, en los medios de comunicación, en la deformación de los valores y el comportamiento de la población, con énfasis en los jóvenes. Han creado verdaderos ejércitos privados a su servicio que actúan ya como bandas de sicarios, ya como grupos paramilitares, o en coordinación y división de funciones con el ejército y la policía.

Los acuerdos entre narcoparamilitares y el gobierno de Uribe Vélez en Santa Fe del Ralito, las expectativas del gobierno de Uribe por las expropiaciones de las fortunas de los extraditados y los escándalos de la llamada “parapolítica” han dejado estas verdades económicas y políticas más al descubierto.

El imperialismo norteamericano ha utilizado insistentemente el argumento de la lucha contra el narcotráfico para justificar su agresión contra los pueblos y pisotear la soberanía nacional, tal como lo hace con el Plan Colombia. Tal uso hace parte de la estrategia contrainsurgente yanqui. Por su parte, la burguesía se ha servido de los buenos oficios de la mafia en la guerra sucia desatada contra el movimiento revolucionario y democrático, contra las organizaciones gremiales y sus dirigentes, que hoy se maneja con los paramilitares para tratar de cubrirle la cara a las instituciones represivas del Estado.

Mientras tanto, el gobierno norteamericano prohíja sus propias mafias y deja que los bancos de su país sean los principales medios de legalización de los inmensos capitales de éstas.

La producción, el procesamiento y el mercadeo de sicotrópicos, junto con otro tipo de actividades ilegales anexas, generan un superbeneficio que está ligado a las condiciones peculiares de su distribución y venta, en medio de una demanda creciente cuyo centro es Norteamérica. Los carteles de la mafia colombiana han logrado en la actualidad una posición destacada, que cubre el cultivo de la coca y amapola, así como su procesamiento y mercadeo.

Desde EE.UU. se trata de crear confusión y ambientar la agresión con montajes sobre la supuesta narcoguerrilla. Así, se busca justificar la intervención en un asunto interno del país a cuento de la lucha contra el narcotráfico. Tales comportamientos arreciaron con la reversión del Canal de Panamá, pues nuestro país ofrece condiciones favorables para la comunicación interoceánica.

Es importante tener en cuenta el sentimiento antiimperialista que se ha ido levantando en la medida que avanza el Plan Colombia y la importancia que adquieren las banderas de defensa de la soberanía nacional, vía por la cual se pueden ampliar las filas de los antiimperialistas, demócratas y patriotas.

El capitalismo y el campo

11. La penetración del capitalismo al campo se ha profundizado en las últimas décadas, apoyada principalmente en el capital financiero, en el papel del narcotráfico y en las políticas gubernamentales. Se han consolidado sectores agroindustriales y el latifundismo, a la par que el campesinado pobre y medio es arrojado de sus tierras o pasa a engrosar las filas del proletariado agrícola o de los desempleados del campo y la ciudad. Siguen reinando el atraso en extensas áreas rurales, la carencia de servicios e infraestructura, la miseria y la desatención por parte del Estado. Persisten en menor medida el colonato, la aparcería y el minifundio. Aún encontramos en nuestro país extensas zonas improductivas.

Cada vez son menos los latifundistas que acaparan un alto porcentaje de las mejores tierras colombianas, no pasan de 11 mil los propietarios de más de 13 millones de hectáreas, mientras más de 2 millones de campesinos no poseen ni la quinta parte de la tierra cultivable y otros muchos reclaman tierras para trabajar. Cerca del 1% de los propietarios controlan casi el 50% de las mejores tierras.

La crisis en el sector agrario ha sido profunda en los últimos lustros. En esto han incidido la apertura neoliberal, la monopolización, el narcotráfico, el descuido del Estado y la agresividad de la lucha antiguerrillera, militar y paramilitar, y el arrasamiento de cultivos a causa de las fumigaciones para erradicar la coca y la amapola.
Los sectores más dinámicos de la producción agraria son los dedicados a la agricultura comercial, ya sea para la exportación o para el mercado interno. El sector agrario sigue teniendo peso en la economía colombiana y generación de divisas.

La diferenciación clasista y la lucha social en el campo se han acrecentado en medio de la mayor concentración de la propiedad y de la generalización de la pobreza. La política agraria de los sucesivos gobiernos ha estado al vaivén de los requerimientos internacionales en materias primas y productos agrícolas; se orienta a fomentar la inversión favoreciendo los grandes capitales con precios de sustentación y otras ventajas; mientras que los planes de reforma agraria no pasan de ser paliativos para captar base social entre el campesinado, impulsar la compra-venta de predios que beneficien los grandes propietarios y los ayuden a salir de las llamadas áreas rojas, renovar o ampliar determinada infraestructura, legalizar la expropiación del campesinado pobre y medio y complementar la acción cívico-militar del ejército y los planes contrainsurgentes del Estado.

En el campo ha estado operando un verdadero terremoto económico, social y político, que tiene que ver con el rotundo fracaso de las demagógicas reformas, “sociales” de la CEPAL de inspiración socialdemócrata y la acelerada puesta en marcha de las genocidas contrarreformas neoliberales, como paliativo a la crisis nacional y mundial.

Estas contrarreformas, que reducen los servicios del llamado “sector social” del Estado y reversan los planes de reforma a la tenencia de tierra, están arrasando con los escasos derechos del proletariado agrícola y el campesinado pobre, suprimen la precaria soberanía agroalimentaria, acentúan el problema agroambiental, lo que margina aún más un creciente número de veredas, municipios y regiones pobres, a su vez generaliza un caos social y político de gran magnitud en el país y en América Latina. Esto constituye un verdadero grito de guerra de la oligarquía y el imperialismo contra el pueblo y el campesinado colombiano, cuya respuesta sólo puede ser ocultada y amordazada temporalmente por medio de un inusitado incremento de la fuerza bruta militar y paramilitar.

La aplicación del neoliberalismo en el sector agropecuario ha generado una crisis agraria sin precedentes y de imprevisibles consecuencias que cuestiona el propio desarrollo y viabilidad económica del país en su integridad. La apertura neoliberal al comercio internacional ha colocado en la picota la soberanía alimentaría, lo cual amenaza con suprimir los mínimos derechos populares a la supervivencia y empleo que de ella emanan, aplastando principalmente la economía agrícola tradicional que es ejercida por pequeños y medianos agricultores, con medios tecnológicos obsoletos.

A esto se le suma el recorte de los escasos servicios estatales de crédito, asesoría técnica, compra de cosechas, vivienda, salud, educación, seguridad social y otros, debido a los programas neoliberales de privatización, “racionalización, modernización e internacionalización” del Estado. La producción de alimentos básicos para surtir el mercado interno, que permite apenas la supervivencia de nuestro pueblo, como maíz, arroz, trigo, cebada, fríjol y azúcar, está siendo aplastada por importaciones masivas de los excedentes subsidiados por el imperialismo, que se acentuaría con la puesta en práctica del TLC y ALCA. Estos productos importados son manejados por las trasnacionales del agro e incorporados en nuestra economía bajo el peregrino pretexto monetarista de estabilizar los precios internos, pero en realidad causan conmociones a corto y largo plazo.

Una gran masa de campesinos, ante el descenso vertical de los precios de sus cosechas, se ha visto obligada a dejar sus siembras tradicionales y sus tierras y a incursionar en cultivos de coca y amapola para sobrevivir, lo que incrementa el arrasamiento de los bosques y los lleva a caer en las implacables redes del narcotráfico o a ser objeto de la represión. La respuesta del gobierno nacional no puede ser más demencial, ante sus compromisos con el imperialismo yanqui, en asociación con la DEA y la CIA, al emprender fatídicas campañas áreas de fumigación masiva, que aniquilan por igual los llamados narcocultivos y plantaciones de alimentos, afectan toda la flora y la fauna, contaminan las aguas y lesionan la salud de niños y adultos.

Los sectores agroindustriales exportadores, que venían en relativa consolidación hasta finales de la década de los años 80, han entrado en un proceso de desestabilización económica. A partir de las reformas neoliberales, con la consiguiente “apertura” hacia los mercados externos y como contraprestación del mercado interno, se ha desencadenado una mayor y creciente injerencia de los mercados internacionales sobre la producción nacional, a través de las multinacionales del agro y las comercializadoras gigantes. Así, los sectores de la industria agropecuaria criolla son severamente golpeados, algunos tienden a desaparecer como productores, otros están en crisis, o transformándose de exportadores en importadores para el mercado interno, como en el caso del aceite de la palma africana.

Sumado a lo anterior se han estado desmontando industrias procesadoras de alimentos, cuya anterior producción ahora se importa. Además, hay creciente incertidumbre en los mercados externos colombianos por las trabas al comercio con los bloques imperialistas, que abarcan importantes rubros, como las flores, el banano, el café y la pesca. Esto a la vez destruye los magros pero importantes avances históricos logrados con tanto sudor y sangre por el combativo proletariado agrario en materia salarial y organización, dejando una estela de miseria, desolación, crisis social y política en extensas zonas como Urabá, el Sur del Cesar y la zona cafetera.

De forma paralela a esta hecatombe agraria se ha acelerado la pauperización del campesinado pobre y medio, que está siendo desahuciado y desalojado de sus parcelas por la acumulación de créditos morosos con la banca, así como por la presión y agresión del narcotráfico, que en unión con el ejército y los paramilitares adelantan una contrarreforma agraria de devastadoras proporciones.

Esta tendencia viene a acoplarse con la reversa en las reformas agrarias cepalinas -de concepción socialdemócrata- realizadas en cabeza del INCORA, en asocio con el DRI, ICA, Inderena, Sena y otras instituciones estatales (muchas de las cuales ya no existen por la reestructuración del Estado fruto de la privatización y globalización neoliberal), que pese a lo insuficiente, dieron cierto respiro a las reivindicaciones campesinas por tierras laborables y servicios agrarios, lo que permitió alguna ampliación de los mercados regionales y locales apartados de los centros del capital y cierta alza en el nivel de vida. Dichas reformas institucionales, luego de tres décadas y media, muestran que los programas estatales para la supuesta desconcentración del gran latifundio, la democratización de la propiedad agraria y el bienestar en el campo, a través de la distribución de tierras a los campesinos y algunas asistencias públicas, fueron una simple mampara para impulsar su mayor concentración y frenar el auge de las luchas agrarias.

