A la Nación Mexicana

“Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversas maneras, pero lo que importa es transformarlo".
Tesis 11 de Marx sobre Feuerbach.


LA NACIÓN MEXICANA


1. México, desde antes de llamarse y ser reconocido como tal, ha sido objeto de interés económico, político y científico de diversos personajes y Estados, en virtud de la gran cantidad y variedad de riquezas naturales y humanas que posee, al igual que toda la América Nuestra.

2. Sin embargo, y paradójicamente, siendo México un país sumamente rico, muestra, al mismo tiempo, el signo de la dinámica (interna y externa) de los países más pobres del orbe. Hambre, miseria, enfermedades de la pobreza, analfabetismo (funcional y absoluto), desempleo y subempleo, niños de y en la calle, prostitución infantil y femenina por razones económicas, delincuencia en alto grado, narcotráfico galopante, violencia social generalizada, exclusión de sectores importantes de la población de los beneficios de la riqueza, migración interna y externa que condena, aún más, a nuestro pueblo a la explotación desmedida y a la muerte, descomposición moral de los individuos y ética de la sociedad, etc., etc., y miles de etcéteras más.

3. En este sentido, para algunos de quienes resulta evidentísimo que a pesar de que tal riqueza debiera favorecer una vida de mejor calidad para nuestro pueblo, ello no se observa; más bien, por el contrario, México evidencia la ausencia de políticas públicas estatales orientadas hacia la población mayoritaria de la nación, muestra signos de una búsqueda desmedida de control de dicha riqueza por un minúsculo sector de la sociedad (el Imperialismo Neoliberal Fascista, la burguesía criolla, los caciques y terratenientes que perviven al amparo del gobierno de la república y los políticos que se disputan el control de los órganos de gobierno –el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial para beneficio propio); deja ver una ausencia plena de democracia participativa, se revela como un país donde la corrupción dentro del Estado y gobierno campea orondamente, en el cual la impunidad para quienes detentan el poder político y económico nacional es plena, donde la alianza de las estructuras gubernamentales con los poderosos narcotraficantes es el pan nuestro de cada día; donde la determinación de reprimir cualquier manifestación de lucha popular se promueve, donde el respeto de los más elementales derechos humanos es letra muerta, donde se encarcela y asesina a los “enemigos” identificados por el Estado y gobierno (estigmatizándolos dentro de los linderos de la delincuencia y de la desviación social de la norma)...

4. En fin, México, nuestro país, es un estado de riqueza y miseria simultánea, una nación carente de principios jurídicos, políticos y éticos que garanticen el desarrollo pleno de todos, sin exclusión de ningún tipo, y una República que no se ha terminado de deshacer en las manos de los gobernantes, pero que avanza inexorable en tal dirección.

5. Ahora bien, debemos inevitablemente preguntarnos: ¿A qué se puede atribuir la existencia de semejantes contradicciones? ¿Cómo es posible que un país tan rico, como el nuestro, muestre (al mismo tiempo) una miseria y pobreza generalizada entre su población? ¿Cuáles son las razones que justifican o, al menos, permiten entender por qué de tales fenómenos?

6. Esta serie de contradicciones inobjetables ha sido objeto de diversas interpretaciones, por parte de diferentes individuos, organismos políticos, entidades de gobierno, Estados-Nación, etc., de modo tal que se han elaborado diferentes modelos teóricos con base en los cuales se pretende explicar y comprender la naturaleza de dicho fenómeno.

7. Excepcionalmente estos modelos explicativos y comprensivos han trascendido el espíritu académico de sus diseñadores y, más excepcional aún, estos han sido un instrumento para la orientación de la actividad política revolucionaria, es decir, para intentar transformar de raíz estas situaciones indeseables. Rara vez han sido instrumento de la utopía (téngase presente que utopía, en sentido estricto, quiere decir lo que aún no tiene lugar y tiempo –en realidad es utopía y ucronía--, pero que pudiera tenerlo en un momento posterior, gracias a la práctica revolucionaria de los seres humanos.

8. Entre los modelos diseñados o elaborados se muestra una amplia gama de supuestos que se alejan de, o se aproximan a, una explicación y comprensión relativamente válida o plausible del problema. ¿Cómo podemos saber, efectivamente, cuál de entre ellos es el más adecuado o certero para tal fin? ¿Acaso la decisión debe sustentarse en “corazonadas”, creencias, dogmas ideológicos que se aproximan al pensamiento religioso; o debe sustentarse en acuerdos “democráticos” entre quienes convienen asumir una postura como la acertada? ¿Cuáles pueden ser los criterios metodológicos que nos permiten dilucidar este dilema?

9. Siguiendo la senda recorrida por los teóricos y prácticos que buscan una solución a la problemática planteada, encontramos lo siguiente: Si alguno de los modelos elaborados para tal fin explica clara y causalmente el conjunto de condiciones materiales e ideales de existencia que hacen posible la presencia de dicha contradicción, dicha teoría será la más poderosa en un sentido explicativo; si además puede revelar lo que los otros modelos muestran e incluye cuestiones que los otros no contienen, entonces será éste el sistema teórico más adecuado y propicio para diseñar opciones alternativas de resolución de la misma problemática.

10. Ahora bien, ¿Cuál o cuáles de entre las diferentes teorías existentes puede(n) ser considerada(s) como la(s) que responde(n) a dicho criterio de elegibilidad? No cabe duda, para nuestra estructura orgánica, que la visión sustentada por Carlos Marx y Federico Engels y aquéllos enfoques que basan su aproximación en esta visión del mundo es la que mejor responde a estas cuestiones.

11. Como bien sabemos, la historia de las ideas y acciones políticas no termina con la vida de estos dos personajes; después de ellos, a partir de ellos, además de considerar sus propias condiciones materiales e ideales de existencia, otros personajes ampliaron y desarrollaron un modelo explicativo de su realidad para orientar selectivamente su actividad revolucionaria. Aquí podemos referir, por ejemplo a: Vladimir Ilich Ulianóv ‘Lenin’, Mao Tse Tung, Ho Chi Minh, Patricio Lumumba, Zamora Machel, Oliver Tambo, Antonio Gramsci, Yasir Arafat, José Carlos Mariátegui, José Martí, Fidel Castro Ruz, Ernesto “Che” Guevara, nuestro Pepe Revueltas, Samir Amin, etc., etc., etc.

12. Las teorías y las ideas que subyacen a nuestra actuación política revolucionaria, en consecuencia, no pueden reducirse ni en tiempo, ni espacio, ni en personajes. Las concepciones negadoras de la historia no caben en nuestra organización; tampoco consideramos que la rueda de la historia vuelve hacia atrás y ahí se detiene; ésta, inexorable, sigue sus curso y, con ella, nosotros también.

13. Bajo estas premisas de partida conviene manifestar, pese a lo dicho, que las tesis fundamentales del marxismo nos permiten elaborar los modelos explicativos y comprensivos de nuestra realidad contemporánea.

14. Consecuentemente, en torno a la búsqueda de respuestas a nuestras interrogantes podemos decir que el sustento conceptual y metodológico de nuestra interpretación de la realidad social y política deriva del marxismo, pero se enriquece con las nuevas aportaciones que bajo ese punto de partida, y con la mirada puesta en el horizonte y punto de llegada propuesto por ellos, enriquecen la idea de futuro, la idea de instrumentos y procedimientos y la práctica revolucionaria efectiva.

15. Con base en estos presupuestos metodológicos consideramos, volviendo a las interrogantes expuestas en la tesis número cinco, que de las elaboraciones teóricas existentes –o conocidas por nosotros-- sobre la realidad que antes esbozamos, la que reconocemos como inobjetablemente equívoca, es la que sostiene que el segundo elemento de la contradicción es el responsable de la problemática expuesta; esto es, que la pobreza y miseria, que el subdesarrollo o atraso económico de la nación son los responsables de las contradicciones, por ende, que nuestro actuar político e ideológico debe orientarse hacia el ataque a la pobreza y el subdesarrollo. Más bien, por el contrario, nosotros consideramos que estos aspectos son uno de los elementos de la contradicción, no sus “causas”. La pobreza y el “subdesarrollo” no son los responsables de la pobreza y del “subdesarrollo”. Esto es idealismo histórico.

16. Esta idea, como enunciamos, ha llevado hacia la afirmación equivocada y peregrina de que impulsando programas (mágicos y fantásticos) contra la pobreza y la marginalidad –léase solidaridad, progresa, paquete alcance, etc.--; de que promoviendo políticas económicas “desarrollistas” –las llamadas políticas de inversión interna y externa, de ahorro e inversión de los grandes monopolios imperialistas, de apertura política y económica a las “leyes” del mercado, de “créditos” para el desarrollo de los países con “un nivel de desarrollo medio” (SIC); que la garantía de estabilidad y paz social –léase contención política y militar, o paramilitar, judicial o extrajudicial, legal e ilegal, etc., etc.--, se poseerá la llave que permitirá resolver tal problemática global. ¿Acabar con la pobreza atacando la pobreza dejaría pura riqueza? O, mejor dicho, ¿Acabando con los pobres sólo quedarán los ricos?

17. Asimismo, y por otro lado, algunos piensan desacertadamente que la corrupción de los gobernantes es la responsable de tales fenómenos; en consecuencia, si electoralmente quitamos estos gobernantes y ponemos otros en su lugar, también mágica e idealistamente, se resolverán las contradicciones.

18. Como vemos pues, ni los paliativos, ni las políticas electoreras, permiten enfrentar directa y radicalmente la situación.

19. Siguiendo esta lógica expositiva, consideramos que los problemas enunciados son de naturaleza estructural y que, por tal razón, deben ser resueltos estructural y no coyunturalmente.

20. Consideramos, luego entonces, que la naturaleza misma del Modo de Producción Capitalista, desde su origen y en su fase actual de desarrollo, esto es, la del Imperialismo Neoliberal Fascista, es la esencia misma de las contradicciones; por tal razón, es necesario propiciar y buscar la transformación radical (de raíz) de dicho Modo de Producción de las condiciones de existencia de los seres humanos que vivimos en esta patria.

21. México, como una nación caracterizada por su riqueza y miseria simultánea, por su carácter capitalista dependiente y subdesarrollado estructuralmente --explicada esta situación, clara y atinadamente, por los teóricos de la dependencia--, no puede resolver las contradicciones descritas si no resuelve estructuralmente y con la participación democrática, amplia y masiva, de su pueblo la naturaleza del Modo de Producción Capitalista, dependiente y subdesarrollado de origen, que nos ha caracterizado desde que la Revolución Mexicana fue usurpada discursiva y prácticamente por una burguesía en el poder político.