Los niveles de analfabetismo, insalubridad, carencia de agua potable, alcantarillado y demás servicios son, alarmantes. De forma simultánea el ejército y los paramilitares han arrasado virtualmente la Anuc, la más importante organización del campesinado colombiano en épocas recientes. Así mismo la producción, el capital y el crédito se ha súper concentrado en las principales ciudades.

Hoy, bajo el emblema neoliberal, dicha propensión se acentúa, puesto que todos los programas oficiales apuntan a impulsar el mayor entrelazamiento de la gran propiedad territorial con el capital financiero criollo y foráneo. Así, los institutos estatales que sobreviven a la privatización, se han transformado en simples instrumentos para el avance del mercado de tierras y el apoyo a la Bolsa, como medios para incorporar las riquezas del campo al especulativo mercado de capitales.

A la vez, se están entregando a la burguesía agraria, los pulpos financieros y al imperialismo las pocas instituciones estatales del sector. Es decir, se promueve un mayor parasitismo de la propiedad territorial y un salto en el saqueo del patrimonio campesino, de cuyas ganancias la oligarquía agraria logra resarcirse y superar las mermas en los beneficios de los sectores agroindustriales en quiebra.

En síntesis, la contrarreforma neoliberal en el agro está produciendo una colosal crisis económica, social y política, cuya esencia constituye un radical incremento y mutación negativa en la generación y distribución de la renta de la tierra en el campo.

Esta contrarreforma acelera y refuerza un proceso que se venía gestando desde la reforma cepalina en el campo, que implica un salto en el parasitismo de dicha renta agraria. No sólo se incrementa la renta y se aumenta al mayor límite posible la súper explotación campesina, lo que produce el ascenso de la expulsión de sus tierras y concentra de forma superlativa la propiedad y el ingreso agrario, sino que la mencionada renta de la tierra está cada vez menos ligada a la producción y es más zángana, atada de forma ascendente al sector financiero. En suma, un doble parasitismo de la renta agraria, ya que además del monopolio de la tierra, se le agrega el entronque con los monopolios y el capital financiero estatal y privado.

Lo anterior, sumado al mencionado azote sobre el proletariado agrícola y el campesinado pobre «que ha reducido de forma dramática la población en el campo» genera severas crisis fiscales en los municipios y regiones alejados de los centros económicos y de poder.

Esto se ve agravado por las llamadas reformas de descentralización neoliberal, que incluyen el señuelo de la denominada “participación” ciudadana y de las regiones en la gestión del gasto público, como medio para continuar las privatizaciones, con las cuales se descarga de las responsabilidades en materia de servicios y seguridad social al Estado central, que sigue acaparando las mayores rentas.

La deforestación ascendente e irracional de las selvas húmedas a causa de la colonización, la acción nefasta de las mafias del narcotráfico y de las fumigaciones del gobierno en asocio con la DEA, y el despiadado saqueo que las multinacionales ejercen sobre los bancos naturales de germoplasmas (para patentarlos con ligeros cambios en sus cadenas genéticas) que guardan estos patrimonios biológicos de nuestro pueblo y de los pueblos del mundo, y la tala de bosques por parte de grandes empresas, constituyen una grave amenaza a la propia existencia del hombre sobre el planeta, lo que plantea otra tarea conjunta del proletariado mundial para exigir que se detenga el ecocidio.

Las relaciones hombre-naturaleza, con demandas como el aire puro, la preservación de las aguas, la flora, la fauna y el entorno ambiental en el campo y la ciudad, son factores esenciales para unas adecuadas relaciones hombre-hombre, que implican bienestar, desarrollo sano y equilibrado de las generaciones presentes y futuras.

En este marco, una tarea internacionalista es obligar a los países imperialistas, como mayores depredadores de la naturaleza, a elaborar proyectos económicos conjuntos y masivos con los pueblos de los países dependientes, que compensen la mayor polución que generan y el milenario acumulado producto del saqueo de nuestros recursos naturales, para desarrollar tecnologías limpias, que permitan la viabilidad de nuestras economías y la hermandad de los pueblos.

Las Clases Sociales en Colombia

12. El XV Congreso es consciente de la necesidad que tiene el Partido de profundizar y precisar su análisis de clases, tarea que en este período debe encabezar el CC con la preparación de la Conferencia Nacional de Cuadros. Sin embargo, es pertinente y posible entregar unas formulaciones que sirven de base a nuestro trabajo y a las investigaciones que hagamos en este campo.

Al estudiar la estructura de clases en nuestra formación socioeconómica, destacamos la existencia de la burguesía y el proletariado como las principales clases antagónicas.
Dado el grado de monopolización de la economía y el papel del sector financiero, se ha producido un agrupamiento de las clases dominantes alrededor de los sectores monopólicos financieros de la burguesía. El sector más poderoso de la burguesía se apropia los mayores beneficios, articula y controla la banca, la producción y el comercio. En ella se integran los terratenientes, latifundistas y los grandes ganaderos. Compagina su cuota de poder con el imperialismo y sus multinacionales. Encabeza las clases dominantes y conforma una oligarquía que determine el poder económico, político y social.

Distinguimos la existencia de una burguesía monopolista y una no monopolista. La primera mantiene la hegemonía dentro del bloque de poder y en su conjunto. Antes que presentar posiciones nacionalistas y antiimperialistas, la burguesía en su conjunto es el soporte de la dominación yanqui, aunque al respecto existen diferencias.

Entre ambas fracciones se presentan contradicciones que no llegan a establecer una confrontación fundamental, pero que pueden ser aprovechadas con miras a descomponer el bloque oligárquico y en función de reivindicaciones democráticas y antiimperialistas.

El imperialismo incentiva el entrelazamiento de las distintas fracciones de la burguesía, así como la preponderancia de los sectores monopólicos, en tanto ello es una necesidad para mantener su dominio. A través de esto garantiza su papel de aliada del imperialismo norteamericano, con el apoyo fundamental del sector monopolista, que actúa como su socio menor e involucra al conjunto de la burguesía.

La burguesía no monopolista es inestable en su composición y cuenta con escaso poder social y político. Así esté entroncada con los monopolios y el imperialismo a través de múltiples medios, mantiene contradicciones con ellos que tienen que ver con sus aspiraciones de ascenso o su necesidad de pervivencia ante el constante proceso de diferenciación y quiebra a que se ve abocada.

12.1. En correspondencia con nuestra formación socio-económica, el proletariado es la clase fundamental en el país. Está compuesto básicamente por los obreros fabriles, los de la industria minera, la construcción, la agricultura, así como los de otras esferas de trabajo productivo, de los servicios, el transporte y el comercio y, en general, por todos los trabajadores que intervienen en el proceso de valorización del capital.

El proletariado en Colombia se encuentra agrupado en las grandes, medianas y pequeñas industrias de diversas ramas de la economía.

El proletariado agrícola está integrado por los obreros de la agroindustria, los peones o jornaleros que trabajan en haciendas de diverso tamaño, los proletarios migrantes y temporales.

También es importante contabilizar al semiproletariado rural y urbano, que se acerca en sus intereses y objetivos al proletariado, y al ejército industrial de reserva. Dado el nivel de desarrollo capitalista existente en Colombia, especialmente en el campo, sectores amplios del proletariado rural mantienen propiedad sobre parcelas, cuya explotación opera como elemento accesorio, mientras la venta de su fuerza de trabajo constituye su característica fundamental.

El proletariado lo definimos como clase fundamental en Colombia no solo en función de su ubicación en la producción y su papel histórico, sino también en razón del crecimiento que muestra, considerando además el concepto de familia proletaria y de ejército de desempleados.

La configuración de la clase obrera se ha dado en medio de un proceso complejo, que presenta zigzags, desarrollo desigual, heterogeneidad y oscilaciones. En promedio, la fuerza proletaria es joven, presenta recomposiciones y movilidad; generaciones anteriores se han visto aún ligadas a la propiedad de la tierra o de medios rudimentarios de producción, la participación femenina se ha incrementado y, dado que el salario no copa la reproducción de la fuerza laboral del obrero y su familia, la esposa y los hijos tienen que recurrir con mayor frecuencia a complementar el sustento familiar.

Las medidas neoliberales de la burguesía han incidido en la situación material, en la organización, conciencia y nivel de lucha del proletariado. Su trabajo por fragmentar a los trabajadores y desagregar a la clase obrera por medio de la parcelación del proceso productivo, a través de la aplicación de la RCT y los nuevos métodos de gestión y administración, han producido efectos negativos en la clase obrera. La proliferación de la informalidad, el trabajo domiciliario, las maquilas, la legislación laboral regresiva, los golpes a la organización sindical, la corporativización de sectores, el intenso trabajo ideológico, el oportunismo y la penetración de ideas socialdemócratas y, en especial, el asesinato sistemático de dirigentes obreros y lideres populares son elementos que han golpeado a los trabajadores, han mellado su nivel de lucha y están exigiendo cambios en nuestras propuestas frente a ella.

Pero nada de esto desvirtúa su papel. Las características fundamentales que hacen de ella la clase más revolucionaria, la llamada a encabezar los cambios en esta época histórica, a representar el conjunto de los intereses del sujeto revolucionario y a encabezar la alianza obrero-campesina-popular, se mantienen.

12.2. Existe una importante, y numerosa población que cobijamos bajo la denominación de capas medias o pequeña burguesía, tanto en la ciudad como en el campo. El análisis nos indica que lejos de ser homogéneas, en su interior se presenta una gran diferenciación, digna de tomar en cuenta en el análisis económico, y en lo que atañe a su comportamiento político.

El amplio número de trabajadores asalariados, desposeídos de medios de producción, cuyo patrón es la burguesía o el Estado directamente, que no están en la esfera productiva, sino ligados a la circulación, a la administración oficial que incluye una franja amplia de la burocracia estatal, a la educación, la salud y los servicios, constituye parte importante de estas capas medias. Su experiencia de lucha, su calificación e instrucción, su organización sindical al lado de los obreros de sectores fundamentales, son características de gran importancia que nos llevan a tenerlos en cuenta como sectores cercanos al proletariado.

La intelectualidad, vista como sector social, está conformada por diferentes clases, pero el grueso de sus integrantes hace parte de las capas medias. Sufre los rigores económicos de la crisis viendo reducidas sus posibilidades de subsistencia y de desarrollar sus aportes a la cultura y la ciencia. El imperialismo y la burguesía, dada la importancia de los intelectuales en la multiplicación de la influencia ideológica y su liderazgo en nuestra sociedad, han hecho un intenso trabajo de cooptación de esta capa y han logrado que sectores importantes se coloquen al servicio del Estado, ya sea desde las instituciones públicas, o desde los centros académicos, científicos o de diversa índole de carácter privado. Esto realza la necesidad que tiene el proletariado de contar con sus propio intelectuales o con personas que defiendan posiciones democráticas en este ámbito.