LOS MOVIMIENTOS EN POS DE LA TRANSFORMACIÓN RADICAL DE MÉXICO SE INCUBAN Y GESTAN DESDE QUE LA CONQUISTA DE AMÉRICA CANCELÓ LAS POSIBILIDADES DE DESARROLLO REGIONAL Y NACIONAL Y DESDE EL MOMENTO EN QUE LA REVOLUCIÓN MEXICANA DEJÓ INTACTA LA CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL.

22. Podemos concordar con José Carlos Mariátegui, el de los Siete Ensayos sobre la Realidad Peruana, que en el plano de la economía se percibe mejor que en ningún otro hasta qué punto la Conquista escindió la historia de Mesoamérica y de la región Inca. Hasta la Conquista se desenvolvió en estas regiones una economía que brotaba espontánea y libremente del suelo y la gente. En los Imperios Mesoamericanos e Inca, lo más interesante era la economía. Todos los testimonios históricos coinciden en la aserción de que nuestros pueblos originarios vivían con bienestar material. Las subsistencias abundaban; la población crecía.

23. Los conquistadores españoles destruyeron, sin poder naturalmente reemplazarla, esta economía. La sociedad indígena, la economía indígena, se descompusieron y arruinaron completamente al golpe de la conquista. Rotos los vínculos de su unidad, las naciones originarias se disolvieron en comunidades dispersas. El trabajo indígena dejó de funcionar de un modo solidario y orgánico. Los conquistadores no se ocuparon casi sino de distribuirse y disputarse el pingüe botín de guerra. Despojaron los templos y los palacios de los tesoros que guardaban; se repartieron las tierras y los hombres, sin preguntarse siquiera por su porvenir como fuerzas y medios de producción.

24. Con el comienzo del Virreinato se da comienzo al difícil y complejo proceso de formación de una nueva economía. En este período, España se esforzó por dar una organización política y económica a su inmensa colonia. Los españoles empezaron a cultivar el suelo y a explotar las minas de oro y plata. Sobre las ruinas y los residuos de una economía comunitaria y tributaria al mismo tiempo, echaron las bases de una economía feudal. Pero con los conquistadores llegaron Virreyes, jesuitas, dominicos, soldados y delincuentes de toda laya; estos, naturalmente, no podían asegurar el desarrollo de nuestra región, tan sólo pudieron impulsar una castellanización y una cristianización, necesarias para asegurar el saqueo.

25. Es decir, que la conquista y la colonia, en vez de impulsar el desarrollo de una región, sirvieron de fuente de riqueza natural para el saqueo y la búsqueda por parte de los españoles de evitar su derrota histórica ante el capitalismo pujante.

26. El desarrollo del subdesarrollo, con relaciones de dominio-subordinación entre periferias y centros, era destino inevitable.

27. Estas condiciones materiales de existencia fueron la base de un búsqueda de un ser nacional que –al decir de nuestro Pepe Revueltas no pudo resolverse al consumarse la Revolución de Independencia, puesto que, en aquél momento, la nacionalidad se limitó a los aspectos geográficos, jurídicos y políticos, sin llegar a resolver los problemas cruciales para la integración nacional; a saber, los problemas económicos y sociales, particularmente los agrarios.

28. Por esta misma razón las puertas de la crisis aguda de la sociedad quedaron abiertas al no haberse solucionado la contradicción fundamental en sentido estructural.

29. Cuando llegamos a la Gran Revolución de 1856-57, el obstáculo más importante para asegurar el desarrollo nacional en un sentido económico y social seguía siendo la propiedad latifundista y feudal de la tierra. Pese a ello, la dirección política y militar del Movimiento de Reforma, los ideólogos liberales de entonces, orientaron la lucha hacia lo que concibieron como “enemigo principal” del desarrollo económico y social: El clero católico.

30. Una vez más la contradicción fundamental quedo irresuelta y la propiedad sobre la tierra siguió en manos de latifundistas y caciques que no eran ya la iglesia católica. Otra vez más las puertas de la crisis aguda de la sociedad quedaron abiertas al no haberse solucionado la contradicción fundamental en sentido estructural.

31. Al llegar a 1910 el obstáculo que se percibía inmediatamente como el que principalmente impedía el tan ansiado desarrollo era el monopolio político porfirista; los Tratados de Ciudad Juárez no hacen más que dejar en pie el problema de la tenencia de la tierra para después de 1910.

32. En virtud de que el movimiento armado de 1910-1917 culminó con la subida al poder por parte de la burguesía terrateniente exporfirista y nacionalista y que no permitió la resolución estructural de las contradicciones existentes, la emergencia de diversas expresiones populares en torno a la necesidad de transformar radicalmente la sociedad encontró su fundamento en tal hecho; no fue sólo la voluntad de transformar la sociedad por el sólo hecho de así quererlo, sino que objetivamente la miseria, hambre, analfabetismo, enfermedades de la pobreza, enriquecimiento exorbitante de unos cuantos, la corrupción y descomposición de los órganos de gobierno y la sistemática represión al propio pueblo de México, evidenciaron que el camino no estaba cerrado, que la vía no estaba cancelada.

33. Los asesinatos políticos posrevolucionarios –los de Emiliano Zapata y Francisco Villa--, los exilios políticos –el de José Vasconcelos--, los enfrentamientos armados –la guerra cristera, de 1926 a 1929--, las negociaciones para terminar, de una vez por todas, las disputas entre los terratenientes y oligarcas criollos –invención del PRI, primero PNR, después PRM y finalmente como hoy se le conoce-- las huelgas petroleras en pos de la nacionalización del petróleo y, posteriormente, la nacionalización de la industria eléctrica; el corporativismo sindical, campesino y popular y la lucha por la independencia de estos con respecto al Estado y gobierno –movimiento magisterial de 1958-59, movimiento ferrocarrilero de 1958, movimiento campesino de Rubén Jaramillo, movimientos estudiantiles en las universidades Nicolaíta, de Puebla, Guerrero, Nuevo León, UNAM, Sinaloa, Oaxaca, etc., mostraban nítidamente que la cuestión estructural e histórica había sido subordinada a las cuestiones coyunturales y de necesidad inmediata.

34. Estos hechos mostraban de un modo incontestable que el desarrollo ideológico nacional, desde sus orígenes, evidencia una aguda contradicción entre los que Pepe Revueltas denominó “la conciencia de las necesidades inmediatas del proceso y la conciencia de las necesidades históricas del mismo”; más aún, en esta contradicción la primera siempre ha subordinado a la segunda.

35. Éstas, entre otras de no menor peso, eran las condiciones objetivas que propiciaron y justificaron, históricamente hablando, el desarrollo de los movimientos guerrilleros, a partir de 1965, con el asalto al Cuartel Madera, en Chihuahua, por un grupo de jóvenes entre los que se encontraban Arturo Gámiz y Pablo Gómez (no el del PRD); etc., etc.

36. Éstas mismas condiciones objetivas, aunadas a la inexistencia histórica del Partido de la clase obrera y del pueblo mexicano en su conjunto, a la desviación histórica del PCM y del “demolombardismo”, a la incapacidad evidente de los partidos políticos existentes para orientar y conducir al pueblo de México en la ruta de la contradicción histórica y no sólo de coyuntura, mostraron que, en realidad, la única puerta de salida a la dominación capitalista era la del movimiento armado revolucionario.

37. Derivado de la tesis precedente, se percibió la necesidad, en consecuencia, de crear dicho partido desde fuera del PCM y de todos los partidos existentes porque no aseguraban estos su desarrollo; más bien, por el contrario, lo impedían. Asimismo, se asumió que la vía de acceso a ello era la violenta, o sea, la de las armas. Aunque, al jerarquizar dicha vía por encima de otras formas y procedimientos políticos, se produjo un estado de división al seno del movimiento y entre las organizaciones de izquierda.

38. Posteriormente, el asesinato de los dirigentes conocidos de los movimientos sociales o su encarcelamiento –como fueron los casos de Rubén Jaramillo, Othón Salazar, Valentín Campa, Demetrio Vallejo, José Revueltas, David Alfaro Siqueiros, etc., etc.--; la represión de los cuerpos de granaderos a todas las manifestaciones populares; las masacres del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971; las masacres de copreros y campesinos en el estado de Guerrero; la represión militar y paramilitar a las universidades de Michoacán, Sinaloa, Puebla, Guadalajara, Guerrero, la UNAM, el IPN, la UACH, a las Escuela Normales Rurales (hoy casi extintas), a las casas de estudiantes de diferentes entidades federativas en el D.F. (hoy extintas) fueron la evidencia incontestable de que la puerta de las armas y la revolución no se había cerrado.

39. Todavía más, en tales circunstancias era, naturalmente, si no la única puerta de expresión, si la más contundente para ser escuchados y para conservar la esperanza de poder transformar radicalmente las condiciones materiales e ideales de existencia que hacían posible tal organización de la sociedad.

40. A partir de esta serie de eventos y hasta nuestros días, una línea nítida de constitución de movimientos armados y revolucionarios atraviesa el país sin que pueda ser “controlado” o “erradicado” dicho proceso. Sea en Chihuahua, Monterrey, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Morelos o Estado de México; sea con una u otra sigla; sea con una estrategia u otra –guerrilla urbana, guerrilla campesina, comandos de ajusticiamiento, insurreccionales, foquistas, etc.--; sea por cortos o largos períodos de tiempo, etc.; sea como fuere, en silencio temporal o con sonoros pasos, el movimiento revolucionario ha podido mantenerse como una luz o camino para importantes sectores de la población de nuestro país.

41. Por lo que hemos expuesto hasta ahora, podemos considerar y reconocer que no ha sido el pensamiento trasnochado de unos cuantos “iluminados” el que ha determinado la existencia del movimiento armado en México, ¡no!, han sido un conjunto de condiciones materiales e ideales de existencia que sobrevivieron a la Revolución Mexicana y que persisten hasta nuestros días las que han mantenido viva la flama y la esperanza de una radical y definitiva transformación de nuestra sociedad.

42. Reiteramos, no sólo la voluntad de algunos individuos ha determinado la existencia de los movimientos armados y revolucionarios; las condiciones materiales de existencia de nuestro pueblo y nación hacen que la revolución orientada hacia el socialismo sea una necesidad objetiva y no únicamente subjetiva.