Los pequeños industriales y comerciantes, los campesinos pobres y medios, y los artesanos, integrantes de las capas medias, se encuentran articulados al desarrollo capitalista en tanto dependen de él y a su vez están amenazados por él. Constantemente se ven lanzados a la ruina. Trabajan por cuenta propia; recurren al trabajo directo del propietario y su familia; y ocupan personal asalariado de manera temporal o en pequeña escala. Hacen parte de las capas medias; los pequeños rentistas, los profesionales independientes o asalariados que por el nivel de sus ingresos y actividades económicas se ubican en esta posición.

12.3. Al estudiar la población ligada al llamado “sector informal” encontramos un amplio volumen de pequeña burguesía empobrecida, semiproletarios, proletarios desempleados.

El surgimiento y auge del sector informal responde tanto a la crisis del capitalismo como a las políticas que adopta para sortearla y amortiguar el conflicto social, especialmente para disimular el desempleo crónico.
Las políticas neoliberales han contribuido a multiplicar el fenómeno de la informalidad y lo han usado para disminuir la presión sobre el capital, para desvalorizar la fuerza de trabajo, quebrar las conquistas obreras y hasta intentan organizarla para contraponerla a la acción del proletariado.
Al mismo tiempo, la burguesía y el imperialismo se sirven del sector informal como fuente de fuerza de trabajo barata, a la que se le niegan las prestaciones, la estabilidad laboral y la organización sindical.

12.4. En la actualidad, cerca de la mitad de la población rural carece de tierras. La gran mayoría son jornaleros agrícolas, arrendatarios y aparceros. El campesinado pobre y medio, en cuanto clase en transición, presenta una diferenciación progresiva.

Pese a la disminución del volumen de población rural (27%) y a la crisis que ha afectado al campo, la producción agrícola mantiene un peso importante en la economía.
Los problemas del campesinado colombiano han adquirido tintes realmente dramáticos por la envergadura de la contrainsurgencia, el paramilitarismo y la lucha contra el narcotráfico.

De ahí que el derecho a la vida, la desmilitarización, el reclamo de diálogo con el movimiento guerrillero, la exigencia de sustitución de cultivos y el respeto a los derechos humanos son banderas que se unen a las reivindicaciones económicas de los pobladores del campo, a su necesidad de tierras, crédito, comercialización de sus productos, asistencia técnica, etc.

12.5. Los indígenas conforman un sector social heterogéneo que integra diferentes comunidades étnicas y culturales. Representan alrededor del 1.5% de la población colombiana; se encuentran diseminados en comunidades y grupos en diversas zonas del país. Han sufrido un duro proceso de diferenciación y agresión, simultáneo con el desconocimiento de sus derechos sobre sus resguardos, de su cultura y tradiciones. Los indígenas se integran en general a las clases y sectores populares, en especial al campesinado pobre. Pero es incorrecto asimilarlos de manera plana al campesinado y sus reivindicaciones. Junto con la confluencia de intereses entre las minorías étnicas indias y los sectores populares, existen elementos específicos económicos, sociales y culturales que no podemos desconocer.

Dentro de los indígenas encontramos sectores que han evolucionado hacia el proletariado agrícola y minero, grupos de artesanos y sectores semiproletarios.

Simultáneamente perviven núcleos indígenas, principalmente en los departamentos de Cauca, la Costa Atlántica, Nariño, regiones de Antioquia, Huila y Tolima, que conservan su organización y vida comunitaria.
A partir de la reforma constitucional de 1991 alcanzaron un grado de reconocimiento y representatividad, que el gobierno ha querido utilizar para cooptar el movimiento indígena. Sin embargo, los problemas indígenas siguen sin ser resueltos y este sector mantiene un importante nivel de identidad y organización propia.

12.6. Las comunidades negras representan alrededor del 21% de la población Colombiana. En su interior existe una diferenciación clasista que tiene orígenes en situaciones históricas que se remontan al periodo de la colonia. Empero, como etnia, pese a las dificultades y precariedad organizativa y a la dispersión que sufre, tiene un buen potencial de actividad y una lucha pendiente contra las formas de discriminación que no por sutiles dejan de ser una violación a sus derechos.

El Estado Colombiano

13. Por sus características esenciales y los intereses de clase que encarna, el Estado colombiano es burgués pro imperialista. Su objetivo central es garantizar las condiciones económicas y políticas de reproducción de la actual formación social y defender por todos los medios los intereses de las clases dominantes y del imperialismo norteamericano.

El Estado colombiano evidencia factores de crisis y descomposición que tienen que ver con la negación y entrega de su soberanía al imperialismo norteamericano, la crisis institucional y de los Partidos políticos burgueses, con el desprestigio que él y sus Fuerzas Armadas han sufrido por efectos de violación al derecho a la vida y demás derechos humanos, por la impunidad que persiste, por sus nexos con las mafias y el paramilitarismo, por la corrupción, además de la problemática y el descontento social en todos los ámbitos.

Para ejercer su dominio, la burguesía se apoya principalmente en la fuerza organizada y represiva del Estado y su pilar central, las fuerzas armadas reaccionarias. Dicha fuerza se ejerce a través de la coerción que ha asumido formas de terrorismo de Estado y de guerra sucia, el incremento del militarismo y la liquidación de la oposición política, el aliento al paramilitarismo como expresión del terrorismo de Estado, que luego de los acuerdos de Santa Fe del Ralito está tomando nuevas formas, abiertas y legales, que incluyen las "cooperativas" de autodefensa y se ha unificado para desarrollar un trabajo político abierto, de contenido derechista de corte fascista, bajo la inspiración anticomunista y de combate contra el movimiento guerrillero y las luchas obrero-populares.

Con la orientación de los estrategas del Pentágono se ha impulsado a fondo un trabajo ideológico como parte de la política estatal dirigida a desmovilizar la acción revolucionaria y democrática, a cimentar una cultura anticomunista y a granjearse un apoyo de masas para recomponer su legitimidad. De ahí la intensificación en el uso por parte del Estado burgués del discurso sobre paz y democracia, sobre derechos humanos y pacto social que, bien vale advertir, no se queda en el simple plano de la demagogia, sino que recurre a algunos cambios reales pero limitados y ordenados según sus fines. En este mismo sentido opera la actividad de la socialdemocracia y otros oportunistas.

La Constitución de 1991 no cambió la esencia del Estado actual. Fue un intento por legitimarlo jurídicamente, tanto internacional como nacionalmente, y un trabajo por adecuarlo a las exigencias del neoliberalismo y del imperialismo norteamericano. La esencia contrainsurgente y el presidencialismo que lo caracterizan se mantuvieron, así como el poderío y privilegios de las fuerzas armadas. El carácter represivo y terrorista ha sido reforzado con el paramilitarismo, la guerra sucia y reformas a la justicia (que incluyeron la derogada jurisdicción regional de orden público o justicia sin rostro), altamente lesivas de los derechos humanos.

Con posterioridad a la Carta Constitucional se han implantado sucesivas contrarreformas que han limitado o desvirtuado los tímidos avances que en materia democrática se habían logrado.

Los procesos de privatización y desregulación del Estado han disminuido su papel en cuanto garante del bienestar social y como inversor directo en la economía. En cambio, el Estado colombiano es hoy más represivo, afianza las tendencias hacia su endurecimiento de corte pro-fascista, está más comprometido y al servicio de los monopolios privados nacionales y extranjeros, recurre a formas dictatoriales y ejecutivas bajo la conmoción interna, ha extendido su presencia en el territorio nacional, especialmente por medio del control, ha dado algunos pasos en la recomposición del consenso por la vía pactista y en la cooptación de franjas socialdemócratas y otros oportunistas.

Con las contrarreformas neoliberales se operan importantes mutaciones en el Estado y sus aparatos económicos. Ha fracasado estruendosamente el Estado cepalino o keynesiano, de inspiración socialdemócrata, que presumía de ser garante del acumulado social de la nación, que brindaba la base monetaria, crediticia y económica para el mercado interno, para apoyar la base industrial y agrícola del país, sobre las cuales se erigía un determinado nivel de vida y unos derechos de las masas, para lo cual presuntamente distribuía de forma equitativa dicho acumulado colectivo a través del presupuesto, colocándolo al servicio del llamado “sector social”.

Este Estado, bajo la contrarreforma neoliberal para paliar la crisis, se vuelve cada vez menos distribuidor de los “beneficios sociales” y cada vez más instrumento expropiador de recursos naturales y sociales a favor de los monopolios privados y el imperialismo y para lograrlo reacomoda sus instrumentos internos.

El Estado social reformista, para acallar la creciente efervescencia de las masas tras la II Guerra Mundial y sacar al imperialismo de la gran depresión económica, utilizó el tesoro nacional, así como el sistema monetario, crediticio y fiscal de la nación para estimular los monopolios privados, por medio de recurrentes déficit fiscales, lo que ha llevado a todos los Estados del mundo al sobre endeudamiento y a muchos al borde de la bancarrota.
Ante el fracaso de dichas seudoreformas sociales, el neoliberalismo impone, entre otras medidas, la separación en la rama ejecutiva de la autoridad monetaria y crediticia, de la autoridad presupuestal y fiscal, conocidas como la “Independencia del Banco Central”, más en el papel que en la realidad.

Además, el Estado bajo las contrarreformas neoliberales deja de ser garante del acumulado social nacional, que cimenta el mercado interno y suministra la base económica a la industria y el agro criollos, para lo cual necesitaba unas barreras arancelarias y unas financieras, pasa bajo la batuta neoliberal a ser instrumento directo del imperialismo, negando de plano los mínimos derechos de las masas populares.

Esto se debe a que la crisis nacional e internacional determina que para los monopolios sea de mayor interés táctico y estratégico incrementar la asociación con las multinacionales y el imperialismo, que conservar sus privilegios internos. Este entrelazamiento creciente lo logran los monopolios criollos a través de convertir parte de su capital en capital financiero, sobre la base de las privatizaciones de las empresas de servicios públicos y seguridad social.

Un importante papel en esta transformación del Estado lo juega la modificación de las funciones del Banco Central (Banco de la República, en Colombia) impuesta en la Constitución neoliberal de 1991. La llamada independencia del Banco de la República frente al gobierno, es decir, frente al gasto presupuestal, se realiza con el presunto objetivo de mantener una “moneda sana”, que no se deprecie internamente por los altos niveles de inflación -pese al creciente impulso a la devaluación frente al dólar y las demás monedas internacionales. Sin embargo, la reducción de los índices de precios al consumidor, hasta ahora pírricos, no es más que una columna de humo al servicio del sector financiero y los monopolios privados, para buscar estabilizar y estimular el especulativo mercado de capitales, que permita engullirse las empresas estatales, en asocio con los monopolios imperialistas, y cercenar el salario indirecto y colectivo de las masas.

La corrupción es otro rasgo del Estado Colombiano. La evasión de impuestos por parte de las empresas multinacionales, de los monopolios, de los oligopolios y los ricos de este país crece de manera alarmante según cifras de la prensa oficial; igual situación ocurre con el contrabando y la corrupción según informes de los organismos de control del Estado. Una gruesa parte de los congresistas, altos jefes militares y encumbrados funcionarios están ligados al narco-paramilitarismo, involucrados en actos de corrupción y a contrataciones fraudulentas. De ahí que la lucha contra la corrupción se ha convertido en una bandera democrática, imposible de enarbolar desde las contaminadas esferas del Estado y los partidos de la oligarquía.

14. El imperialismo y la guía neoliberal, necesitan un tipo de Estado más dócil a sus objetivos, menos soberano, aparentemente menos fuerte, pero en la realidad más agresivo en el manejo del conflicto social, al punto de que hasta la pobreza cae en la categoría de asunto de seguridad. Este tipo de Estado está más abiertamente al servicio de los grupos monopólicos, sus medidas en el campo financiero y monetario, la entrega de las cesantías y prestaciones de los trabajadores a manos privadas, la política tributaria y la intervención en sentido regresivo en la esfera de la distribución, así lo demuestran.

Igual sucede con el ordenamiento jurídico sobre las relaciones obrero patronales y la intervención estatal ante las quiebras de entidades y empresas, por medio de las cuales socializa las pérdidas y privatiza las ganancias. Para no hablar del papel del Estado en la regulación y represión del conflicto social, que busca crear el clima favorable para la obtención de ganancias para los monopolios.

15. La dependencia del imperialismo norteamericano se expresa en el Estado a través de las imposiciones doctrinarias, de la estrategia contrainsurgente y la política de Guerra de Baja Intensidad; por medio de los pactos y tratados abiertos y encubiertos; de la orientación general de la economía y los programas de monitoría del FMI o el BM; de la injerencia de las Fuerzas Armadas norteamericanas y la pertenencia al TIAR ahora disfrazado con la “Carta Democrática” de la OEA; de la acción de las agencias de inteligencia yanquis; del desconocimiento de la soberanía nacional por diversas vías, entre ellas, la entrega de recursos naturales, y de la agresión ideológica y cultural, que ha cobrado una gran importancia.

Las formas interestatales que han surgido en diversos campos, o las que se intenta revitalizar como la OEA que promulgó su “Carta Democrática” incluyéndole el derecho a la intervención e injerencia de todo tipo en la vida de los países miembros, las organizaciones comerciales por bloques o zonas y los Tratados de Libre Comercio, son espacios desde los cuales el imperialismo impone las líneas de conducta para los países dependientes, invocando una supuesta legitimidad y autoridad para hacerlo. También se vale de otras “agencias” que actúan en sus campos respectivos para impulsar un pensamiento retrógrado, difundir sus “productos culturales” y cercenar la cultura de los pueblos y el pensamiento progresista.

El Régimen Político y el Gobierno de Colombia

16. Aunque el régimen actual en Colombia sea presentado formalmente como democrático liberal, es, en realidad, un régimen autoritario, oligárquico, presidencialista, con crecientes expresiones militaristas, con tendencia general al fascismo y excluyente frente a la auténtica participación popular.

Mientras la democracia en Colombia carezca de sustento material, mientras sean negados el derecho a la vida y al trabajo, mientras los pilares reaccionarios del Estado se mantengan, la democracia participativa que proclama la nueva Constitución, no pasará de ser un concepto político vacío. Sin una real democracia en la vida económica, la democracia burguesa seguirá siendo abstracta, cambiará formas pero no contenidos, será una mistificación de la administración pública para quebrar la resistencia y lucha de las masas.

En nuestro país no es posible hablar de Estado y régimen político sin considerar el fenómeno de la violencia.
A partir del carácter de clase del Estado, de su condición pro imperialista, de los factores de crisis mencionados, el Estado ha sido incapaz de responder a los anhelos de reformas de las mayorías. Ha sido excluyente, practica la democracia restringida bajo la guía de una concepción de la seguridad nacional que tiene su razón de ser en la preservación del sistema económico y el poder imperante por encima de cualquier consideración.

Todo ello ha conducido a un cierre de las vías democráticas para la disputa por el poder, a la eliminación del adversario, al uso sistemático de las más variadas formas de violencia reaccionaria y a un ambiente estrecho y excluyente para la lucha política. En tanto el Estado y el gobierno no representan a las mayorías colombianas, por más que se esfuercen por recomponer el consenso e implantar su legitimidad, siempre chocarán con unos límites de clase al respecto.

La violencia en Colombia ha sido una constante de nuestra historia. Sus causas las encontramos en la situación económica, en el nivel que ha adquirido la confrontación entre las clases, en la forma como se plantea la lucha por el poder, en la necesidad que las masas tienen de organizar su defensa y conquista de aspiraciones, en la ausencia de canales adecuados para la lucha política y en la propia historia de nuestro pueblo. Por eso el recurso de las masas a la violencia revolucionaria se justifica plenamente.

17. Los sucesivos gobiernos del siglo que termina son responsables directos de la ejecución de la política del imperialismo y la burguesía. Durante estos años se han acentuado los elementos represivos, el terrorismo de Estado con sus engendros del paramilitarismo y la guerra sucia. Pero lejos estamos de creer que son éstos los únicos medios para ejercer su mandato, o de pensar que entre cada uno de los gobiernos recientes no existen diferencias tácticas.

La Estrategia Revolucionaria

18. Los marxistas-leninistas planteamos para Colombia la necesidad de una revolución democrática, antiimperialista, en marcha al socialismo. La toma, ejercicio y defensa del poder político, económico y social por el proletariado y las masas populares es el objetivo que guía la acumulación de fuerzas revolucionarias y constituye el problema esencial que deben resolver el Partido y la revolución. Concebimos nuestro norte de poder popular, tanto en lo táctico como en lo estratégico, al servicio de la construcción de una nueva sociedad, la sociedad socialista y, en últimas, en función de alcanzar la sociedad comunista.

Nuestro objetivo estratégico es el derrocamiento del Estado burgués pro imperialista y el cambio revolucionario de las estructuras que lo sostienen, la abolición de toda forma de dependencia y la aplicación del programa estratégico de la revolución que profundice la destrucción del capitalismo y construya sólidos cimientos hacia la sociedad socialista.

Trabajamos por una revolución popular para liberarnos del yugo del imperialismo y de las clases en el poder y establecer una nueva sociedad. Se trata de un proceso revolucionario único e ininterrumpido, no de dos revoluciones distintas, ni de establecer primero una etapa democrática como paso obligado y previo hacia el socialismo.

Enfatizamos en las tareas democráticas y antiimperialistas, condición necesaria para despejar las transformaciones socioeconómicas fundamentales y avanzar en la construcción del socialismo, pero expresamos claramente el compromiso de iniciar la construcción socialista a partir de la toma del poder; sus alcances dependerán de múltiples factores, entre los cuales la correlación de fuerzas a nivel nacional e internacional tiene un lugar destacado.

La marcha hacia el socialismo y la construcción de éste se fundamentan en el papel del Partido marxista leninista, de la clase obrera y las masas, en la vigencia de la teoría del proletariado, en aspectos estratégicos de la base económica que conlleven la unión de los productores directos con los medios de producción y los consiguientes cambios en las relaciones de producción. Mantener este norte ayuda a ligar mejor la revolución democrática antiimperialista con el socialismo. El período de transición hacia el socialismo está marcado, entre otras cosas, por una intensa lucha contra las pervivencias capitalistas y burguesas tanto en la base económica como en la superestructura. En ellas reposa la posibilidad de restauración del capitalismo y reversión del proceso. De ahí que demos gran importancia a la lucha contra tales pervivencias, al papel del Partido, al carácter de clase del Estado, a la profundidad y acierto en la lucha de clases en todos los campos, al papel protagónico de la clase obrera y las masas para garantizar la culminación de esa fase de transición y así dar solución al problema clave de “quién vencerá a quien”.

19. La Estrategia de nuestra revolución no sólo entraña una integración de las tareas antiimperialistas, democráticas y socialistas, con énfasis en las primeras, sino que conlleva la concreción de un amplio margen de aliados; la definición del imperialismo norteamericano y la burguesía monopolista como el blanco principal a golpear; el compromiso con un programa coherente con el carácter y estrategia propuestos; y la claridad en el rumbo socialista del proceso y en el papel dirigente que corresponda al proletariado y su Partido.

La lucha democrática y antiimperialista exige profundas transformaciones en el contexto estratégico, especialmente cuando la burguesía ha renunciado a la defensa de la soberanía nacional y ha asumido un papel colaboracionista frente al imperialismo, correspondiendo al proletariado encabezar la lucha por los objetivos democráticos y nacional-revolucionarios.

20. Con el triunfo revolucionario nos proponemos destruir el actual Estado burgués-pro imperialista y establecer un Estado democrático popular. Este Estado, que es de transición, debe expresar los intereses de las clases revolucionarias y protagónicas del triunfo, en últimas, de las alianzas establecidas para la toma y ejercicio del poder popular.

Tanto en el periodo previo, como durante y después del desenlace revolucionario, el proletariado trabajará por jugar su papel dirigente, de modo que le imprima al proceso y al Estado mismo un carácter de clase cada vez más definido, en la perspectiva de la dictadura del proletariado. De esta manera expresa su papel de vanguardia que no puede ser cedido o relegado a ninguna otra clase, so pena de poner en riesgo o renunciar al rumbo socialista.
En las condiciones de nuestro país el ejercicio del papel dirigente por el proletariado y su Partido marxista leninista está ligado a la necesidad de forjar un amplio frente unitario, que concentre las fuerzas necesarias para ejercer una conducción conjunta de las luchas de las masas. El proletariado y su Partido, antes de disolverse en este nivel unitario, está obligado a empeñarse a fondo para lograr jugar su papel de vanguardia.