43. La materialidad histórico-social del México posrevolucionario y el curso de todo un siglo --el siglo XX evidencian la necesidad de la revolución de carácter transicional al socialismo, donde sea el propio pueblo el que construya su hegemonía y articule un poder –el poder popular para determinar los derroteros de una nueva república, un nuevo Congreso Constituyente y, consecuentemente, una nueva Constitución Política, que sustente la determinación de un nuevo modelo de desarrollo económico.

44. Es, evidentemente, una realidad histórica (no determinada transhistóricamente) la que condiciona la necesidad de la revolución.

45. Los métodos de constitución del poder popular para la consecución de los fines del propio movimiento revolucionario están determinados por las condiciones políticas y militares que la burguesía nacional proimperialista y fascista impone a través de sus recursos e instrumentos jurídicos, políticos y militares; a las condiciones impuestas por los dictados del Imperialismo Neoliberal Fascista y seguida al pie de la letra por sus lacayos de los diferentes gobiernos que han saqueado nuestra patria (incluyendo al gobierno “del cambio”); a los objetivos políticos y militares de las organizaciones revolucionarias; entre otras cuestiones a considerar.

46. Corresponde a las organizaciones revolucionarias decidir cuándo, dónde, de que manera, contra qué objetivo, coordinado con quién o quiénes, se actuará. Esta serie de decisiones obedece entonces a un análisis de la realidad que realizan las organizaciones en cuestión para sustentar en una materialidad histórica la determinación y no dejarla al voluntarismo, capricho ideológico o demanda de medios o inteligencia militar del Estado.

47. Una vez expuestas estas ideas consideramos necesario concluir con las tesis centrales de este apartado:

48. Los problemas enunciados en este documento son de naturaleza estructural y por tal razón deben ser resueltos estructural y no coyunturalmente.

49. Consideramos que la naturaleza misma del Modo de Producción Capitalista, desde su origen y en su fase actual de desarrollo es la esencia misma de las contradicciones; por tal razón, es necesario propiciar y buscar la transformación radical (de raíz) de dicho Modo de Producción de las condiciones de existencia de los seres humanos que vivimos en esta patria.

50. México, como una nación caracterizada por su riqueza y miseria simultánea, por su carácter capitalista dependiente y subdesarrollado estructuralmente no puede resolver las contradicciones descritas si no resuelve estructuralmente y con la participación democrática, amplia y masiva, de su pueblo la naturaleza del Modo de Producción Capitalista, dependiente y subdesarrollado de origen, que nos ha caracterizado desde que la Revolución Mexicana fue usurpada discursivamente por una burguesía en el poder político.


UN MUNDO NUEVO ES POSIBLE: ¿QUÉ MUNDO QUEREMOS?

51. Desde hace bastante tiempo esta pregunta ha guiado las discusiones en torno a las alternativas que nuestros pueblos explotados, saqueados, oprimidos y expoliados pudieran impulsar para transformar (radicalmente) el Modo de Producción dominante y, con este, las condiciones materiales de existencia de los seres humanos que habitamos nuestros países y naciones.

52. De la misma manera, esta cuestión ha impregnado el contenido fundamental de los análisis que sustentan la orientación de la actividad de las organizaciones de izquierda y, paradójicamente, que han fragmentado y dividido a la misma, puesto que hasta ahora no pudieron concordar en la definición de los rasgos y características que la imagen de dicho mundo debiera poseer.

53. En menor medida la naturaleza de la interrogante se ha invertido, de modo tal que ésta pudiera ser replanteada de la siguiente manera: ¿Qué seres humanos queremos para el mundo que buscamos transformar? Esta manera de replantear la pregunta nos conduciría a recuperar el sentido del propio proyecto alternativo de desarrollo. A saber: El socialismo como Modo de Producción a construir.

54. La mayoría de los análisis han concentrado su objeto de interés en los rasgos y características de este mundo, tal como se manifiesta hoy. Por ejemplo: se plantean como problemas centrales la eliminación de la pobreza a la cual se encuentra condenada la mayoría de la población en el planeta bajo este “Modelo de desarrollo”, la cancelación de la deuda externa (impagable e incobrable) que pesa sobre la mayoría de los países subdesarrollados y dependientes estructuralmente del Imperialismo en su fase de desarrollo correspondiente a la época histórica en que se han dado las discusiones, la sostenibilidad o sustentabilidad del desarrollo (considerando la necesidad de impedir el deterioro ambiental o ecológico), el desarrollo de un “Modelo” que no excluya a las minorías sociales (refiriéndose a la equidad en la relación de etnia, género, etc.) de su propio cauce, la democratización de la vida política de nuestra naciones, por no enunciar otras más en este discurso.

55. Sin embargo, la reflexión y el análisis sobre el conjunto de condiciones materiales de existencia que hacen posible la expresión de tales rasgos y características del “modelo de desarrollo” dominante parece ausente en la discusión. En consecuencia, la búsqueda de alternativas se ha concentrado más en la solución del conjunto de síntomas del modelo de desarrollo dominante que en las condiciones que los hacen posibles.

56. Esto ha conducido hacia una lucha de resistencia al avance de las secuelas del “modelo de desarrollo” neoliberal-capitalista, omitiendo la necesidad de definir opciones o alternativas a dicho modelo. No se trata de ponerle un “Rostro Humano” al “modelo” neoliberal capitalista en curso, sino de oponer un “modelo” diferente, radicalmente distinto, al que nos proponemos destruir.