21. Trabajamos por instaurar un Gobierno popular-revolucionario, elegido mediante mecanismos que expresen la soberanía popular. Será un gobierno representativo, comprometido con el cumplimiento del programa revolucionario, que garantice la más amplia democracia para el pueblo, que defienda la revolución, el nuevo Estado y la nueva sociedad, que se apoye en las masas y fomente sus órganos de poder, que ofrezca elecciones democráticas, revocatoria del mandato y que establezca un amplio control por parte del pueblo en todos los órdenes, en función de lo cual es necesario impulsar la más amplia participación y organización de las masas.

Las Fuerzas Armadas reaccionarias deben ser sustituidas por el ejército revolucionario y el pueblo en armas forjados en el curso de la lucha y garantes de la marcha y defensa de la revolución. El parlamento, la rama jurisdiccional y la estructura ejecutiva serán reemplazados por nuevos órganos que expresen el poder popular.

No es posible tomar el poder y construir una nueva sociedad sin organizar la defensa de la revolución frente a los ataques de los enemigos internos y externos. Por eso, el nuevo Estado, apoyándose fundamentalmente en las masas y sus organizaciones, debe poner en juego su fuerza contra todos los elementos que atenten contra la revolución.

La estrategia revolucionaria en Colombia está ligada a los factores internacionales, por eso debe tomar en cuenta la confluencia de los elementos internos y externos para el triunfo y la transición hacia el socialismo. La revolución en nuestro país hace parte de la revolución mundial y, por eso, ofrece y reclama la solidaridad activa. En particular, nuestro Partido trabaja por desarrollar unas líneas comunes estratégicas y tácticas para el proletariado y los pueblos latinoamericanos, por recuperar su historia de luchas y el pensamiento democrático, libertario y socialista que las ha alentado.

22. Es posible el triunfo revolucionario actualmente, como lo demuestran los pueblos que se han levantado y han derrocado regímenes reaccionarios. La posibilidad del triunfo está cimentada en el materialismo histórico, que ha demostrado la necesidad de una sociedad cualitativamente diferente y superior a la actual, así como la existencia de contradicciones insolubles en el marco del sistema capitalista y la crisis que lo afecta. La superioridad del sistema socialista también ha sido comprobada en la práctica y no puede ser negada por los procesos de reversión que se han dado en varios países. Esta visión no es plana, ni está exenta de dificultades, zigzags y retrocesos. Para que el triunfo revolucionario se convierta en realidad se requiere la presencia de los factores objetivos y subjetivos, que son decisivos para la transición al socialismo y para evitar las regresiones. Dentro de ellos destacamos el papel de la conciencia revolucionaria y del Partido leninista en todo lo largo del proceso.

Desde el punto de vista objetivo, nuestro pueblo tiene las condiciones básicas para vencer al imperialismo norteamericano y a las clases reaccionarias internas, asido a sus propias fuerzas y con el apoyo de los pueblos, naciones y países amantes de la libertad, la democracia y el socialismo. En la actualidad existen factores favorables para superar las debilidades que se presentan en el desarrollo de la conciencia, la movilización, organización, lucha, unidad y alianzas necesarias para avanzar en la acumulación de fuerzas para la toma del poder.

23. La síntesis del programa estratégico que nuestro Partido plantea, es la siguiente:

- Expulsar al imperialismo norteamericano del país y así contribuir a su derrota; derrocar el Estado burgués-proimperialista y establecer un Estado democrático¬-popular, que sintetice nuestro norte táctico y estratégico de poder popular y se encamine hacia la construcción del socialismo; en ese sentido trabajará, de la manera más democrática posible, por establecer una nueva Constitución.

- Estructurar de manera democrática un nuevo régimen político.

- Conformar un gobierno de coalición popular y democrática.

- Luego de la derrota de las fuerzas armadas reaccionarias, el nuevo Estado desarrollará y dará un nuevo estatus a las fuerzas armadas populares, que articulan la acción del Ejército Popular Revolucionario, con el armamento y adiestramiento militar de todo el pueblo. Definirá un tratamiento para quienes deseen incorporarse al proceso revolucionario, establecerá el castigo para los criminales comprometidos en masacres, delitos de lesa humanidad, violaciones a los derechos humanos, etc., y eliminará los grupos paramilitares y de sicarios que han sido sustento de la guerra sucia y el terrorismo.

- Trabajar por instaurar y consolidar la paz democrática interna sobre las nuevas bases creadas por el triunfo revolucionario.

- Asumir una política internacional basada en la independencia y la soberanía nacional, la paz entre los pueblos y las naciones del mundo, la autodeterminación, la cooperación en pie de igualdad con todos los países, y el apoyo a las luchas de los pueblos y naciones por su liberación nacional y social. Estimular la integración latinoamericana. Cancelar los pactos y acuerdos lesivos a nuestra soberanía.

- Promover un auténtico desarrollo nacional independiente y soberano. A partir del desarrollo de las fuerzas productivas y sobre la base de las nuevas relaciones de producción, el Estado y el Partido, apoyados en la clase obrera y las masas, deben marcar en la economía el rumbo hacia la implantación del socialismo. Integrar la planificación centralizada con el estímulo al desarrollo de la producción y la productividad y trazar políticas frente a otras formas de producción y propiedad que seguramente coexistirán durante un buen lapso.

- Los recursos naturales, los grandes medios de producción, los pulpos financieros, la gran propiedad territorial, el comercio en gran escala, el transporte y demás propiedades en manos del imperialismo y la burguesía monopolista, pasarán a manos del nuevo Estado y del pueblo, según las condiciones, para que se conviertan en el motor del desarrollo y fuente del bienestar social.

- Desconocer la deuda externa y revisar los contratos e inversiones de las compañías extranjeras.

- Establecer mecanismos de participación de las masas populares y sus organizaciones en la planificación y el control de la economía, la vida política y social.

- Dar un tratamiento democrático y resolver los diversos problemas de las comunidades indígenas y negras, y las aspiraciones de las comunidades regionales y sectores sociales.

- Adoptar medidas que beneficien el desarrollo de las fuerzas productivas, la vinculación de las masas a la producción, el derecho al trabajo y el bienestar.

- Impulsar una reforma agraria que expropie a los latifundistas y terratenientes, que respete la pequeña y mediana propiedad, que promueva la producción agrícola y propenda por el establecimiento de formas asociativas de propiedad y producción en el campo. Simultáneamente es indispensable crear y fomentar el bienestar material y la educación y los servicios para la población rural.

- Desarrollar una reforma urbana que elimine el monopolio de la propiedad de la tierra en las ciudades, libere a las masas del yugo de las entidades financieras y diseñe una política urbanística y un uso del espacio en las ciudades con fundamentos democráticos y populares.

- Construir una política revolucionaria en el arte y la cultura para promover la creatividad popular, los valores democráticos, revolucionarios y socialistas, de modo que se impulse y se acompañe el proceso de transformación de la sociedad.

- Establecer una política de Estado que defienda los Derechos Humanos, que propenda por el mejoramiento sustancial del nivel y calidad de vida de las mayorías, cubriendo las áreas de salud, educación, cultura, recreación y deportes.

- Estimular la identidad nacional bajo criterios democráticos y progresistas. Fomentar el internacionalismo y el espíritu de solidaridad con los pueblos. Trazar políticas de desarrollo en los campos científico, investigativo y técnico.

- Llevar a cabo una política de defensa del ecosistema que apunte, en primer lugar, a eliminar la acción depredadora de las multinacionales, de la carrera armamentista y el manejo irresponsable de la energía nuclear. A partir de la redefinición del objetivo de la producción en la sociedad y de la expulsión del imperialismo, se puede lograr una relación armónica entre el hombre y la naturaleza y promover tal visión en la arena mundial.

- Formular soberanamente una política y un tratamiento frente a la producción, procesamiento, comercialización y consumo de sustancias sicotrópicas, que sintetice un esfuerzo internacional por solucionar el problema y que no supedite su visión al tema de la seguridad del imperialismo. El nuevo gobierno atenderá más a la prevención que la coerción, la educación, a la sustitución de cultivos y la eliminación de la fuerza paramilitar que ha girado alrededor de las mafias.

La amplia difusión del programa hace parte del trabajo político y propagandístico de todo el Partido.

24. Al hablar de la vía revolucionaria para lograr la estrategia propuesta, partimos del criterio marxista leninista, válido en nuestras condiciones, de que el factor decisivo de la revolución es la violencia de masas. El acceso del pueblo al poder se dará en medio de un agudo proceso de confrontación de clases y de lucha contra la burguesía y la intervención imperialista, sin descartar la agresión directa.

La lucha política de masas continúa siendo la forma principal de lucha de nuestro pueblo. La agudización de la lucha política, la generalización de la guerra popular y el paso de todas las formas de la lucha por el poder a la insurrección, representan el camino inevitable e indispensable hacia el triunfo de la revolución.

El objetivo final de la conquista del poder popular exige que se presente una situación revolucionaria, con todos sus factores internos y externos, objetivos y subjetivos, que desemboque en una insurrección dirigida por los comunistas y revolucionarios, en la que se levante en armas la mayoría del proletariado y del pueblo agrupándose en una fuerza capaz de derrotar y destruir las fuerzas armadas enemigas y a los actuales detentadores del poder económico y político, y de colocar en su lugar el nuevo Estado.

Asumimos desde ahora la preparación de la insurrección, conscientes de que su realización no será posible sin que medie una situación revolucionaria y de las particularidades que este proceso tiene en nuestro país. Es preciso puntualizar que hablamos de proceso insurreccional y de acumulación de fuerzas en estrecha relación con nuestra concepción de poder popular, que nos permite avanzar y consolidar, lograr objetivos tácticos que en determinadas circunstancias representen elementos del poder popular y nos acerquen al objetivo estratégico, que implique el despliegue de diversas formas de lucha y organización, y que exprese los pasos en el desarrollo de la conciencia, cohesión y acción de las masas. Por eso no tiene un sentido evolutivo, ni nos referimos a la acumulación como algo estático que suma fuerzas de manera cuantitativa y definitiva.