57. Ahora bien, ¿Cuáles son los rasgos y características que definen y diferencian a tal modelo? Parece ser esta la cuestión fundamental que debiera guiar la discusión y definición de un programa de acción alternativo para la organización de un poder popular que no sólo enfrente las secuelas del modelo neoliberal-capitalista, sino que posibilite la construcción progresiva de otro modelo de desarrollo, al organizarse nuestros pueblos en un contrapoder que se avizore como una contrahegemonía al de los grandes consorcios del gran capital. Sólo de esta manera podremos trascender la cultura política del no a..., hacia la cultura política del sí hacia...

58. Un mundo nuevo es posible, sí; mas no únicamente lo es, sino que es también deseable y necesario. Si no consideramos la necesidad del mismo podremos esperar sentados a que este llegue o se desarrolle por razones de un determinismo transhistórico.

59. Un mundo nuevo es posible, sí; mas no únicamente lo es, sino que es también deseable y necesario. Si no consideramos la deseabilidad del mismo perderemos la posibilidad de ser sujetos de la construcción de este.

60. Un mundo nuevo es posible, sí; pero la materialidad de dicha posibilidad es consecuencia de otro tipo de seres humanos.

61. Construir otro mundo posible es impensable sin el desarrollo de seres humanos que recuperen su humanidad y trasciendan la enajenación o alineación, la cosificación o reificación de las mercancías o “Capital Humano” en que nos han tornado.

62. Un mundo nuevo es posible, sí; pero para lograrlo debemos definirlo, dibujarlo, esbozarlo y, con base en ese esbozo o diseño, orientar nuestra actividad, nuestras acciones y tareas.

63. Desde el río Bravo, hasta el río Suchiate, el pueblo de nuestra patria espera con ansia una verdadera definición de un Proyecto de Nación que incluya las aspiraciones más sensibles que no han sido satisfechas ni con el triunfo militar de la Revolución de Independencia, ni con la constitución de un Estado-Nación durante el Periodo de Reforma, ni con la Revolución de los años 1910-1917, ni con el gobierno del General Lázaro Cárdenas del Río...

64. Desde sus orígenes, nuestro México ha estado marcado por el signo de una dependencia y un subdesarrollo económico-político estructural con respecto a las naciones que ocuparon el lugar de los centros de desarrollo, dejando para nosotros el lugar de una periferia con un supuesto lugar dentro de las “economías del desarrollo del subdesarrollo...”

65. Desde sus orígenes, nuestro México ha sido objeto del saqueo y la expoliación; primero por parte de la Corona Española, después por la Francia Monárquica, más tarde por el Imperialismo estadounidense y, casi de un modo perenne, por las oligarquías locales que han sido “Caballo de Troya” de los intereses de los diversos imperialismos de época...

66. Nuestra patria no únicamente ocupa un lugar dentro de las naciones subdesarrolladas y dependientes estructuralmente del Imperialismo; no solamente es producto de un desarrollo del capitalismo subdesarrollado y dependiente estructuralmente; no sólo refleja el subdesarrollo que las naciones del mal llamado “tercer mundo” (o de “países en vías de desarrollo”, o de “países emergentes y prometedores”, o de “economías de tipo A”), muestra como condittio necesaria para asegurar el desarrollo de los pocos países altamente desarrollados o del también mal denominado “primer mundo”; de la misma manera, en su interior, muestra esa división y desarrollo desigual, muestra que la división injusta y éticamente inadmisible del mundo entre países altamente ricos y países altamente pobres –a costa de y gracias a la existencia de los países miserables se manifiesta como forma de existencia interior.

67. Mientras menos del 10% de la población –tanto mundial como nacional- dispone de más del 80% de la riqueza existente, más del 90% de la población apenas tiene la oportunidad de obtener menos del 20% de la misma riqueza; mientras hasta ahora menos mexicanos son más y más ricos, al mismo tiempo cada vez más mexicanos son mucho más pobres...

68. En tal contexto del modelo de desarrollo estructural para nuestra patria, recurrentemente han aparecido crisis económicas o políticas o ideológicas o ético-morales que muestran la naturaleza de quienes (ya sea desde el poder ejecutivo, legislativo o judicial –tanto en el plano federal como estatal--), se han dicho gobernantes de nuestra nación.

69. De la misma manera, dada la naturaleza del conjunto de condiciones materiales (léase históricas o socioculturales) que hacen posible la existencia de nuestro México como lo observamos hoy, es necesario que –también hoy-- busquemos las soluciones en un Nuevo Congreso Constituyente que defina un Proyecto de Nación y establezca un Pacto Político entre todos los mexicanos, considerando un Modelo de Desarrollo Económico, Democrático, Independiente, Nacionalista, Justo y Equitativo para todos y cada uno de los mexicanos; es necesario, asimismo, que dicho Pacto contemple el castigo a todos los que durante su participación política impusieron como “estilo de trabajo” el crimen, la tortura, la persecución política y las diferentes guerras sucias que han manchado de sangre la historia de nuestra nación; es fundamental que dicho pacto contemple el castigo a quienes impusieron las políticas económicas que empobrecieron a la gran mayoría de la población y que recupere lo que robaron con total impunidad.