El trabajo por las insurrecciones parciales, por el dominio de zonas y la implantación del poder popular debe darse tanto en el campo como en las ciudades, sabiendo diferenciar los ámbitos y exigencias para la acción. El desarrollo de esta tendencia puede dar lugar a una nueva situación, que nos plantearía la dualidad de poderes y que significaría un nuevo estadio en la lucha revolucionaria en el país.

De ahí nuestra insistencia en asumir de una mejor manera y más integralmente las distintas formas de lucha de las masas, sin separar la lucha armada de las demás, entendiendo que ella es expresión elevada de la lucha política. Y también el realce del papel del Partido y de las masas en el proceso.

Trabajamos en la proyección de una estrategia para el movimiento revolucionario con énfasis en la preparación de la insurrección. Una estrategia nacional e integral, pero que toma en cuenta las características regionales, los niveles de desarrollo revolucionario y las peculiaridades socioculturales.

La Táctica General del Partido

25. Nuestro Partido asume las tesis leninistas sobre las formas de lucha, no liga el movimiento a una sola de ellas, sino que admite y fomenta las más diversas, no sobre la base de inventarlas, sino de generalizar, organizar, elevar y hacer conscientes las propias formas de lucha y organización que las masas crean. En nuestras condiciones estratégicas y tácticas destacamos la combinación de las diversas formas de lucha para la acumulación revolucionaria y dinámica de fuerzas hacia la toma del poder. Es papel del Partido poner en juego su capacidad de dirección para imprimirles un elevado nivel de conciencia, cohesionarlas y darles un rumbo revolucionario. En esencia hablamos de que es el Partido el que integra y da un norte a las distintas expresiones de la lucha popular que se dan en Colombia.

No podemos concebir las distintas expresiones de la lucha popular como “puras”, haciendo abstracción de la realidad o sin interrelación entre ellas. Un factor importante para vertebrar los proyectos de diversos sectores en un solo haz, lo constituye el programa revolucionario, así como las diversas plataformas que en sus ámbitos deben recrear líneas fundamentales de éste.

26. En la actualidad colocamos al centro la lucha política de las masas, expresada en diversas formas. En cada momento buscamos enfatizar en la acción directa de masas, la lucha callejera, la protesta, la huelga y el paro cívico. Es preciso puntualizar que la lucha política cubre tanto los aspectos extrainstitucionales como institucionales y que la acción directa de las masas debe reflejarse en ambos. Las prioridades deben establecerse conforme a los diversos momentos tácticos, pero, en ninguna circunstancia pueden el proletariado y el pueblo limitarse a los marcos estrechos de la legalidad burguesa.

Es evidente que hoy día es primordial la acción directa de masas en los espacios extrainstitucionales y que la acción dentro de las instituciones burguesas (sea el parlamento, diversos niveles de la administración pública, etc.), debe estar al servicio de la estrategia y la táctica revolucionarias, favorecer la lucha popular y descomponer al enemigo desde dentro, asunto radicalmente diferente a caer en la posición de auxiliadores de la burguesía y su crisis.

La lucha por libertades políticas exige que sepamos actuar en todos los espacios y que llevemos el pensamiento del Partido las ideas revolucionarias, antiimperialistas y democráticas a los más amplios sectores, valiéndonos de diversas formas organizativas, recursos, nombres, métodos, etc.

La lucha armada es una de las expresiones elevadas de la lucha política. Constituye un factor táctico y estratégico fundamental que en la perspectiva de la insurrección y con la maduración de la guerra popular cobra mayor importancia y tiende a convertirse en el elemento decisivo. La lucha política de masas actúa como vitalizadora permanente del movimiento y sirve de base para el desarrollo y ampliación de la lucha armada.

27. La conquista del poder popular como objetivo central de la revolución marca el rumbo al conjunto de la acción política, social y militar de las masas y obliga al Partido y a los revolucionarios a desplegar una persistente labor de preparación y maduración de la situación revolucionaria.
La esencia de la acción revolucionaria en todas sus expresiones se fundamenta en el papel protagónico de la clase obrera y las masas, reside en lograr el concurso efectivo, la educación, la creciente movilización y la organización de las amplias masas, en tanto son verdaderos sujetos del proceso social, ejes de la lucha y fundamento de nuestra misión estratégica.

Con esos fines subrayamos la necesidad de configurar un amplio movimiento político de masas que conjugue la acción obrera y sindical, la dinámica de los movimientos sociales y regionales progresistas, las expresiones de lucha guerrillera y miliciana, el trabajo en el campo, los elementos parciales de poder popular y la incidencia que se logre con la lucha institucional.

Estos factores articulados, según el plan estratégico, contribuyen a la derrota del régimen político existente, concretan avances en el poder popular y aportan a la descomposición del Estado reaccionario.

28. No concebimos el poder popular como un simple cambio de composición política en las instituciones burguesas ni forjamos falsas ilusiones en torno a la solución de la profunda crisis económica, política y social del capitalismo sin que medie un proceso revolucionario.

No compartimos el llamado de sectores socialdemócratas a tomar el Estado desde dentro, escalando posiciones y dejando intacta su estructura y bases. Tampoco creemos que pueda resolverse el problema del poder sólo a partir del trabajo de la lucha armada o de las organizaciones guerrilleras, sin considerar las condiciones políticas de las amplias masas y la dinámica de la participación popular. En sentido estricto el poder popular es una meta nacional, que corona el triunfo de la revolución democrática, antiimperialista, en marcha al socialismo.

Desde el punto de vista táctico el poder popular expresa las conquistas parciales que las masas obtienen como fruto de las diversas formas de lucha que ponen en juego, de su fuerza, del dominio que adquieren en una zona determinada y que les permite organizarse y ejercer sus propias formas de gobierno.

Se trata de integrar los distintos elementos que potencien efectivamente a las masas en la perspectiva del poder, empleando una estrategia integral, a través de la cual las conquistas y las formas de organización y de lucha viven desarrollos y cambios permanentes y se cualifican hacia la toma del poder y la generalización de la nueva correlación de fuerzas.

29. Al tomar en cuenta los cambios sufridos en la sociedad colombiana y al estudiar nuestros problemas en el desarrollo de la lucha revolucionaria, concluimos que es imperioso cimentar profundamente nuestro trabajo en las concentraciones proletarias y populares de modo que esto constituya una prioridad real para nosotros y para el movimiento revolucionario.

Destacamos en la acumulación de fuerzas el papel que corresponde a las ciudades y las regiones de definición estratégica. La incidencia que han tenido en la población y sus luchas los fenómenos de urbanización, neoliberalismo y reformas políticas, así como los elementos que se derivan de la correlación de fuerzas, son punto de partida para el diseño de nuestra política. La acumulación de contradicciones, la pobreza y la explosividad de grandes áreas urbanas se han puesto en evidencia y representan una veta muy rica para levantar la lucha popular.
Además, tomamos en consideración las áreas que son de mayor interés para el imperialismo en Colombia, de acuerdo con su división internacional del trabajo, tales como el petróleo, el sector energético en general, la minería y las comunicaciones.

Tales prioridades que ante todo tienen un sentido de clase, no descartan en ningún momento el trabajo entre el campesinado, aliado directo del proletariado, con tradiciones de lucha de gran importancia, con experiencias en la acción armada y reivindicativa y, por cierto, muy descuidado en nuestra labor.

30. En la búsqueda de la crisis revolucionaria son claves la potenciación de la conciencia, organización y lucha de las fuerzas nuevas, junto con la profundización de las contradicciones y dificultades de la burguesía para mantenerse en el poder. En últimas, se trata de construir la hegemonía revolucionaria y llevar a las clases dominantes a una crisis en todos los órdenes, aprovechando sus propias contradicciones, límites e inconsistencias.

La necesidad de asirse al poder mediante el derrocamiento de las clases que lo usurpan, los cambios cualitativos y cuantitativos en las formas del movimiento, los saltos en la acción de las masas, y los desarrollos en la unidad del pueblo, son elementos que diferencian una situación revolucionaria de otros momentos de la acumulación de fuerzas. En medio de tales circunstancias se pueden abrir periodos de turbulencias dinamizadores, que llevan a que la situación se torne insostenible para el régimen y las masas y sea necesario el desenlace revolucionario.

El prever y trabajar en función de la crisis revolucionaria y de la toma del poder, es la base para romper con esquemas reformistas o izquierdistas, para integrar mejor los factores objetivos y subjetivos, la táctica con la estrategia, lo consciente y lo espontáneo, así como para sopesar la correlación de fuerzas en lo internacional y lo nacional.

31. Para la toma del poder y el cumplimiento del programa revolucionario, trabajamos porque el proletariado y su Partido jueguen el papel de vanguardia.

Pero el proletariado puede llevar a cabo la revolución sólo si asegura los mayores aliados posibles. En nuestro trabajo unitario damos prioridad a la unidad del pueblo, que significa, ante todo, plasmar la alianza obrero-campesina-popular. Lograr la condición de destacamento de vanguardia tanto por la política que se enarbola como por el ejercicio dirigente práctico, es un reto para el Partido que destaca la necesidad de fortalecer la ideología marxista-leninista, mantener la defensa de los intereses del proletariado, ganar el reconocimiento de la clase obrera y las masas populares, interpretar las realidades y saber definir en cada momento las tareas que empujen la revolución hacia adelante, adquirir la autoridad necesaria, y nuclear amplias masas alrededor del programa, fortaleciendo sus estructuras y poniendo en juego sus células y organismos íntimamente ligados a las masas.

Formulamos como parte de nuestra estrategia trabajar por la nucleación de todos los marxistas-leninistas en un solo Partido.

32. También como parte de nuestra estrategia y en desarrollo de la política de unidad del Partido, vemos importante trabajar por la unidad del movimiento democrático y revolucionario en sus diversos niveles y formas de organización, y por los acuerdos entre fuerzas políticas, con diversos alcances. Esto puede derivar en la existencia de expresiones y momentos de conducción conjunta a partir de nuestra concepción frentista.

Este campo de dirección compartido de la lucha de masas no niega ni relega el papel de vanguardia del proletariado y del Partido marxista leninista, no puede llevarnos a disolver nuestras fuerzas, ni significa colocar en entredicho la necesidad del socialismo como forma que debe adquirir la sociedad que se inaugura con el triunfo de la revolución.
Hacia el movimiento de masas y en el espectro de izquierda y democrático hacen presencia diversas corrientes ideológicas. La burguesía se esfuerza por penetrar allí con sus ideas, bajo las diversas formas que asume el oportunismo. De ahí que necesitamos librar una lucha constante contra el revisionismo, el trotskismo, la socialdemocracia y el extremoizquierdismo.

33. La alianza obrero-campesina-popular es la fundamental en la presente etapa. Incluimos en ella al proletariado, semiproletariado, campesinado y todos los sectores de las capas medias del campo y la ciudad.

Nuestra visión sobre la unidad del pueblo va más allá de los sectores inscritos en una u otra organización, esto le da amplitud a nuestra práctica unitaria y a las alianzas. El nivel de alianza con los sectores de la burguesía no monopolista es de carácter secundario y busca ganar estas capas o parte de ellas para trechos de la lucha democrática y antiimperialista o neutralizar fracciones de ella.

34. Estamos por forjar un amplio movimiento obrero, popular, gremial, social y regional, que surja desde las bases y que pueda llegar a constituir un frente con alcances tácticos y estratégicos, como confluencia de clases, organizaciones de diversa índole, sectores sociales y masas sin Partido, que luche por objetivos democráticos y antiimperialistas consignados en un programa común y que integre diversas formas de lucha y de organización. Esta concepción del frente se plasmará en diversos niveles de expresión tanto en el combate como en la organización. Los pasos para su estructuración no pueden ser esquemáticos, en tanto sus aspectos esenciales atañen a los lineamientos políticos que deben guiarlo.

La consolidación de la dirección centralizada y unificada del movimiento revolucionario con proyección estratégica, es una condición indispensable para desarrollar el frente, convocar las masas y educarlas en la lucha por las conquistas parciales y por el poder.

El carácter del frente está dado por los objetivos y el programa que enarbola. Admite en su seno representantes de diversas clases y concepciones, así como integrantes de organizaciones diversas, sin que esto pueda contraponerse a las identidades revolucionarias fundamentales.

El proceso de construcción de este frente revolucionario es la forma que va adquiriendo la alianza obrero-campesina-popular. Antes, durante y después de la toma del poder, el trabajo frentista ha de ir acompañado de una constante y multifacética lucha ideológica y política contra las posiciones oportunistas de diverso tipo y por afianzar el pensamiento y la acción revolucionaria.

En el trabajo frentista es clave la articulación de las diversas formas de lucha, de modo que puedan confluir y asumir una perspectiva clara todos los niveles unitarios que hemos trabajado en este período, y se rompan así los compartimientos estancos que no favorecen la unidad revolucionaria y su eficacia.

El frente democrático-popular es la forma organizativa de las masas que sienta las bases para la construcción de los órganos de poder del nuevo Estado.

35. Desde el punto de vista de la táctica general trabajamos por un gobierno democrático y antiimperialista, de amplia convergencia a partir del programa táctico que levantamos. Esta propuesta no está supeditada tácticamente a romper completamente con los fundamentos del Estado burgués, mas sí implica infligirle una derrota al régimen político, que posibilite importantes reformas democráticas, abra paso a la participación popular y mejore las condiciones de lucha por el poder.

Una conquista de este calado crea una nueva situación favorable al avance revolucionario; por eso es una propuesta táctica pero con repercusiones estratégicas. En su consecución deben aportar las diversas formas de la lucha de las masas, incluida la violencia revolucionaria.

36. Los objetivos tácticos centrales están determinados por la necesidad de obtener libertades políticas, conquistas económicas, democráticas y antiimperialistas; de ahí que los coloquemos al orden del día en el programa táctico. La lucha directa de masas, con gran amplitud y diversidad en formas de acción y de organización es la clave para alcanzarlos.

Es de mucha importancia el trabajo alrededor de un programa democrático alternativo, con propuestas políticas económicas y sociales que convoquen amplios sectores en su definición e impulso, que reporten beneficios para la vida y la lucha de las mayorías, al paso que aumentan las dificultades para el imperialismo y la burguesía. Por eso, al hablar de programa alternativo nos diferenciamos tajantemente de aquellos planes que en últimas formulan un itinerario de salvamento para la crisis del sistema y el Estado actual, o un bosquejo de derrota de la revolución por medio de la asimilación a las reformas burguesas.

La construcción del programa común y de las múltiples plataformas por sectores o regiones que se presenten debe darse con participación de las bases, de modo que se sientan identificadas con él, y debe lograr la articulación de lo particular con lo general.

37. Son bases para el programa táctico puntos como:

- lucha antiimperialista, por la defensa de la soberanía nacional en todo su espectro, desarrollo del sentido de unidad de los pueblos latinoamericanos y del internacionalismo, movilización en contra de la posibilidad de intervención militar abierta con gran movilización de tropas invasoras de los yanquis;

- lucha contra el neoliberalismo. Defensa y mejoramiento del bienestar de los sectores populares, del salario social, de las condiciones de vida y laborales de los trabajadores;

- lucha por la democracia, por libertades políticas, por la defensa del derecho a la vida y los derechos humanos, contra la jurisdicción regional de orden público, la impunidad, el militarismo, el terrorismo de Estado, el paramilitarismo y la penalización de la protesta popular. Por diálogo y negociaciones con el movimiento armado insurgente.

- Por el respeto a la oposición democrática y revolucionaria, por los derechos de organización y acción populares; contra la corrupción del Estado y del gobierno;

- lucha por la unidad, en primer lugar, de las masas populares, que vaya plasmando la alianza obrero-campesina-popular; por los acuerdos políticos entre fuerzas, el desarrollo de vínculos internacionalistas con los pueblos de América Latina y el mundo.

El programa debe combinar un sentido táctico y un alcance mediato, en tanto propuesta de gobierno que puede manejarse en varios ámbitos, incluida la mesa de negociaciones entre la insurgencia y el gobierno. Puede ser usado completo o fragmentariamente. Tiene valor educativo, movilizador y organizador. Debe contribuir a enlazar la táctica y la estrategia, los intereses parciales y de grupo con el proyecto global.

La prioridad táctica organizativa la centraremos en la vinculación multiplicación y cualificación de las masas, de la red de movimientos sociales (especialmente en barriadas urbanas), regionales y gremiales que sirvan de base para la constitución del movimiento frentista popular y su vertebración organizativa; en este empeño tiene validez el impulso del frente antineoliberal. Todo lo anterior implica la primacía del trabajo de base y de la unidad popular y social, que dará el marco y la pauta para las alianzas políticas, y debe estar iluminado por el rumbo clasista que coloca en lugar destacado el papel que debe cumplir el proletariado.

38. Trabajamos por afianzar nuestras organizaciones mediante el aceramiento del conjunto del Partido en el marxismo-leninismo y la Línea Política; el fortalecimiento del EPL y demás instrumentos del Partido; con la intensificación de la lucha ideológica y política, el desarrollo de la critica y la autocrítica, la vigilancia revolucionaria y la vinculación amplia y activa a la lucha de clases. Insistimos en avanzar en la consolidación del Partido y el EPL como organizaciones nacionales, en fortalecer su unidad interna así como en su posicionamiento en el movimiento de masas.

La lucha de masas exige del Partido, el EPL y demás instrumentos grandes saltos políticos, ideológicos y organizativos, que en general reafirman su papel.

En la relación Partido-movimiento de masas debe abrirse y desarrollarse una concepción y metodología adecuadas. Tal como se analiza en la Línea de Masas del Partido.
Registramos los cambios en la política del imperialismo y la burguesía y, en especial, sus ofensivas para cooptar, diezmar o aniquilar por diversas vías, las diferentes organizaciones y luchas de las masas, y en la cual son incisivos colaboradores el oportunismo de todos los pelambres. El Partido, sus instrumentos y todas las organizaciones que dirige además de colocar al centro la unidad, la movilización y el fortalecimiento de las organizaciones contra la ofensiva debe promover la lucha ideológica y política contra los dirigentes corruptos, el economicismo y el colaboracionismo de clase.

De ahí que para que nuestra táctica realmente potencie el ascenso de las masas y contribuya al proceso de acumulación de fuerzas hacia la revolución debe ajustarse al análisis concreto de la situación concreta en cada momento y lugar y estar imbuida de un alto espíritu de lucha por el crecimiento de nuestras fuerzas, dar relieve al papel de nuestras organizaciones y, en especial, al carácter de vanguardia del Partido.

Debe ser una táctica que permita que el proletariado y el pueblo confíen en los dirigentes revolucionarios, en sus organizaciones y luchas, que eleve la unidad y la confrontación a los enemigos de clase incluyendo el revisionismo, la socialdemocracia y el oportunismo.

Debe ser una táctica que otorgue alta importancia a la educación y organización de las masas, a la conquista de reivindicaciones antiimperialistas económicas y democráticas, a la unidad por la base (que se complementa con los acuerdos con fuerzas, pero que no puede ser reemplazada por éstos), que siente premisas para un cambio en la correlación de fuerzas, y ser tan variada y diversa en las formas de lucha y organización como lo exigen la propia situación de masas y nos facilite superar permanentemente nuestras limitaciones.

Nos apoyamos en la unidad que logramos y afianzamos en el Partido, en sus organismos de dirección y en sus células. En una profunda comprensión de la visión de cada momento político, de las guías para el trabajo de masas, en la motivación para introducir los cambios en el Partido y en nuestro comportamiento militante. Tenemos que superar las debilidades de cantidad con una militancia comunista que nos lleve a ser verdaderos tribunos, organizadores, líderes de la acción.

Junto con la difusión de nuestra política tenemos que construir células, CETR, organizar nuestro entorno, y promover o penetrar múltiples formas de organización política, social y económica de masas.

Aprovechar las contradicciones y crisis que afectan al imperialismo y a la burguesía; el desprestigio de los comportamientos socialdemócratas; la traición de las camarillas sindicales y los límites e inconsistencias de la política burguesa.

Y, desde otro ángulo, aprovechar el descontento presente en amplios sectores de masas, la explosividad que se observa, el desengaño frente a promesas no cumplidas y las búsquedas hacia posiciones progresistas, democráticas, de izquierda y revolucionarias que fortalecen la lucha por la revolución social y la liberación nacional.

39. También en la táctica otorgamos gran importancia a la unidad con los sectores democráticos y antiimperialistas dentro del país e internacionalmente, con énfasis en América Latina. Los factores comunes a los pueblos latinoamericanos y a sus luchas nacional-revolucionarias contra el imperialismo y las burguesías criollas, nos deben llevar a articular aspectos tácticos y estratégicos, y a buscar un planteamiento sobre el concepto de nación latinoamericana, que le salga al paso a la mayor intervención y agresión yanqui, así como a las distorsiones burguesas de corte patriotero.