70. Finalmente, todo lo antes dicho es irrealizable si no es resultado de la participación activa de nuestro pueblo en dicho proceso, es inalcanzable si el propio pueblo no es sujeto activo y participativo del mismo, es inaccesible si caudillos –llámense como se llamen o corrientes políticas pretenden suplantar el poder del pueblo, el poder popular.


ANTICIPACIÓN E IDEA DEL FUTURO.

71. Como resultado de todas las formas de lucha, pacíficas y violentas, desplegadas por el pueblo mexicano y sus diversas organizaciones, desde la década de los 60 hasta nuestros días, asistimos a una situación nacional verdaderamente compleja y profundamente contradictoria, de la que formamos parte activa.

72. Al menos en los últimos 40 años, nunca como ahora la Nación mexicana se había encontrado tan desarticulada y sometida por los capitalistas nacionales y extranjeros y, al mismo tiempo, tan cercana a la posibilidad de poner término a tal sometimiento.

73. Asimismo, nunca como ahora se había puesto de manifiesto en forma tan nítida la división de la sociedad mexicana en dos grandes bloques conformados por clases, fracciones de clase y sectores sociales diversos, ni se habían encontrado tan claramente representados por los distintos partidos, organizaciones políticas y político-militares, actualmente existentes.

74. Nunca como ahora la sociedad mexicana habían protagonizado una confrontación política tan intensa, por la defensa de sus intereses y la realización de sus proyectos, como la que nos tocó presenciar y vivir a lo largo del 2005, dando paso a una situación política concreta, cuyas características rebasan el ámbito de la coyuntura propiamente electoral.

75. En efecto, el bloque en el poder, conformado por la oligarquía industrial-financiera y representado por el PRI y el PAN, se apresta a echar mano de todos sus recursos para mantener el control de los Poderes de la Unión (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); mientras que, el otro bloque, de mayoritaria composición popular, se apresta a poner término a dicho control, así como al régimen neoliberal que desmanteló al estado, expolió al pueblo y saqueó a la nación, sólo que desde perspectivas diferentes, en virtud de su diversidad, dificultando su proceso de articulación.

76. La situación política concreta en la que nos encontramos consiste, 1) en la crisis de gobierno a que ha dado lugar la confrontación existente entre las dos principales fracciones de la burguesía, a saber, la liberal y la neoliberal, así como, la profundización de la corrupción, el autoritarismo y el narcotráfico, dentro del propio bloque gobernante (incluido dentro de éste el PRD), bajo el régimen neoliberal, 2) en el creciente y masivo descontento del pueblo mexicano, frente a el frustrado “cambio” prometido demagógicamente por la administración foxista y al deterioro generalizado en sus condiciones de vida, y 3) en el surgimiento de un poder paralelo, de carácter popular, autogestivo y autonómico, representado principalmente por el EZLN y los pueblos indígenas organizados, así como por las organizaciones articuladas en torno a un proyecto de nación antineoliberal y anticapitalista, en diversos puntos del país.

77. Consideramos que esta situación política concreta no se reduce a lo meramente electoral y, en virtud de ello, puede desembocar, para los de abajo, en un punto de inflexión político-organizativa para construir una salida estructural a la dominación capitalista, más allá de la coyuntura electoral.

78. De ahí la importancia que objetivamente adquiere tanto la coyuntura electoral como la situación política que la contiene y la trasciende. Y que resulte estéril enfrascarse en definir si la lucha electoral es válida o no lo es, o si se participa en el proceso electoral o no, al margen de un proyecto de nación, antineoliberal y anticapitalista, y de los compromisos que con dicho proyecto esté dispuesta a asumir la izquierda electoral con la izquierda social y el pueblo; así como al margen de la situación en que se encuentran los sujetos políticos concretos, en cada zona o región, a quienes corresponde decidir la posición que juzguen más apropiada para desarrollarse como poder popular, autogestivo y autonómico, en sus propios territorios.

79. Todo esto, sin perder de vista la necesidad de cerrar el paso a la oligarquía neoliberal -representada por el PRI-PAN- en sus intentos por mantener el control de la presidencia de la república y del congreso. Pero también, sin perder de vista la necesidad de luchar contra el oportunismo y la corrupción en que han derivado diversos sectores de la izquierda electoral y gobernante que, al contacto con el dinero y el poder capitalista, desean seguir fortaleciendo el gran negocio de la democracia -reducidamente representativa y de ningún modo participativa- que priva en nuestro país, en beneficio de unos cuantos.

80. El problema que visualizamos es el de poder avanzar efectivamente en la construcción de un poder otro, el poder popular, como articulación antineoliberal y anticapitalista, en el marco de la coyuntura electoral y de la situación política concreta en la que el neoliberalismo ha concitado la más fuerte repulsa de los pueblos de México y América Latina, generando una correlación de fuerzas cada vez más favorables a las clases sociales y sectores más desposeídos.

81. Esto implica reconocer la unidad de acción y la validez de todas las formas de lucha, electorales y no electorales, en el proceso de impulsar la organización y la conciencia política del pueblo, a partir de un proyecto alternativo de nación y estado, de la articulación de un gran frente popular antineoliberal y anticapitalista, y de la resignificación de la política como instrumento para construir un nuevo sistema de relaciones verdaderamente humanas.