40. La línea de masas del partido esta constituida por las leyes, categorías y planteamientos políticos y organizativos más generales, la metodología y el estilo de trabajo a gran escala para conquistar la dirección de la mayoría de las masas y sus organizaciones, en las diversas luchas y frentes o áreas de trabajo.

Estás líneas generales se aplicarán con la participación democrática de la militancia, que desde sus células tiene la tarea permanente de recoger las experiencias en las luchas y el sentir de los diferentes sectores obreros y populares a los que está ligada, para elevarlo a síntesis políticas y programáticas, en lo táctico y lo estratégico, que permitan desarrollar la política y corregir errores. Educando practica y teóricamente para que las masas se dispongan a ser gobierno y ser poder.

Las directrices básicas para el trabajo de masas (Línea de Masas) hacen parte integral de nuestra Línea Nacional

El Trabajo Militar

41. En la realidad de Colombia no basta con definir la adhesión al principio de la violencia revolucionaria, ni con establecer la vía revolucionaria para la toma del poder. La violencia revolucionaria está presente hoy en la realidad de nuestro país y se expresa en la existencia de fuerzas guerrilleras, en las diversas formas de organización de las masas para ejercer la lucha armada y en los levantamientos espontáneos en áreas y sectores del país.

Las distintas formas de violencia revolucionaria responden a la realidad en que vive y lucha nuestro pueblo; a la agudización de las contradicciones sociales; a la cruel ofensiva económica y política del imperialismo y la burguesía; a las características de la dominación estatal; a razones de índole social e históricas; y a las condiciones en que se plantea acá la disputa por el poder. Han sido generadas en el desarrollo de la lucha política y de las luchas populares. No son ni ajenas ni accesorias a ellas.

Tampoco son producto del deseo subjetivo de la izquierda, sino consecuencia de una realidad. Mientras tales factores objetivos y subjetivos persistan, seguirán existiendo la lucha armada y el movimiento guerrillero, y mantendrá vigencia y validez esta expresión de la violencia revolucionaria.

En el país existen elementos de guerra popular que se profundizarán mientras se mantengan los términos actuales de la confrontación social. Consideramos que no están dadas las condiciones para plantearnos la insurrección a corto plazo o la generalización total de la guerra popular. Sin embargo, los elementos de guerra revolucionaria existentes debemos potenciarlos como parte de la acumulación revolucionaria de fuerzas hacia la toma del poder.

42. Nos reafirmamos en la tesis de que es posible y necesaria la unidad del movimiento guerrillero colombiano, del cual la CGSB es un antecedente de gran valor político, militar y práctico.

Construir la unidad es un trabajo que exige desarrollar la unidad de acción como gran palanca al servicio de la unidad.

Construir la unidad es un trabajo que requiere de una lucha ideológica intensa, el fortalecimiento de nuestras estructuras, bases ideológicas y políticas claras, evaluación concreta de cada fuerza y la formulación de objetivos comunes, el respeto mutuo y la independencia.

43. La construcción de ejército es una tarea de significado estratégico en cuya materialización trabajamos y aportamos desde ahora. Es parte vital y núcleo de las Fuerzas Armadas Populares que se expresan también en las guerrillas locales, las milicias y otras formas de organización de las masas para la lucha armada revolucionaria.

44. Es vital para lograr un desenlace victorioso forjar las reservas de la revolución entendidas éstas en un sentido amplio y multilateral: consolidar las bases materiales y políticas acumuladas; preparar los hombres que encabezarán la acción; seleccionar y adecuar los terrenos de operación de los combates decisivos; conocer los métodos, medios y tácticas del enemigo; fortalecer la moral de las masas y las tropas; ampliar la capacidad de resistencia ante la agresión; consolidar las áreas donde las fuerzas revolucionarias ganen el control; y crecer y cualificar el ejército revolucionario y el papel de las masas.

En la relación entre las organizaciones guerrilleras y las masas es vital lograr una mayor integración y aporte al torrente de la lucha política popular en el país, al proceso de disputa por el poder popular en todos los ámbitos. Esto significa, entre otras cosas, superar la visión de las masas como simple apoyo logístico, no reemplazarlas en su acción, efectuar un intenso trabajo político y organizativo entre ellas para que sean las protagonistas centrales de sus luchas y conquistas. Para ello tienen valor las plataformas regionales alternativas, el impulso de banderas tácticas y la diversidad organizativa. Esto realza el papel político del EPL y su misión.

45. Tanto para el trabajo revolucionario en su conjunto como para el ejercicio de la lucha armada es de gran importancia el trabajo urbano. En las principales ciudades se encuentra la fuerza social determinante del proceso revolucionario y por eso hacia ellas debemos encaminar nuestros mejores esfuerzos. Serán el escenario fundamental de la insurrección y, al mismo tiempo, constituyen el espacio principal de la lucha política que en su acción integral da lugar a la ampliación de la lucha armada para gestar las batallas decisivas en la ofensiva estratégica.

De ahí que teniendo al centro la lucha política de masas, también en las ciudades es válido crear y desarrollar diversas formas organizativas para la lucha armada y guerrillera, a la vez que necesitamos definir mejor las áreas de trabajo en el campo, superar los problemas que se nos han presentado y ofrecer una perspectiva de desarrollo a las fuerzas guerrilleras rurales. Las zonas rurales mantienen una gran importancia estratégica desde el punto de vista militar, ante todo por el papel que han jugado el proletariado agrícola y el campesinado en la lucha armada.

El Congreso compromete a todo el Partido en el mejoramiento de su trabajo militar, de la política de seguridad, en el estudio y soluciones para la lucha armada y en el desarrollo de la unidad guerrillera. En particular en el trabajo urbano es preciso racionalizar la experiencia obtenida, adecuar las estructuras urbanas del EPL y colocar la prioridad en su construcción entre el proletariado. Los centros industriales, los barrios populares y las zonas periféricas y suburbanas son esenciales para fundirnos con los obreros y las masas en el trabajo revolucionario.

Las zonas suburbanas ofrecen una importante concentración de población y de desarrollo económico; allí tiene el enemigo bases militares y cuarteles de formación contraguerrillera y son zonas intermedias entre el campo y la ciudad con condiciones propicias para desarrollar la lucha armada. Por la ligazón de las periferias urbanas con las ciudades, estas zonas se convierten en centros de importancia estratégica y alojan extensos núcleos de proletariado agrícola e industrial.

A partir del trabajo político y militar en ciertas áreas se posibilita la proyección de corredores estratégicos entre los centros de despliegue de la fuerza que cubre centros urbanos y zonas rurales. Este planteamiento está ligado al estudio de las retaguardias.

46. También en el ámbito militar involucramos las tareas internacionalistas con los Partidos hermanos, los movimientos guerrilleros y revolucionarios, el intercambio de experiencias, la coordinación y la solución mancomunada de problemas que nos plantea el estar enfrentados a una estrategia común del imperialismo norteamericano en su guerra contrainsurgente y en su despliegue bélico.

Debemos proponernos consolidar el trabajo político y militar en zonas costeras y fronterizas. Es preciso proyectar un trabajo amplio que involucre fuerzas políticas y sociales de los países vecinos y que no descarte, bajo determinadas condiciones, los acuerdos con gobiernos en el marco de la no agresión y el respeto a la autodeterminación.

Nuestra política de fronteras debe tener en cuenta, en primer lugar, los intereses comunes de las masas, sus nexos históricos, la unidad en diversos aspectos, para construir conciencia de unidad popular y revolucionaria y levantar la acción común. Requerimos proyectar retaguardias, diferenciar los principales enemigos, tejer nexos de apoyo, tomar en cuenta las necesidades del movimiento revolucionario en los países vecinos, etc.

47. El trabajo hacia las fuerzas armadas reaccionarias es un asunto cardinal para el triunfo de la revolución. Tiene como propósito agudizar las contradicciones en su interior, descomponerlas, desmoralizarlas y golpearlas. A partir de las contradicciones de clase que se dan en su seno, de la crisis que ahora las afecta y de las diferencias que se han manifestado por la injerencia del imperialismo norteamericano y por las variaciones que se han producido en las concepciones yanquis sobre la seguridad nacional, es importante atizar las diferencias en su interior y buscar, sobre todo entre las bases y la oficialidad media, ganar sectores para posiciones democráticas o neutralizarlos.

Por su carácter y naturaleza las fuerzas armadas del Estado burgués son antidemocráticas, contrarrevolucionarias y anticomunistas. Por los intereses que defienden son proimperialistas y burguesas.

Requerimos organizar mejor la información sobre el enemigo, por ello debemos evaluarlo global y permanentemente en todos los aspectos, conocer sus propósitos y medidas estratégicas, así como sus dificultades y contradicciones. Conocerlo en lo táctico y en lo estratégico es básico para tomar decisiones acertadas.

48. Nuestro Partido reivindica su compromiso con todas las formas de lucha necesarias, asumiendo las formas organizativas y los métodos que le imponen su carácter, la misión y las condiciones de la revolución.

Concebimos la dirección sobre el trabajo militar como parte de la dirección global sobre el proceso revolucionario.
El Partido se propone no sólo afianzar su dirección sobre el EPL, sino que busca ampliarla sobre las demás formas de la violencia de masas, impulsando junto con otras fuerzas la organización militar de éstas, preparándose en la teoría y en la practica en el arte militar y demostrando su fidelidad y consecuencia en la defensa de la unidad y de los objetivos revolucionarios.

Cuando hablamos de la dirección del Partido sobre la organización armada, consideramos la labor ideológica general y permanente, su tarea práctica de conducción a partir de las líneas definidas y a través de medios idóneos, el papel de los eventos democráticos del Partido y de sus organismos y, en particular, la labor de las instancias dirigentes. Esto no desconoce que se trata de dos estructuras diferentes, con sus características, métodos y organismos de dirección propios. De lo cual se desprende la necesidad de sus relaciones de coordinación.

La relación del Partido con el EPL se desarrollará bajo la forma de coordinación, tanto nacional como regional, entre las dos organizaciones; ella es una de las vías para que el Partido gane, se consolide y ejerza su dirección sobre este instrumento, teniendo en cuenta la diferencia del carácter de ambas organizaciones.