82. El problema para nosotros estriba en la articulación de un gran frente popular que considere la posibilidad de apoyar una candidatura política de compromiso, pero con base en un proyecto de nación verdaderamente democrático y antineoliberal, a fin de derrotar la ofensiva de los sectores más reaccionarios de la burguesía y, sobre todo, de evitar que el pueblo bote su voto al bote de la basura. Pues sólo este hecho permitirá a la izquierda democrática y revolucionaria tener la autoridad moral para llamar al pueblo a luchar por la realización de su propio programa, antineoliberal y anticapitalista, pasada la coyuntura electoral.

83. De ahí que la creación del frente popular se constituya hoy en el principal problema a resolver, en virtud de las diferentes posturas existentes al seno de la izquierda. Aunque es un problema relativo en la medida que dicho frente pueda articularse a partir de principios y metas estratégicas comunes y no de las diferentes posturas tácticas que cada organización instrumente de acuerdo a su desarrollo y circunstancia en la presente coyuntura.

84. El pueblo somos los campesin@s, obrer@s, colon@s, indígenas, estudiantes, mujeres, etc. Y, por tanto, somos nosotr@s, como sujetos de la actividad, quienes podremos transformar radicalmente este país, recurriendo a todas las formas posibles de lucha, para derrotar moral y políticamente a la oligarquía neoliberal fascista y acceder a la realización de un proyecto de nación generoso e incluyente.

85. Consideramos que nadie, por sí mismo, puede conducir el movimiento popular en pos de la transformación radical de nuestra patria, si no lo hacemos todos bajo un principio de unidad de acción en torno a objetivos comunes y la construcción del poder popular.

86. Consideramos que nadie tiene el “mejor proyecto de nación” y nadie podrá representarlo plenamente, si dicho proyecto no es producto de consensos en el ámbito de los sectores sociales que aspiran a transformar el estado de cosas que hoy padecemos.

87. Consideramos que nadie, sin el respaldo popular y sin un consenso en torno a un proyecto alternativo que le dé unidad al pueblo de México, puede autoerigirse en la mejor alternativa para conducir este proceso, ni imponer una sola forma de lucha u organización y, mucho menos, descalificar a otras organizaciones, pues todo ello sólo profundizará la división de la izquierda y la cancelación de una posible lucha unitaria.

88. Por ello es que resulta imprescindible una actitud política de izquierda digna y generosa, pues sólo ésta podrá dar paso a una gran unidad popular nacional en torno a un proyecto de nación que de lugar a un nuevo gobierno, un nuevo constituyente, un nuevo pacto social, una nueva política económica, un nuevo sistema de justicia, una nueva política social y un nuevo México.

89. Al mismo tiempo, es urgente la unidad política y de acción del mayor número de fuerzas de izquierda para lograr: 1) consolidar los procesos autogestivos, autonómicos y democráticos que se vienen construyendo y desarrollando diversas zonas y sectores del país, 2) la libertad inmediata e incondicional de todos y cada uno de los presos políticos y luchadores sociales que el estado neoliberal mantiene como rehenes; 3) la presentación de todos los desaparecidos políticos y el castigo a los responsables de la “Guerra Sucia” desarrollada desde los 60 del siglo pasado hasta nuestros días; 4) el castigo a los responsables de los crímenes de lesa humanidad cometidos el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971; 5) el castigo a los responsables de las masacres del Quemado, Acteal, Aguas Blancas, El Charco, El Bosque, etc.; 6) el castigo a los responsables del desmantelamiento del estado, la expoliación del pueblo y el saqueo a la nación; 7) el cese a la militarización en los estados de Guerrero, Chiapas y Oaxaca, así como a los operativos policíacos de carácter intimidatorio y contrainsurgente; y 8) el reconocimiento a los derechos y a la cultura de los pueblos originarios.

En virtud de todo lo anterior y del llamado del EZLN a la organizaciones político-militares del país a brindar condiciones para el desarrollo favorable de la iniciativa, civil y pacífica, de “La otra campaña”, la Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP) ha decidido decretar una tregua, entre enero y julio de 2006, comprometiéndose públicamente a no desarrollar ninguna acción político-militar, que pudiese ser usada de pretexto por el gobierno de la oligarquía neoliberal contra los esfuerzos desplegados de manera pacífica por el pueblo mexicano y sus organizaciones en la presente coyuntura. Precisando que nos reservamos el derecho a seguir ejerciendo la crítica de la razón, a defender la razón de la crítica, así como el derecho a la autodefensa y a mantenernos atentos y solidarios al esfuerzo que en el terreno electoral y desde “la otra campaña” se encuentran desarrollando las más diversas organizaciones de nuestro pueblo.

Saludamos, desde nuestra condición y circunstancia, todos los esfuerzos y todas las formas de lucha orientadas a la realización de un nuevo proyecto de nación incluyente, generoso y democrático.



En especial enviamos nuestro saludo y nuestros mejores deseos al EZLN y a los compañeros que se encuentran desarrollando las actividades programadas en y por medio de “la otra campaña”.

¡CONTRA EL NEOLIBERALISMO, EL PODER POPULAR¡

¡POR EL SOCIALISMO: VIVIR, LUCHAR, VENCER!

¡SER PUEBLO, HACER PUEBLO, ESTAR CON EL PUEBLO!

TENDENCIA DEMOCRÁTICA REVOLUCIONARIA-EJÉRCITO DEL PUEBLO
TDR-EP

Diciembre de 2005, República Mexicana.